Contadas la mitad
y cuarto de las leguas,
aquí, bajo las ramas
robustas y dormidas de un almez,
doce de una mañana campesina,
vuelves al reto de dejar memoria,
un sedimento escrito.
Papel y lápiz,
sol y fresco de abril, sentado
sobre el sur de una roca, dudas:
Por qué – le preguntas al aire–
este afán de dejar otra vez testimonio
de aquello que una vez en mi soberbia
exigiera a la vida o la queja de cuanto
me ha negado su filo
ese vulgar asunto, tan rutina,
de los azahares altos
y de las decepciones,
del tiempo azul o el tiempo inútil,
del amor que pretende y sus melancolías
que embadurna los versos
de aquel que los persigue y doma por oficio.
Frente a un prado que clama, que se ofrece
con hierbas temerosas, te decides
y alegre arrugas con torpeza el folio;
la vida. como el bosque (y el día) sigue abierta,
preciso es caminarla, caminarlos,
la noche te dirá sus quemaduras,
la noche nos dirá cuándo escribirnos.
Abril 2021








