ESTOY LEYENDO la literatura diarística de Hilario Barrero. La última. La graveza publicada por Carlos Alcorta en Libros del Aire. Aparece el poeta atravesado por el tiempo. Dardo que se une a los del amor, siempre prevenido, a los de la cotidianeidad de la urbe y sus posibilidades, a los del afán por el saboreo de cuanto la poesía, en su móvil quietud, sabe ofrecer. También a las saetas-recuerdo de sus días toledanos. Escribe intenso Hilario, decidido y potente a veces, a veces delicado y conmovido. La vida galopa, le conduce ya. De poco sirven las riendas ¿quién puede sujetar dos manecillas?, pero la belleza...., pero el otro...., pero los otros. Es imposible dejar de ser, dejar de escribir. Incapaz como es de no mirar a los ojos del día, a los torrentes poéticos, hoy le he subrayado esto que deseo trasladar. Dice Hilario: "El engaño en el poema es la dosis que la poesía necesita para ser poesía. La verdad nos engaña, la poesía engañosa nos libera, nos enseña el otro camino, nos da soluciones". Y no es paradoja.
