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miércoles, 28 de abril de 2021

Carta pública a y aforismos de: José Luis Morante

 







    Querido José Luis Morante, la intensidad concisa, el ingenio, la perspicacia, la paradoja emocional, lo que remueve, el poder de lo minúsculo, la rótula de la reflexión, la épica de lo breve, lo fugaz que adivina… vaya usted a saber qué es un aforismo, me he preguntado muchas veces. Pero los aforismos existen. (Vicente Núñez recopiló los suyos en 784 pgs. de Visor). Y más los aforistas. Tú hiciste, hace bien poco, una selección de once para Liliputienses. Cuyo prólogo me impresionó por su justeza. Sé que es un género que amas y cultivas con pasión no reciente. Mejores días, tu primera recopilación de aforismos, apareció en 2009 y Motivos personales en 2018, a más de tu laboriosa selección de los de JRJ. Aquella que trajo bajo el brazo de tu esfuerzo el pan de las alegrías y alguna decepción. Te escribo porque tengo entre mis manos una joya selecta. Un libro tuyo y mexicano que has querido titular Migas de voz, otros de los sintagmas con que podemos acercarnos a la idea del aforismo y que has hecho tuyo. Viene editado por la prestigiosa Universidad Autónoma de México, bajo la iniciativa y la tutela del estudioso Hiram Barrios, una autoridad en el tema. Digo aquí y fuerte que mereces recibir el cariño y el respeto que esta deliciosa edición supone. Cercano al que sueles derramar desde tu blog haciéndote eco de tantos escribidores que en ti confiamos. Los has dividido en tres partes, la primera y la segunda para recordar aforismos aparecidos en lo editado y la tercera para dar a conocer parte de la nueva producción. Un golpe de aire fresco, de brisa atlántica ha entrado en esa buhardilla renovada desde donde escribes, lees y contemplas el mundo de la creación poética española. Cuántas veces un buen poema podría desvestirse y caminar hacia la concentración escrita de un aforismo, cuántas veces escribimos un poema simplemente como ropaje para la sentencia del verso final. Hay que atreverse a confiar en este arriesgado ideal estético. Aunque el riesgo de confundir el aforismo con la simple ocurrencia sea elevado. O con juegos anfibológicos del lenguaje que no añaden trascendencia. Hay que atreverse, repito –y tú lo haces con acierto– a la potencia y la levedad del buen aforismo. Y lo haces a la par con lo más prestigiosos aforistas españoles: Eder, Oliván, Comendador, Arcas, Trull, Molina, etc…  Por eso invito a todos los lectores de Mientras la luz a que te lean.  Porque eres consciente de virtudes y riesgos, porque sabes caminos. No se trata, a estas alturas de la película, de lograr píldoras útiles de verdades o de conductas morales, lo clásico de lo paremiológico, sino de provocar y excitar desde lo enjuto el pensamiento y la sensibilidad hacia nuevos paisajes. ¿Desde el humor? ¿desde la paradoja? ¿desde la ironía? ¿desde el desconcierto?


Me he permitido, sospechoso de la escasa difusión comercial del libro en España, seleccionar algunos de los que se contienen en la tercera parte, la que titulas A sorbos –¿tal vez título adelanto del próximo libro?–, como muestra de tu más reciente producción

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Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono, que lo que pensamos oculta lo que somos.


El nómada sabe que los viajes son la espera del regreso.


Originalidad, cristales rotos que no repiten trazos.


Las poéticas son epitafios revisables.


Para que nadie mude su pasado, lo cambia de sitio continuamente.


Saber el nombre del culpable no da consistencia a la vasija rota.


Tos con pretensiones orquestales.


Encontré tierra firme, pero soy más náufrago.

 

lunes, 12 de octubre de 2020

La actualidad de José Luis Morante



 


           Reconozco que para mí, José Luis Morante siempre está de actualidad, en este caso acentuada. Y lo está porque su atención a lo que sucede en el mundo de la poesía es permanente, curiosa y eficaz. Y lo está porque su afán creador permanece excitado. Es además un grandísimo divulgador, un consciente oteador y propagador de los vientos más nuevos de la poesía española. Digo también que para mi persona ha sido un acicate la amistad casi reciente con el poeta, con el profesor de Rivas. Amistad cercana y fértil. Vienen al caso estas palabras porque estoy con dos libros suyos sobre la mesa. Uno que habla de su mirada exterior y otro de la llamada interior. Atraído desde hace unos años por las formas cortas, por las fugacidades próximas, cultiva las estructuras del haiku y el aforismo como recipientes del fulgor poético. Varios libros, y recientes, dan testimonio. En las presentaciones de algunos tuve la fortuna de acompañarle. Y sus haikus han visitado Mientras la luz como invitado. Añadan a ello su perenne atracción por lo que le acude significativo de sus alrededores. Son legendarias sus aproximaciones, en Cátedra, a la obra de tres poetas claros: Margarit, García Montero y Rosillo. También su búsqueda de poetas jóvenes que vehiculen el milenio. O el abrir las páginas de su blog a compañeros que transitan por senderos que le son queridos o viven cerca de sus afectos. Todo ello sin abandonar su obra creativa, aunque tengo la impresión de que la mantiene agitada, pero en stand-by, permítaseme el oxímoron.

        Junto a José Luis Trullo y Manuel Neila, José Luis Morante aboma y vigila la producción aforistica española, Dios se lo pague. Ahora, aprovechando la encomiable voluntad editorial de José Mª Cumbreño, ha aparecido en Liliputienses la antología 11 aforistas a contrapié en la que, tras una selección personalísima, se ocupa en diseccionar –qué magnífico prólogo lleno de sabiduría analítica, y qué precisión de vocabulario– la obra de 11 poetas que han caído en la tentación minimalista. Es difícil el aforismo, quiero decir el buen aforismo, sofocado como está por las zarzas de las ocurrencias, de los juegos del lenguaje, de lo ya dicho, de la boutade inane, de… pero es preciso ponerle la atención a un fenómeno que tiene cada más más cultivadores y con mejores frutos. Me he sentido muy cómodo leyendo los que se ofrecen de Mario Pérez Antolín y subrayando algunos, otros, muchos de diversos autores: Comendador, Iribarren, Elías Moro, Felix Trull, AP Cañamares, JM Cumbreño, LA Guichard, JA Olmedo, R Troncoso y S Nuño. Y he disfrutado y aprendido leyendo la introducción en donde, y aprovecho sus palabras, se crean vínculos con la claridad. Qué difícil ser a la vez buen crítico y buen poeta. Qué reto establecer un diálogo entre ambos afanes. Y qué fácil lo hace José Luis. Tal vez porque acompaña y facilita.

 

          Otra realidad, la llamada interior, que a veces parece confundida y tímida entre la fronda de tanto dedicarse a los otros, es la que se contiene en Ahora que es tarde. Son 160 página de La Garúa que contienen su selección personal de 30 años de poesía. Desde aquel Rotonda con estatuas de 1990 hasta los inéditos de 2020. El discurso poético de JL Morante está teñido de emoción intelectual, las provocaciones deben atravesar el tamiz de la idea para poder plasmarse en el poema. Hay una elaboración cuidadísima para que se muestre tan sólo la esencia de lo que se pretende, pocas veces estorbadas por  las anécdotas o los detalles, que cuando aparecen forman parte indispensables de la historia. Leo y veo tras los poemas al hombre que escribe y se escucha, al hombre que no entiende de equilibrios ni justificaciones, al hombre que busca y mira el azar del paisaje que fluye, que es de la Vida a la vez que el de la Naturaleza. Tal vez por eso la cámara, si lo fotografía, le sorprende casi siempre de espaldas a lo andado. Amigo intenso de tantos poetas reconocidos, ha elegido a Antonio Jiménez Millán para el prólogo. Y ha acertado. Se señala en él su anclaje en la mejor tradición de poesía española de la segunda mitad del XX, su búsqueda permanente del otro, del azar del otro que le habita y al que es difícil sosegar. Y la metáfora continuada de la marcha, tan presente en su vida como en los poemas. Siempre a la espera, sabedor de que el futuro no ha terminado, nos ofrece 11 poemas de su meditado próximo libro, Nadar en seco, en donde lo enjuto del lenguaje hace más patente la presencia vigorosa del tiempo, la necesidad de acordar con lo vivido si el trayecto ha merecido la pena. Y cómo. Y cuánto. Termina el libro con un poema ensayo de autobiografía –desde el guiño a Gil de Biedma– que resume ávidamente lo que el arte y la vida se juegan en la entraña del que escribe. Del poeta que escribe. De José Luis Morante.

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Don Juan

La vida imita al arte

Ocar Wilde

 

Un día de pasión no es más que un resto,
una filosa esquirla
que la tarde enmohece.
La realidad futura se convierte
en solar insalubre:
un mercadillo antiguo
en el que trapichean los recuerdos.
 
Cuando no queda nada,
respirar es el modo de esparcir las cenizas.
 
El reguero biográfico malvive
en su estiaje; se cansa y aborrece.
Aquí la vida desconoce el arte.
 

(Del libro futuro Nadar en seco)

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 Estrategia

 

Mantengo una estarategia rigurosa 

que supone continuo aprendizaje, 

con ella maduré tu encarnadura, 

hice de tus espejos refugio protector. 

De pronto la vigilia 

impone su aspereza. 

Te desgajas de mí, 

adquieres vida propia 

y encaminas afanes a otro sueño. 

No pongo en entredicho 

tu postura 

ni te,pido consuelo. 

Pero es larga la noche 

y habito un caserón destartalado, 

sin salidas de urgencia.


(De La noche en blanco)


miércoles, 5 de junio de 2019

Los haikus y/o aforismos de José Luis Morante: A punto de ver


   ¿Exceso de haikus? Lee los de José Luis Morante. ¿Cansado de 120 años de haikus en la poesía occidental? Sepan que están en ebullición, que el relámpago lírico que suponen es cada vez más atractivo. Este mismo blog ha invitado, durante el presente curso, a distintos poetas de la geografía española para testimoniarlo. Sepan que la revista Ínsula le dedica un monográfico, muy recomendable, en su número de junio.

      José Luis Morante, poeta, crítico, aforista, haijin y hombre que explora, termina de publicar A punto de ver en la atrevida y prestigiosa Polibea que dirige y sostiene Juanjo Martín Ramos. Editorial que cada vez dedica más atención al haiku. La entrega viene precedida por un prólogo de Susana Benet en el que alaba la decisión de Morante de no convertir el haiku actual en pieza de museo y  apostar por abrirlo –sin timidez ni complejos– a la metáfora, al verbo, a lo subjuntivo, a lo desestacional. Y todo sin perder el aroma de la fontana clásica. Ese secreto que ata al lector hasta convertirlo en cómplice. Sepan que en los haikus de Morante estalla la inmediatez y gritan los otoños, que es la sorpresa quien llama al timbre y la ironía se esparce suave, como un susurro, que el poeta atiende a las urgencias de la contemplación y añade sobre ellas el sabor a pimienta de lo reflexivo, de la emoción. Sepan que al igual que en toda su poesía, aparece un yo, a veces difuso, a veces definido, y siempre personalísimo, capaz de conectarse con realidades contrapuestas. Donde escucha, donde responde. Un yo que pasea, siempre sobrio, siempre sin estandarte, por entre las 17 silabas.  Es mi secreto/ un secreto sin voz:/ ningún secreto. Sabíamos de este hacer. José Luis Morante ya había dejado en este blog muestra de sus intenciones, también en el suyo, en el acreditado Puentes de papel. Digo ahora que en los poblados bosques del haiku, el libro de Morante tiene el frescor y el trino de un aliso poblado por las alondras. Ágil, variado, verde, gozoso, protector.
      José Luis es un poeta al que su manera de ser enriquece. Y nos enriquece. Él, que es un granado aforista, añade al final de A punto de ver una serie de 31 instantáneas, llámenlas aforismos, sobre la realidad del haiku y su relación con las otras maneras que la poesía tiene de convocarnos. Un además que convierte la primavera del papel en fruto. Ofrecemos cinco de ellos.

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El haiku teje en silencio, sin dogmas, cuando la poética se aleja de la emoción se refugia en el laboratorio.

Cada silencio es un potente generador de sentido.

A veces la fuerza creadora no recuerda. Confunde identidades: poeta y artesano.

El haiku es la distancia exacta entre la sensación y la idea; nunca un atajo.

Altura de miras para bajar los ojos. Ese instante a punto de ver.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Seis haikus de José Luis Morante



Buscan mis haikus
un hueco de chistera.
Misterio. Magia.

***

Tan perezosas,
las huellas en el barro;
siguen ahí.

***

Callan los ojos
un exilio de nubes.
El viento empuja.




El niño quiere
anclar un arcoiris
sin chaparrón.

***

Lápices tenues
dibujan donde cabe
un dinosaurio.

***
 Bebí en el sueño
-qué sed al despertar-
zumo de ti.





(José Luis Morante, profesor, poeta, crítico y generoso. Entregado a la poesía propia y al estudio de la ajena, camina en estos últimos tiempos por la tentación aforística y la profundidad contemplativa del haiku. Como estos inéditos que nos ofrece.) 

Foto Hilario Barrero

martes, 5 de abril de 2016

Alfas y omegas. Siempre hubo

          
      Solos en la redacción, digo al Jefe: Algunos se largan a Kenia durante una semana para descansar del ajetreo. Otros a Perú, al festival de Lima con deseos de atiborrarse de lo que allí se cuece o germina. Alfa y omega de las reacciones. Hay tantos poetas jóvenes como escasez de escaparates. Siempre los hubo. Y hay tantos poetas maduros que han pasado la vida escribiendo en callado como los hubo siempre. Y siguen sin ruido (Luis Hervás, por ejemplo). Alfa y omega de las situaciones. Hay editoriales que gozan de su estatus (sin pasarse ni en lo de estatus ni en lo del goce), y las hay, mayoría, que andan haciendo cuentas día y noche sin hallar equilibrio. Alfa y omega de los emprendedores. Viene esto último a cuento por unas entradas en Face de Javier Sánchez Menéndez, el exitoso, parece, editor de la isla sevillana de Siltolá, y poeta. El que abre taberna de Libros y Copas estos días para oxigenar, para oxigenarse. Está Javier tan dudoso de la existencia de poetas jóvenes, él que tantos jóvenes ha editado, como de que la mayoría de los críticos sean solventes. Alfa y omega de las emociones. Él sabrá. En fin, nosotros a lo nuestro, porque el fin de tanto desfile procesional televisado nos ha devuelto a la normalidad del día a día editor. Tuvo la semana de regreso un alfa y un omega, un lunes y un viernes, prometedores. Veamos.

Lunes 28


      En el templo de la Alberti, a salvo aún de las banalidades, se presentó Re-generación. Una entusiasta y bien tramada antología de poetas jóvenes. Le ha dedicado tiempo y ganas José Luis Morante. Hay poetas jóvenes en España. Incluso algunos son capaces de romper barreras y vender. Y es que el lenguaje poético tiene la virtud de ser necesariamente proteico. Habita en él la voluntad de dejarse trastornar en sus modos y formas. Tiene la piel joven siempre, abierta al tacto de manos jóvenes que lo exciten y lo muden. Tiene el deseo abierto. No se quedará con todos, no irá a las alamedas ni a los lechos de plumas con todos, por supuesto. Pero se deja. Morante y la granadina Valparaíso han querido conocer a los que aspiran y ejercen. Contarlos al día de hoy. Se han detenido en 24 de los nacidos entre 1980 y 1995, los que inauguran, escribiendo, el siglo. A los nombres más conocidos. Luna Miguel, Elena Medel, Fernando Valverde, Elvira Sastre, Rubén Martín, Ben Clark,… añade otros nacidos de su búsqueda, de sus encuentros, hasta la cifra de la doble docena. El libro pasa de 300 páginas y se presentó el lunes 28. Introdujo el acto con humildad y justeza el antólogo. Resaltó su deseo de construir lar habitable y señaló la tentación de lo real y el poder de lo virtual, de las redes, en el quehacer poético actual. Todo antes de dar la palabra a los presentes. Diego Álvarez Miguel, Javier Vicedo Alós, Paula Bozalongo, Aitor Francos, Francisco José Martínez Morán y Javier Temprado hicieron lectura de algunos de los poemas seleccionados. Advertimos su anclaje en los modos, su frescura en los temas, su tentación culturalista, su densidad de intenciones. Apaciguadas las tentaciones adanistas, las veleidades de vanguardias inoperantes, olvidados de lo que distrae, parecen saber su oficio. Y tienen temple, ganas.     

Viernes 1
Antonio Cubelo y Rafael Escobar
Foto de Mara Troublant
    
      Hay poetas escondidos, humildes, que escriben como pidiendo permiso, y a los que cuesta moverse en el mundillo. Poetas a los que sus amigos veneran, quieren. Sin duda que Antonio Cubelo Marqués es uno de ellos. Agobiado en sus tiempos por las obligaciones laborales, cada poema es un milagro. Su anterior libro Julia, agosto, septiembre –qué título, por Dios-, apenas tuvo tiempo de presentarlo y circula casi clandestinamente. Ahora aparece Hablo contigo en la editorial Tigres de papel que codirigen Mara Troublant y Paco Moral. Y esta vez sí se presentó. Ocurrió el viernes 1 de abril en el recinto de Casa del Lector. Vino desde Cuenca a presentarlo Rafael Escobar, poeta raíz. Habló –serenidad de voz culta– de la concisión esbelta del lenguaje, de su alejamiento del coloquialismo y la anécdota, de la capacidad de apresar el instante, (paisaje y sensaciones), de su voluntad comunicativa, del amor como difuso escenario, de la fusión celebrativa con la Naturaleza. Pero habló sobre todo de la apuesta, a todo o nada del poeta, por el poder de la palabra sobre el discurso. Una impecable, por certera y respetuosa, presentación. Luego hablaría el poeta, voz de pausa plomada, para confirmar lo anunciado. Y lograr lo que parece un imposible: extender la emoción con unos textos tan esenciales, tan enjutos, tan en sí, tan alejados de los adjetivos y los trucos sensoriales. Poesía grande, humilde y honesta la de Antonio Cubelo. Poemas que él entiende sin título, para no condicionar al lector. O con una propuesta entre paréntesis como mucho. Así en este que adjuntamos.

(estar herido)

Las huellas
que te cruzan, ojalá,
ojalá
que dibujen un árbol:

para tenderte
a la sombra

desnudo como un pájaro
en la tierra.  

lunes, 22 de febrero de 2016

De la prisión en los poetas

Morante y García Martín en Granada
    
    Está merecidamente contento. Hablo de José Luis Morante, poeta y crítico. Termina de salir su Re-Generación. En la granadina Valparaíso. Una antología con buenísima pinta y título sugestivo. Recoge 24 autores jóvenes nacidos ENTRE 1980 Y 1995 y que han comenzado a publicar en el presente siglo. Buena definición cronológica y creo que una excelente selección. Lo advertimos para que no se les escape. Ha conseguido además acto de alternativa. Se la ha dado, con foto incluida, el maestro en estas lides José Luis García Martín, que hizo labor semejante –Las voces y los ecos, de la finiquitada Jucar– en su momento. Ahora va por los foros proclamando que de estas cuestiones se ocupen Morante y Luis Bagué. Sea. Están bien las antologías que lo son de veras. Las que se ejecutan con decisión tras estar serenamente trazadas. Y merecen por ello ser leídas, criticadas. Hay en esta algunos poetas cercanos a Mientras la luz, otros son novedad total.   

Martes 16

Antolín Amador y Cristina F Zambrano
Foto MCBarri
       Debería ser así. Los poetas deberían invitar a personas tangencialmente ajenas al mundillo para hacer las presentaciones. Hay en ellas frescura y sinceridad. Y una mirada limpia. Ocurrió en la Casa de La Mancha para la lectura de Antolín Amador. El texto de apertura estuvo a cargo de Cristina F. Zambrano, artista visual., que conoce a la persona y se atrevió a hablar de su poesía. Lo hizo con un desparpajo de nata crecida.  Lo hizo para señalar el carácter irónico y urbano, evidentes en la construcción y el vocabulario de los poemas. De Antolín. Le escuchamos –dijo- hablar más de farolas, cubos de basura y colillas que de almendros y margaritas.  Es un transeúnte entre palabras –recalcó- alguien que respira hondo. No quiso dejarla mal Antolín, que leyó con enorme destreza –¡cómo cambian los tiempos!– una selección de su obra. Predomina en ella la desenvoltura, el golpe de efecto, el gusto por la paradoja del lenguaje, de las situaciones. Poesía decidida, provocadora, de aristas. Donde la descripción de las cosas son el atrezzo en la reacciones de los protagonistas. Porque es una poesía de las personas, de sus afanes y sus dificultades. Reactiva. Nueva. Lástima que Morante no sepa de él. Terminó con poemas inéditos, que lo fueron de amor. El suele escribir del deseo y sus concreciones o deflacciones, pero en esta ocasión fueron de amor con declaración expresa. Lo que levanto algún que otro rubor público. Ay, la poesía.  

Jueves 18

      La becaria estaba algo más que sorprendida, alterada. A punto de salir para la lectura del día, el Jefe la llamó al despacho para decirle: El poeta no es libre. No. El poeta es un ser que ama lo inútil desesperadamente. Apenas le queda el pequeño margen de dar forma a lo prescindible, de trazar su cauce gráfico. Está atrapado. No intentes aprenderle por los datos que conforman sus poemas. Es un ser maniatado por lo alrededores de la realidad. Y es azar. Azar encarcelado, condenado por las cosas a contar cuanto no importa de ellas, lo sin peso, lo no medido. Las personas tienen otras vidas, los azules escriben. No dijo nada al salir, pero la vi llorar. El jueves. Cuando se ponía el abrigo camino de la Casa de Fieras.  

José María Parreño en Casa de Fieras
    
     En el Retiro esperaba como emergente Ana Belén (Martín) Vázquez, inédita aún en libro, que espera en Bartleby la salida de Los pasos y los días. Parece poeta aseada, de doble filo en sus contenidos: conciencia crítico-social (por eso ha sido elegida) y discurso intimista. Dijo que ahora trabaja en tres poemarios a la vez y con lentitud. Démosle tiempo entonces. Y esperaba José María Parreño. Presentado como poeta de referencia, respondió con ironía que disfrutaría del instante porque siempre pensó que pasaría de joven esperanza a poeta injustamente olvidado. Se prodiga poco, de ahí su pátina de poeta de culto. Y escribe poco. Dijo salir a 8 poemas de media al año. Lamentablemente la sala no estaba a reventar como merecía. Leyó el primer poema de su memorable accésit del Adonais, aquel de te regalaré la lluvia, tan imitado después, y declaró que poco a poco la realidad había ido desplazando a la experiencia en su personal bestiario poético. Su lenguaje tiene tanto de potente como de delicado. camina sobre el filo de dos abismos: el del construir elegante y el de la provocación gratuita. Vive, y lo sabe, en la contenida fortaleza de las imágenes. y actualmente en el disturbio del yo, en la conciencia distanciada. Señaló que su ultima entrega, el Pre-Textos Pornografía para insectos, lleva nombre engañoso porque no hay sino un poema que intente lo que anuncia. Que se debería llamar El desvividor, por el intento de explicarse con mirada escéptica. Su figura enjuta, de blanco halo, y su discurso de hilo permiten escucharle como se escucharía a un místico en Úbeda. La becaria decidió no acudir.

Rafael Soler en "El Monaguillo"
Foto MC Barri
  
    Es el caso que no sé si la becaria entendió al Jefe o quiso desantenderlo, pero acudió a El Monaguillo, café de la calle Segovia esforzado en crear un ciclo de poesía. Jesús Arroyo, su muñidor, entrevistaba para el previo a Rafael Soler. Poeta poderosísimo. Y poeta que aprovechó la cercanía física del público para hacer una lectura íntima. Tanto en el tono como en la selección. Maestro como pocos en el retrato de personas y/o situaciones, tensa el lenguaje con violencia hasta hacerlo gotear ternura. Subrayó con emoción las elipsis, esas que suelen llenar a sus poemas de sentido, de múltiples sentidos. Guardó para el final los textos que centran su atención en modelos de mujeres. Vitales, nocturnas. Las que esperan, las que exigen. Las dueñas del mundo. Poeta reclamado en numerosos foros, fue un lujo para la becaria verlo, oírlo y sentirlo tan de cerca preso de fiebre por la poesía. Tal vez vaya comprendiendo al Jefe.   

martes, 2 de septiembre de 2014

¿Hay alguien por ahí?




    Entendido como estación vacacional, termina el verano. El sol nos cansa. Todo vuelve a rodar, a su costumbre. El blog también. Tengo reciente la lectura de Oír la luz, nº 251 de los Marginales de Tusquets, allí encontré este poema, una sábana blanca tendida al sol, de Eloy Sánchez Rosillo, poeta que no se priva, que habla del verano y su experiencia. De la beatitud de su fin.

  Pensé primero en lo significativo de una tendencia, pero... contagiado del ambiente, ya no me atrevo a situarlo ni entre los de línea clara ni junto a los desteñidos. Seamos lectores libres. Ya hemos dicho lo poco apreciado que está la concreción distintiva (para taxonomías acudan los lectores de Mientras la luz a las musas sonámbulas y a las tesis doctorales). Eloy cuenta su experiencia y la sabe compartida. Aunque, por si acaso, lo dice todo clarito, muy clarito. Para que entiendan los de arriba, los de abajo. Aquí no hay jeroglífico. Aunque para mi desasosiego, acude a la memoria mía aquel aforismo del manchego de Calaceite: Si entiendes en su extensión el poema que estás escribiendo, rómpelo. Tal vez por eso considero urgente acercarme este septiembre a la antología que de la obra de Eloy ha realizado el poeta y profesor José Luis Morante para Cátedra.

  Lo seguro es que ha remitido la discusión entre lo hermético y la línea clara. Entre el silencio y el discurso. En realidad, han ido remitiendo casi todas las polémicas. ¿Experiencia? ¿Metafísico? Arcaísmos. Nadie se aferra a nada, nadie perfila, nadie distingue ni clasifica en cajas, nadie niega. Lo anti ha muerto, las banderías. Temporal triunfo del relativismo poético. De la libertad. No clanes, no escuelas, no corrientes. Está mal visto afirmar, reafirmarse, establecer cintas -a diagonales azules y blancas- que digan POESÍA NO PASAR.

  El hacer poético actual en castellano no tiene ataduras. Ni trascendencia económico-literaria. Es nada, es libre. Incluso para la copia, la boutade, lo sublime o lo ridículo. La poesía camina a voz sin coro. Sin riesgo ni miedo porque nadie la escucha. O en silencio, la poesía es un buey balduendo horro de esquila. Es por tanto disfrute. Y es multitud, fin del escalafón. Aunque nunca venid y vamos todos: Mal del siglo.que comienza, balduendos y demasiados. Sin maestros, sin discípulos, dando palos de ciego a ciegos, repartiendo confites, sinfonías a sordos, vadeando o subiendo laderas, despeñados por abismos: pero solos. Pero libres, pero libres.

Terminó el verano, el jolgorio y la pausa. ¿Nos divertiremos? ¿Nos aburriremos? 


La feria del sol

El verano ha instalado sus reales
aquí mismo, en el pueblo
en el que paso yo las vacaciones.
No penséis que llegó
discretamente y sin hacer ruido.
Vino con mucho escándalo
y la entrada que tuvo fue sonada.
Lo anunció una gran banda de música, con bombos
y platillos y cientos de instrumentos
estrepitosos de metal dorado
que destellaban y que encandilaban.
La música era alegre popular, bullanguera,
los chiquillos corrían al oírla, gritando,
y todo el mundo se sintió de pronto
muy feliz.
En seguida
llegó una interminable caravana
de enormes carromatos repletos de feriantes
y de gentes de circo. Comenzó
el tinglado a moverse, y como por ensalmo
todo quedó dispuesto con rapidez muy grande
e increíble belleza bajo la inmensa carpa
amarilla del sol. Y desde entonces
no ha cesado el jolgorio. Altavoces frenéticos
ofrecen, desacordes, por muy pocas monedas
maravillas insólitas. No hay descanso posible.
Sigue vivo el jaleo un día y otro día.
Quien quiera descansar que no se quede.
No lo dudes y súmate a la fiesta
más hermosa del año. Tiempo habrá
de estarse quieto luego y aburrirse,
cuando para desgracia nuestra acabe
el trajín prodigioso del verano,
cuando al fin el otoño,
meditabundo y cabizbajo, llegue.