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lunes, 28 de septiembre de 2020

Consejo de Redacción de octubre: El jefe preocupado

 




El jefe está preocupado. Seriamente, como todos. La cosa no pinta bien para la salud, para la cultura, para la poesía. Asuntos de los que suele, solía, hablar. Ojalá y el otoño sea mejor de lo que esperamos, dice por saludo. No tiene ganas de hablar de poesía, se le nota. A pesar de ello nos contó: Estuve en la presentación –Café Comercial, lunes 21– de La luz de lo perdido, una nueva antología de Javier Lostalé. Javier es un poeta de toque alexandrino, de la sublimación del deseo, y ni lo ha perdido ni lo quiere perder. Para qué. Dijo que su poesía actual está tutelada por Pureza Canelo. El sabrá. Traigo esto a cuento porque recuerdo una frase de Pureza: Hay que tener mucho cuidado en no editar un libro malo, siempre seremos reconocidos en la tribu por ese nivel, no importa lo que hayamos escrito antes o después. Habló entonces, a más de dos metros, manos limpias, la becaria: Me parece haberlo oído ¿A qué viene volverlo a traer? Tenemos otros problemas más inmediatos, el miedo a lo colectivo, por ejemplo. Por cierto, qué espléndida la edición que Chamán y Esther Peña han preparado para Lostalé. Respondió el tirano: Hablo del dicho de Pureza porque hay un autor cercano a esta casa que prepara una edición de poemas cordiales, elegíacos tal vez, conmiserativos; sé que duda de la oportunidad y el acierto de hacerlos públicos, algunos son añejos, y sin embargo parece que lo hará por lo que sostiene a los amigos más cercanos. Levantó la mano el colmillo-redactor desde telecasa: La libertad más excelsa es la de equivocarse solo, en caso de que se equivoque. Los poemas deudas de situaciones, recordatorios, sólo serán poemas si son capaces de imponerse a las anécdotas que los provocaron. De eso vive Margarit. No descartemos nada hasta ver. La verdad es que hay que tener coraje para editar en estos tiempos. Dele de mi parte al empecinado unos golpecitos en la espalda. Así lo haré –dijo el Jefe sin demasiados ánimos– el tal sujeto suele decir que lleva tiempo escuchando a la realidad discutir con la ruina, y que a veces se abandona al reto y, aturdido por los tiempos, suele dar testimonio por cualquiera de las dos. Faltaba el novato, que siempre habla el último. Y se queja: Tal vez se debata entre lo conveniente e innecesario frente a lo inconveniente y necesario, que nos decían en la Facultad. ¿Para cuándo en los kioskos, Jefe? El jefe zanjó: está de siete meses, no hay quien lo pare. Y nada más hubo.

martes, 1 de septiembre de 2020

Consejo de Redacción: Un sol fructidor


Con pasión indecisa
 llega el Jefe al nuevo curso. Y van once aperturas. Se le nota en los gestos, en un rictus sin fuego ni acidez.  Casi ambizurdo. Que cavila más en dolorido que en aparente deriva. Buenos y tempranos días, dice, la verdad es que no sé si desdecirme de lo que se dijo en junio o si mantener aquello de “lo benigno y la dicha/ del regreso que trae/ cada septiembre”. Volver a estar juntos de esta manera, separadamente y enmascarados, dota a esta redacción de un aire a clandestinidad conspirativa que tiene un aquel cursi, un aire decimonónico. Conocemos que la poesía dota a sus adeptos de una tentación de logia, de secta a lo fraterno, eso es sabido, pero no sé si tanto. La becaria, sentada frente al Jefe, quiso matizar, proteger, con prontitud: Se podrá comprobar que estamos todos, nadie en Covid y nadie huido. La redacción tiene los cuerpos sanos y las conciencias tranquilas. Lo que no sabemos es la calidad del trabajo que nos espera en estas condiciones de apaciguamiento, de timidez pública. Levantó la mano el redactor colmillo: Soy grupo de riesgo, declino asistir a actos multitudinarios, me pido por edad y pillería leer y comentar en domicilio, luego si eso… En fin, siguió el Jefe, así estamos todos, con las esperanzas y los prados de fin de junio desbaratados, pero en aguante, nunca en doma. Sepan que los poetas –nuestra materia de trabajo­– se resisten a no ser. Y sobre todo a no publicar. Miren con qué fe y con qué caridad han aguantado la semana de Exposía en Soria: disfrutando, comprándose unos a otros –incluso los propios editores- avariciosamente­. Viendo tal ¿podemos nosotros enmudecer, dejarlos solos? El novato quiso y consiguió hablar en su turno de las presentaciones virtuales. Esas zarandajas no pueden mitigar el dolor de una Feria del Libro ya en suspenso, decía. Luego añadió:  Lo que sí me consta es que han aumentado algo las ventas por correo, bien desde las editoriales, bien por Amazon. Recomiendo y animo a lo primero por razones obvias, dicen que el gran enviador ha aumentado en miles de millones su cuenta particular durante la pandemia y ya no necesita nuestra bien probada generosidad. Volvió el jefe a la carga, ahora enérgico: Escuchen esta exigencia, y es importante, no quiero que participen en ningún escrache a poetas que no sean de su gusto: militen en valentes o en marwuanes. Y mucho menos acudan ante la casa de los asmáticos. Añadan a la orden este ruego: pidan a Manitú con danzas y coros sollozantes que puedan regresar los actos y las presentaciones, hagámoslas reguladas y con garantías, seguras, pero que vuelvan. Sería la señal de salud pública y poética que nuestro bienestar necesita. Precisamos llenar de sentido el verbo volver. Y dicho esto, quiero que miren la ventana. Quiero que gocen este sol fructidor., este sol que presiente el membrillo, que nos espera en la calle: cálido, indiferente a las pequeñas miserias que revuelven y aturden. Sepan que seguirá luciendo para todos, que vencerá a lo guardado, que volveremos más pronto que tarde a sentir su roce en nuestra piel. Y el roce de otra piel. Y la alegría.

Por vez primera, nadie hizo intención pronta de abandonar la sala.

martes, 31 de marzo de 2020

Consejo de redacción de abril: Y qué decir

                                             Foto: Aníbal BC







      Y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios”, leíamos adolescentes en el poema de Jaime Gil. Jamás pudimos suponer entonces este satán ajeno, esta malaventura, este Covid-19 que nos vino. Cada español suponía que el demonio vivía al otro lado de la acera ideológica, así de torpes somos. Con Jaime  comenzamos a sospechar aquello de que tal vez seamos un pueblo que se entrega al albur de los demonios. ¡Ay de estos poetas del medio siglo y qué cosas decían! El caso es que somos un pueblo que aguanta a sus demonios con el mismo tesón con que ha resistido durante muchos siglos sus tentaciones de suicidio como país, como nación y como pueblo. Algo invisible, más allá de los alternativos apegos y desdenes, habrá que nos sostiene vivos y en pie sobre nuestro propio infierno. ¿No les parece? ¿No creen que entre nosotros existen personas, y no pocas, capaces de lograr que la mano y la herida hallen en ocasiones concilio? Inquiría el Jefe, grave, a través del plasma. Y es que la redacción se ha reunido virtual, pero a lo pobre, por teleconferencia de pésima telegenia. Jefe, le reprende o auxilia la becaria, si nos afanamos en buscar poemas de españoles que hablen sin convicción de España no terminaríamos, es algo congénito, recuerde aquello de si habla bien de Francia es un francés, si habla mal de España es español. Vale para los comerciantes y para los poetas. O aquel “España es incurable” que Blanco White pregonaba, sin duda por nuestro empeño en reabrir heridas cicatrizadas. Pero España, al borde siempre de las llamas o las llagas, es un país de enorme fortaleza, de amplia generosidad, tanto en sus errores como en sus aciertos. Además, no es verdad, como dicen algunos, que sea un castigo divino por los tres o cuatro años que llevamos aplaudiendo con fruición a los malos poetas. Quiso terminar la becaria con cierto guiño, con cauta distensión. Pero temblaba el plasma, la gente estaba seria, no para bromas, habían llegado noticias de poetas y amigos de la poesía quebrados o abatidos por el nuevo demonio, noticias de los españoles que luchan a pecho abierto, y no es metáfora, contra un enemigo invisible e inclemente. El redactor novato preguntó: ¿Hay sitio decente para el poema en estos días? Si, claro, respondió el jefe, lo hubo después de Auschwitz, que fue provocado por la voluntad de hombres nacidos de mujer y a los que cuesta llamar semejantes, y lo hay ahora. Pero, por Dios, procurad si lo escribís que sirva, procurad que alivie, procurad que tiemble dentro. Calla rotundo el Jefe y puede que llore sin gemido. El silencio cruza la escuadra de feroces guerreros, y una voz inflexible grita: ¡En marcha!


sábado, 29 de febrero de 2020

Consejo de redacción de marzo: La encuesta




     Está el consejo contrito, muy contrito. El accidente de la becaria, resbalada sin excesivos daños desde uno de esos patinetes que tantos jóvenes usan y ella quería, ha sumido a sus miembros en la congoja. La becaria permanece en casa, leyendo, con los pies sobre la mesa del salón. De momento el Jefe ha aparcado, hasta su recuperación, el tema de la crítica dócil, cuando no servil, que ella proponía para marzo. Sin su presencia, en Consejo pierde rumbo. Lo saben, pero hay que seguir. El Jefe no está para discursos. Ni eclécticos ni elípticos. Nos ha entregado una pequeña encuesta que debemos rellenar primero y luego procurar que contesten nuestros conocidos. Se trata de crear una taxonomía cuantificada de poetas, dice serio. Para ello ha tomado la propuesta que el pasado 5 de enero hizo Tomás Rodríguez Reyes en su blog Trópico de la Mancha. Con parsimonia ceremonial nos distribuye un papel impreso con las opciones. Dice que podemos señalar hasta dos de ellas siempre que no sean demasiado contradictorias. Helas.

1___ Aprendices de poeta
2___ Poetas que nacen del útero
3___ Los que se hacen a fuerza de leer e imitar
4___ Que tienen destellos y se apagan
5___ Que tienen dotes y se amuerman por el murmullo de la vanidad
6___ Los que poseen genio pero lo desperdician por otras bagatelas
7___ Que no son nada de nada y se empeñan en serlo

Los culos se remueven en las sillas. La verdad es que cuesta taxonomizarse con estos ítems de tan mala milk que no cubren todo el panorama. Son asuntos que se reconocen bien en los demás, pero algo menos en uno mismo. Podrían añadirse otros, dijo, pero he optado por respetar el pronto de Tomás. El redactor colmillo pregunta si es preciso cumplimentarlo y con qué grado de sinceridad. Sí, dice el Jefe. Y apostilla: Porque a fin de mes “a cobrar nadie falta”, así que ahora tampoco. Cumplan. El que inquirió se decide por señalarse en la sexta. Piensa que ha desperdiciado su tiempo en lugares bagatelas como los blogs cuando su talento le hubiera permitido volar hasta dar alcance a la caza. El redactor novato calla y se aplica. No tiene demasiado pudor en poner su cruz en el primer apartado: asiste desde hace siete años al taller de cada lunes. Los demás, sin grandes seguridades ni grandes sinceridades, van introduciendo cumplimentadas las papeletas en los sobres. El asunto es anónimo, pero saben que el Jefe, que bien los entiende, asignará a cada uno con precisión la respuesta elegida. Se conocen. Nos conocemos demasiado. Tal vez si la becaria hubiera asistido, piensan algunos, no hubiera sucedido este ejercicio obsceno de plasmar por escrito y sin matices lo que uno sospecha de sí mismo. Antes de salir, el Jefe recordó: Lleven la encuesta a los eventos a los que asistan y propongan rellenarla a todos los que hayan editado al menos un libro y se sientan satisfechos. Publicaremos los resultados a partir del 30 de junio en los principales diarios del país. 

(Ilustración: MCBarri,. Foto de una foto de Chema Madoz)

lunes, 2 de diciembre de 2019

Consejo de Redacción de diciembre. Del clima y la flacidez




No estaba. Durante unos minutos dudó el Jefe si llevar a cabo o no el Consejo de Redacción de diciembre. No estaba la becaria, se había ido a las manifestaciones por el cambio climático. Nada más llegar dijo, como los famosos, que es hora de actuar. Recogido el pelo en dos trenzas, anunció sonoramente que se iba. Y vaya si se fue. No estaba. Sabe el jefe que nada es lo mismo sin ella, la única que le escucha con atención, casi arrobo, la única que le conlleva. Pero él traía sus notas encendidas y no quiso aplazar el acto. Le oímos decirse en voz baja: La temperatura del planeta subirá lo mismo diga yo algo sobre el mundillo o no lo diga, adelante pues. Y comenzó todo. Sepan que sé porque lo escuché de Pureza Canelo que los poetas de cierto nombre deben cuidarse mucho de publicar libros malos, pues siempre serán medidos por la calidad del peor de ellos. Y muy a mi pesar, porque no suelo, tuve que darle la razón en ese punto. Es preciso dejar de escribir, o cuando menos de publicar, si uno percibe cierto punto irreversible de deterioro. El papel es un animal voracísimo y muy atractivo, pero con la desnuda desfachatez de no tener marcha atrás. Lo impreso dicho está. Uno puede renegar de sus primeros libros (socorrido citar a JRJ), pero resulta patético ir recogiendo los últimos de las librerías o de las manos de los conocidos (nadie sabe si lo ha hecho ya Gimferrer), por lo tanto, adviertan a sus poetas más amigos que vigilen, se vigilen y se hagan vigilar. Vino el silencio. Tras él habló el de la barba cana: Nadie estamos a salvo de esa trampa, Jefe, los parámetros varían con el tiempo, la belleza es un asunto proteico. Sí –respondió ávido–, pero recuerden que para los poetas sigue funcionando la sentencia: una buena muerte honra toda una vida. Callar con dignidad, tarde o pronto, eso depende, es cuestión que importa. El novatillo, manchego de origen, resumió el tema a su manera: O sea, no estirar nunca más la manga que el brazo porque se vuelve flácida a la vista de todos. Entendido, cerró el Jefe.
Rematada la sesión y puestos todos en pie, rogamos con sencillez a la diosa del clima adolescente.

(Foto: Mercedes E. Victoria)


sábado, 7 de septiembre de 2019

Consejo de redacción de septiembre: De añil manchego


   
Acrílico de Eusebio Loro



        Volvió el Jefe teñido de añil manchego. Dice que en estos últimos días estuvo en el Patio de Comedias de Torralba, en el Palacio de Santa Cruz de Mudela y en la Bodega valdepeñera de los A-7. Y en todos los lugares ejercitando los útiles oficios de escuchar poesía y degustar gin-tonic. Saludos y bien hallados –dijo con voz serena–, vayamos al asunto. A veces nos ocurre a los españoles que buscamos vestir el poema de hálito poético, de trascendencia lingüística y de exceso de estilo. Que se vea a lo lejos, como en rotonda, que es poema. En fin, que solemos ponernos estupendos y con traje de domingo frente al folio o la pantalla. Parece, me dijo Doce, que los anglosajones lo ven de otra manera. La becaria pensó callando: Ashbery también? La defensa del “escribir como se habla” es asunto que se vocea con énfasis y aprecio en las con(versaciones), pero después, sobre el tablero escribidor, el torero se estira y se perfila hasta gustarse. Pretende que se noten sus trazos cultos, sus metáforas ocurrentes, la novedad constructiva. Y suele ocurrir, no siempre por fortuna, que todos esos esfuerzos no son sino postizos miriñaques con que cubrir un poema huero, impostaciones que a menudo solamente consuelan a su autor. Tire la primera piedra aquel que…. (No ha tomado tanto el sol como parece, se guardó para sí el redactor colmillo) No hablo –prosiguió– de aceptar lo socorrido como lugar donde vivir, sino de que el poema nos permita vivir dentro de él sin hacernos sentir extraños, que sea algo así como una casa amable: sin lujos inútiles ni pretensiones de nuevo rico. También ayuda que no intente solucionar los enigmas universales que los griegos dejaron para ahora, sino que tenga por ambición sencilla ser un discurso, un canto que desvele o remarque algún instante vivido o sospechado. En próximos consejos hablaremos de si un poema debe vencer al lector o llevarle de la mano. Y de cómo debe residir en barrios alejados de las costumbres y las certidumbres.
Nadie argumentó en favor ni en contra. Suele ser la norma en el primer Consejo de la temporada. Y está bien.


lunes, 20 de mayo de 2019

Consejo de redacción de mayo: El auriga sabe

Foto: MCBarri



        Me preguntaba el expuesto auriga, el de Delfos, cual era la razón por la que se había puesto de moda en Madrid la costumbre del vermut poético. A mí, que, tras sortear la maleza que encubre la fuente, subía de humedecerme los labios con un buchito de agua castalia. A mí. Puedo deciros que su mirada de marfil sereno e inquisitivo esperaba mi respuesta. No supe qué decirle. Él estaba seriamente preocupado. Me habló de nuevo: No tenéis suficiente con haber conquistado las tardes de los viernes para vuestros jubileos y presentaciones, ahora pretendéis ocupar el sagrado rito del vermut sabatino para dar la barrila a la gente, y va a ser que no. Terminaréis derrumbando los templos, convertiréis el hacer poético en un campo de ruinas, os abandonarán por cansinos, por okupastodo. Y yo no sabía qué responderle admirado como estaba de su precisa información. De la que os traigo noticia. Con tales palabras justificaba el Jefe su prolongada ausencia. Cierto –subrayó la becaria– yo fui testigo de la increpación, y puedo asegurar que el rostro del auriga trazó un rictus airado al preguntar: ¿Es cierto que también pretendéis hacer vuestro el vermut de los domingos? ¿No tenéis otro momento para honrar a vuestros maestros mayores que a la salida de misa mayor? Y supimos que hablaba por el homenaje previsto a Jesús Hilario Tundidor en el Alambique. Tuve que corregirle. Eso todavía no ha llegado, le dije, porque el homenaje será el sábado 1 de junio, pero todo se andará. Ratifico que el Jefe continuó callado, que bajó las escaleras del santuario confuso, mas también asombrado de que ni lejos de su tierra, ni lejos de su blog, tan abandonado, remitiera el runrún de la nuestra poetiquería. Habló preguntando el redactor víbora: ¿Tanto ruido armamos que se escucha tan lejos? ¿La poesía española no es tan inane como nos parece?  La poesía española –contestó el Jefe­–, y en especial Lorca, fue capaz, a los pocos días, de callar a multitudes variopintas en el Teatro de Epidauro. Será preciso que nos respetemos un poquito más. Tengamos algo de orgullo. Si no por el presente, por el pasado.

miércoles, 2 de enero de 2019

Consejo de redacción de enero: Desafecciones





       Perdonen que hoy aflore mi subterránea vena manchega, pero estoy preocupado por cuestiones que me atañen y que afectan duramente a mi tierra. Parecía el Jefe inquieto, costumbre que le resultaba ajena. O cuando menos lejana. A la repetidamente anunciada dejación del oficio de poeta que de lejos venía anunciando Dionisio Cañas, tomellosero y neoyorquino a la vez (sic), se suma la de su reciente biógrafo, el también poeta Amador Palacios, quien al presentar la recopilación antológica, Las palabras son nocivas, durante el encuentro de Cuenca Poesía para Náufragos, declaró solemnemente que lo dejaba, que la poesía le había olvidado hacía tiempo. Que no insistiría, que le intrigaban cada vez más los aprosados quehaceres. El silencio de Joaquín Brotons, ya saben, viene de décadas; no le acuden experiencias nuevas, dice de sí. Durante el exordio, los distraídos redactores se afanaban en escoger entre los últimos dulces de la juerga y los colmados chupitos de malvasía. No demasiado atentos. Ni angustiados en exceso. Decir aliviados podría ser malentendido. El jefe prosiguió. Por si fuera poco lo dicho, otro poeta de la tierra, Manuel Juliá, autor de La trilogía de los sueños –vida, amor y muerte– anuncia en Face que su próximo libro de poemas, el que está terminando, será el último. Que los relatos le esperan. Hizo aquí la mayestática pausa respiratoria, la que reclama atención. Ante tales cerrojazos de raíz torera, mi pregunta: ¿Creen ustedes que escribir poesía puede llevar al aburrimiento, a la rutina y esa es la causa de tales renuncias? ¿O bien al contrario, que la tensión de escribir entre lo hostil y lo dócil termina por agotar? Inquirió el Jefe de una redacción que parecía escasamente alterada por las cuatro desafecciones. Otros vendrán, dijo el redactor colmillo, nunca faltan invitados a esta fiesta. El novato calló, no conocía a ninguno de los cuatro, es muy nuevo y de Galicia, qué culpa tiene. Creo que avisan, es de agradecer, para evitar posibles suspicacias, preguntas o extrañezas, que la poesía ha dejado de ser para ellos patria honda, confín, región secreta. Esperemos a ver si sus abandonos son definitivos, propuso la becaria, tan recatada y prudente en esta ocasión. Estoy en verdad desasosegado, continuó el Jefe casi para sí mismo, temo que el virus cortacoletas sea contagioso; el país, y La Mancha en particular, están faltos de poetas, escasos de ojos que vean enigmas en las cosas, ¿no les parece? NO, respondieron en mayúscula y negrita antes de levantarse.  

domingo, 2 de diciembre de 2018

Consejo de Redacción de Diciembre: Una modesta proposición



 

      Este año vuelve la comida de empresa, dijo el Jefe para comenzar el último Consejo del año. Los números comienzan a cuadrar. La publicidad, el exceso de publicidad que tanto critican ustedes, nos permite un respiro. La poesía puede, debe, tener también dimensión empresarial, de beneficio, como cualquiera otra de las Bellas Artes. Hay que insistir en ese recorrido. La que llamaba Lope “importuna infantería”, al referirse a los poetas noveles, ya saben que nuestra dedicación es un acto de provecho, dicen que luego,si eso, lo ligarán con el arte. Es preciso generar envidia entre las gentes, no lástima. En Mientras la luz hay números negros y los vamos a gastar: lo primero en cuchipanda, como buenos españoles que somos. Guardó un silencio fatuo, el que espera refrendo. No lo hubo. Ni aplausos. Por favor, productos gallegos y frescos, que no suceda lo que entonces, dijo con firmeza el redactor colmillo, y que no se nos pida llevar un villancico naftalina de nuestra cosecha, basta de provocaciones. Todas las miradas mojaron a la becaria. Ella sabía lo que faltaba por decir. Y, ella, ojos bajos, callaba. Minutos tedio. El Jefe los confundió con minutos expectación y creyó que era el momento de la segunda andanada por babor. Tenemos fondos suficientes para crear nuestra propia editorial de poesía, decidió emplear su voz más engatusadora, incluso tengo nombre… No dio tiempo a decirlo, la estampida fue tan ruidosa, tan febril y rotunda, tan de sálvese de luxe, que la puerta gimió de sobresfuerzo. Por los pasillos, y en la plena carrera por encontrar la calle, alguien siguió recordando y parodiando a Lope: Años de más editoriales y más poetas, nunca los veas. Algunos no pararon hasta Gibraltar, lugar de moda hoy y de liberales exilios decimonónicos. Otra no, otra no, repetía el eco machadiano en la Laguna Negra.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Consejo de Redacción / septiembre y uno


      
      
     Viene el Jefe de un verano poco lector y demasiado visitador. Entretenido y disgustado como ha estado por el match Sánchez-Salvini y la pelota migratoria. He leído poco, ciertamente, pero creo que lo he aprovechado. De los ajetreos y soirées, les contaré a ustedes en privado. Este es nuestro primer Consejo de Redacción tras el estío, y lo espero provechoso. Por las últimas noticias, el curso comienza apretadamente y debemos estar muy dispuestos, muy ágiles. Tomen nota de estos apuntes que han ido surgiendo y que deben guiar su atención y su juicio. Ya sé que no acostumbran, que siempre roen por lo bajini, pero si alguien discrepa puede levantar la mano y decir. Este no es el cementerio famoso de Ángel González. Miren, comencemos por lo más rotundo: hacer poesía no es poetizar la expresión, atiendan a ese agujero engañabobos por donde tantos se nos cuelan. Dos: lo hermético es jerigonza de iniciados, no confundir con lo destilado, con lo enjuto, son dos fajas distintas y aprietan de distinta manera. Por último, la poesía es un cofre que duda, pero que esconde certezas; todo en ella es verdad insegura, tanteo; y siempre –salvo en Eloy– prefiere la penumbra al exceso de luz o a la descortesía de lo oscuro.  Tengan cuidado y no se dejen agredir ni engañar ahí afuera. Cada cable lleva un sitio. ¿Tienen algo que matizar o añadir?

     La becaría, que ha pasado el verano leyendo aforismos y/o resolviendo crucigramas, quiso saber si por fin se había descubierto qué es la poesía. Porque todo esto nos sería más fácil – añadió–, ya que nos libraríamos de contender con tantas y tantas… y tantas aproximaciones y negaciones. Hay demasiados intereses en este asunto –zanjó el Mandamás–, mientras  a Visor le vaya bien así, no esperes remedio por ese lado, mas no te aflijas en esa espera, piensa que aunque no sepamos todavía qué es un árbol siempre podremos disfrutar de su sombra. Tengan ustedes un buen cuso.


jueves, 1 de septiembre de 2016

Primer consejo de redacción… y sin

     

     Dijo el jefe: Bienvenidos, buenos días. Seguimos sin gobierno. La poesía siempre ha sido ingobernable. Hay que tener agallas para escribir un poema. Digo un poema. Hay que tener agallas para dejarse gobernar por quien ejecuta la marcha, o quien escribe, con tan mortecinas formas y movimiento de brazos tan peculiar. Hay que tener agallas para aceptar todo lo que se nos quiere vender por poema, para dejar que gobiernen el panorama los tan sin cadencia ni decencia. O los agotados. O los tan sin discurso. O los tan sólo hijos de las excitaciones. O… La becaria tosió intencionada y oportunamente, el mandamás perdió el hilo tras la advertencia.

    Venimos –prosiguió, cambiando el paso- de un fin de curso anterior dominado por señalizar y acotar grupos de poetas jóvenes. ¿Quién tendrá la honra de ser el antólogo más clarividente de la primera generación del XXI? Venimos de los recopilatorios de mujeres poetas. Ninguna editorial que se precie ha dejado de contestar las palabras de Visor. Incluso el mismo Chus se ha contestado a sí mismo más extensamente que nadie. Pero gastados los temas recurrentes, estamos sin gobierno. La poesía, como lo otro, es un campo de batalla sirio, l´ancien Beirut. Con perdón. Un todos contra todos, de tinta y no de sangre, afortunadamente. Un paisaje de ruinas-ventas editoriales, pero en donde el sin gobierno es una bendición. Como parece serlo para el país. Silencio en todos tras su habitual mix pesi-optimismo.

      Luego, tras el silencio espejo, o espeso, que él tomó por aprobación y repasar después con lentitud y sus ojos la rentrée, quiero decir el panorama de rostros y sus magulladuras, se atrevió a concluir. Hay que tener agallas. Desde las altas cimas de la penuria, volvemos a abrir la redacción para contar lo que sucede. O lo que nos parezca que sucede, porque la mayoría de las veces asistimos y nada o poco ocurre. Hoy, qué distancia, qué diferente todo y qué lo mismo, que diría César Simón. Y es que la poesía, bien lo sabemos, puede ser necesidad o ser tan sólo pose. Buen curso. Tengan cuidado con la mediocridad cuando salgan afuera. Puede matar. Horacio ya avisó de sus peligros.

viernes, 18 de marzo de 2016

Consejo de redacción extraordinario: San Serení




      Ocurre como en los Consejos de Ministros, que a veces se celebran fuera de su recinto habitual por motivos de conmemoración. Así ocurrió con el último Consejo de redacción de Mientras la luz, llevado a cabo en una localidad próxima a Palos de ls Frontera y famosa por sus asnillos algodonosos.Tal vez por tentación vocacional -o vacacional, tanto da-, el jefe se permitió en su perorata una pequeña digresión que tiene su aquel. Dijo: Estas feraces tierras, hoy pobladas de plásticos y fresones, me transportan a mi infancia y a un sucedido que nada tiene que ver con la poesía, pero creo interesante trasladaros. Ocurrió en un un lugar cercano al natal mío. Resulta que los devotos y devotas dotaron a su templo con una imagen nueva del patrón: San Serení. Tal era el atractivo externo de la talla, tal su amable compostura, tanto movía a rápida y sencilla devoción, que pronto se extendió por los contornos la fama de ser un santo muy acogedor y milagrero. El rumor llegó hasta un hortelano que estaba en el secreto y que, dudando de tal calidad, se negaba a ir a contemplarlo. Y menos a encomendarse o a rezarle. Tanto insistieron sus deudos que al final aceptó visitar el altar donde se exponía. El hortelano, tras unos momentos de observancia, recogimiento y meditación no fingida, comenzó su rezo. Texto que siento no trasladaros con fidelidad y que haré a la manera de Menéndez Pelayo, de memoria y por lo tanto con alguna inexactitud, pero con total veracidad. La redacción, que no estaba acostumbrada a estas ocurrencias, permanecía expectante o cuando menos atenta. El rezo, continuó el jefe, decía más o menos

San Serení de los Campos
que luces en el altar,
del pesebre de mi burro
eres hermano carnal,
en mi huerto te crié,
ciruelo te conocí,
los milagros que tu hagas,
me los apunten a mí.

      La historia resulta conocida, apuntó la becaria, que está crecida, y efectivamente, no sé qué tiene que ver con la poesía. A mi parecer, nada. Intervino entonces el redactor-novato, que como bien saben nuestros lectores es muy leído, y ducho en escuchar por muy asistidor, además de algo sosca. Y dijo: Es evidente que esta anécdota, cierta o tramada, nada tiene que ver con la poesía, nada, pero desde luego mucho, demasiado, con poetas. Aún duele el silencio que siguió.      

domingo, 1 de noviembre de 2015

De la pintura. Consejo de redacción de noviembre


    
     La pintura y la poesía parecen haber recorrido caminos cercanos. "La pintura y la literatura forman una simbiosis maravillosa" afirma  Eduardo Arroyo, comisario de la exposición La oficina de San Jerónimo que se muestra en la Casa del Lector. Pintar con la palabra, hacer poesía con la línea y el color son dos dichos usados frecuentemente  Pintura y poesía alcanzaron su cenit, al decir de algunos, en Altamira y en Homero; luego, y hasta estos nuestros días, no han hecho sino degenerar. Otros escépticos dicen que ese señuelo profesoral de la écfrasis es lo más parecido a dos boxeadores sonados que se abrazan a la vista de todos para disimular su falta de vigor o la necesidad de ayuda. Pero la exposición de Carlos León en Alcalá 31 y este soneto y otros de Rafael Alberti en A la pintura se empeñan en desmentirlos. Tal vez por eso, la inauguración de la temporada en la Tertulia Rafael Montesinos girará alrededor de este tema. Tomen nota, está de actualiudad, dijo el Jefe antes de salir con prisas.


                                                    Al lienzo



A ti, tela tendida, plano al viento
de la mano, el pincel y los colores;
ventana o mirador de miradores
para la creación del pensamiento.

A ti, camino de éxtasis, portento
que surges de la nada en esplendores,
terco dominio, imposición, rigores
y frontera encumbrada de un momento.

A ti, goce después, a ti, sumiso,
peligroso, resuelto compromiso
sobre una mar en calma que perdura.

Ya no eres lino, plano humilde, tela.
Ya eres barco celeste, brisa, vela.
A ti, ángel salvador de la Pintura.


lunes, 5 de octubre de 2015

Prosa / poema / lenguaje hablado / lenguaje escrito


Consejo de redacción de octubre.

 
Foto: Javier I. Sanchís (r)
El jefe habla,
los demás escuchamos, a veces oímos. Ya desde Baudelaire –dice– como punto de partida aceptado, hay escritos en los que el fondo y la intención de un texto no coinciden con la forma canónica de su presentación. Hubo que buscar una terminología nueva para una nueva realidad. Prosa poética apareció como algo posible. Pero no. Devino en débil, devaluador de la poesía y de la prosa. Quienes aún la utilizan revelan su condición. Hubo que buscar alternativas. Se intentó con los neologismos proema y/o prosema, que se mantienen sin cuajar. Hizo fortuna, sin embargo, poema en prosa. Como expresión y como práctica. Lo que animó a innumerables a abandonar el renglón fragmentado y pasarse a la caja. O  alternarlos. Subyace en todo un coqueto rechazo a lo que algunos llaman el corsé del verso, a pesar de la enorme libertad que éste se ha dado a sí mismo en acentos y extensiones. Todo esto es sabido.  

Por supuesto –apuntó por lo bajo el nuevo, que parece leído.

   Dicho lo anterior, es preciso aceptar que los contrarios se tocan –continuó el Jefe. Y es que lo aprosado –¿lo prosaico?– acepta cada vez más la tentación del verso para presentarse. Hace unos meses escuchamos de un poeta, moderno y conocido, decir que cuando no le es posible encontrar con prontitud el lenguaje poético preciso para aquello que desea comunicar en el poema, no se detiene demasiado y dice lo que quiere decir sin pararse en formalidades ni torturas (entiéndanse tensión, medida, cadencia). Me sorprendió, pero comprobé, al leerlo después, que era sincero en su afirmación, que abundaban las situaciones así anunciadas, lo sin madeja. Para estas realidades cada vez más comunes, para estos alardes, sería necesario acuñar una nueva expresión, que por supuesto no debe ser la de poema aprosado, que le procuraría cierta sombra peyorativa, sino la más selecta, por paralelismo, de prosa en poema, que sin duda le añadirá valor, postmodernidad. Y así lo haremos en Mientras la luz, oíd bien, cuando comprobemos que la prosa, abocada como está, en lo formal, al renglón completo, renuncia a terminar su recorrido, el que el papel le ofrece, tentada por el deseo de aparentarse poema.  

¿Podría poner ejemplos, Jefe? – reclamó la nueva figura- porque, al margen de su disposición topográfica, la prosa y la poesía son como el día y la noche, el problema no está en sus opuestas realidades, sino en distinguir la penumbra de sus fronteras, si es que fuera preciso establecer fronteras. 

   Por si lo fuera -respondió (todo parecía preparado)- traigo cuatro dispuestos para mostrar. Comencemos por uno de mi autoría  construido al efecto en donde destaca tanto su compromiso con la realidad, con el lenguaje cotidiano, como el excelente uso de los encabalgamientos -léase sabia segmentación– y la sencillez de su ironía. Ante situaciones semejante empleen la expresión prosa en poema. No teman equivocarse.

Tres chocolates



Se llama así por la exquisita
combinación de los tres chocolates
usados para 
prepararla: negro,  
con leche y blanco. En tres
capas sobre una base de galleta,
es una
tarta para sorprender
a tus invitados, gusta
tanto a jóvenes como a mayores.

Preparar la tarta tres chocolates
con Thermomix es fácil
y en muy pocos pasos,
además no es preciso
uso del horno ya que se deja
cuajar en frigorífico.

La tarta de tres
chocolates es postre
ideal para amantes…
del chocolate y de los tres en tarta.

   ¿Qué les parece? Al fin y el cabo la poesía castellana, al decir conocido de Cernuda, ha vivido siempre en la dialéctica del lenguaje hablado / lenguaje escrito. Obsérvese en este segundo escenario la extrema tensión a que el lenguaje es sometido, terso casi, y la también sabia segmentación en este poema reciente de Julieta Valero, con él intenta llegar por el camino opuesto al mismo fin: a la cocina, a la belleza poética. ¿Es posible el encuentro? Esa es la cuestión, la permanente duda.

Anunciación

Cuando nos hayamos diluido, y el último rastro 
       de humedad y de afecto sobre nuestros retratos
cuando entonces
cuando esto
cuando los objetos no tengan a nadie que los 
        reconozca o tú y yo seamos un libro y una 
        caja china que 
ha inventado el silencio
el silencio como perfección del más doloroso de los gritos
cuando el olvido siga constituyendo al mundo 
       como es su deber, su compost, su premura
seguirás de pie en nuestra cocina, escuchando a las 
      cebollas, la frente perlada de generosidad y de viajes
al centro de la Tierra. La mujer que le lee sus derechos 
      a la belleza. Nuestro hijo ahí.

Y en esta pugna de contrarios, ¿cabe la síntesis? -preguntó el novato, que al parecer de muchos  estaba resultando un poquito sobón.
   
   En estos tercer y cuarto territorios escritos que ofrezco a vuestra observación crítica hay algo que puede moverte a reflexión -condescendió el Jefe con misericorde generosidad. El tercero está extraído de una entrega reciente de Elena Medel a Visor con su poesía reunida. Parece rico en posibilidades para que podáis anotar y valorar la sobriedad de la síntesis lograda entre poema, prosa, tentación de huida e intención metapoética. Espero vuestro análisis, vuestra, opiniones.


a)  Mi padre es viajante, me dice. Recorre carreteras día y noche, enseñando sus tesoros en puntos que un mapa no registra. Conoce curvas, socavones. Viajantes y poetas: no tienen memoria, no saben cuantas veces ejercitan sus costumbres.

b) La poesía es una forma de memoria. Encierra cuanto hemos vivido, y cuanto vive quien la lee. Me pregunto, entonces, si sería aceptable volver a ignorar los géneros literarios canónicos, e incluir ciertos libros de poemas en las estanterías dedicadas a la historiografía.


(De La caída del Imperio Romano)

    Y para terminar, que se nos va haciendo tarde, este cuarto ejemplo que su autor Vicente Luis Mora, excelente narrador y crítico, ha dado para las librerías aprovechando el otoño, en ejemplares titulados Series y publicados por Pre-textos. ¿Lenguaje hablado? ¿Lenguaje escrito? ¿Mix sabio? ¿Confusión? Repitan la lectura de la primera estrofa antes de responder. 











Apenas en agosto cantaba,
rodeado por los suyos,
en crepitante polifonía
simétrica, de pies binarios,
el arco arcaico
de su complexión sonora.

Ahora está ahí abajo,
en el jardín común,
solo.

Por qué fascina el grillo,
el último grillo de noviembre
cuando los demás han muerto,
dejando para mayo nuevos huevos.
El grillo terminal,
rasgando por costumbre,
con su cri-cri en legítima defensa
cantando mientras siente
que ningún otro grillo le responde.

Quien dice cantar duele ignora
lo que duele ser el último
que canta.

(De la serie Visión del grillo)

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Las palabras que se desconocen


Primer consejo de redacción. Acta


Bien hallados, -–escueto el Jefe para abrir la temporada– pienso que sea cual sea la causa que lo provocó y sea quien sea aquel que lo fijó, al final de todo solamente queda el poema. Y solo. Lo demás es, o debería ser, accesorio, consecuencia. Venía bravo al parecer, rellenito de sol, lecturas y consideraciones. 40  días a 40 grados no habían mellado su compromiso, su obcecación. La gente callaba. Ajena, la becaría repartía sonrisas tras coleccionar felicitaciones: había rebajado en casi tres kilos su arquitectura durante el agobio africano.

Pero el jefe seguía con la bien aprendida matraca: Dicen que W. Stevens aseguraba que los entrechocados bordes de dos palabras pueden producir la muerte. Y que Lorca sospechó que dos palabras que no se conocen están disponibles para el esplendor lírico. Caminando por estos territorios es lícito pensar, escribir, que el hecho de obligar a que se amen palabras que se odian a muerte produce excitación, Y que de ese roce salta la chispa de la sugerencia.

¿Y eso por qué? -preguntó el novato ante la mirada inquisitorial de los del colmillo. Agradezco tu pregunta, –y continuó frenético– porque ambas deben entonces desvestirse de sus significados, perder su orgullo de ser y verse obligadas a reptar entre los entresijos del lenguaje para encontrar sitio, lugar en donde hallar cobijo primero, desde donde gritar después. Y sucede que en todo este juego, en todo este drama, el poeta no puede sino favorecer semejante remuéveda, sino dejar fluir a su través. El poeta es entonces mediador, mediero responsable. Quiero decir sensible y consciente. Porque es a él en exclusiva a quien hay que pedir cuentas de los filtros y ritmos escogidos parar cerner el enigma que las palabras se/le han plateado. Su oportunidad como medium valdrá tanto como su capacidad para que el conflicto de la fricción ofrecida por génesis se transforme en texto auténtico, en auténtico poema.

Piensen en esto cuando asistan a lecturas, cuando redacten crónicas. ¿Alguna pregunta? Los pisotones proponiendo quietud labial se sucedían bajo la mesa. El profundo silencio no le arrendró. Y aunque para discurso de inauguración parecía suficiente, todos sabían que continuaría. Y lo hizo. Es el poeta, por tanto, cauce obligado desde las señas con que el mundo nos advierte hasta llegar al fruto desconocido. Y senda que lleva desde lo que nos perturbó hacia lo que debe perturbar. No es poco, pero tampoco debe estimarse en demasía. Humilde cauce-senda que a veces le permite conocerse y en otras asombrarse. Y también artefacto para provocar al lector, quiero decir para trasladarle de forma reconocible –el poeta es el dueño del orden, de los peldaños, de los huecos– la sugerencia de aquella bautismal excitación de las palabras que se desconocían. Y todo porque las palabras no son sino los flecos visibles de conmociones vitales –realidades, experiencias, sueños, deseos…_ extrañas unas de otras, contrapuestas, que chocan al mirarse, ignorando cuántas veces atrayéndose, cuántas con recelo.


¿Y el poema?-–se preguntó a sí mismo sin esperar a razones ni desbandadas–. El poema auténtico es por lo mismo fruto único, llegada y fonda. Testigo perdurable. Irrepetible. Inexplicable en el misterio por y para el que ha sido levantado. Según Juarroz, el poema auténtico se reconoce porque tiene la capacidad de alterar lo establecido, de inaugurar mundos. O por ser el hacha que rompe, según Kafka, la capa de hielo que nos cerca. Y formalmente porque no se puede separar de él ningún elemento, ni palabras ni pausas, sin negarlo, sin destruirlo. Por estas cualidades, entre otras, es posible distinguirlo de los textos que adoptan las formas del poema, y carecen. Y es que al final, alejados del accidente que motivó su creación, su concreción, sólo existen el poema y su realidad visible, trasmisible, de objeto para todos.  Sin él no existirían poetas ni poesía. Sin los poemas de Claudio Rodríguez no existiría el poeta Claudio Rodríguez. Ni existiría su poesía. 

Parece obvio -musitaba entre dientes la becaria. Y lo es -susurró alguien cercano-, buena nos espera.