domingo, 4 de abril de 2021

Poetas de en Madrid /4/ Álvaro Hernando

 

 

        Tuvo que trabajar y vivir en Estados Unidos para que se hiciera pública su voluntad poética, su decisión de dar a la imprenta su primer texto Mantras para bailar. Publicado en el mismo Chicago, 2015, por Pandora Lobo Estepario, esta iniciación en lo publicado le sirvió a Álvaro Hernando para sentirse liberado de una pulsión esperanzadora. Suele decir ahora que aquel cogollo de poemas en torno a la fuerza liberadora de la danza fue una salida prematura. Tres años después, con la Karima de Sara Castellar, vio la luz Ex–clavo. Sus poemas, mucho más perfilados en fuerza, forma y sugerencia, giran alrededor de las pequeñas ex–clavitudes de la vida cotidiana. Se apunta en él la tentación metapoética, la experimentación del lenguaje, la decisión del juego con los mitos. Si el coraje es (o fuera) una cualidad poética, Álvaro Alonso la tiene. Leyéndole uno siente su búsqueda, su volcada calidez, su amor por el poema, la transparencia de sus propuestas. En esas condiciones aparece Chicago Express, 2019, donde el poeta que es Álvaro Hernando alcanza su estatura. Edición bilingüe (inglés-español) con algún poema escrito originalmente en inglés. También edición americana, se extiende a lo largo de 90 poemas. Menos unitario que los anteriores es desde luego mucho más libre, mucho más vital. Hay un profundo aroma a crónica urbana, a hielos negros, a susurro y huida, a hostilidad o almohada. Y siempre lo desasosegante del vivir, a pesar de los oasis. Somos levedad de muchos dueños, eso somos/ eso somos. / Siena sobre arcilla/ en el asfalto roto.  Hay en Chicago Express una situación de provisonalidad querida, una mirada testigo del mundo que se le ofrece, un cuaderno de apuntes en la frontera de lo objetivo y lo subjetivo. Existe una necesidad de contarlo que lo tiñe con los matices del dietario, aunque no lo pretenda. Y es que el poeta no disimula las provocaciones que originaron el poema, bien sean los paisajes físicos o los emocionales, que no tienen por qué caminar separados. 

Poesía vital e intensa la de este poeta, amante de los canes, ya regresado a su Madrid natal, recuperado para nuestro convivir tras finalizar sus deberes docentes en Woodstock.

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Caballo en la ciudad
 
Hay un caballo nervioso
buscando pasto entre el asfalto
de Cleaborn y Ohio St.
 
Le habla un niño
con voz de diablo viejo:
 
“Hazte inmóvil,
                    de madera”.
(susurra)
 
“Hazte caballo de Troya.
Espera el regreso de la primavera.
Deja que crezca el pasto sobre nuestras vísceras,
tras la celebración de la victoria,
ante la huida en retirada de nuestra
toda
Madre Tierra”.
 
Pero el caballo busca ser un unicornio,
no un superviviente.
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Casa
 
Los poetas somos gente pobre.
 
En Wisconsin, las prostitutas nos pagan
el Marlöt.
 
Son las reglas de la casa.
 
Es néctar dentro del veneno
y del mismo Sol:
la muerte castrada,
desdentada,
femenina y canalla.
 
Compartimos todos la casa en ruinas.

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