miércoles, 28 de noviembre de 2018

Crecen rosas de olor





       Sucedió en Albacete, donde existe el único museo español dedicado a la escuela, al niño y a la infancia. Lo ideó, lo trabajó, lo pelea y lo dirige Juan Peralta. A su alrededor creció una asociación que lo sustenta y da calor, AMUNI, la misma que ha editado recientemente el tercer título de la serie Ecos de la Infancia: Érase una vez… en la que autores contemporáneos escriben y glosan cuentos nuevos o de su niñez. El resultado es una joya bibliográfica y literaria. Ha estado al cuidado de una persona excepcional, Pilar Geraldo, de voluntad crecida y de frondosa imaginación, trabajadora. Estuvimos en su presentación el pasado 22 y jueves. Escuchamos las palabras, la frescura intelectual, de Federico Gallego Ripoll al decir sobre el niño y sus universos. También sobre Gloria Fuertes, con quien tanto vivió y a quien va dedicado el libro. Sentimos la emoción colorida de Teo Puebla, el pintor toledano que cede al Museo toda su obra de ilustrador. 
Y visitamos el Museo. 
Créanme, todavía hay esperanza. Todavía hay gente que hace callada y laboriosamente. Sobre los ruidos inútiles que buscan excitarnos y aturdirnos, crecen rosas de olor, luz y consuelo.




sábado, 24 de noviembre de 2018

Un inédito de Basilio Sánchez



     Alguien ha dicho que el Premio Loewe goza de más prestigio que el Premio Nacional de Poesía, Aunque lo edite Visor, dicen. Porque lo edita Visor, dicen. Un jurado entendido y numeroso suele limitar la posibilidad de error. También, por contra, disminuye su apuesta por el riesgo. A veces aciertan y se honran. Es el caso.  Sabemos que la poesía, si es verdad, suele tener una voz poderosa que atraviesa muros y sensibilidades. Es estruendo. Ha sucedido con Basilio Sánchez, poeta cardinal y cacereño. Poeta que acerca su mirar a los cosas y a los hechos con tesón delicado y con humilde ambición. Poeta siempre en la periferia de los poetiqueos. De los que saben cuanto hay que agradecer a la poesía que nos deje merodear por su alrededor. De los que se descalzan para entrar en su posada. Leyéndole uno sabe que el poeta no es sino aquel que se deja abrazar por el desierto, por la nada y por el todo, por la sed no escrita y los caminos apenas esbozados. De los de lápiz y mochila como únicos instrumentos con los que rastrear y recoger la luz y el frío. Dos cosechas, dos caminos indispensables para sabernos hombres. De los que remarcan con leve tiza la claridad apenas esbozada, para jamás enturbiarla, para mostrarnosla limpia.
      Su libro He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes ha merecido la consideración de un jurado más acertado que nunca en el Loewe. Será para marzo. Estamos deseando leerlo. Para Mientras la luz, y a nuestra instancia, ha tenido la gentileza de adelantarnos el poema que ofrecemos.

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Amo lo que se hace lentamente,
lo que exige atención,
lo que demanda esfuerzo.

Amo la austeridad de los que escriben
como el que excava un pozo
o repara el esmalte de una taza.

Mi habla es un murmullo,
una simple presencia que en la noche,
en las proximidades del vacío,
se impone por sí sola contra el miedo,
contra la soledad que nos revela
lo pequeños que somos.

El poeta no ha elegido el futuro.
El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Seis haikus de Federico Gallego Ripoll


¡QUIÉN LO DIRÍA!






Me pierde el río.
Soy un árbol varado 
mientras se aleja.

***

Quién lo diría: 
la rosa atropellada 
es la más bella. 

***

Mientras te espero 
el tiempo se convierte en 
ciruelas dulces. 







La taza rota
sostiene la belleza 
fugaz del mundo. 

***

Me apaga el día. 
Sus dedos de melaza 
cierran mis ojos. 

***

Mi mano roza, 
en el borde del río, 
la sed de un ángel.









(Mientras la luz agradece a Federico Gallego Ripoll la cesión de estos seis haikus inéditos para su publicación.) 

jueves, 15 de noviembre de 2018

Loreto Sesma presenta su premio Melilla.

Loreto Sesma agradeciendo el premio
(Foto: MCBarri)



      Sucedió ayer. 14 y miércoles, en el Instituto Cervantes. Antes de los canapés que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Melilla ofreciera a los asistentes, lugar que debimos abandonar con prontitud para escribir esta nota. No estuvo el anunciado Benjamín Prado para justificar el 39 Premio Ciudad de Melilla (2017), y los 18.000, a Loreto Sesma. Sí estuvo Chus Visor, custodiado en todo momento por Antonio Lucas. Llegó elegantemente tarde LA de Cuenca, presidente del jurado del 40 premio (2018) Ciudad de Melilla, mas a tiempo de leer el acta que hizo pública su concesión a Karmelo C. Iribarren. Dicen que Chus suspiró y que exclamó algo así como Vaya hombre, por fin alguien de la casa obtiene el premio, qué sorpresa, qué alivio. No son palabras textuales, la otra prensa, a la que pertenecemos, estaba lejos del lugar del conflicto. Subió al atril alguien a leer unos folios insulsos, sin sonrojo, sobre este Alzar el duelo de la zaragozana. Luego salió Loreto, joven de 22 años, que se sintió y dijo agradecida. Leyó dos poemas. Otro alguien había traído unos libros, porque supiéramos. Nos llegó un ejemplar. De los de tapa blanca, de los de la edición no venal. Tal vez contenga los mismos poemas que los de tapa negra y librerías. De él traemos estos retazos para que puedan juzgar el deterioro (o no) de la poesía joven desde Elena Medel y Berta García Faet a nuestros días. Juzguen ustedes sobre la potencia y novedad de sus imágenes, su riqueza de vocabulario, su afán por romper tópicos.
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IX

La peor espera 
es la de quien no espera nada, 
la del que vive esclavo 
del reloj y de la esperanza, 
la del que sigue caminando 
sin saber realmente hacia dónde.
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XI

Y mira que ocurren cosas feas en el mundo... 

Pero a veces sincronizamos corazón y cielo, 
piel y deseo, 
miedo y valentía. 

Y aunque todo sigue siendo igual de feo, 
al menos me remuevo entre tus brazos 
como un niño recién dormido en un regazo. 

Pienso 
que ver la vida a tu lado 
no te exhime de los arañazos 
pero sí que te ayuda a curarlos.
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XVI

Ya no hay más noches en vela, 
ni dudas absurdas 
convertidas 
en castillos de arena. 

Estoy saliendo del sol 
donde el deseo 
y el sueño 
son evasivamente 
del mismo color.
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Nota: exhime en el original.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Un poema: Haikus de otoño


                                Con Federico Gallego Ripoll,
                                que me dijo de un reciente cuaderno




Sin desafío.
En el húmedo césped
el hongo asoma.

***

Tambor liviano.
Una nuez cae al suelo
desde la rama.

***

Días y octubre.
Fertilidad de verde
luz entre olivos.





Pelean o aman.
Verticales se muerden
pared y yedra.

***

A contraluz.
Del adiós a la tarde
vuelve un rebaño.

***

Rumor de arada.
Cada surco renueva
viejas heridas.


                                                             (De El libro de madera)

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Siete poemas de Leopoldo Espínola: Haikus y tankas


       Vive en la Sierra Morena sevillana. En la maravilla coronada de castillo que es Alanís, la tierra de Juan de Castellanos. Mima la poesía y le dedica su hacer. Las fuentes de la luz, su último libro, recoge una selección de los poemas elaborados durante los últimos ocho años, los mismos que tiene su hija Alba, a quien dedica el libro. Leopoldo Espínola, ha dirigido durante muchos años la Asociación Cultural Alas de Alanís, de la que fue uno de los fundadores,. Esta es su tercera entrega.

        Repartido en tres estancias: No eternidad, Peldaños y Las fuentes de la luz, Leopoldo Espínola indaga en los interrogantes de su cercanía: en las gentes que le acompañan (Hoja de lectura) , en las que le sugieren ("El zapatero"), en los aconteceres de lo significativo ("El oficio de zahorí"), en las lecturas atendidas ("Luz"), pero sobre todo en los paisajes, las estaciones, los colores, los ruidos del campo, las aguas libres, los indefensos aires, las lluvias que humedecen las memorias, los corazones sorprendidos. Y si en los poemas de matriz tradicional resuelve con cierta tensión enérgica, con verbo rápido, con pinceladas que marcan los territorios de la elipsis, con capacidad en el diálogo entre la forma y el fondo del poema, es en los moldes del haiku y el tanka donde alcanza el sosiego discursivo necesario para decir con más precisa exactitud. La Naturaleza observada a través de los metros clásicos de la poesía japonesa tienen en él una magnifica posada. Frasea con precisión, evoca con sensibilidad. Los haikus se tiñen de una subjetividad tan leve y tan profunda que no solamente no anula la validez de lo observado sino que lo potencia. Y la transporta con suavidad. A veces camina muy próximo a la espiritualidad con que lo hace Jesús Aparicio. Y es que su asombro ante lo contemplado en muy parecido.  Sin duda que el poeta de Alanís se siente cómodo en ellos.  Es entonces poeta tranquilo. Momento en que el poema fluye sin que la necesidad de tensar el lenguaje, tentación propia de poeta, lo perturbe.
      Entrega esta en donde los poemas cortos, de impresión resuelta casi fotográficamente, se imponen a los que prefieren el relato. Son un don amable para el lector que se siente atrapado por lo sugerido, por las reflexiones o los paisajes interiores. Sin duda que los parajes de la serranía influyen en la manera en que las cosas y las acciones humanas –intuitivamente primero, intelectualmente después y con intención moral siempre­– se acercan a las intenciones poéticas de Leopoldo Espínola. Parecieran hechos a lo Claudio Rodríguez, en los paseos por entre torrentes y jarales.
  
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El fin de toda
senda comienza siempre
dentro del caminante.

 *
La voz que teme
surcar el mar se oxida
tras sus barrotes.

*
Guarda el ocaso
en la tierra la sombra
del buen amigo.

 *
Amola su hacha
el tiempo en la arenisca
del abandono.

La verdad forja
el poema. En el yunque
se aguza el verso.

*
Junto al arroyo
muere de sed la piedra
seca de orgullo.
Por no inclinarse al agua
traga su poso oscuro.

*
Colma el poeta
la fuente, en sus recuerdos
beben los años:
sacia la sed de un niño
que trepó hasta sus caños.


viernes, 2 de noviembre de 2018

Un poema: Soneto casi de otoño

Foto: MA Yusta



Ahora que la luz, tan suave, desafía
a mañanas de cándida tristeza,
ahora, casi adentro, cuando empieza
a ovillarse en oscuro la alegría,

ahora, me decía,
que se abrazan temblando en su tibieza
la nuda soledad y la certeza
de que vivir importa…  y tú, y todavía,

estivales, pasados días míos,
que ocultasteis alegres la amenaza
de los hielos, las quejas, el temor,

libradme de los fríos,
guardadme deste dictum final que me atenaza:
no gastarás tu otoño en el amor.