SALTADOR DE PAESTUM
Por César R. de Sepúlveda
No para ser admirada en un museo:para la oscuridadde una tumbafue pintada esta escena.
Frente al cielo de yeso mortecinonos compete soñar con el azul,la hora de esplendor mediterráneo,la vibración solar, el aire cálido.
No importa todo esto: es la gracia del cuerpo,la tensión de los músculos,la aceptación consciente y decidida,ese signo que trazaen el aire,lo que en verdad enciende nuestros ojos.
Sin entender —¿qué es entender, en arte?—,sin poder afirmar si ha querido el artistacantar la plenitudde la vida,o encomiar la serena aceptaciónde quien,desprendido de todo, baja inermehacia el mar encrespado,la imagen nos concierne e interpela.
Sin saber explicar —¿para qué? ¡No hace falta!—sabemos que, tan lejosde aquel instante nítido y glorioso,también nosotros, anuestra propia caídapodemos infundir cierta belleza,dignidad y propósito.