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martes, 14 de noviembre de 2017

Un poema de Fernando Fiestas: Jaisalmer según el poeta Maharawal Bathi

 
      A veces suceden cosas. Mientras, lunes y 13, bullían las calles, las filas de quienes esperaban entrar en el Círculo de Bellas Artes, mientras afinaban sus cuerdas Ana Belén y Miguel Poveda, mientras se colmaban las butacas de la sala Fernando de Rojas con el corre-corre de las grandes convocatorias, mientras Fernando Beltrán repasaba un texto en maravilla –círculo de bellas autes, dijo– y LA de Villena se prometía no ser por un vez pesado, mientras todo respiraba ansiedad y espera, mientras Maxi Rey instalaba la avidez de su cámara –eterno trípode cojo–, mientras la poesía esperaba su gran fiesta alrededor del nombre de Luis Eduardo Aute y la farándula aprovechaba su Toda la poesía (Espasa, 2017) para verse y elevar a coro que le queremos, que le querremos, mientras todo esto sucedía, un poeta, también pintor, estaba a solas con su nuevo libro en la primera planta de la exCasa de Fieras. Retiro, ya saben. Fernando Fiestas presentaba, leía, a un selecto grupo de amigos fieles Palabras para otras voces (Lastura, 2017). 
Allí estuvimos, escuchando la seriedad de una propuesta que Fermín Fernández Belloso supo recorrer y contarnos con esmero capaz. Tanto la editora, Lidia López Miguel, como el propio autor señalaron que esta entrega es el inicio de un libro abierto al futuro, a su crecer. Obra en marcha. Son poemas que buscan anclaje en instantes de otras épocas, en la posibilidad de la ucronía. Bordean con decisión los senderos del abismo histórico y son manifiestos de presente. Poesía meditativa y poco complaciente. De serena factura.
Mientras Ana Bella López Biedma interpretaba junto a Fernando, en el Círculo, Cristina Narea junto a Luis Mendo seguían cantando a Aute, a quien también tanto y tan bien necesitamos.resaltar.

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Jaisalmer según el poeta Maharawal Bathi

A la arcilla volvemos
en su contemplación
por cómo los sentidos
nos desorientan,
por cómo los lugares son más amplios
en tiempos de sequía,
con un sol que dibuja los perfiles.

Hace tantas semanas
que no llueve
que el mar tiene el color de las derrotas.

En la hora de las preguntas inservibles,
basta que crezcan brazos como ríos
y le efigie del héroe no cambie de sonrisa
para que las demás estatuas
sigan con la mirada su trayecto,
lo que late en los templos
de azafrán
y nos protege.

Lo demás es el cierre de los párpados
porque no somos ruido,
ni siquiera ese fondo
de las alfombras
para las gruesas lágrimas de los dioses.

Natural es tener dos mil cabezas
y un solo rasgo
inquebrantable,
apenas una sílaba
para que nada evite
nuestro paso
ni las corrientes del aire.

A la orilla volvemos
en la hora de las preguntas inservibles.

Apenas el desdoble
de nuestro rastro,
por cómo los sentidos
nos desorientan.

Los verdes son el salto inesperado
rompiendo lo baldío,
los rojos ennoblecen,
el azul es la luz del sueño,
los naranjas, bostezos
sobre las celosías del palacio.

¿De qué sirve esperar desde el origen
para reproducir sus imágenes?

Siempre hay algo inclinado
que interrumpe el descanso de la lejanía,
con forma de versículo.

Las voces,
los ojos moribundos de los peces,
la sed con rostro humano. 

Siempre hay algo
de desventura
en los sueños de los monarcas,
porque todos los grandes edificios
se construyen después de despertarnos.


En 1205 d.C.
y lejos de cualquier calendario redondo.   

miércoles, 30 de octubre de 2013

Hazversos uno, Ateneo dos

Consejo de redacción en Mientras la luz. Becario y jefe.
– Apagad los focos, quitad las banderitas, vamos al barro –truena el jefe– ¿qué pasa en la pradera poética?  ¿rugen ya los leones? ¿se anuncian las panteras? ¿habéis visto elefantes?
El silencio es de esparto, y rodea la mesa. Pocos entienden. O entienden demasiado.  
-– La pradera se rifa, jefe, se ven coloridos y astutos animales: gacelas de aire, ñúes entre las altas hierbas, jirafas editoras, cebras festivas… Madrid es una fiesta o casi –se atreve el becario.
-– Bien, bien, escribidlo –ordena– pero andad atentos al peligro de los que muerden o los que aplastan.
Antes de despedir, uno de los inexistentes redactores de número plantea
-– Ante la abundancia actual de pastos en recortes, los de la conciencia crítica florecen. Setenta y nueve, a diez minutos cada uno, inundarán el Ateneo este fin de semana. Y no hay plata en caja para dietas de finde.  No podremos anotar en directo sus 790 minutos de voces en grito.
El jefe es pronto, claro.
-– Así, no. No asistiremos, no quiero indigestiones auto o retroalimentadas –resuelve el mandamás– poquito a poco los iremos atendiendo, y si alguien os pregunta, remitidle a la tesis doctoral de García-Teresa. Él ya lo cuenta todo.
-– Es un libro muy gordo –cierra el becario por lo bajini– casi estoy por ir sin que se enteren, en casa tengo telas tricolores, igual las llevo. 
Nadie le oye. Si va, será por libre.   

Ateneo dos

Fernando Fiestas y Ana Garrido
Foto MCBarri
Hubo viernes de Ateneo. 25. A las siete y media de la tarde, Fernando Fiestas, pintor, poeta  y miembro de Verbo Azul, presentó A veces lo visible. Su primer poemario, que introducido con soltura por Ana Garrido, ha editado Poeta de Cabra, la voluntariosa editorial de José María Herranz. Dijo el editor que su diseño se basa en la mítica Poket Poets Series que editó Aullido. La poesía de Fernando Fiestas tiende al silencio, es sólida, concentrada, conceptual en la descripción de las emociones. Dijo que su obsesión es la luz, y el libro habla de diálogo con la luz recordada. También con las casas vividas. Lugares de la excitación y del refugio. Leyó algunos de los poemas, pero también invitó a otros poetas a que colaborasen en la lectura: Cristina Cocca, Ana Garrido, Isidro Sánchez Brun, Hortensia Higuero y Juanjo Alcolea entro otros. Buen libro, eso sí, todavía de poesía vigilada, por lo que oímos en el diálogo final.  

Antonio Daganzo
Foto: MCBarri
Solo un vino. Uno. Esperaba Antonio Daganzo en Los Viernes de la Cacharrería. Llegamos tarde, aunque a tiempo de los últimos escaños y de las palabras terminales de Jorge de Arco que enmarcaron al poeta. Antonio es poeta casi mediático. Y cálido. Sus lazos con Chile continúan estrechándose. La embajada andina debería pensar en sus capacidades para ayudar en la labor inmensa que comenzó Sergio Macías. Veremos. Hubo una lectura limpia, organizada, completa. Un repaso sobre la obra pasada, sobre todo desde el poema final de Mientras viva el doliente, aplaudidísimo, y que pasando por los fundamentos de Llamarse por encima de la noche reclinó en inéditos. Es un poeta potente en voz y creación, que con gestos físicos serenos y expresivo subraya los momentos álgidos en intención de los poemas. Me gustó en especial el último de ellos, en donde combina rigor constructivo con voluntad narrativa y territorios de emoción. Se lo dije mientras las cañas finales en el bar socorrido de la calle León. Davina Pazos, Aarón Garcia Peña y José Cereijo fueron testigos.


Hazversos uno
 
Enrique Valle en foto de archivo
De FB
Jaime Alejandre culpó a Enrique Gracia Trinidad de que Enrique Valle. Sí, de que Enrique Valle leyera en el ciclo Hazversidades poéticas de El Comercial. Lo dijo, lo dijo (que diría Jordi Hurtado). Mientras tanto Enrique Gracia Trinidad se abrochaba un chocolate con churros, una vez dispuesta su cámara para grabarlo todo. Subió a leer Enrique Valle. Comenzó a grabar (aquí) Gracia Trinidad. Es un buen poeta Valle. Comenzó con un poema neutral para recalar pronto en sus hits. Un señor que pasaba por la calle os manda este mensaje, es un poema famoso que trata sobre las palabras flatulentas y hueras con que se visten los que escriben versos para que estos parezcan poesía. Es un poema que Enrique Gracia, con enorme generosidad, ha ido incorporando a sus recitales. Siguió Valle con Los pájaros son gilipollas. Solo en el escenario frente a un velador, leyendo de Meningelia, el poemario que editó con Prometeo en 2013. Entrega que parece que anduvo rozando las cotas del malditismo cheli. Hay un discurso que enfrenta al individuo con la masa organizada, o viceversa. Usa el poeta el reto, la labor de zapa y la mirada resistente, como respuestas. Antes de terminar su lectura, creo que breve, con el Poema cero, advirtió que hace diez año que no escribe poesía, ni deseos que tiene, que todo lo leído viene desde esa distancia. Digamos que no parecía venir de tan lejos. Montse Cano y Ana Montojo lo oyeron cerca de donde nosotros. Carmina Casala, ya era hora, muy al lado. Eso ayudó. Hubo tiempo de felicitar a Pepe Elgarresta por su Cazzoas, por ser topten de ventas en Amazon. Él tampoco se lo cree. El neobautizado hazverso, sin halo aún, nos dijo, a este lado de la barra, que ha recuperado la tertulia del café La Manuela. Cada miércoles por la tarde, que invita, que es foro abierto y sin normas. La buena culpa fue de Enrique GT. Lo dijimos. Desde hoy esperamos nuevos descubrimientos para la próxima temporada. Son necesarios.  
(Nota: los libritos se venden a 4 euros, las cañas a 3,20. De buena calidad los dos).



martes, 14 de febrero de 2012

Poema: 26

Samarkanda I. Dibujo de Fernando Fiestas


Hay -sabes, amor- en este mes de octubre
aquella levedad 
de la lluvia que todo lo envejece 
y una desmesurada longitud

aún es 20, y blanda, ya nos lame sin amo
esta luz vagabunda

hace días que muestran su rencor los paraguas,
su fingido contento, y que los mirlos, torpes,
cantan con dejadez, que está disminuida
la hoz que traza el sol, y esta mañana
han caído los últimos membrillos

pasa lento
este tiempo que vive sin asombros,
que tercamente se prolonga, llega,
de lejos, débil,
un paisaje de montes y de nimbos
a la sola ventana que me habita,
desde aquí
miro el hueco que dejan
hacia el sur los recuerdos,
mi avaricia y el húmedo relámpago

mientras, -sabes, amor-
sigue blanco el papel bajo las tintas,
como fácil condena (amenazan
estos días tan cuervos); nada escribo
que no sea de lluvias,
de paisajes, de octubres que se niegan a huir,
de cuerpos solos

                                   de ruinas, de un amor inacabado.

 

jueves, 29 de abril de 2010

Fernando Fiestas: pintor, poeta

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Su mundo era el dibujo, la pintura. Su mundo es ahora el dibujo, la pintura, la poesía. Se llama Fernando Fiestas y está en la quinta década de su vida. Desde hace unos años lee, vive, busca, escribe, deshoja poesía. Ha mostrado su obra pictórica en París, Oporto, Varna, Salzburg… y en numerosas salas españolas, pero viene a estas páginas porque deseo que se conozca de qué nuevas aguas bebe. Sé que su principal preocupación es el ritmo, sopesar el valor de las palabras, encontrarles el lugar preciso para que sean. Su mundo es rico, él sabe lo que quiere, lo que desea escribir, lo que le interroga, lo que le recorre. Está ávido de sensaciones, deseoso de modelos a los que desguazar. Y escribe y pinta. Su mundo deambula entre imágenes oníricas e individuales angustias. Desde la soledades coloridas a la alegría del amor.

Participa con “Verbo Azul” en las actividades del grupo. Ha publicado en revistas y un cuadernillo “Jardín de esquemas”. Son tanteos, mientras su obra avanza. No tiene prisa, pero anda. Y sabe hacia donde. Hacia la luz. Suyos son el poema y la estampa.


LA SENCILLEZ DEL DESTINO


"Cada uno de nosotros lleva consigo a alguien”
Basilio SÁNCHEZ


Siempre he dicho que para renunciar a los dioses
hay que entender la mirada del fuego,
imitar a las mariposas
y hacer el amor en los submarinos.

Siempre he dicho que para dar la vuelta a la vida
hay que avanzar sin dejar huellas
y oler a circunstancias;
así el tiempo lo detendrá todo,
los solares se henchirán de astrolabios
y en los museos habitarán los peces.

Hay que arar la tierra para buscar a los hijos,
sembrarla de semillas,
desgajar la piel de los abedules
y transferir los cantos de los ruiseñores
al sótano de las penumbras.

Es la sencillez del destino,
de la herida trazada por los pasos,
del viento que se enreda en los perales,
de tus palabras, …

yo que nunca te dije
que mi deseo nace con tu ausencia.

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