domingo, 29 de octubre de 2023

Un cristo. Poema de César R de Sepúlveda.

 

Foto de Olira Blesa










No tiene el hijo del hombre
lugar en donde
reclinar su cabeza,
y en el metro le toca estar de pie.
 
Son muchas estaciones las que quedan
todavía hasta el Gólgota.
 
De apóstoles ha estado regular:
en su mejor momento tuvo tres, muy lejos
de la prevista
docena que dijeron,
pero los tres salieron iscariotes,
y a saber dónde andan ahora mismo.
Se duerme fácilmente. Se transfigura poco,
no es fácil encontrar nada que valga
la pena en el monte Tabor,
hasta dicen que lo cortan con
estricnina.
                     De profetas se sabe
que se quedaron secos en el tigre,
y de allí al tanatorio.
 
En el templo
están los mercaderes instalados, tan cómodos,
y no hay quien les tosa.
A la primera de cambio, avisan
a seguridad
y hay un coro de risas cuando
lo sacan a empujones del recinto.
 
No hay milagro que valga en las noches heladas:
como mucho un borracho que comparte
con él un cigarrillo (¡aleluya!).
No se sabe las tablas
de multiplicar
ni peces ni panes,
así que por ahora merodea cerca de las terrazas
y cuando se levantan los turistas
levanta él las propinas,
a riesgo de sufrir la justa cólera
de los bastante hartos camareros.
 
Así no hay quien predique la palabra.
No anda bien de salud, y a este paso
no llega vivo a la crucifixión.
(Tampoco hay interés, se ha perdido
la pasión: a Herodes y a Pilatos les preocupan
los pactos de la investidura,
no las andanzas de un cristo callejero).
 
De la última cena en condiciones
no guarda ni memoria.
Se deja las parábolas a medias,
aunque no importa mucho:
nadie presta atención a lo que dice,
samaritanos buenos ya no quedan, y el vino
en tetrabrik no sabe ya de vides ni sarmientos.
 
Es la vida un calvario, un vía crucis
a palo seco, sin una magdalena
que le alivie el runrún de las tripas.
 
Con el padre ya sabe
que no puede contar, ni con la madre.
Cuando aún tenía móvil, intentaba
llamar de vez en cuando.
A veces le dejaban unos euros
para dormir caliente aquella noche.
Pero eso fue hace mucho.
 
Durmiendo entre cartones, ha llegado a olvidarse
de lo que vino a hacer. El plan consiste
en pasar un día más
en el reino de los vivos.
Lo otro, todo aquello de la pasión
y la resurrección
se le hace ahora mismo
un pelín cuesta arriba.
 
Eso ya luego, cuando haga menos frío.