miércoles, 25 de diciembre de 2019

Ante la Tabla de la Yedra



El murallón maltrecho del molino
que sosiega tus aguas, tan dormidas,
tus frondosos nenúfares, perdidos,
los altos verdes de las dos orillas.

La luz ocre en las copas de los chopos,
los vientos que te rozan, que te rizan,
las mudas armas del oscuro fondo,
los caminantes que aman las umbrías.

Tabla donde el Bullaque se detiene
a la mitad del curso de sus días,
donde inclinado el sauce busca, bebe
crepúsculos, quietud, melancolía.

A tu paisaje está mi voz sujeta, 
contigo supe lluvias y sequías,
he crecido y amado en tus riberas,
hacia el mar, por tu cauce, va mi vida.

                (Fotografía: Mercedes Espinosa Victoria)



jueves, 19 de diciembre de 2019

Cuento de Navidad con Miguel d´Ors



     

     Tengo con el poeta Miguel d´Ors varios asuntos pendientes que poco a poco voy, o iré, solucionando. Estorba un poco que él sea gallego y yo manchego. Una rima tan rotunda como pueblerina. Siempre me he negado. Viene la pelea desde una edición de Codex 3 que -oh sorpresa- apareció patrocinada por el Museo de Ciudad Real allá por 1981. No me digan que no es una excentricidad. Me ganó la sencillez de su ironía, la sagacidad mordaz con que se destila, la limpieza del trazo, el vareo aceitunero con el que trata las imposturas del mundillo. Tengo mucho papel suyo. En secreto, claro. Esta es la primera vez que viene a casa descaradamente. Por Navidad, no es frase hecha. Por ser Navidad decidí regalarme sus Poesías completas 2019. Lo hice ayer en una librería de barrio como mandan los cánones. Sepan que volviendo en metro, hallé acomodo sedente, oh fortuna. y abrí el tomo al azar. Esto encontré. LLoriqueas día y noche porque un antologuista dice pestes de ti / Consuélate, Trepario, más injuria te haría publicando tus versos. Y pensé en aquella expresión con que los modistas nos atacaban hace años: menos es más, menos es más, como si hubieran descubierto una islita para el principito. Alguien ganó el Loewe con ella. Miguel es otra pasta. Explica el mundo en el díptico ut supra y pasa de página. Por eso me gusta. Pero no hubiera escrito nada de esto si no fuera porque en el interior del tomo (680pgs.), y garabateado, encontré un texto en la trasera del marcapáginas con el que me obsequiaron. Minucioso y a lápiz. Logré descifrarlo. No son normales estas cosas, pero los cuentos de Navidad sólo son ciertos cuando ocurren. Debía ser del comprador anterior, que asustado por su mujer o la tarjeta, acudió a devolverlo
Dejo aquí la transcripción.

Trasera que se cita


Mesa de novedades,
treinta y nueve noventa.
Resoplé, qué hago ahora:
“Poesías completas”
de Miguelito d´Ors.
Pensando en los poetas
los de Renacimiento
las han puesto a la venta
a un precio heptasilábico.
Tal vez porque desean
vender mucho y barato
aunque no lo parezca.
Y yo que reconozco
mi devoción por ellas
las he traído a casa
calentitas, envueltas.
Venía muy contento,
mas al abrir la puerta,
sentí, avergonzadita,
llorar a mi tarjeta.
Es normal, niña mía,
que estas cosas te duelan,
pero en los culturales,
los del Mundo o Babelia,
sus duchos reseñistas
mucho las recomiendan.
Todo esto le decía
no sin mala conciencia
mientras la acurrucaba
en su nicho cartera.
Mas antes de ser muda
me espetó ¡qué franqueza!
No vas a aprender nunca
te crees cuanto te cuentan,
no ves, panoli, que ellos
no pagan, no les cuesta.



viernes, 13 de diciembre de 2019

Un presentador renuncia a presentar

Rafael Soler y David Morello


No son normales estos gestos. Ocurrió ayer, jueves y 12, Uno de los convocados a presentar "La mujer que abrazaba los árboles", de David Morello, declinó hacerlo en el instante mismo que le correspondía. Dejando la labor en exclusiva al poeta Rafael Soler. El dimisionario tuvo la delicadez de leer en publico la carta de renuncia donde motivaba su decisión. Más de 60 personas la escucharon y lo entendieron. Se la pedimos como testimonio y accedió. Hela

CARTA QUE SE CITA

     
   Les dije a los editores que no puedo ni debo presentar a David Morello, él es un hombre cualquiera transformado en ternura. Cómo acercarse, cómo domar con párrafos inertes su voluntad escribidora. Rellenaré este folio, le dije a mi tocayo Rafael Soler, luego, tú le miras a los ojos y le preguntas. Cuídale las heridas, añadí, recuerda que su padre todavía sonríe en los trigales de sus ojos y que solo posee aquello que perdió. Lo sé porque he visto palabras rodar sobre los empedrados esperando a que David las recoja y las lleve al poema. Él las busca en las noches levantando la nieve. Rechaza las que son certeza y ampara a las que viven desdichadas. A veces es mujer, a veces no comprende otro modo de amar la belleza. En otras ocasiones se siente un árbol abrazado por la melancolía, por el cristal y el algodón del sueño. Hay tardes que es un tigre sigiloso. Y ruge tientos, tonás, soleares. En primaveras dulces le crece un bosque en la bóveda del vientre. Por todo ello te digo, compadre Rafael, que lo trates con mimo, que lo trates sin miedos. Que le preguntes por qué laten tan fuertes en sus almas la bondad y el silencio. Hoy que es un hombre editado en papel amarillo de junglas, un nombre escrito con minúscula, un totem alzado en el centro de la aldea, del misterio. Un niño que pregunta: Madre, ¿para qué sirve el mar? Una alondra me dijo que le tiembla la mano cuando escribe un poema, que hace el amor con los ojos cerrados y la sangre en vilo. Él que no teme los cuchillos del aire, él que barrunta que será un buen muerto. Pregúntale despacio, senador Soler, tiene piel, tiene huesos que conocen el frío, es un olmo frondoso a cuya sombra una mujer hambrienta acude, viene para saber de la paciencia, de la calma y el tiempo. Dicen los chopos de David que la escritura le salvó de convertir la vida en una obligación, que anuncia los murmullos de los nidos, que su sosiego levanta arquitecturas con el barro de sus orígenes. Y su palabra alza habitaciones. Sus poemas son cimbras, venas rotas, ventanas de extravío, alfileres, desconsuelo, balanzas que confrontan el dolor y la nada, hospitales del mundo. Son nudos que sujetan la memoria. Y duelen, y le duelen. Pregúntale y escucha, poeta Rafael, no olvides que sus caminos tienen tu misma estatura, no olvides que su vida es ir, ser y regresar, que David Morello pisa presentes, pero también acuna desvalimientos. No somos, no sois de otro metal, sois hombres cualesquiera tocados por el asombro de la poesía. Y porque conozco a los que viven el poema como refugio inane sé de poetas como David de emoción encendida, poetas que acuden al poema como hoz e identidad, como futuro y avenida, como alto faro desde donde vigilar el conocimiento, como horno de la recíproca congoja. Por todo ello, por lo dicho, comprenderán que yo no pueda, ni sepa, ni deba presentarlo (perdón Paco, perdón Mara) y me limite a leer este folio, algo prieto, este papel que busca íntimas arboledas. Esto les dije

lunes, 9 de diciembre de 2019

Inédito de Carmen Jodra: Nuestra futura casa en Tjarnargata

             Nunca dejó de escribir. Aunque los últimos años no tuviera necesidad de editar. De Carmen Jodra iremos conociendo gota a gota nuevos poemas. Como este que ofrecemos gracias a la gentileza de Diego Román, su amigo. Viene provocado por una estancia de ambos en Islandia. Diego lo leyó el día del homenaje en el Ateneo. Comentó que fue un regalo de cumpleaños que la poeta le hizo. Se lo rogué.
Mientras la luz se complace en darle luz escrita. Gracias, Diego.





NUESTRA FUTURA CASA EN TJARNARGATA



No puedo precisar por qué aquellos días tienen
la cualidad del sueño (mucho más que otros viajes,
que otras vacaciones). Tal vez era la luz,
tan oblicua y dorada en el camino de la falla de 
     Almannagjá;
sí, la luz; también vivir con gente tan joven – aún se 
     me representa
Lukas en la piscina caliente: qué deliciosas
las diminutas arrugas junto a sus ojos; qué dulce niño.
Estar contigo. Los gruesos gatos que, acostumbrados
a la atención casi reverencial que les profesan
los más civilizados de entre nosotros, se dejaban 
     acariciar tranquilos, displicentes.
La luz; la llovizna. Nuestra futura casa en Tjarnagata:
un pequeño jardín muy verde en el que cuelga
un globo rojo. La cualidad amable del ensueño,
mirar hacia un futuro tan incierto y velado
como el cielo lechoso; por lo mismo, a veces se parece 
     a la esperanza,
cuando estamos de buen humor. Ovillos
de todos los colores, siempre de pura lana
de ovejas islandesas; la chica a la que vimos 
     esa primera tarde
(estaba despejado, una tarde preciosa),
que se había sentado en el césped, al sol, para tejer.


                                                               Carmen Jodra Davó


jueves, 5 de diciembre de 2019

Carmen Jodra



        La recta es la belleza. La limpia tensión. Ayer, miércoles 4, fue trazada por voces prevenidas. Un acto puro de elevada emoción. Más de 15 poetas en pulsión contenida supieron unir dos exactitudes de la vida de la vida de Carmen Jodra: su amor por la belleza y la alegría de su existir. Hay poetas que no necesitan sino ser poetas para tener habitación propia en nuestra casa. No es preciso escribir más de lo que debe ser escrito. Sino ser. Carmen, tan pronto ida, era humilde verdad continuada, era ella para sí y para tantos. Corazón azul. Tan difícil. La recuerdo, lo tengo dicho, con Diego Román, que tanto tiempo fue con ella, y fue compañía. Yo sé que la memoria es indeleble cuando ella lo desea. Ayer. Líbranos de la pena porque elladestroza el corazón larvadamente/ y trae sombra a los ojos de los niños. Ayer la recordaron con la palabra justa en el Ateneo de Madrid cuantos hablaron. Tanto como el silencio duro de los que los escuchaban. En pie la mayoría, en la verticalidad del recuerdo. Dijeron de ella Gracia Trinidad, José Cereijo, Ana Rossetti, Miguel Losada, González Iglesias, Mª Antonia Ortega, L Alberto de Cuenca, Javier Lostalé, Elena Medel, María J Fuentes, Ignacio Vleming, J Ramón Trujillo, Jesús Munárriz… otros y Diego Román, abrazo y lágrima. Habló Aarón G Peña en nombre de Ateneo. El padre de Carmen pidió decir. Un hombre herido quiso sellar el acto extendiendo los aromas de la hija que fue, de su gusto por la bello, ese asidero desde su adolescencia. Carmen descansa de lo intenso bajo la sombra de un olmo castellano. Todo acabó en julio. Pero el acto de ayer, pero el acto de ayer. Acciones tan puras, tan justas y limpias, tienen el fuegolacre de las cosas sencillas, las que ahondan y buscan. Pocos de los asistentes podrán olvidarlo. Podrán olvidarla. Líbranos del placer que nos obliga/ a creer que este mundo es dulce y bueno/ justo hasta que salimos del encanto. Carmen.


lunes, 2 de diciembre de 2019

Consejo de Redacción de diciembre. Del clima y la flacidez




No estaba. Durante unos minutos dudó el Jefe si llevar a cabo o no el Consejo de Redacción de diciembre. No estaba la becaria, se había ido a las manifestaciones por el cambio climático. Nada más llegar dijo, como los famosos, que es hora de actuar. Recogido el pelo en dos trenzas, anunció sonoramente que se iba. Y vaya si se fue. No estaba. Sabe el jefe que nada es lo mismo sin ella, la única que le escucha con atención, casi arrobo, la única que le conlleva. Pero él traía sus notas encendidas y no quiso aplazar el acto. Le oímos decirse en voz baja: La temperatura del planeta subirá lo mismo diga yo algo sobre el mundillo o no lo diga, adelante pues. Y comenzó todo. Sepan que sé porque lo escuché de Pureza Canelo que los poetas de cierto nombre deben cuidarse mucho de publicar libros malos, pues siempre serán medidos por la calidad del peor de ellos. Y muy a mi pesar, porque no suelo, tuve que darle la razón en ese punto. Es preciso dejar de escribir, o cuando menos de publicar, si uno percibe cierto punto irreversible de deterioro. El papel es un animal voracísimo y muy atractivo, pero con la desnuda desfachatez de no tener marcha atrás. Lo impreso dicho está. Uno puede renegar de sus primeros libros (socorrido citar a JRJ), pero resulta patético ir recogiendo los últimos de las librerías o de las manos de los conocidos (nadie sabe si lo ha hecho ya Gimferrer), por lo tanto, adviertan a sus poetas más amigos que vigilen, se vigilen y se hagan vigilar. Vino el silencio. Tras él habló el de la barba cana: Nadie estamos a salvo de esa trampa, Jefe, los parámetros varían con el tiempo, la belleza es un asunto proteico. Sí –respondió ávido–, pero recuerden que para los poetas sigue funcionando la sentencia: una buena muerte honra toda una vida. Callar con dignidad, tarde o pronto, eso depende, es cuestión que importa. El novatillo, manchego de origen, resumió el tema a su manera: O sea, no estirar nunca más la manga que el brazo porque se vuelve flácida a la vista de todos. Entendido, cerró el Jefe.
Rematada la sesión y puestos todos en pie, rogamos con sencillez a la diosa del clima adolescente.

(Foto: Mercedes E. Victoria)


lunes, 25 de noviembre de 2019

Un poema: Con(versaciones)









Hay caminos que existen
para no ser andados,
sino dichos

yo acomodé mis días
a transitar por ellos porque todos 
guardan en sí
una noble belleza: lo inasible

espirales y dúctiles,
nunca, como el poema, se terminan
si no es por abandono, caminarlos
no supone llegar, sino hallar el regreso

lo sé porque con muchos
amigos los he hablado
en las calles y noches de Madrid

también porque yo mismo
con mi tiempo, el de ahora,
–tenga o no la razón– 
converso hasta el desnudo

o porque me sorprendo
andando cuando escribo
con el otro que fui, el que me acecha,
el que inquiere con saña, el que me incita
a justificaciones

una vez los anduve
con el hombre futuro
carente de extrañezas,
ese ágrafo callado que a voces me reclama

el que aún 
no quiero ser.

(Para Alfredo J. Ramos)

viernes, 22 de noviembre de 2019

Documentos: Semblanza de Federico Gallego Ripoll para RESPIRACIONES


 (La becaria diligente nos ha procurado también la semblanza de Federico. La ofrecemos)
           


    Porque, manchego siempre, fue feliz en una Barcelona de ventanas abiertas y geranios, porque vive en una Mallorca de sol trenzado, porque desde allí, desde los allendes, nos atiende y entiende, porque las lejanías –tan necesarias para la claridad– no pueden ni deben prolongarse. Y también porque lo hemos querido, RESPIRACIONES abre su ciclo cuatrienal con Federico Gallego Ripoll. Haciendo guiño y señuelo de continuidad con aquel No madrileños de nuestras complacencias. Poeta prófugo, dueño y esclavo de sus itinerancias, rebelde desde lo tierno, Federico (Manzanares, 1953) camina y toma en préstamo las horas del mundo, las manzanas dormidas, los izados trigales, lo amargo cuando late para hacer sus palabras. De él sabemos que es un poeta que excava túneles para que la luz pueda conocer el corazón de la montaña. Desde aquellos Poemas del condottiero, con que Rialp le inauguró en 1981 hasta Quien dice sombra que cierra su producción édita. De momento.

A lo largo de toda la obra de Federico, hoy con nosotros, el fondo discursivo cede siempre, aturdido, ante el poder de la imagen plástica, ante las embestidas sutiles de la emoción, ante la celebración de los significados. Conoce que el hombre es un lugar sin retorno posible, por eso siempre encontramos el humanísimo temblor palpitando en la arquitectura de sus poemas. Federico escribe desde el hombre que tiembla hasta el hombre que resiste. Y en ello es sabiamente radical. Tanto en el uso de su ironía cervantina, esa daga afiladísima, con que subraya las contradicciones, como en el convencimiento con que se instala en la dignidad del individuo. Y porque sabe, desde la adolescencia, que la poesía es un acto de lenguaje, se vierte en él, tiene miedos con él. Federico es una necesidad urgente en la contemplación de los vivires, en el ahí de cada día, al que toma como prado feraz. Escéptico ante las expectativas, bien ilusas, bien trascendentes, defiende con brisas o con garras, según convenga, el oficio de poeta, su oficio de raíz inmaculada, al que sirve, al que jamás ha traicionado.  Así dice:  Entre mis dedos se disuelve el lápiz, lo que escribo huele a bosque quemado.

Buen manchego vive en las amplitudes salinas de la palabra, en su poder de sorpresa y de convocatoria, tan necesarios en la construcción del poema. Leerle, escucharle, es entrar en comunión con una de las formas más sincera de entender la poesía.  Que no es otra sino la de escribir a la misma altura que sus semejantes, la de mirarlos con ojos de presente, sin otros antes ni despueses que los precisos para no perdernos. Para no equivocarnos ni equivocar.  No hay mundos diminutos –dice– donde el dolor no exista. Magnífico lector, es conocida sus atenciones para con la obra de los demás, su generosidad con las epístolas cuando algo de alguien penetra sus adentros. Ida y vuelta. Suele decir a quien tiene la fortuna de escucharle, que el enigma de escribir, de respirar, se resuelve en el encuentro. En ocasiones como abrazo, en otras como disturbio. Y es que la poesía, que aparentemente nace en la mano –de la mano– del poeta, tan sólo acontece en los ojos y en la conciencia del lector. No hay poesía sin tránsito. Esa eterna metáfora de la existencia encuentra en este oficio uno de sus escenarios. El otro es el del amor. A veces nuestro poeta se pregunta: ¿Quién oye el griterío de los pájaros, si no soy yo? Para continuar ¿Quién eres tú leyéndome, si no soy yo?

Poeta de las metamorfosis, de las realidades en duda, de las penumbras atendidas, dijo de él JL Morales “que es una voz que emerge de una conciencia alerta, de una sensibilidad tangente con las bellas artes, de un yo lírico que no teme asumir su primera persona, que no esconde; aunque no sea la suya una poesía confesional al uso, sino experiencial”. Hoy viene a RESPIRACIONES para darnos cuenta exacta de su ayer, pero sobre todo para dar noticia de su mañana, porque Federico Gallego Ripoll vive y escribe siempre en la frontera, en el tiempo quebrado, en el instante de los amaneceres. Es tiempo de Federico.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Documentos: Semblanza poética de Raúl Nieto de la Torre para RESPIRACIONES



(Por medio de la agilidad periodística de la becaria la redacción ha tenido oprtunidad de conocer el texto de la semblanza con que fue presentarlo en RESPIRACIONES. Hela).


Hay poetas que saben que se está llenando el vaso del poema no sólo por el sonido, sino por la evidencia de su propia sed. Raúl Nieto de la Torre pertenece a esa estirpe, lo tiene declarado: tinta sobre papel. Alguien capaz de que su primer libro lo presente Luis Landero y que además se atreva a titularlo Zapatos de andar calles vacías, es poeta que vive en la urgencia de lo errante, en la alegría de atravesar los bosques, en el sigilo de lo que incita y espera.

Madrileño de Cuenca, hijo del 78, respira con nosotros en esta tarde que inaugura. Y nosotros con él. Autor de 5 libros, en el último de ellos, en Leopardo, aporta un nuevo giro. No tanto en su manera de entender la poesía, como en la cualidad de sus preocupaciones. Antes de él, el amor y los afanes del deseo, las azules cenizas de la infancia o la vida poblada y no prevista ocupaban sus paisajes creativos. Desde Leopardo añade a los anteriores las amenazas del azar, añade un dolor que no sabe del olvido, sus dos nuevos motores. Conoce como pocos las ateridas alamedas del lenguaje, el uso exacto del adjetivo que conforma y salva. Lleva consigo, a plena vista, la decisión con que une lo disperso, la valentía con la que aborda y vence la tentación de huida que genera lo blanco del papel vacío. Es un poeta en dudas y fortalezas. Es un poeta que se atreve a ser camino, que conversa con el riesgo.   

El lector, avisado o reciente, que decide internarse en su obra se siente abrazado lenta y decididamente, sorprendido e inerme; llevado de la mano por unas escaleras que nadie sabe a dónde ascienden. Porque Raúl Nieto de la Torre escribe partiendo de la zozobra del mundo hasta el azar del aire, sin más asideros que unas palabras nacidas de lo paradójico. Queríamos una casa de techos altos donde los pájaros volaran, dice en su poema Recién casados. Por eso escribe de los pozos, él que está siempre abocado al vuelo. Por eso escribe que el puño es como un pájaro que desaparece de la mano cuando la abres. O que un poema es la distancia más corta entre dos puntos desconocidos. Dos pequeños apuntes de tantos como en este otoño ha publicado para salvar a Facebook de la vulgaridad.

No en el malestar, ahora tan nombrado, su obra encuentra cobijo en la que podríamos llamar Poéticas de la inquietud. Sus textos, que tanto inquieren en nosotros, se alojan en motivos inacabados, en asuntos que son posibilidades. Sombras y vientos. Todo cuanto sucede pudo ser de otra manera. Tanto en el pasado como en los futuros. Es además poeta de palabra propia y esplendente fraseo. Urbano, pero no urbanita, delicado en el decir, sabedor de lo precario del oficio, confiado y a la vez desconfiado en el ahora de los tiempos y las identidades. Quiero decir poeta en sazón, palabra retadora, canal abierto.

En Raúl Nieto de la Torre el tiempo no es una categoría, sino una sospecha transitiva, una luz que jamás se detiene en los cristales. Durante el pasado verano, las buenas gentes riojanas quisieron celebrar su Agosto clandestino con la edición de una plaquette de su autoría. En ella reunió publicado e inédito. La tituló Una jaula vacía cerrada por dentro. Que no es sino el lugar perfecto para que esa paradoja, que tanto le ama, haga sus nidos. Como ocurre en este pequeño texto que se incluye y que no nos resistimos a leer: Tu pensamiento recorre la corteza de un árbol como una hormiga que no sabe si el árbol está de pie o ha caído.

Digamos para terminar que Raúl es, como su compañero en esta primera convocatoria, un poeta de lo táctil, cuyas veladuras no llegan a privarnos de la caricia o el aprieto. Alguien que sabe que lo más profundo del ser humano reside en la piel. Desde ella escribe, vigila; en ella se demora. Sabemos que la piel también respira. Y que es, sin dudas, la puerta más abierta para llegar a los adentros. Como lo es el amor. Esa realidad en danza con el deseo, a la que ha dedicado gran parte de su obra. Una vez dijo que los corazones no pesan. Por todo ello está aquí, en el primer RESPIRACIONES del Comercial. Y nosotros esperando su palabra

jueves, 14 de noviembre de 2019

Un poema: Anónimo recibido desde dentro








Hasta el verso se cansa de ser verso,
aprende esa verdad, Francisco Caro,
aprende a reposar, a darle amparo,
no escribas, déjalo, no seas perverso.

No sigas por ahí, vives inmerso 
en rimar y contar, envía al paro
tus poemas, pon fin: mira, te aclaro,
un papel tiene haz, tiene reverso.

Dale vuelta y verás, existe el blanco,
que hasta el verso se cansa de tu oficio
y el lector de leer: pon un estanco,
hazte barman, vedet, cambia de vicio.

Si eres sólo rutina, vatetardo,
y no hallas qué decir, que calle el bardo.

martes, 12 de noviembre de 2019

Consejo de redacción de noviembre: Náufragos junto al Júcar


Pedro Gascón, Ángel Moreu, David Torres y Teo Serna
durante su turno. (Foto MCBarri)


       Se le notaban las ojeras. La lentitud en los movimientos. Venía cansado el Jefe, pero ataviado con un cierto chute de dignidad. O al menos eso nos pareció al anotar los tonos de su voz. El fin de semana estuve en Cuenca –comenzó su exordio mensual–, ciudad y gentes que merecen la pena, deberían ustedes aficionarse. Desde una modestia que ronda lo franciscano y una voluntad que no debe tambalearse, organizan un encuentro poético que permite la reunión y la escucha, el respeto y la informalidad. Cuatro presentaciones de libros, un memorable concierto de piano (La música callada de Mompou), doce lecturas de invitados y un cierre a cargo de dos poetas reconocidos: Antonio Crespo Massieu y Antonio Hernández. La sala repleta, el corazón despierto y tres balcones de luz enmarañada hicieron todo lo demás. Dicen que el poeta Rafa Escobar dirige desde este año la convocatoria, aunque es difícil distinguirle el rango porque muchos otros colaboran con la misma decisión, en especial JA García, M Mula, F Mora, T Pacheco, MA Curiel y M Alcocer. Pero en Cuenca siempre hace frío –espetó la becaria­– y la poesía calienta poco el cuerpo. Cierto, respondió con presteza, sin embargo el ocre de los chopos reflejado en la verdiagua del Júcar lo compensa todo, además el Huécar llena su curva con agua escasa, pero limpia, cantarina. Añadan  el susurro de un viento que ya nace para las piedras. El encuentro se hace llamar Poesía para Náufragos en recuerdo de Diego Jesús Jiménez. ¿Y no será, querido Jefe, que habla usted así de bien porque le han invitado a pronunciar unas palabras? dijo, no podía contenerse, el redactor colmillo, tan complaciente siempre con sus superiores. Ese fue el peor momento, pero logré superarlo, los oyentes, parece que misericordiosos, lo soportaron, y todo pudo seguir su curso normal. Sepan que además acuden editoriales: Amargord, Lastura, Tigres de papel, Chamán… y hay compradores, vaya si hay compradores. En fin, un ambiente festivo con tintes de fraternidad enhiesta.  Eso sí, no todo el mundo aguanta con su presencia todas las horas, pero digo que el fluir de asistentes añade ritmo y color. Y el otoño en Cuenca… y el otoño en Cuenca. 
En primer lugar el pianista Diego Ramos
junto a los poetas que ilustraron
su concierto con lecturas. (Foto MCBarri)

Creímos percibir un tono de melosa melancolía en la repetición final, casi la decadencia del que ya se conforma con la sola contemplación. Aprovechó la pausa el Jefe, el desconcierto. Dijo adiós con un gesto. Vuelvo a mis quehaceres, le oímos; ya de espaldas, con la mano en el pomo. Fue entonces cuando el astuto redactor novato hizo presa: ¿Sabremos algún día a qué se dedica en verdad el Jefe diletante? La becaria calló.

martes, 5 de noviembre de 2019

Crónica: Leer a dos en Poemad, ay de los duetos


       De POEMAD, el creciente festival madrileño de poesía, Mientras la luz ha visto cuatro duetos, cuatro. Ocho poetas, ocho. No son pocos. Esto de las dobles lecturas es una iniciativa a la que el Festival apostó desde el principio –recuerdo un Gimferrer/Colinas de porca memoria– y que desde hace tiempo va calando en diferentes actos poéticos. Es buena fórmula si encuentra la dinámica exacta. Por lo que vimos, no parece fácil.  Alguien puede pensar que con ella se busca la paridad (tan cara para ciertos colectivos alguaciles), pero no. Son más libres en Poemad, son normales. Vimos cinco mujeres, tres hombres. Ocho poetas.
 
     Estuvo tenso, nos pareció, poco cómodo Basilio Sánchez en la Residencia de Estudiantes para leer la contemplación celebrativa de su Loewe, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, una poesía que atiende a lo cordial, al concilio con la Naturaleza y al enigma del hecho poético desde la amabilidad de las formas. Es buen poeta. Sobrado desde la media sonrisa, Jaime Siles, como en tantas otras ocasiones. Tal vez tenga motivos. Anunció su próximo libro y algo leyó de él. Estuvo largo, contundente, monótono. Tal vez mejor sus aproximaciones a los poemas que los poemas mismo, que suelen carecer de sorpresa y abundar en rimas (salvemos el Adiós, Carlos Edmundo). No hubo entre los poetas ni diálogo, ni miradas, ni complicidad. Uno vive desde lo sencillo, el otro desde el saber sabido.
 
     El domingo 27 ocurrió la explosión rumana de Ana Blandiana. Es amable saber cuándo se está ante un/una poeta sin adjetivos. El dueto parecía venir patrocinado por Galaxía Gutemberg, que ha editado a Ana y a Boris A. Novak, su compañero de lectura. Para confirmarlo, Jordi Doce introdujo a ambos. Serio, con poca cintura, dijo bien sus sabios folios (ver aquí). No dialogó, no preguntó. Bien por decisión bien por falta de servicio de traductores. Los poetas no dijeron ni una sola palabra más allá de la lectura de sus poemas, que aparecían traducidos en la pantalla. Sabemos que es difícil dialogar en público sin que parezca artificio, pero ¿se debería intentar? No obstante, la sala se cargó de magia. Espléndida Ana en sus formas –grandísima lectora­– y en sus poemas, cordiales siempre, pero incisivos; claros, pero directos al tuétano del temblor. Parecieron magníficamente traducidos. Aguantó Boris el envite con poemas cargados de ironía, discursivos, reflexivos, caminantes por la zozobra que supone vivir.
 
     El mismo domingo y a continuación, la versión más pétrea. Un muro contra otro. Ni Amalia Iglesias ni la china Zhou Zan dijeron siquiera buenas tardes al público. Tras una presentación de aliño, sus individuales lecturas. Amalia de sus últimos La sed del río y Totem. Sin novedad. Salvo que en la pantalla aparecían traducidas al chino, un buen gesto para los espectadores de tal lengua, que los había. De Zhuo Zan poco que contar, sin melodía en su decir, sin inflexiones de voz, con la dificultad de traducción entre idiomas tan alejados, nos pareció que sus temas eran más propios de la cultura occidental que de aquello que alberga nuestra conciencia por poesía china. Qué seco todo, qué difícil. Se fueron sin esperan siquiera los aplausos. Casi corriendo. Tal vez porque en la sala quedaban ya pocos espectadores.
 
     Todo distinto el miércoles 30, con la deseada lluvia en el exterior del Instituto Cervantes. Vino de Mallorca, Antonia Vicens. Y creo que con cierto temor. Su Premio Nacional sorprendió casi tanto como sus declaraciones. No conoce Madrid. Tuvo al lado, no enfrente, a Raquel Lanseros, sensible y amparadora. Porque hubo miradas y manos entre ellas, el público se sintió parte de ambas. Fueron poetas juntas. Sonó bien el catalán mallorquín de Antonia en poemas pegados al día a día de la casa, del pare, de la mare, que ella introducía en un castellano que denotaba poco uso. Traducidos en pantalla, aparecieron de Lovely (dedicado a su padre) y Tots els cavalls. Raquel puso todo para hacer el ambiente dulcemente cálido, tiene esa virtud. Y el público numeroso entró en su poesía –tan clara, tan de las cosas y las gentes, tan bien tramada, tan de suave fortaleza– con el corazón atento. Fue tremenda su lectura de Dos corazones, esa madre de Matria en voz refleja, esperanzada, que habla y supone del amor como único agarradero. Al terminar, las personas se arremolinaron en sus alrededores. (Aquí video)

domingo, 3 de noviembre de 2019

Un poema: Conozco un tipo



Conozco un tipo
que en las mañanas, de seis a nueve,
escribe poesía sobre un ala
doblada de avión, después regresa
a su luz y a su ser, se viste
de calle, toma un taxi, mira el móvil
no recuerda con quien
desayuna hoy,
no suele hacerlo solo,
le gustan todavía… los instantes

de él se dice
que es poeta de son irreverente,
que vacila al andar y que acostumbra
a calzarse los rojos
y al afán trasatlántico, que mira
cara a cara, que no cuenta gin-tonics
ni mide la amplitud de los abrazos;
yo sé que tiene un sueño, lo sé, por eso se alza
seis a nueve y escribe
(sobre un ala doblada)
del muerto y del amor, de algún revólver.



martes, 29 de octubre de 2019

Un poema: Sandalia



Se llamaba Sandalia,
no hay otra en todo el pueblo con mi nombre, 
nos decía,
por eso nunca
he vuelto la cabeza en vano,
siempre sé que soy yo cuando alguien llama.

De negro, como todas,
era el tiempo del luto y su costumbre, menuda,
andaba a pasos cortos, las manos recogidas; 
tuvo suerte y a nadie
perdió en la guerra, pudo ver a su hijo,
mi padre luego,
volver de Guadarrama
con los pulmones rotos por el frío
y un hambre desmedida de tabaco.

Años antes -me parece que el 20-
cuando llena su entraña
esperaba una hija, murió su amparo,
murió mi abuelo.

Con lo puesto siguió, en el íntimo cuido
de su familia pobre, pero junta, pero justa;
de sus manos,
pantalonera humilde, hizo que el sol saliera
a calentar su hogar día tras día.

Nunca escuché
alta o recia su voz, su fortaleza
estaba en lo sencillo, en su figura en sombra,
y la suya
fue la primera muerte que me buscó de cerca,
cayó en el patio, junto al pozo,
inerme, sola, pero no vencida 
por otra cosa que no fuese
haber vivido su coraje a tientas y encendido.

Pegado a su memoria, hoy
conservo junto a mí
aquel brocal de arcilla que la viera caer, y la dulzura
de antiguas tardes-noches de verano:
¡Paquito! me llamaba para darme sus fritas,
rebanadas de pan empapadas en vino, 
que aún y todavía, sabedlo, me alimentan. 

sábado, 26 de octubre de 2019

Sin crisis en el soneto: Alfredo y Antonio, poetas talaveranos.


Antonio del Camino
     


En mi juventud se hablaba de la crisis del teatro. Como lugar común. Luego llegaron la de las salas de cine, la del papel impreso, la de los toros. En oleadas. Los quioscos están cerrando. Y las modistas. Del clima ni te digo, todos a por él. Con el soneto no hay quien pueda. Le han hecho toda clase de perrerías, ninguneos, mamarrachadas. Él resiste. De madera o de pleita, endecas o polimétricos, asonantes, retorcidos, enmascarados, repudiados o fritos con tomate y ajo. El soneto aguanta ciento y una embestidas. Sin inmutarse. Sale y entra en su tumba como juan (con nietos) por su casa. Le han vestido con sayas y puesto antifaces. Sigue en pie. Solo admito sonetos que se burlen de sí mismos, dice el snob. Sabe a rancio, el gourmet. Les tengo mucho respeto, confiesa el incompetente. Yo escribo dos o tres al día, repetía el Alcalá-Zamora de Sial. El soneto es piedra berroqueña y su edificio resiste desaforados ataques, incluso los que tienen razón, ácido y bala.  Los dos anchos ataúdes de cuartetos y otros dos más delgados de tercetos, que decía Fonollosa, se siguen ofreciendo para los pocos poetas que tienen algo que decir, para los que lo toman medio en serio, medio en broma. Incluso para aquellos que los rellenan de sabor acre y olor a berza. Asombrados, los físicos cuánticos estudian su estructura.
Alfredo J. Ramos



Sabiendo como saben todo lo anterior, y muchas cosas más, los talaveranos Alfredo J. Ramos y Antonio del Camino se han internado en un duelo a sonetos. Puestos de espaldas, han contado los 14 pasos reglamentarios, se han vuelto sobre el papel y han disparado (16 veces sin intención de herirse). Todo bajo la tutelar y padrina  atención del toledano de Brooklyn Hilario Barreroque los ha publicado en Cuaderno de Humo 26, ese tesón editorial con el que Hilario nos alienta. Paginados uno frente a otro, discurren los 32 sonetos, 16x2, claro. Cada pareja llega iniciada por un lema-yugo que los une. Hay que tener atrevimiento y destreza, pensé al recibir el ejemplar. Con los tiempos que corren. La tienen. Se titula Mudanza y vuelo. No busquen ejemplares en papel, no se venden, pero pueden recibirlos en PDF. ¿Para cuándo la crisis del PDF? Mientras la luz, buen amigo y seguidor de ambos, se hace eco de este nacer y escoge para sus lectores una de sus dobles entregas. La IV. San Garcilaso y el Tajo, tan con Talavera, los vigilan y protegen. Y se nota.


__________________


IV. LA VIDA BREVE

(Vida en el aire)

Móvil fugaz, la vida. La mirada
que descubre el lugar más apacible,
un minuto después ve la terrible
necedad de su asombro, sin coartada.

Un péndulo nos mueve en su infalible
noria de sol y niebla, mientras cada
frontera de la dicha está marcada
por un río de hielo indestructible.

El corazón del péndulo, que late
con vibración dispar y esparce olvido
al ritmo apresurado de las horas,

revela la verdad de este combate
repetido de noches y de auroras:
la leve brevedad de lo vivido.        

(AjR)


(La única heredad)

La vida, igual que empieza, se termina
y no tiene valor la eternidad.
El olvido se aposta en cada esquina
y es, a la larga, la única heredad.

La muerte llega firme y a destiempo
e irrumpe en nuestros signos cotidianos.
Se queda todo atrás, fuera del tiempo.
Y no existen inviernos ni veranos.

La vida nos aleja de la vida
hasta dar, sin remedio, en el vacío.
Los que nos aman sufrirán la herida
que abre la ausencia y el final sombrío.

Pero vamos viviendo y, mientras tanto,
nos salvan amistad, amor y canto.
  
(AdelC)