jueves, 20 de diciembre de 2018

Seis haikus de José Luis Morante



Buscan mis haikus
un hueco de chistera.
Misterio. Magia.

***

Tan perezosas,
las huellas en el barro;
siguen ahí.

***

Callan los ojos
un exilio de nubes.
El viento empuja.




El niño quiere
anclar un arcoiris
sin chaparrón.

***

Lápices tenues
dibujan donde cabe
un dinosaurio.

***
 Bebí en el sueño
-qué sed al despertar-
zumo de ti.





(José Luis Morante, profesor, poeta, crítico y generoso. Entregado a la poesía propia y al estudio de la ajena, camina en estos últimos tiempos por la tentación aforística y la profundidad contemplativa del haiku. Como estos inéditos que nos ofrece.) 

Foto Hilario Barrero

domingo, 16 de diciembre de 2018

Soneto fallido para felicitar la Navidad


Ya quisiera ser yo Blas o Van Halen

–cuanto más un Murciano o el Quevedo–
y hacer sonetos sin mover un dedo,
pero ni haciendo fuerza: no me salen.

Qué trabajo rimar, no todas valen,
las palabras conmigo tienen miedo
a partirse o ripiar. (Y sí, concedo
que una vez por Palencia dije Palen.)

En Navidad se agravan mis defetos.
Mi felicitación: tabula rasa.
No hallo ritmo ni gracia ni concetos.

Y ya no sé seguir, por eso pasa
que se me quedan cortos los sonetos.


lunes, 10 de diciembre de 2018

Tres poemas de Mª Antonia Ricas




     Cielos de Toledo (2006) fue su primera obra juntos. Han vuelto a hacerlo. Él es Ricardo Martín García, ella María Antonia Ricas. Él fotógrafo, ella poeta. Si en aquella ocasión las imágenes se centraban en los crepúsculos que sueñan con la ciudad toledana, en esta ocasión el objetivo de la cámara se hace universal. La poesía de María Antonia ya lo era, guarnecida como está por los aromas de la música y la pintura. Su amor por Rothko. En esta ocasión los poemas buscan ceñirse, para inmediatamente elevarse, a los motivos sugeridos: paisajes, rostros, flores, pavimentos, arquitecturas, gentes. O tal vez en ocasiones el juego haya sido a la inversa y Ricardo haya deseado intervenir en los poemas prevenidos. En todo hay diálogo, ternura, tristeza y temblor. Tiene Mª Antonia una sensibilidad exquisita, capacidad para leer el alma de aquello a lo que se acerca. Plantas y colores. La memoria del agua. La bondad de los reflejos. La luz sanadora de las desdichas. Verso, prosa, fragmento, formas, curvas y lágrimas, telas y otoños en las páginas de esta edición delicada, en formato elegantemente apaisado, que ha realizado Editorial Cuarto Centenario bajo el título La mirada escrita. Palabra y fotografía han jugado a lo largo de la historia, y lo seguirán haciendo mientras hayas emociones erizadas como la de estos dos toledanos, pero creo que pocas tan bien resueltas. No conozco en persona a Ricardo Martín, sí a Mª Antonia, sobre todo en estos últimos años. Y es poeta de lo violentamente enjuto, de la revolución interior, inquisidora de los acasos y zahorí de óleos y rosas. Y es poeta que conoce las revelaciones de los objetos. Con ellos conversa. Invisible la piedra, se llamó su entrega anterior.  Enamorada de su ciudad, vigila la corriente del Tajo, ese enigma artificial, con tanto mimo como inquietud. Y escribe. La pulcritud de su discurso contrasta con el desasosiego de las formas que nos inunda. En su lenguaje poético destaca la pureza de su trama, exacta y firme, poderosa herramienta contra los vacíos. Desde el verso fugaz hasta el versículo, desde la sentencia al poema en prosa. Y hay en toda ella alegría melancólica. Y hay un vaho oriental, bello y sereno, como de cerezos y fondos de lago en espera.
 
Traemos de La mirada escrita estos tres poemas
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Justo antes de morir
parpadea
con la mirada más preciosa.
Pero no hay muerte
entre los árboles no hay muerte,
tan sólo repetirse
con despedidas necesarias
para, después, abril
y su impaciencia.
               (Jardín Botánico. Madrid)

La memoria suele ser algo con aristas pero, si guarda pájaros marinos, estos van y vienen, se llevan peces tristes y traen, a cambio, coloreadas criaturas de cuando creíamos en los dioses del mar.
               (Llanes. Asturias)

Hacia dónde va quien ignoramos…
No es asunto que pertenezca
a la soledad sino más bien
a la determinación de un paso
que se dirige dónde
que tropezará dónde
que descansará dónde.

Por eso me repites:
cuántos se han cruzado con nosotros
y no reconocemos.
               (Dinan. Normandía)

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Seis haikus de Mª Ángeles Pérez López



Haikus de la luz
                   A Francisco Caro


Gota de tiempo.
Se inician las mañanas,
el alfabeto.

***

La luz primera.
Desacato en las hojas
que se impacientan.

*** 

Párpado abierto.
Obturador que asoma
en cada verso.



Sol en la boca.
Parajes de lo blanco
que allí se posan.

***

Desciende el día
en el reloj de arena.
Grumo y herida.

***

La luz cerrada.
En la noche del tiempo
rezuma el alba.





(Mª Ángeles Pérez López, poeta cardinal, escribió en su momento estos haikus para este blog. Hoy, de común acuerdo, nos ha crecido el deseo de su publicación) 

Foto de Luis F. Lorenzo

domingo, 2 de diciembre de 2018

Consejo de Redacción de Diciembre: Una modesta proposición



 

      Este año vuelve la comida de empresa, dijo el Jefe para comenzar el último Consejo del año. Los números comienzan a cuadrar. La publicidad, el exceso de publicidad que tanto critican ustedes, nos permite un respiro. La poesía puede, debe, tener también dimensión empresarial, de beneficio, como cualquiera otra de las Bellas Artes. Hay que insistir en ese recorrido. La que llamaba Lope “importuna infantería”, al referirse a los poetas noveles, ya saben que nuestra dedicación es un acto de provecho, dicen que luego,si eso, lo ligarán con el arte. Es preciso generar envidia entre las gentes, no lástima. En Mientras la luz hay números negros y los vamos a gastar: lo primero en cuchipanda, como buenos españoles que somos. Guardó un silencio fatuo, el que espera refrendo. No lo hubo. Ni aplausos. Por favor, productos gallegos y frescos, que no suceda lo que entonces, dijo con firmeza el redactor colmillo, y que no se nos pida llevar un villancico naftalina de nuestra cosecha, basta de provocaciones. Todas las miradas mojaron a la becaria. Ella sabía lo que faltaba por decir. Y, ella, ojos bajos, callaba. Minutos tedio. El Jefe los confundió con minutos expectación y creyó que era el momento de la segunda andanada por babor. Tenemos fondos suficientes para crear nuestra propia editorial de poesía, decidió emplear su voz más engatusadora, incluso tengo nombre… No dio tiempo a decirlo, la estampida fue tan ruidosa, tan febril y rotunda, tan de sálvese de luxe, que la puerta gimió de sobresfuerzo. Por los pasillos, y en la plena carrera por encontrar la calle, alguien siguió recordando y parodiando a Lope: Años de más editoriales y más poetas, nunca los veas. Algunos no pararon hasta Gibraltar, lugar de moda hoy y de liberales exilios decimonónicos. Otra no, otra no, repetía el eco machadiano en la Laguna Negra.