viernes, 22 de diciembre de 2017
martes, 19 de diciembre de 2017
Vermut, Míguez y el poetiqueo. Tres estampas de la semana
| Valentín Martín con Ana Montojo |
Míguez
| Mario Míguez |
El jueves 14, día de gran ajetreo,
de múltiples convocatorias, mientras hacíamos un nuevo recuerdo a mi paisano y
amigo, al poeta Nicolás del Hierro, otro
poeta, alguien que resistía en la memoria de unos pocos, dejó de respirar para
comenzar otra respiración. A veces ocurren estas cosas. Hablo de Mario Míguez (1962) que desde tiempo vivía
retirado del ajetreo público y a quien no conocía en persona. Mas sí por cómo de él me
hablaba José Cereijo: con verdadero culto. Por su exquisitez, por su
memoria. Pepe Infante ha dicho
de Mario que era un magnífico poeta, henchido de lecturas, de una extraordinaria sensibilidad.
Publicó poco y en Pre-Textos. Dedicaba su último tiempo a cuidar a personas
terminales. El poeta jerezano José Mateos, en su
propio sello, ha editado el presente año una antología de Mario bajo el título Ya nada más, que
recomiendo. Y que incorpora algún poema inédito. De ella es el poema Agonizantes que ofrecemos al final. Sabemos que la editorial valenciana
valora editar su obra completa, la cual incorporaría libro nuevo. Nadie mejor
que la complicidad con su hacer y la amistad de José Cereijo para su realización.
Ojalá.
Poetiqueo
![]() |
| García Montero y Margarit al final del acto |
La traca mediática ocurrió el
sábado 16. Residencia de estudiantes. Explícito poetiqueo. Y politiqueo. Dicho sea sin afán peyorativo. Programa doble en sesión matinal. Con famosos
de testigos: Ana Belén, Gabilondo, Llamazares, Mendicutti, Victor Manuel, el jemed
Rodríguez ¿dónde lo colocaremos?. El que escribe resistió codo con codo con el
ugetista Cándido Méndez al costado, aplaudía como un poseso. Hasta Juan Cruz
se acercó para hacer la crónica de su País. El Mundo también estuvo. Parece que
en tiempos de desencuentros la poesía se ofrece. García Montero y Margarit
aprovecharon sus novedades en Visor para echar agua concordia al fuego catalán. Jordi Gracia, que presentó, habló de vivir en la herida. Y allí acudieron todos, los que eran, éramos, niños mientras Raimon cantaba en
el edificio B de Filosofía. Con el mismo espíritu de conciencia progre. Inmaculada,
ingenua y futura. Luis, que recordó a Ángel González –no teman, no lo olvida–
leyó su conocido poema del suspenso general a nuestra historia (personal y
colectiva). Margarit, poemas de ambiente madrileño. Aplaudidísimo su poema Coraje,
que también leyó en catalán y fue el delirio. Momento que le permitió levantarse
a saludar. Lo estaba echando en falta. Dicen que repetirán el acto en Barcelona
antes del 21. Como si la poesía sirviera. A la salida Chus Visor, seguido por
su corte, buscaba el solecito de invierno y recriminaba amablemente a Benjamín
Prado, de la casa, que hubiera llegado a misa dicha. Se vendieron libros, claro.
Tal vez se vendan en Barcelona.
________________
Luchan por respirar otro aire nuevo
como si el aire nuestro de esta vida
no les valiese ya, fuese muy turbio,
enrarecido y denso, y los ahogase.
Luchan por acceder a otro aire limpio
distinto del de aquí, de una indecible
pureza que es mortal para la carne.
Y hacen gestos de esfuerzo, que parecen
impotentes, inútiles, absurdos:
dificultosamente empujan con el pecho
una puerta de bronce, y la entreabren;
tras ella está el espacio inconcebible
de ese aire que es luz pura y que es la muerte.
No bastan los pulmones. Todo el cuerpo
resulta insuficiente. Sin embargo
su expiración postrera nunca es signo
de abandono o fracaso: es la llegada.
Quedan quietos de golpe: al fin respiran.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Un poema de Miguel Ángel Velasco: Grecia 2010
Ha sido un contento retirarlo del ignorado anaquel, romper sus
cinco largos años de espera, comprar y leerlo. Aquí
les dejó este poema fusta que el autor fecha con el aquí y ahora.
GRECIA 2010
En hermandad con los jóvenes
atenienses en airada revuelta
contra el Régimen del dinero
Tuviera yo las fuerzas
de antes y corriese a defender
la dignidad vendida como antaño
hacían los poetas, cuando aún
había en este mundo
cantores orgullosos de su nombre,
no gestores de un nombre y un medroso
valor en almoneda.
Qué mansos nos llevaron al pesebre
a masticar la paja del raquítico
prestigio adocenado.
Nos llenaron la boca
con la palabra Grecia, mientras iban
desnutriendo la vena
de nuestra educación, mientras faltaba
cada día un recurso
distinto del pupitre,
una vieja herramienta
de luz, una raíz del tronco antiguo.
Del vasto capitel,
de aquel nuestro alimento necesario
para catarle a la verdad su dátil,
al saber su sabor, para saberle
las vueltas a la trampa, ese diario
fabricarnos el miedo, el ruido ruin
de tanta alpaquería como asorda
la canción del ahora,
la vida del espíritu,
cada día saltaba una viruta
hacia el olvido, hacia la nada eterna
desde la urgencia del cepillo frío.
Hasta este deslucido muladar,
esta patria de noche
que santifican firmas y academias.
Pujad, yo doy cinco poetas, seis
reservados orfebres de su ombligo,
por sólo un gramo de esta masa ardiente,
por uno solo de estos
desgajados oscuros
de la breada carne
de cañón de su tiempo,
y al joven de mi ayer, al que gasté
en consentidos bríos y bravatas,
lo pongo a combatir a pie de calle
codo con codo con el pueblo griego,
ramo con ramo con el viejo olivo.
ramo con ramo con el viejo olivo.
sábado, 2 de diciembre de 2017
lunes, 27 de noviembre de 2017
Desde el sur (con algo del norte)
Isabel Bono: Málaga - Bilbao
![]() |
| F. Aramburu, JL Morales e I Bono (Foto McBarri) |
![]() |
| Enrique, Javier y Sabina de la Cruz entre concejalas (Foto McBarri) |
Javier Bozalongo: Granada - Bilbao
Y desde el sur llegó, en autobús, porque el ave sigue en obras,
Javier Bozalongo, el poeta. Y el
editor de Valparaíso, sí, el mismo. Jueves y 23. Y vino para una fiesta gozosa,
la de recibir el premio Blas de Otero que se convoca, falla, otorga y entrega
en Majadahonda. El premio está en fase creciente. Atención a él. Este año se
encargó la edición a la madrileña Amargord, lo que es una garantía. Y curiosamente
ha premiado a alguien que está en el ajo editorial. Javier Bozalongo, a quien acompañó
su hija Paula, también del oficio versal,
ha escrito Todas las lluvias son la misma tormenta. Un poemario que glosó
en público Sabina de la Cruz, viuda de Blas, que bajó desde Bilbao para la
ocasión, lúcida y alegre a sus ochenta y tantos años. También lo hizo Enrique Gracia Trinidad, presentador
que tiene como lema no aburrir. Y lo consigue. El libro halla senderos a través
de vivencias sobre las que se levantan reflexiones. A lo Joan Margarit. Con buen trazo se dibuja en él la inconsistencia, el
desconsuelo, la fugacidad, los nocturnos de hotel y los gin-tónics, las ciudades
postizas, los accidentes y abrazos. En fin, los palos del andamiaje con los que
construimos afanes y días. Hay, por lo que pudimos advertir, algo de escepticismo
militante y algo de esperanzas detenidas. A voluntad. Otra cosa no es posible
cuando la edad cerca susurrando el cuento eterno. Pero bien. Leyó apenas dos poemas,
los dedicados a sus hijas, antes de que la concejala reclamase urgente la foto
de grupo. La edición tiene el sello inconfundible de Amargord. Si logran un ejemplar
lo advertirán.
martes, 21 de noviembre de 2017
Tampoco llueve en La Mancha
| Crístobal lópez de la Manzanara y Eugenio Arce Foto: Lanza digital |
Estuvo Mientras la Luz, redacción al completo, en Ciudad
Real el fin de semana. Gozando de una espléndida otoñada seca. Sufriéndola. La lluvia es rehén de las premisas, una taimada desesperación, un agravio en los modos, lo imposible. Mientras, la poesía. Como defensa, como ruego. La tarde-noche del sábado 18 estuvo en el museo López Villaseñor con la entrega al haijin. Cristóbal
López de la Manzanara del premio Guadiana que otorga la Asociación del
mismo nombre. La culpa fue del poema Dos viajes, que relata sus visitas a
La Mancha en estaciones diversas y en donde las emociones conservan su color
primero. Dos poetas le flanqueron, Eugenio
Arce, que presidió el acto, y Manuel
Cortijo, que le hizo entrega. Le acompañó su editora Lidia López, de reciente
motorización. Al salir, tampoco el agua.
| Joaquín Brotons Foto: La Tribuna |
Ni el lunes 20, fecha de tantos aniversarios muertos, llovía
cuando nos dirigíamos a la Facultad de Letras manchega. El poeta valdepeñero Joaquín Brotons leía, en aula abierta,
a los jóvenes universitarios. No es fácil apartarle de su ciudad-isla-vino,
pero sí en esta ocasión. Nervioso y feliz escuchó la presentación, leve y
precisa, del profesor y paisano Matías
Barchino. Dijo que hace tiempo que no escribe lo que es verdad que escribía:
poesía homoerótica. Aclaró que su poesía es vivencial y cuando las experiencias
faltan no es posible relatarlas. Aunque leyó poemas a lo Wordsworth, buscando
la belleza en las hojas de hierbas del recuerdo. En los cuerpos adolescentes
disfrutados. Habló de sus maestros Cavafis
y Cernuda y de su amistad con Baena, Vicente Núñez y LA de Villena.
Se dijo, él y otros, de su valentía por escribir con claridad del amor
homosexual en épocas cerradas, en tierras hostiles. Y de la marginalidad, ese
horizonte de días con quien habla. Hizo buena lectura. Y temblorosa. Con emoción
final. Su última publicación fue Joven
ilicitano (2007). Desde hace un tiempo es poeta de antologías más que
de novedades. Pedro A. González Moreno
condujo la más reciente, Pasión y vida que editó Verbum. Textos
tozudos, espirales que le niegan la inmediata reducción a poeta invisible. Ese pozo,
casi agujero negro, que a todos amenaza No
llueve. Y la mirada no halla recompensa.
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Joven ilicitano (fragmento)
Los mancebos de ojos negros y suave piel africana, cobriza, cuyo
tacto calcinaba sus manos en la antorcha de los anhelos, que forma dunas de
arena incendiaria en el fascinante oasis en el que se bañan los cuerpos
adolescentes; los muchachos turbadoramente hermosos coronados de erotismo puro,
inmaculado, cual dioses que pasean orgullosos por el césped seco del solitario
y desvencijado embarcadero del amor imposible; el puerto en el que sestean y
bailan las barcas de porcelana iluminadas por sus blancas velas; el malecón de
los descorazonados de alma frágil, sensible, en el que los trasatlánticos que
surcan los mares de petróleo encallan contra las rocas, hundiéndose lentamente,
hasta alcanzar las profundidades marinas en las que yacerán para la eternidad,
ocultando sus tesoros a la codicia humana que pisa la flor del azafrán y no
aprecia el olor de las acacias.
Te coroné y adoré, amor mío, como a
un dios -eras mi dios del Olimpo, mi Apolo- con pámpanos y uvas en la alta
noche báquica, en la que en las viejas tabernas bebíamos el vino empalagoso,
dulzón de la felicidad, que bellos efebos coperos escanciaban de cráteras
helénicas adornadas con sátiros y faunos, en copones con incrustaciones de oro
y diamantes, engarzados con perlas, cuyas ostras aún nadaban en un mar
adormecido, somnoliento, que acariciaba los pies de los amantes que tomaban el
sol en las playas griegas, junto al dorado sexo prohibido que dormía en su cama
de mullido algodón lujurioso, cubierta con dosel de delicado paño impregnado de
aroma de alhelí.
martes, 14 de noviembre de 2017
Un poema de Fernando Fiestas: Jaisalmer según el poeta Maharawal Bathi
A veces suceden cosas. Mientras, lunes y 13, bullían las calles,
las filas de quienes esperaban entrar en el Círculo de Bellas Artes, mientras
afinaban sus cuerdas Ana Belén y Miguel Poveda, mientras se colmaban las
butacas de la sala Fernando de Rojas con el corre-corre de las grandes convocatorias,
mientras Fernando Beltrán repasaba
un texto en maravilla –círculo de bellas
autes, dijo– y LA de Villena se
prometía no ser por un vez pesado, mientras todo respiraba ansiedad y espera,
mientras Maxi Rey instalaba la avidez
de su cámara –eterno trípode cojo–, mientras la poesía esperaba su gran fiesta
alrededor del nombre de Luis Eduardo
Aute y la farándula aprovechaba su Toda la poesía (Espasa, 2017) para
verse y elevar a coro que le queremos, que le querremos, mientras todo esto sucedía,
un poeta, también pintor, estaba a solas con su nuevo libro en la primera
planta de la exCasa de Fieras. Retiro, ya saben. Fernando Fiestas presentaba, leía, a un selecto grupo de amigos
fieles Palabras para otras voces (Lastura, 2017).
Allí estuvimos,
escuchando la seriedad de una propuesta que Fermín
Fernández Belloso supo recorrer y contarnos con esmero capaz. Tanto la editora, Lidia López Miguel, como el propio
autor señalaron que esta entrega es el inicio de un libro abierto al futuro, a su crecer. Obra en marcha. Son poemas que buscan anclaje en instantes
de otras épocas, en la posibilidad de la ucronía. Bordean con decisión los
senderos del abismo histórico y son manifiestos de presente. Poesía meditativa y poco complaciente. De serena factura.
Mientras Ana Bella López Biedma interpretaba junto a Fernando, en el Círculo, Cristina Narea junto a Luis Mendo seguían cantando a Aute, a quien también tanto y tan bien necesitamos.resaltar.
Mientras Ana Bella López Biedma interpretaba junto a Fernando, en el Círculo, Cristina Narea junto a Luis Mendo seguían cantando a Aute, a quien también tanto y tan bien necesitamos.resaltar.
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Jaisalmer según el poeta Maharawal Bathi
A la arcilla volvemos
en su contemplación
por cómo los sentidos
nos desorientan,
por cómo los lugares son más
amplios
en tiempos de sequía,
con un sol que dibuja los
perfiles.
Hace tantas semanas
que no llueve
que el mar tiene el color de las
derrotas.
En la hora de las preguntas inservibles,
basta que crezcan brazos como ríos
y le efigie del héroe no cambie de
sonrisa
para que las demás estatuas
sigan con la mirada su trayecto,
lo que late en los templos
de azafrán
y nos protege.
Lo demás es el cierre de los párpados
porque no somos ruido,
ni siquiera ese fondo
de las alfombras
para las gruesas lágrimas de los
dioses.
Natural es tener dos mil cabezas
y un solo rasgo
inquebrantable,
apenas una sílaba
para que nada evite
nuestro paso
ni las corrientes del aire.
A la orilla volvemos
en la hora de las preguntas inservibles.
Apenas el desdoble
de nuestro rastro,
por cómo los sentidos
nos desorientan.
Los verdes son el salto inesperado
rompiendo lo baldío,
los rojos ennoblecen,
el azul es la luz del sueño,
los naranjas, bostezos
sobre las celosías del palacio.
¿De qué sirve esperar desde el origen
para reproducir sus imágenes?
Siempre hay algo inclinado
que interrumpe el descanso de la
lejanía,
con forma de versículo.
Las voces,
los ojos moribundos de los peces,
la sed con rostro humano.
Siempre hay algo
de desventura
en los sueños de los monarcas,
porque todos los grandes edificios
se construyen después de
despertarnos.
En 1205 d.C.
y lejos de cualquier calendario redondo.
jueves, 2 de noviembre de 2017
Mujeres y un poema
Caminamos por territorio fem. También en poesía. Buena la
armó chusvisor. Las que habitan este
paisaje ut supra se conocen entre sí como genias. Y no por otra cosa
pretenciosa sino por el nombre de su asociación: Genialogías. Nombre que ampara
en lazo a un centenar de mujeres poetas españolas dispuestas a defender. Se reúnen
para saber y saberse. El viernes 27 lo hicieron en Función Lenguaje con motivo
de celebrar la nueva edición –por Tigres de Papel– de textos de Julia Uceda y Francisca Aguirre. Paca asistió. Desde su Salamanca, acudió Mª Ángeles Pérez López para hablar
sobre ellas, y en general sobre mujer y poesía. Esta foto de FB, donde abundan
lectoras de Mientras la luz, da testimonio.
![]() |
| Foto de VázquezPrada |
Tensa parecía la iluminación posmoderna de El Comercial el
lunes 30, recinto que reserva los lunes para actos literarios. Presentaba Ana Montojo, poeta de edición tardía, su quinto libro. Lo publica con su asociación, Escritores en Red, y lo ha titulado Las horas contadas. Sala apretada de
público fiel. Presentación prodigio de Valentín
Martín, autor también del prólogo y de Carmen
Fabre, responsable de edición. La lectura de poemas, según han declarado
testigos, tuvo su densidad acentuada. Añadiendo que a
la sensación de pérdida que supura toda la obra de Ana Montojo se unía en esta ocasión el dolor
de lo concreto, del cuerpo, amado un tiempo, al que ella estuvo –próxima y
necesaria– contando, cuidando, una a una las horas últimas. De ahí el poema que
ofrecemos.
:::::::::::::::::::::::::::::
LOS VAQUEROS
Solo
me juzgo por lo que siento,
no por lo que razono.
(Montaigne)
Recuerdo
aquel verano -el del sesenta y cinco-
cuando
eras aquel chico tan guapo que cantaba,
al
que mejor sentaban los vaqueros.
Tú
eras el capricho de las nenas,
el
terror de los novios,
el
sueño húmedo de suegras potenciales,
y
yo apenas entraba en una adolescencia
boba
y muerta de miedo, sin conciencia de mí
ni
de que yo pudiera valer algo.
No sé por qué demonios te fijaste
en
esa chica tímida
de
la pandilla de los más pequeños,
el
caso es que cualquier posible contrincante
regresó
a sus cuarteles y replegó sus fuerzas
ante
un rival con semejante historia.
Me
dejaron inerme, teniendo que lidiar
contra
todas tus armas.
Dieciséis
años contaba por entonces.
No hace falta que cuente lo que vino después
-largo
noviazgo de pecados tristes,
muchas
visitas al confesonario,
lunas
llenas de cuernos,
propósito
de enmienda,
dolor
de corazón y al fin la boda
con
el tul ilusión hecho jirones.
Cuatro hijos contando al que se fue
-revisando
las fotos me preguntas
qué
niño es cada uno de esos niños
que
nos sonríen desde la memoria-,
el
oscuro enemigo que se instaló en tu mente
hasta
echarme de casa. Y los papeles rotos.
Muchos años perdida en espejismos
queriéndome
morir más de mil veces,
pasiones
desbordadas y un futuro imperfecto
por
no saber cortar el hilo de la culpa
porque
estabas ahí, tú siempre estabas,
tú
y tu inmisericorde soledad,
la
que todas las noches dormía a mi costado.
Pero ya no es
cuestión
de
andar pidiendo cuentas a la vida.
Ahora
que ya no eres
ese
chico tan guapo y los vaqueros
no
te sientan tan bien, sabrás que existe
otra
forma de amar
que
no entiende de orgasmos,
que
no va a derretirse entre gemidos,
pero
que hoy, precisamente ahora
no
va a dejarte solo.
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