domingo, 21 de junio de 2015

Junio de libros; “Cuadros sin colgar”, de José Luis Nieto



   Es un titulo sugestivo,Cuadros sin colgar, lleno de significados múltiples. Entre otros remite al anhelo inacabado, al esfuerzo sísifo, a la acción de una voluntad jamás recompensada. Cuadros que permanecen arrumbados, superpuestos, ocupando el ángulo de la pared y el suelo, ocultándose unos a otros. Cuadros o poemas. Poemas o fragmentos de vida. Fragmentos de vidas o sensaciones. La vida es un argumento desconsolado para quien así titula, que no es otro que José Luis Nieto en su último libro (publicado por Tigres de papel). No hay sorpresa en él, lleva años titulando así la serie de poemas inéditos que nos ha ido entregando en su blog Diario de improvisaciones.  Porque José Luis Nieto usa la ventana virtual para alternar sus letras propias con las letras ajenas que le eligen por lector.

  El libro apareció a principio de la primavera y llegó pronto a Mientras la luz. A una luz alumbrada por el prólogo inconmensurable de Alejandro Céspedes, el asturiano y prodigio. El maestro de una generación de poetas madrileños que le veneran, algo no difícil conociendo su obra y su persona. En él se dice que el desamor es único y repetido cuadro ante el que el poeta ve amarradas sus manos y su voluntad, lo que hace imposible su izado en la pared hasta la altura de los ojos. Hasta la altura del desafío que supone saberlo domeñado. Cuadro pintado una y mil veces con el color de la melancolía, con el pincel con que la vida convierte al tiempo en un desierto.  No es un libro alegre, es un libro verdadero. El poeta, el pintor no finge, simplemente aboceta aquello con que los afanes y los días nos castigan o advierten. Es por tanto un libro doloroso donde palabras como gemido, noche, capa oscura, decepción, soledad, indigente, incierto, rutinas, treguas, láminas rotas, afonía, tristeza… (páginas 100 y 101) campan a bastidor abierto.

   Es sin dudas un libro escrito en tiempo dilatado, a juzgar por sus entregas, pero por el que se transita sabiendo que los cuadros, los poemas, pertenecen a esa identidad de paisaje en donde se mira a la vida cara a cara, sin engaño, porque ni entorno ni caminante aceptan simulaciones. Ambos aparecen como fatalidad y destino: como escritura. José Luis Nieto es un poeta de convicción para el que las emociones, sobre todo las que proceden de la pérdida, se imponen a la hora de tomar la paleta. Pocas veces levanta su paleta en la exaltación. Hay poco que celebrar cuando el alma, tan transparente, se vuelca pedazo a pedazo en el lienzo, inacabada siempre y en espera. En cuadros que aguardan, lejanamente, la hermosura de un vuelo que a vecs llega. José Luis es el pintor honrado, es el poeta que no enmascara, pero tampoco exhibe, que solamente cuenta. Y pinta desalentado, quiero decir convencido.        
 
Game over

Abrir la puerta y cerrarla.

Encender la luz que borra la oscuridad, 
esa luz
que tarda en prender tanto
como ha tardado el día en morir.

Colgar la chaqueta y, con la desgana habitual
despojarse de la ropa.

Ver como el espèjo comienza su burla mientras
en el pomo de la puerta queda pegado un saludo
de hace horas.

Nada nuevo hace renacer el intervalo que acontece
si se mira el bonsái deshilachado en hojas secas.

Rebuscar en los cajones un sueño.

Entre los calcetines una ilusión oculta.

Abrir la puerta.

Cerrarla.

Un pedazo de rutina queda pegado en la espalda.

viernes, 19 de junio de 2015

Junio de libros: "Raíz y brote", de Jesús del Real

   
Directamente del autor, de su mano, llegó Raíz y brote a Mientras la luz. Corto trecho para una carga tan profundamente sentida. Editado por Huerga y Fierro, este es el primer libro de poemas del que se responsabiliza Jesús del Real Amado. Hubo otro perdido en lejanías. Digamos pronto que viene guarnecido con delicadeza. Un prólogo de Francisco Calvo Serraller y una portada de Carlos León. Ahí es nada. Una enorme exigencia, escuché decir al autor, que bien conoce a ambos en su calidad de doctor de Historia del Arte.

   Los poemas de Raíz y brote, atienden a la intención del titulo y la sobrepasan. Vienen dorados por cierto halo metafísico, por el enigma de la vida, por el misterio que vela al tiempo que incita al individuo hacia el conocimiento de lo real a través de sus manifestaciones. Durante la tarde de presentación en el Ateneo, dijo el maestro José Cereijo que en el vaho de solipsimo que lo transita se proclama la insatisfacción. Porque el autor participa con aquellos que piensan que la porción de vida que nos es concedida no es suficiente para aclarar las dudas del existir. ¿Celebración desolada del mundo? Tal vez. Pero celebración. Ya que en Raíz y brote, los poemas oscilan entre la contemplación reflexiva de los momento y paisajes y la voluntad del amor como anhelo y zozobra, como inseguridad necesaria. Es por tanto un libro de compleja voluntad. Escrito seguramente a lo largo de un tiempo dilatado, es posible encontrar en él diversas provocaciones y asideros, tanto en los motivos y las causas como en las herramientas formales con que se auxilia. Y a las que otorga unidad una voz consciente de sus necesidades e inquietudes, aunque aún en periodo de travesía estilística.

   Causa y consecuencia: raíz y brote: intimidad y riesgo. En la disposición de esas coordenadas quiere Jesús del Real dibujar sus fragmentos de creencias y esperanzas, sus señales y sus vientos. Poeta abierto en canal a las sensaciones, el libro entero responde al pálpito vaivén de la emoción y/o del conocimiento, del amor y del mundo. No hay en él más adherencias retóricas que las precisas; por lo general detalles que revelan su basta cultura en el mundo de las artes, incorporadas con elegante naturalidad. La exigencia, confesada por el autor, de mantener la disposición sin corte de ciertos poemas en versículos, ha forzado a componer alguna de sus páginas en apaisado, lo que da a la edición un toque de originalidad al tiempo que fuerza, por el contrario, a la elección de un tipo demasiado pequeño. Pero el libro en su conjunto es un arcón bellísimo para los 63 poemas que, sin solución de continuidad, sostienen la entrega.









































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Hoy he venido paseando por el Retiro
junto al camino ese al que debemos tantos besos.

Esta mañana el frío no embargaba el aire
una frágil geoda de amenazante nieve
cobijaba un blanco viaje a la infancia.

Hay en estos paseos siempre un momento extraño
acaso un consuelo cargado de magia
se detiene todo tránsito y se alarga
el instante de soledad
en pleno centro
en plena hora punta
en pleno caos humano
de esta huelga de esperanzas.

En ese momento imagino
que te despiertas y te envío
todos los versos de la noche
suspendidos en el vaho
espero que abran tus párpados
y los recojan tus manos
en esa primera caricia
que recorre tu cara.

Sigo andando ya impregnado de ti el día
ojos tras el cristal, cala otro silencio
la fragilidad desnuda del árbol
esas prisas por llegar, los atascos
¿adónde vamos?
seguiré viajando hacia ti
un trayecto incansable
que promete
delicias de los cuentos
sorpresas de epigramas
y tus listados épicos.

Montaré una jaima en el albero de tus ojos
donde tus párpados cobijen la deriva de mis sueños,
senda que me encarrila a los alrededores de tu cuello
asombrosa zona detonante de bocados.

Aturdido explorador seré
sobre tu pecho levante de emociones
y tu espalda poniente de despedidas,
entre tus explanadas gozosas
y tus cuencas guardabrisas.

Montaré la espera al albor de tu llegada
con ojos de tránsito cruzando de vía en vía
con ojos fulgor de lanzallamas
derritiendo el tiempo por el que te escapas.


miércoles, 17 de junio de 2015

Junio de libros: “El sueño de la vida”, de Manuel Juliá

 
Manuel Juliá en la Feria del Libro 2015
Foto: G. Munárriz
 La gentileza, provocada,
de la editorial Hiperión ha traído a Mientras la Luz El sueño de la vida, de Manuel Juliá, poeta al que hemos prestado atención en ocasiones anteriores. Y ahora con mayor motivo. Con este libro cierra la trilogía abierta con El sueño de la muerte, que continuó con El sueño del amor para terminar con este sueño último. Es un libro generoso de un poeta generoso. 41 poemas. Versos que oscilan entre la tentación versicular y el poema en prosa. Un texto que mantiene con los anteriores señas de identidad tan evidentes que hacen de la trilogía citada un corpus coherente. Hasta tal punto que nos atrevemos a decir que este libro es el culmen, el punto de arribo del poeta que comenzara a tantearse con el aquel lejano De umbría.

   Escrito desde la conciencia de una fisicidad permeable, el discurso del poeta se ancla en la fascinación por la Naturaleza, por la conciencia panteista de ser en ella, de ella, para ella. Y marcado por la constante conversación con los signos materiales con que la Naturaleza se ofrece en subjetividad. Se hace evidente que fija su atención en el árbol como elemento simbólico esencial. El árbol como signo vertical de la tensión hacia lo alto, hacia lo puro, hacia la perfección que supone existir en plenitud. El árbol como alter ego, como depositario armónico de la serenidad. Estadio que ocupa los dos primeros capítulos para desembocar en un tercero emocionado, el que Manuel Juliá dedica a la memoria de la madre. Algo que ya apuntó en el merecidamente famoso poema “Melocotones” de El sueño de la muerte y que ahora cobra pleno sentido. Como lo tienen esos puentes de niebla que el autor mantiene como metáfora permanente para conciliar el paso del tiempo con la aventura personal que consiste en atreverse a atravesarlos, dicho de otra manera: el desafío que supone vivir lo no esperado.

   Poemas medidos y alejados de acentos y cuentas, pero henchidos de imágenes sorprendentes que surgen con espontáneo azar surrealista. Lejos siempre de lo ampuloso, de lo trascendente, Manuel Juliá permanece instalado en esas suaves maneras cotidiana del hacer anglosajón que sus lecturas refuerzan. No hay sino repasar el origen de la mayoría de sus citas: A. Tennyson, R.W. Emerson, A. Ginsberg, E. Hemingway, M. Lowry, W. Blake.  El libro viene precedido por “Un pequeño relato”, introducción pretendidamente simbólica en donde el mar, visto por el niño con los ojos juntos de toda la familia, se convierte en el símbolo de un universo vital, de una esperanza.

   Manuel Juliá se sitúa con esta entrega -que junto al resto de la trilogía ha venido a enriquecer los fondos literarios de Híperión- en un lugar destacado del paisaje poético español. Es de esperar que la anunciada antología de poetas manchegos que va desde Corredor Matheos a Ángela Vallvey ordene su posición en este panorama tan cambiante. Pero no es en el ámbito regional, tan necesario ahora, donde debe buscársele relaciones sino en el más amplio de la poesía española actual. Su hacer lo exige. Al tiempo.










Sendero de abedules



En el mismo sueño o en la misma muerte
hay una presencia que fuerza a los abedules
a mostrar su belleza rodeando un río seco,
hay un jarabe de luz rodeando el frío y las heridas
donde la yerba y los sonidos del viento
siguen cuando la muerte se pierde, y el río avanza
por deseos que ya no morirán,
en la misma muerte o en la misma vida se esconde
el cauce de una nostalgia que incendia mi garganta,
su vaho levanta muros hermosos que están mirando
las palabras para que tengan sentido
cuando la vida solo sabe ser amarga,
la luz atrapa los árboles en el silencio
de la viejas montañas, habla la muerte
para encontrar una voz que se alimente con la vida,
en la misma vida o en la misma muerte
cuando lo ríos se terminan, hay otro mar más lejos
al que se llega con los sueños
que están presos de amor en cualquier primavera,
en el mismo sueño o en la misma muerte
puedo tocar el pulso de las estrellas más viejas,
seguir un sendero de abedules, que no es de la vida
y ha crecido contra el tiempo, está lleno
de palabras que no mueren en los páramos,
en la misma vida o en la misma muerte
las estaciones amadas del camino son brazos
que se agarran a mi cuello y me limpian la camisa
de tierra que han abandonado en mi cuerpo,
los abedules me dan su última caricia, y dicen
que jamás podré dejar de amar, y que los zapatos
desaparecen porque ya no son necesarios,
mis células son hilos de vida que han decidido
romperse de luz al anochecer,
cuando el fantasma del fuego aparece
abriendo la puerta decisiva.

lunes, 15 de junio de 2015

Junio de libros: “Otomanía”, de Ana Ares

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  Por conducto no usual, ni compra ni gentileza de autor o editorial, sino por generosidad de amigo, llegó a Mientras la luz Otomanía, de Ana Ares, libro de poemas editado por Vitruvio, cauce habitual de la autora. La sugerencia del nombre se convierte en evidencia nada más comenzar la lectura. Poemas de viaje: un género cada vez más en uso. Mas lo que algunos realizan rodeados de paredes lo ha realizado Ana Ares en pleno contacto con las cuevas, las fronteras, las cárcavas, los gatos y los niños de Anatolia. Hay poemas que se han levantado para acompañar al instante, rotundos con la imagen; otros tal vez hayan sido reelaborados, sin perder en el trance la luz arañada que los provocó. Habita en ellos la elegancia reflexiva que da la contemplación inteligente. Libro de sensaciones que buscan lo transitivo. Tras su lectura resulta evidente la necesidad de ser escrito. No parece un libro previsto sino provocado, engendrado en el íntimo rincón en donde la belleza duele su herida.

Este poema, atiende a una realidad que persiste, la del paisaje que trazan las mujeres

Los órganos vencidos.

Me detuve a observarlas.

Esos animalitos diligentes
que siempre cargan algo (niño, bolsa,
prisa, carrito, anhelo).

Con el paso ligero
y ojos de no mirar
atravesando grupos de hombres enlodados
en todas las esquinas.

Sus párpados son órganos vencidos.

Caballos mansos de dóciles hocicos
ponen en marcha el mundo.
Lo alimentan, soportan… Las mujeres.
Las bellas, las perdidas,
las sucias, las que paren.

Desnudan
los días, y los lavan con saliva,
los visten, los perfuman
y hasta les dan el pecho

sin siquiera mirarlos.

viernes, 12 de junio de 2015

Ayer en la Feria



(Foto: Isabel Miguel)
     Ayer, 11 de junio, en la Feria, en la locura de la Feria del Libro de Madrid, con la excusa del libro nuevo -Plural de sed editado por Lastura- recibí la visita de innumerables amigos. Instantes que guardo como un tesoro. Era mi primera vez y ellos me quitaron el miedo. En la sonrisa compartida con Elvira Daudet, la gran dama de la poesía española, os abrazo a todos, amigos.

lunes, 1 de junio de 2015

Poema: En el redondo riesgo
























En el redondo riesgo
de tu cuello, tan niño,
lo primero anotar
con mis labios la urgencia

transitar por tus senos
después con la avaricia
y la misma demora
de los vándalos últimos

dejar al viento huésped
que atraviese las ropas
hasta volvernos malvas
y azules sobre el lienzo

recorrerte y con hambre
ya deshecha escribir
vertical en el ansia
de tu caz mi deseo

oír como restalla
por los aires el silbo del alfanje
y recordarnos mientras como gula

saber que fuimos
en la distancia celos
mordidos por las hoces, 
por las hienas.


De Plural de sed

jueves, 28 de mayo de 2015

Jesús Cárdenas, poeta sevillano

    

Viene por vez primera a Madrid, a firmar a la Feria del libro. Ilusionado. Como tantos poetas. Se llama Jesús Cárdenas. En estos últimos años escribe con decisión y ha podido dar a la luz dos poemarios de muy buena factura, de gran pulso. El primero, del año 2014, lo publicó Cuadernos del Laberinto y recibió como título Después de la música, con prólogo de Enrique Gracia Trinidad. Es un texto en donde el conflicto emocional se impone sobre la contemplación. En el editado más reciente, Sucesión de lunas, prologado por Manuel Rico, Jesús atiende a la melancolía de la lluvia sobre el alma del poeta, a las ventanas del ánimo, a los promontorios, serenos o convulsos, de la contemplación. Es una mano que escribe con insistencia lo desasistido. Los poemas se suceden en forma convencional o en prosa para caminar por los atropellos del olvido y la belleza fragmentada de los instantes. Viene a Madrid Jesús el próximo sábado 30, viene a firmar ejemplares de Después de la música a la caseta 322 a partir de las 18 horas. Mientras la luz le desea una feliz estancia entre nosotros.
......

Dos poemas

VI

La tibieza de la mirada ante las primeras lluvias, rescribiendo la agitación con rumor de recién estrenada.

La melancolía por contemplar las gotas descendiendo por el cristal, ahí te detienes, en su calado, en tardes ahogadas de signos sigilosos, sueños que nos salvaban del vacío, hasta conocer su finita secuencia.

Desde el cristal un cielo intempestivo: la lluvia en el espejo de los sueños abriéndose camino; gotas de agua queriendo ser memoria, pero terminan restallando tus fragmentos.

XII
… Y son también espejo en tentativa, promesa de transparencia, lluvia que aspira a ser lluvia con más pavor, desolación de los árboles, reflejo cruel sobre las aceras, agua vertiginosa que ahogue las cosechas, convirtiendo las zanjas en riachuelos –como certero acero en mitad de la carne–, el aire ya silente en soledad arrebatadoramente sombría.

domingo, 24 de mayo de 2015

Casi recuperados

    Pasadas las tendinitis de codo y rodilla que han tenido a los habituales miembros de la redacción sin poder visitar y sin poder escribir. Ni pensar. Por los agudos dolores. Que ni los emplastes de la becaria lograban reducir. Pasadas digo, y mientras atendemos a los resultados del terremoto (grado 5, se esperan sacudidas mayores) y sus efectos en los edificios ya de por sí agrietados, queremos dejar señal de la semana. Leves señales.

   Una. Que María Luisa García-Ochoa crece en la poesía desde la humildad y la emoción. Hizo una lectura muy medida de sus primeros, de sus editados y de sus últimos poemas. Fue en el Hogar de Ávila, lunes 18,esa tertulia escondida y de tradición. Presentada por José Félix Olalla, contuvo su propensión a la sonrisa cómplice para hacer valer la fuerza reflexiva de sus textos, que paradójicamente eluden la ironía habitual de su carácter. Tal vez padezcan, sin saberlo, de esa enfermedad tan extendida que supone hacer de la poesía un acto trascendente: Aunque algún guiño hubo. Asistió Carlos Murciano, quien nos contó de la recién reedición de su poemario sobre Teresa de Jesús, De roble y seda.


 Dos. Que Ana Gorría leyó en Función Lenguaje, la sala que la antigua Escuela de Escritores mantiene en la calle Doctor Fourquet. Miércoles 20. La presentó sin emoción Antonio Ortega. Era nuestra primera visita, y el lugar es disperso. Juan Soros, Pedro Provencio, Miguel Casado entre los asistentes. Consuetudinarios parecen. No nos pareció de acertado actuar la poeta invitada. Leyó escasamente cuatro poemas, para pasar a un "juego", así lo llamó ella. A un poema dialogado (luego supimos que eran alejandrinos trinchados) que leyó a dos voces con Antonio Ortega, quien había aceptado sin emoción. Luego, a los 7 minutos de comenzado todo, llamó a los asistentes al coloquio. La sala, fría, no respondió. Ella aprovechó el tiempo para expansionarse sobre sus motivaciones y los rasgos de su proceso creativo. Sobre su intención de llevar las cosas del lenguaje hasta el límite, repetía. Y repetía. Y demandaba preguntas. Miguel Casado, sin emoción, hizo alguna. Ante el escaso éxito, Antonio Ortega, sin emoción, le pidió que leyera algo más. Aceptó, pero volvió rápida a las andadas de explicar deslavazadamente, a poetas avezados, cómo y por qué, y desde qué confusión, hace ella un poema. Me hizo recordar aquello del Juan de Mairena apócrifo:

Será de verdad poema
el poema que me dices 
si en mi corazón resuena 
no porque mucho lo expliques.

   Tres. Que la sesión final de Odisea Poética, viernes 22, logró una calidad de tono y susurro como pocas veces. Un emocionado Alfredo Piquer vivíó con todos su emoción de vísperas. Estuvo en Libertad 8 al mismo tiempo que estaba ya en la noche del domingo 24. Esta del recuento. Cuando escribo. Tres voces femeninas, Gema Palacios la primera, su voz contenida, sin apenas modulación, subrayó unos textos claros y comprometidos, de tensión intimista y buena factura. Luego la sevillana Sara Castelar, que ha vuelto un mes después a Libertad 8 para obtener un aplauso cerradísimo. Hay lenguaje poético a raudales en esta mujer, de quien ha poco dijimos, y que se muestra entusiasmada con su empeño editorial. Karima se llama. Y para el final, la reconocida Raquel Lanseros, que llegó ajustadísima de hora (decían que de acompañar a LGM). Cerró la sesión de forma espléndida leyendo poemas que la han consagrado justamente y que cantan a la vida. Da gusto sentir cómo trasmite gozo en su lectura. Estuvo por allí Enrique Gracia Trinidad, atareado y atento.


Otro sí:  La redacción en pleno espera que pasen las aflicciones físicas y los ibuprofenos y que podamos seguir dando cuenta de todo cuanto pasa, que es mucho. Porque han de saber que la gente se arremolina y levanta la voz cuando la Feria se acerca. También debe existir esperanza (de la buena) en los poetas. ¿Por qué no? Informaremos si alguien vende más de 50 libros (descontado Marwan, claro).