jueves, 14 de noviembre de 2019

Un poema: Anónimo recibido desde dentro








Hasta el verso se cansa de ser verso,
aprende esa verdad, Francisco Caro,
aprende a reposar, a darle amparo,
no escribas, déjalo, no seas perverso.

No sigas por ahí, vives inmerso 
en rimar y contar, envía al paro
tus poemas, pon fin: mira, te aclaro,
un papel tiene haz, tiene reverso.

Dale vuelta y verás, existe el blanco,
que hasta el verso se cansa de tu oficio
y el lector de leer: pon un estanco,
hazte barman, vedet, cambia de vicio.

Si eres sólo rutina, vatetardo,
y no hallas qué decir, que calle el bardo.

martes, 12 de noviembre de 2019

Consejo de redacción de noviembre: Náufragos junto al Júcar


Pedro Gascón, Ángel Moreu, David Torres y Teo Serna
durante su turno. (Foto MCBarri)


       Se le notaban las ojeras. La lentitud en los movimientos. Venía cansado el Jefe, pero ataviado con un cierto chute de dignidad. O al menos eso nos pareció al anotar los tonos de su voz. El fin de semana estuve en Cuenca –comenzó su exordio mensual–, ciudad y gentes que merecen la pena, deberían ustedes aficionarse. Desde una modestia que ronda lo franciscano y una voluntad que no debe tambalearse, organizan un encuentro poético que permite la reunión y la escucha, el respeto y la informalidad. Cuatro presentaciones de libros, un memorable concierto de piano (La música callada de Mompou), doce lecturas de invitados y un cierre a cargo de dos poetas reconocidos: Antonio Crespo Massieu y Antonio Hernández. La sala repleta, el corazón despierto y tres balcones de luz enmarañada hicieron todo lo demás. Dicen que el poeta Rafa Escobar dirige desde este año la convocatoria, aunque es difícil distinguirle el rango porque muchos otros colaboran con la misma decisión, en especial JA García, M Mula, F Mora, T Pacheco, MA Curiel y M Alcocer. Pero en Cuenca siempre hace frío –espetó la becaria­– y la poesía calienta poco el cuerpo. Cierto, respondió con presteza, sin embargo el ocre de los chopos reflejado en la verdiagua del Júcar lo compensa todo, además el Huécar llena su curva con agua escasa, pero limpia, cantarina. Añadan  el susurro de un viento que ya nace para las piedras. El encuentro se hace llamar Poesía para Náufragos en recuerdo de Diego Jesús Jiménez. ¿Y no será, querido Jefe, que habla usted así de bien porque le han invitado a pronunciar unas palabras? dijo, no podía contenerse, el redactor colmillo, tan complaciente siempre con sus superiores. Ese fue el peor momento, pero logré superarlo, los oyentes, parece que misericordiosos, lo soportaron, y todo pudo seguir su curso normal. Sepan que además acuden editoriales: Amargord, Lastura, Tigres de papel, Chamán… y hay compradores, vaya si hay compradores. En fin, un ambiente festivo con tintes de fraternidad enhiesta.  Eso sí, no todo el mundo aguanta con su presencia todas las horas, pero digo que el fluir de asistentes añade ritmo y color. Y el otoño en Cuenca… y el otoño en Cuenca. 
En primer lugar el pianista Diego Ramos
junto a los poetas que ilustraron
su concierto con lecturas. (Foto MCBarri)

Creímos percibir un tono de melosa melancolía en la repetición final, casi la decadencia del que ya se conforma con la sola contemplación. Aprovechó la pausa el Jefe, el desconcierto. Dijo adiós con un gesto. Vuelvo a mis quehaceres, le oímos; ya de espaldas, con la mano en el pomo. Fue entonces cuando el astuto redactor novato hizo presa: ¿Sabremos algún día a qué se dedica en verdad el Jefe diletante? La becaria calló.

martes, 5 de noviembre de 2019

Crónica: Leer a dos en Poemad, ay de los duetos


       De POEMAD, el creciente festival madrileño de poesía, Mientras la luz ha visto cuatro duetos, cuatro. Ocho poetas, ocho. No son pocos. Esto de las dobles lecturas es una iniciativa a la que el Festival apostó desde el principio –recuerdo un Gimferrer/Colinas de porca memoria– y que desde hace tiempo va calando en diferentes actos poéticos. Es buena fórmula si encuentra la dinámica exacta. Por lo que vimos, no parece fácil.  Alguien puede pensar que con ella se busca la paridad (tan cara para ciertos colectivos alguaciles), pero no. Son más libres en Poemad, son normales. Vimos cinco mujeres, tres hombres. Ocho poetas.
 
     Estuvo tenso, nos pareció, poco cómodo Basilio Sánchez en la Residencia de Estudiantes para leer la contemplación celebrativa de su Loewe, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, una poesía que atiende a lo cordial, al concilio con la Naturaleza y al enigma del hecho poético desde la amabilidad de las formas. Es buen poeta. Sobrado desde la media sonrisa, Jaime Siles, como en tantas otras ocasiones. Tal vez tenga motivos. Anunció su próximo libro y algo leyó de él. Estuvo largo, contundente, monótono. Tal vez mejor sus aproximaciones a los poemas que los poemas mismo, que suelen carecer de sorpresa y abundar en rimas (salvemos el Adiós, Carlos Edmundo). No hubo entre los poetas ni diálogo, ni miradas, ni complicidad. Uno vive desde lo sencillo, el otro desde el saber sabido.
 
     El domingo 27 ocurrió la explosión rumana de Ana Blandiana. Es amable saber cuándo se está ante un/una poeta sin adjetivos. El dueto parecía venir patrocinado por Galaxía Gutemberg, que ha editado a Ana y a Boris A. Novak, su compañero de lectura. Para confirmarlo, Jordi Doce introdujo a ambos. Serio, con poca cintura, dijo bien sus sabios folios (ver aquí). No dialogó, no preguntó. Bien por decisión bien por falta de servicio de traductores. Los poetas no dijeron ni una sola palabra más allá de la lectura de sus poemas, que aparecían traducidos en la pantalla. Sabemos que es difícil dialogar en público sin que parezca artificio, pero ¿se debería intentar? No obstante, la sala se cargó de magia. Espléndida Ana en sus formas –grandísima lectora­– y en sus poemas, cordiales siempre, pero incisivos; claros, pero directos al tuétano del temblor. Parecieron magníficamente traducidos. Aguantó Boris el envite con poemas cargados de ironía, discursivos, reflexivos, caminantes por la zozobra que supone vivir.
 
     El mismo domingo y a continuación, la versión más pétrea. Un muro contra otro. Ni Amalia Iglesias ni la china Zhou Zan dijeron siquiera buenas tardes al público. Tras una presentación de aliño, sus individuales lecturas. Amalia de sus últimos La sed del río y Totem. Sin novedad. Salvo que en la pantalla aparecían traducidas al chino, un buen gesto para los espectadores de tal lengua, que los había. De Zhuo Zan poco que contar, sin melodía en su decir, sin inflexiones de voz, con la dificultad de traducción entre idiomas tan alejados, nos pareció que sus temas eran más propios de la cultura occidental que de aquello que alberga nuestra conciencia por poesía china. Qué seco todo, qué difícil. Se fueron sin esperan siquiera los aplausos. Casi corriendo. Tal vez porque en la sala quedaban ya pocos espectadores.
 
     Todo distinto el miércoles 30, con la deseada lluvia en el exterior del Instituto Cervantes. Vino de Mallorca, Antonia Vicens. Y creo que con cierto temor. Su Premio Nacional sorprendió casi tanto como sus declaraciones. No conoce Madrid. Tuvo al lado, no enfrente, a Raquel Lanseros, sensible y amparadora. Porque hubo miradas y manos entre ellas, el público se sintió parte de ambas. Fueron poetas juntas. Sonó bien el catalán mallorquín de Antonia en poemas pegados al día a día de la casa, del pare, de la mare, que ella introducía en un castellano que denotaba poco uso. Traducidos en pantalla, aparecieron de Lovely (dedicado a su padre) y Tots els cavalls. Raquel puso todo para hacer el ambiente dulcemente cálido, tiene esa virtud. Y el público numeroso entró en su poesía –tan clara, tan de las cosas y las gentes, tan bien tramada, tan de suave fortaleza– con el corazón atento. Fue tremenda su lectura de Dos corazones, esa madre de Matria en voz refleja, esperanzada, que habla y supone del amor como único agarradero. Al terminar, las personas se arremolinaron en sus alrededores. (Aquí video)

domingo, 3 de noviembre de 2019

Un poema: Conozco un tipo



Conozco un tipo
que en las mañanas, de seis a nueve,
escribe poesía sobre un ala
doblada de avión, después regresa
a su luz y a su ser, se viste
de calle, toma un taxi, mira el móvil, 
no recuerda con quien
desayuna hoy,
no suele hacerlo solo,
le gustan todavía… los instantes

de él se dice
que es poeta de son irreverente,
que vacila al andar y que acostumbra
a calzarse los rojos
y al afán trasatlántico, que mira
cara a cara, que no cuenta gin-tonics
ni mide la amplitud de los abrazos;
yo sé que tiene un sueño, lo sé, por eso se alza
seis a nueve y escribe
(sobre un ala doblada)
del muerto y del amor, de algún revólver.



martes, 29 de octubre de 2019

Un poema: Sandalia



Se llamaba Sandalia,
no hay otra en todo el pueblo con mi nombre, 
nos decía,
por eso nunca
he vuelto la cabeza en vano,
siempre sé que soy yo cuando alguien llama.

De negro, como todas,
era el tiempo del luto y su costumbre, menuda,
andaba a pasos cortos, las manos recogidas; 
tuvo suerte y a nadie
perdió en la guerra, pudo ver a su hijo,
mi padre luego,
volver de Guadarrama
con los pulmones rotos por el frío
y un hambre desmedida de tabaco.

Años antes -me parece que el 20-
cuando llena su entraña
esperaba una hija, murió su amparo,
murió mi abuelo.

Con lo puesto siguió, en el íntimo cuido
de su familia pobre, pero junta, pero justa;
de sus manos,
pantalonera humilde, hizo que el sol saliera
a calentar su hogar día tras día.

Nunca escuché
alta o recia su voz, su fortaleza
estaba en lo sencillo, en su figura en sombra,
y la suya
fue la primera muerte que me buscó de cerca,
cayó en el patio, junto al pozo,
inerme, sola, pero no vencida 
por otra cosa que no fuese
haber vivido su coraje a tientas y encendido.

Pegado a su memoria, hoy
conservo junto a mí
aquel brocal de arcilla que la viera caer, y la dulzura
de antiguas tardes-noches de verano:
¡Paquito! me llamaba para darme sus fritas,
rebanadas de pan empapadas en vino, 
que aún y todavía, sabedlo, me alimentan. 

sábado, 26 de octubre de 2019

Sin crisis en el soneto: Alfredo y Antonio, poetas talaveranos.


Antonio del Camino
     


En mi juventud se hablaba de la crisis del teatro. Como lugar común. Luego llegaron la de las salas de cine, la del papel impreso, la de los toros. En oleadas. Los quioscos están cerrando. Y las modistas. Del clima ni te digo, todos a por él. Con el soneto no hay quien pueda. Le han hecho toda clase de perrerías, ninguneos, mamarrachadas. Él resiste. De madera o de pleita, endecas o polimétricos, asonantes, retorcidos, enmascarados, repudiados o fritos con tomate y ajo. El soneto aguanta ciento y una embestidas. Sin inmutarse. Sale y entra en su tumba como juan (con nietos) por su casa. Le han vestido con sayas y puesto antifaces. Sigue en pie. Solo admito sonetos que se burlen de sí mismos, dice el snob. Sabe a rancio, el gourmet. Les tengo mucho respeto, confiesa el incompetente. Yo escribo dos o tres al día, repetía el Alcalá-Zamora de Sial. El soneto es piedra berroqueña y su edificio resiste desaforados ataques, incluso los que tienen razón, ácido y bala.  Los dos anchos ataúdes de cuartetos y otros dos más delgados de tercetos, que decía Fonollosa, se siguen ofreciendo para los pocos poetas que tienen algo que decir, para los que lo toman medio en serio, medio en broma. Incluso para aquellos que los rellenan de sabor acre y olor a berza. Asombrados, los físicos cuánticos estudian su estructura.
Alfredo J. Ramos



Sabiendo como saben todo lo anterior, y muchas cosas más, los talaveranos Alfredo J. Ramos y Antonio del Camino se han internado en un duelo a sonetos. Puestos de espaldas, han contado los 14 pasos reglamentarios, se han vuelto sobre el papel y han disparado (16 veces sin intención de herirse). Todo bajo la tutelar y padrina  atención del toledano de Brooklyn Hilario Barrero, que los ha publicado en Cuaderno de Humo 26, ese tesón editorial con el que Hilario nos alienta. Paginados uno frente a otro, discurren los 32 sonetos, 16x2, claro. Cada pareja llega iniciada por un lema-yugo que los une. Hay que tener atrevimiento y destreza, pensé al recibir el ejemplar. Con los tiempos que corren. La tienen. Se titula Mudanza y vuelo. No busquen ejemplares en papel, no se venden, pero pueden recibirlos en PDF. ¿Para cuándo la crisis del PDF? Mientras la luz, buen amigo y seguidor de ambos, se hace eco de este nacer y escoge para sus lectores una de sus dobles entregas. La IV. San Garcilaso y el Tajo, tan con Talavera, los vigilan y protegen. Y se nota.


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IV. LA VIDA BREVE

(Vida en el aire)

Móvil fugaz, la vida. La mirada
que descubre el lugar más apacible,
un minuto después ve la terrible
necedad de su asombro, sin coartada.

Un péndulo nos mueve en su infalible
noria de sol y niebla, mientras cada
frontera de la dicha está marcada
por un río de hielo indestructible.

El corazón del péndulo, que late
con vibración dispar y esparce olvido
al ritmo apresurado de las horas,

revela la verdad de este combate
repetido de noches y de auroras:
la leve brevedad de lo vivido.        

(AjR)


(La única heredad)

La vida, igual que empieza, se termina
y no tiene valor la eternidad.
El olvido se aposta en cada esquina
y es, a la larga, la única heredad.

La muerte llega firme y a destiempo
e irrumpe en nuestros signos cotidianos.
Se queda todo atrás, fuera del tiempo.
Y no existen inviernos ni veranos.

La vida nos aleja de la vida
hasta dar, sin remedio, en el vacío.
Los que nos aman sufrirán la herida
que abre la ausencia y el final sombrío.

Pero vamos viviendo y, mientras tanto,
nos salvan amistad, amor y canto.
  
(AdelC)

lunes, 21 de octubre de 2019

Un poema: Tus tres oficios



Foto: Toya Velasco


Por las zarzas,
entre moras de otoño,
encontré las vocales:
tres vocales pequeñas
que perdiste

con cuidado
recogí sus temblores,
las llevé
entre miedos y nácar
a su antiguo lugar

no quise que olvidaran
tus pezones lo dulce,
tu boca sus afanes,
lo que tienen
de loba tus maneras

tus tres oficios.

jueves, 17 de octubre de 2019

Arde Madrid. Zhivka y Galanes


Arde, arde Madrid en actividad poética. El derecho a escribir y a leer en público echa llamas. Nada que envidiar a otras ciudades. Y aún nos queda POEMAD, que este año viene más descentralizado y más internacional. Poco a poco adquiriendo la talla de un vero Festival y no un mero gesto de voluntades.
Elisabeta Botan, Margarita Todorova, Ricardo Virtanen,
Álvaro Hertnando y Gragorio Muelas
La pasada semana estuvimos ocupados en las cosas que pasan en la calle, ya saben los consuetudinarios eventos. Vino Gregorio Muelas, miércoles 9, todo tensión ilusionada, a presentar el nº 6 de Crátera, la ecléctica revista valenciana de poesía que dirige junto a otros dos amigos. La que se goza con las impresionantes portadas que Juan Carlos Mestre les regala. Un don. Dijo que tienen más de 50 suscriptores y varios encargados de secciones internacionales. Con algunos de ellos departimos a gusto en la chueca librería Nakama, pequeña y tierna a un tiempo. Les vi futuro. Tienen más acompañantes que subvenciones. Y eso es sano. Nadie a quien echar culpas cuando llegue el momento del cierre. 

(Foto: Jesús Cogolludo)

De allí salimos presto. Y prontos a escuchar a Zhivka Baltadzhieva, nuestra poeta búlgara, que por fin ha logrado reunir, en la colección El Levitador, de Polibea, sus poemas en torno a la represión familiar sufrida. Llegamos tarde, nos perdimos las palabras de Verónica Aranda, pero no la lectura –verdadera, tensa, humilde y susurrante­– de Zhivka. Uno piensa que a veces la poesía puede ser verdad y no un juego de lenguaje y espejos para iniciados. Llegamos tarde, pero a tiempo de aprender ciertas lecciones de cosas. Que se decía. Uno está últimamente poco receptivo a que le enseñen, pero siempre en disposición de aprender.
(Foto: MCBarri)
Al día siguiente sí que llegamos a tiempo para escuchar a Miguel Galanes, poeta de inequívoca personalidad. Tanta tiene que no quiso presentador y fue su actual editor, Pablo Méndez, quien improvisó algunas palabras. No entendí de ellas la razón por la cual para enmarcar (y remarcar) la manera reservada que tiene hoy Miguel de acercarse al hecho y al acto poético, tuvo que poner en cuestión otras costumbres, otros modos. Cosas. Miguel Galanes y la editorial Vitruvio presentaron un libro amplio en las dimensiones, extenso en su paginación (345 páginas) y ambicioso en su trazado. Bajo el título de La vida a contratiempo, reúne en un volumen tres libros del autor: Secreta aventura, New York Stress y Luces y sombras de ciudad: Madrid. Viene de lejos esta voluntad del daimieleño para asociar sus títulos en trilogías. Leyó Miguel con sosiego concentrado y enorme seriedad. En concilio buscado y obtenido con los asistentes. Numerosos. A nuestro parecer nunca ha tenido la palabra sensismo más sentido que el jueves 10 de octubre en el Centro Riojano. Es Miguel un poeta de sensaciones a flor y ras de piel, provocación a las que se entrega de inmediato mientras pone la palabra al servicio de tal sacudida. Como contestación, como necesidad y alivio. Y es también un libro escrito sobre tierra manchega, sobre asfalto y sobre adoquines. Poemas andados verso a verso. Nada de extrañar este así sabiendo la afición de su autor a lo peripatético. Poemas en donde la realidad, las lecturas, los prejuicios y las motivaciones dialogan, se retan, se enmascaran y/o se revuelven. Eso nos pareció. No es un libro habitual. El poeta tampoco lo es.
(Foto: MCBarri)

Por si Madrid se apagaba, estuvimos, espectadores, en el encuentro de poesía iberoamericana que organiza Alfredo P. Alencart en Salamanca. Buen ambiente. Nuestro impagable Francisco G. Marquina recibió el premio Francisco de Aldana a su combate poemático y psicológico con la figura de un Dios que existe, como nos recordó. Por allí estaba el poeta ecuatoriano Iván Oñate, al que pudimos saludar y al que escucharemos el próximo lunes en Madrid, en el Comercial, con motivo de la inauguración del curso en la Tertulia Hispanoamericana Rafael Montesinos. Arde Madrid.

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GLORIETA DE LEGAZPI

La sangre no llegará al río,
pero ver como pude ver aquella mañana,
en compañía del pintor José Lucas,
las salas de despiece en el matadero de Legazpi,
no sólo me transportaría a las regueras de la sangre,
los estómagos por el suelo, los menudos, las tripas,
las cabezas pendiendo de un gancho,
las manos y las patas en sangre sobre una mesa,
las pieles vueltas y los entresijos
y los gatos por los alrededores husmeando,

los matarifes con sus monos azules y sus botas
de goma, el cuchillo y los ganchos de hierro de tirar,
y las canales frías, colgadas y descuartizadas,
desprendiendo ese vapor nauseabundo
que distinguía la carne caliente
del ambiente gélido en el matadero municipal
en las mañanas de invierno en Lemiday

sino que los balidos, los mugidos y los chillidos
fueran un único aullido de lamento y protesta
por haber nacido y verse en el sordo ambiente
de unas voces alzándose entre tanta sangre
como la costumbre y el trabajo de otra forma de vida. 

La sangre no llegará al río,
pero era una y líquida y la misma
corriendo por las venas de mis ojos
y al descubierto como el cuchillo del matarife.

La sangre no llegará al río,
pero los ladrillos aún siguen estando rojos
y en pie como parte del artesonado de una historia
que cambia, ríe, se divierte y llora
en un triste y desgarrado lamento.

                                         Miguel Galanes