jueves, 17 de octubre de 2019

Arde Madrid. Zhivka y Galanes


Arde, arde Madrid en actividad poética. El derecho a escribir y a leer en público echa llamas. Nada que envidiar a otras ciudades. Y aún nos queda POEMAD, que este año viene más descentralizado y más internacional. Poco a poco adquiriendo la talla de un vero Festival y no un mero gesto de voluntades.
Elisabeta Botan, Margarita Todorova, Ricardo Virtanen,
Álvaro Hertnando y Gragorio Muelas
La pasada semana estuvimos ocupados en las cosas que pasan en la calle, ya saben los consuetudinarios eventos. Vino Gregorio Muelas, miércoles 9, todo tensión ilusionada, a presentar el nº 6 de Crátera, la ecléctica revista valenciana de poesía que dirige junto a otros dos amigos. La que se goza con las impresionantes portadas que Juan Carlos Mestre les regala. Un don. Dijo que tienen más de 50 suscriptores y varios encargados de secciones internacionales. Con algunos de ellos departimos a gusto en la chueca librería Nakama, pequeña y tierna a un tiempo. Les vi futuro. Tienen más acompañantes que subvenciones. Y eso es sano. Nadie a quien echar culpas cuando llegue el momento del cierre. 

(Foto: Jesús Cogolludo)

De allí salimos presto. Y prontos a escuchar a Zhivka Baltadzhieva, nuestra poeta búlgara, que por fin ha logrado reunir, en la colección El Levitador, de Polibea, sus poemas en torno a la represión familiar sufrida. Llegamos tarde, nos perdimos las palabras de Verónica Aranda, pero no la lectura –verdadera, tensa, humilde y susurrante­– de Zhivka. Uno piensa que a veces la poesía puede ser verdad y no un juego de lenguaje y espejos para iniciados. Llegamos tarde, pero a tiempo de aprender ciertas lecciones de cosas. Que se decía. Uno está últimamente poco receptivo a que le enseñen, pero siempre en disposición de aprender.
(Foto: MCBarri)
Al día siguiente sí que llegamos a tiempo para escuchar a Miguel Galanes, poeta de inequívoca personalidad. Tanta tiene que no quiso presentador y fue su actual editor, Pablo Méndez, quien improvisó algunas palabras. No entendí de ellas la razón por la cual para enmarcar (y remarcar) la manera reservada que tiene hoy Miguel de acercarse al hecho y al acto poético, tuvo que poner en cuestión otras costumbres, otros modos. Cosas. Miguel Galanes y la editorial Vitruvio presentaron un libro amplio en las dimensiones, extenso en su paginación (345 páginas) y ambicioso en su trazado. Bajo el título de La vida a contratiempo, reúne en un volumen tres libros del autor: Secreta aventura, New York Stress y Luces y sombras de ciudad: Madrid. Viene de lejos esta voluntad del daimieleño para asociar sus títulos en trilogías. Leyó Miguel con sosiego concentrado y enorme seriedad. En concilio buscado y obtenido con los asistentes. Numerosos. A nuestro parecer nunca ha tenido la palabra sensismo más sentido que el jueves 10 de octubre en el Centro Riojano. Es Miguel un poeta de sensaciones a flor y ras de piel, provocación a las que se entrega de inmediato mientras pone la palabra al servicio de tal sacudida. Como contestación, como necesidad y alivio. Y es también un libro escrito sobre tierra manchega, sobre asfalto y sobre adoquines. Poemas andados verso a verso. Nada de extrañar este así sabiendo la afición de su autor a lo peripatético. Poemas en donde la realidad, las lecturas, los prejuicios y las motivaciones dialogan, se retan, se enmascaran y/o se revuelven. Eso nos pareció. No es un libro habitual. El poeta tampoco lo es.
(Foto: MCBarri)

Por si Madrid se apagaba, estuvimos, espectadores, en el encuentro de poesía iberoamericana que organiza Alfredo P. Alencart en Salamanca. Buen ambiente. Nuestro impagable Francisco G. Marquina recibió el premio Francisco de Aldana a su combate poemático y psicológico con la figura de un Dios que existe, como nos recordó. Por allí estaba el poeta ecuatoriano Iván Oñate, al que pudimos saludar y al que escucharemos el próximo lunes en Madrid, en el Comercial, con motivo de la inauguración del curso en la Tertulia Hispanoamericana Rafael Montesinos. Arde Madrid.

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GLORIETA DE LEGAZPI

La sangre no llegará al río,
pero ver como pude ver aquella mañana,
en compañía del pintor José Lucas,
las salas de despiece en el matadero de Legazpi,
no sólo me transportaría a las regueras de la sangre,
los estómagos por el suelo, los menudos, las tripas,
las cabezas pendiendo de un gancho,
las manos y las patas en sangre sobre una mesa,
las pieles vueltas y los entresijos
y los gatos por los alrededores husmeando,

los matarifes con sus monos azules y sus botas
de goma, el cuchillo y los ganchos de hierro de tirar,
y las canales frías, colgadas y descuartizadas,
desprendiendo ese vapor nauseabundo
que distinguía la carne caliente
del ambiente gélido en el matadero municipal
en las mañanas de invierno en Lemiday

sino que los balidos, los mugidos y los chillidos
fueran un único aullido de lamento y protesta
por haber nacido y verse en el sordo ambiente
de unas voces alzándose entre tanta sangre
como la costumbre y el trabajo de otra forma de vida. 

La sangre no llegará al río,
pero era una y líquida y la misma
corriendo por las venas de mis ojos
y al descubierto como el cuchillo del matarife.

La sangre no llegará al río,
pero los ladrillos aún siguen estando rojos
y en pie como parte del artesonado de una historia
que cambia, ríe, se divierte y llora
en un triste y desgarrado lamento.

                                         Miguel Galanes

sábado, 12 de octubre de 2019

Dos haikus de otoño y patio



Suena mi patio 
con las primeras nueces 
tamborerías

* * *


A la caricia 
de mis manos esperan 
las aceitunas


miércoles, 9 de octubre de 2019

Un poema de JM Barbot: Los equidistantes



         La poesía, nacida oral, exige hoy ser expuesta a los aires, a los soles. En pasquines clavados a los postes de la luz o pegados en los muros-tapias de las audiencias y las pantallas. JM Barbot la busca también en las estelas enterradas, en la luz mediterránea de los itinerarios de Polibio, en los escasos vestigios de los oretanos. Barbot es poeta de convicción y arqueólogo. A más de vallisoletano y vallecano. Y ha dado recién a la tinta, a los muros, a los ojos de los otros, su segundo poemarío, Agua serás y lo olvidaste, que ha editado Lastura. Lo abre un poema donde explora el campo semántico del agua como pretexto para indagar por la dicotomía entre esencia y existencia, ese ser y estar en donde la vida nos hace confluir sin nuestro permiso ni búsqueda, ese vértice de pasado y futuro que supone el acto de vivir, esa tensión de formas, ese proteico molde con el que nos acomodamos o soportamos los días. Pero al mismo tiempo esa necesidad que supone el amor como amalgama de espera y deseo que nos conforma. Y es que el libro de Barbot vive en la carne, en la trama existencialista, vive en el cuestionamiento de modos, maneras y actitudes, en la observación reflexiva del barro que traemos en las manos, según sus propias palabras. Y hay una manifiesta toma de partido. El poeta no aparece neutral, como en Tú y yo, donde se reafirma en el compromiso de ser más allá de las necesarias máscaras y las imposturas que lo cotidiano exige. Cuidado en sus formas, exigente en el lenguaje, el poemario no se distrae en el poema como fin, sino que lo entiende como arma propedéutica del conocimiento, como punzón con el que atravesar el vientre de la verdad, la confusión de las multitudes, las paradojas de las pretendidas certidumbres. Y aunque el lector inadvertido pueda echar en falta algo de rabia en las propuestas, el más avisado se complace con la serena inteligencia del conjunto.También y tanto en la atinada ironía critica con que se acerca a las realidades (poemas como Farsante, Uniforme, Los equidistantes) como por las grietas armónicas del mundo que sugiere.
Un acierto, un paso al frente y fuerte, cabal y decidido, de un poeta en los últimos cursos de formación. Del que más esperamos.

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Los equidistantes

Son aquellos que siempre dicen pero,
los que ponen en duda las consignas
y se detienen en las zonas grises
cuando otros sólo aceptan blanco o negro.

Los que dan importancia a los matices,
a la letra pequeña y al detalle,
y se visten el traje del de enfrente
para ver lo que ve desde su lado.

Los críticos que piensan por sí mismos
en lugar de tragar ideologías
que vienen masticadas y en conserva,
listas para el consumo de borregos.

Y son llamados tibios y cobardes
por los inmaculados de ambos bandos,
son blancos de las furias y purezas
de los que trazan líneas en el suelo.

Son redichos como un Pepito Grillo,
incómodos como un niño sincero,
mestizos sin lugar en el rebaño.

Y por eso en cualquiera de los frentes
hay siempre un paredón que les aguarda.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Consejo de redacción de Octubre. Al regreso de la Isla Grande

Planta del papiro (Siracusa)



     Volvió el jefe de la isla grande. Ni satisfecho ni descontento, más bien en la serenidad y sus caminos. La que descubrió cuando decidió, ha tiempo, defenderse de la prisa. Volvió horro de lecturas, pero no sin voluntad de oficio. Miren, se atrevió a comenzar su homilía, porque todo poema conlleva ser un acto de lenguaje, es preciso el esmero en su fluir, el cuido sin fisuras de las formas. Con pocas cosas sufre tanto la lengua, y por ende el poema, como con los disfraces del barroco o los harapos de la falsa humildad, con los oropeles innecesarios o la desidia buscada, con la ausencia de sosiego o las torpezas constructivas. En poesía, escribir como se habla no supone aceptar lo conversacional como norma. Levantó entonces la mano la becaria, que está que arde, casi torrá: bien sabemos que el útil del poeta es la palabra, y ese asunto de que su empleo debe cultivarse es de cartilla Rayas, el problema, permítanme, es preguntarse para qué existe la sed, dicho sea machadianamente, quiero decir ¿las palabras existen para revelar lo real o para encubrirlo? El Jefe se vino arriba. Vieja cuestión esa de qué es revelar, la de qué es encubrir. ¿El sol revela, la sombra encubre? ¿Ha tratado alguna vez, usted, redactora todavía becaria, de señalar en el suelo con un lápiz la línea que separa la sombra del sol? ¿Ha comprobado su indefinición, su fugacidad, su falta de rigor? No hay otra imagen mejor que esa para definir el oficio del poeta, sus inacabados intentos, la penumbra de sus trazados, lo inconcreto, lo que es y no está, su memoria de futuro. Tal es nuestra relación fronteriza con la palabra y sus usos. Y como en tantas otras situaciones, quien oficie este oficio ha de hacer virtud de la dificultad, porque es justamente esa incapacidad para la exactitud el alimento que nutre al vero poeta, forzado como está en hallar para las palabras comunes aristas nuevas en sus significados. Es en ese filo donde la poesía existe o no existe; más allá o acá de la emoción que pueda ser capaz de trasmitir. Intervino otoñal el redactor colmillo. Dicen que dijo Wittgenstein “Que lo que existe exista es asombroso”. Y yo os pregunto ¿Es asombrosa la poesía? ¿Convenimos que existe? El Jefe propuso dejarlo para el mes siguiente. Como un deber escolar. O pedir un informe al Redondo ese. Continuará.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Dos poemas de Miguel Ángel Yusta: De "Reflejos de un espejo roto"




        No es un espejo roto sino un corazón trilzado. El libro del aragonés Miguel Ángel Yusta se dirige al centro mismo del combate. Al lugar en donde el tiempo hiere y sólo hay una certidumbre futura. No quiere hablar de amor, confiesa cada vez que lo nombra, porque supo que es la única arma vencedora. Y carece. Todo en sus territorios camina hacia la soledad, hacia la noche, hacia el gran agujero. Un poeta es aquel capaz de rodearlo con levedades de tiza. Y advertirse. Miguel Ángel lo ha hecho. Miguel Ángel es la deleble voluntad de acero de quien se siente atraído hacia y desea avisarse. Avisarnos. El que pretende cercar el abismo con señales y palabras por si. En Reflejos de un espejo roto, que ha editado Lastura, no hay otra cosa sino la verdad levantada de un hombre que anota, mirándola, la avaricia en los ojos de la ausencia. Es el desnudo testimonio de  aquello que alguna vez fue deseo y ahora se nos devuelve como un triste azar manoseado. Hay en sus poemas desconsuelo y compromiso. Con la vida, con lo vivido. Entre los textos del libro, rodando por las páginas, resiste la fortaleza de la música y sus fuentes, queda el don de la amistad sin culpas, pervive la pureza, la paz, con las cosas que ya nada pretenden. El sosiego. Y el monolito húmedo de la esperanza, de la memoria. No tanto como barandas verdes desde donde seguir contemplando, esperando, sino como palacios de fe en donde hallar refugio cierto ante lo silencioso. Y aunque el hombre, el poeta, sabe que lo implacable habita emboscado la luz de un próximo amanecer, no cesará en el canto; al igual que no cesa la lluvia de escribir sobre las playas lentas. Y él allí, solo, enhiesto, justo, junto a la poesía, aguardando tranquilo la voz del mar.  
 


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34

Escucho en soledad todas las noches,
sumido en la penumbra, la música del alma.
Allí están mis amigos
Mozart, Chopin, Beethoven,
Wagner, Verdi, Puccini
y tantos que perviven en el tiempo
como dioses magníficos, rodeados de luz.
La melodía cubre los espacios,
el tiempo se detiene, suspendido.
Ya nada importa, sino la belleza.
Me siento tan cercano
de aquellos instrumentos y las voces 
que apenas me doy cuenta
de que fuera, en el mundo,
a pesar de poemas y de música
cada mañana empezará una guerra.

37

Sobre el oscuro monte, luz de luna
proyectada en el hombre, pequeño e invisible.
Como el rayo de un dios, cabalga en el espacio
y aquí, sobre la tierra humedecida,
solo cabe el silencio.
La sangre y el dolor no cesan en la noche:
ella lo sabe y  llora.
Son de lluvia y ceniza los tiempos de tristeza.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Consejo de redacción de septiembre: De añil manchego


   
Acrílico de Eusebio Loro



        Volvió el Jefe teñido de añil manchego. Dice que en estos últimos días estuvo en el Patio de Comedias de Torralba, en el Palacio de Santa Cruz de Mudela y en la Bodega valdepeñera de los A-7. Y en todos los lugares ejercitando los útiles oficios de escuchar poesía y degustar gin-tonic. Saludos y bien hallados –dijo con voz serena–, vayamos al asunto. A veces nos ocurre a los españoles que buscamos vestir el poema de hálito poético, de trascendencia lingüística y de exceso de estilo. Que se vea a lo lejos, como en rotonda, que es poema. En fin, que solemos ponernos estupendos y con traje de domingo frente al folio o la pantalla. Parece, me dijo Doce, que los anglosajones lo ven de otra manera. La becaria pensó callando: Ashbery también? La defensa del “escribir como se habla” es asunto que se vocea con énfasis y aprecio en las con(versaciones), pero después, sobre el tablero escribidor, el torero se estira y se perfila hasta gustarse. Pretende que se noten sus trazos cultos, sus metáforas ocurrentes, la novedad constructiva. Y suele ocurrir, no siempre por fortuna, que todos esos esfuerzos no son sino postizos miriñaques con que cubrir un poema huero, impostaciones que a menudo solamente consuelan a su autor. Tire la primera piedra aquel que…. (No ha tomado tanto el sol como parece, se guardó para sí el redactor colmillo) No hablo –prosiguió– de aceptar lo socorrido como lugar donde vivir, sino de que el poema nos permita vivir dentro de él sin hacernos sentir extraños, que sea algo así como una casa amable: sin lujos inútiles ni pretensiones de nuevo rico. También ayuda que no intente solucionar los enigmas universales que los griegos dejaron para ahora, sino que tenga por ambición sencilla ser un discurso, un canto que desvele o remarque algún instante vivido o sospechado. En próximos consejos hablaremos de si un poema debe vencer al lector o llevarle de la mano. Y de cómo debe residir en barrios alejados de las costumbres y las certidumbres.
Nadie argumentó en favor ni en contra. Suele ser la norma en el primer Consejo de la temporada. Y está bien.


lunes, 29 de julio de 2019

Escribo siete sin Vicente Martín



 
       Hoy, 29 y julio de 2019, hace siete años -escribo siete temblando- que dimos tierra al cuerpo de Vicente Martín, el poeta. Tengo cada día presente el amparo de su memoria, el arrojo de su sensibilidad para tratar con las palabras, su coraje decidido para engarzarlas y construirlas nuevas. Casi compartimos el tiempo de iniciarnos en el afán de escribir poemas, allá por los mediados de la pasada década, hechos ya a la edad de lo sereno, pero con la inquietud flotando. Me hizo mucho bien su compañía, la franqueza de su amistad, la latitud de su trato. No ha muerto su poesía, que sigue viva en el corazón de tantos. Una poesía árbol, y de tan enorme personalidad que nos sirve todavía de cobijo a quienes con él hicimos camino. Era abulense sin tacha, de abrazo castellano, ágil de inteligencia, fértil para la imagen sorpresiva. Poeta con todos, para todos. Hoy escribo siete temblando. Y es que es lunes último de julio y estoy un mucho huérfano por este costado. Me faltan él y Nicolás del Hierro.

Este es uno de sus poemas finales, el que dedicó a su nieto Pablo que tanto le acompañaba. Pertenece a Cuanto de mí puedo contaros, libro antología que Huerga y Fierro editó hace unos años y que sigue en plena vigencia.

Poema para Pablete

Ser mayor
no es sólo acostumbrarse a los diluvios
que dividen la carne,

no es sólo columpiarse en un desfile
de doncellas estúpidas,

resulta que he pasado la vida imaginando refugios
cavados en el cielo,
recitando plegarias y aplaudiendo
desnudeces equívocas,

que ahora admito que lleguen sin permiso de hacienda
naufragios repentinos
y el temor se me arruga como un trapo,

pero un día descubro que los miedos estaban infundados,
que si cierro los ojos veo más nítido
y en un solo minuto cabe entera
la magia de un milagro.

Ser mayor me ha traído, por ejemplo,
la alegría de Pablo,
las manos sin cortinas y los brazos minúsculos de Pablo
y con ellos la luz,
un prodigio de luz que me permite mirar al día siguiente
y saber que la vida
se me puede agotar pero no acaba;

y ahora sé que habrá alguien que recorra en sus risas
mis países utópicos,
alguien con mi apellido,
vulnerable,
pequeño,
de quien voy a aprender que desdecirse es muy fácil
y volver a la edad de la inocencia
un gesto necesario,
a quien he de guardar de la impiedad de los lobos
y del gato que duerme en el desván de las prisas.

Yo te voy a advertir, querido Pablo,
que te vas a enfrentar a horas larguísimas
en que a cada minuto te avergüences
de un cuándo
o de un porqué,
que te vas a encontrar aves rapaces donde ayer te dijeron 
que había pájaros
y tendrás que admitir que la distancia más corta casi nunca
será una línea recta.

Y verás que las playas del sur también existen,
que las olas no saben de puntos cardinales,
que en el norte
alguien pone palmeras y no hay nieve,

que a pesar del esfuerzo por hacer de las ruinas un vergel
los desiertos transcienden y nos llevan
a un exilio muy lento.

Pero aquí estaré yo, mientras que pueda
celebrarte en mis versos,
sosteniéndote a ti
y envejeciendo
de vanidad por ti, lleno de orgullo,
sesentón, cascarrabias
pero ufano, dichoso y presumido de un nieto como tú.


viernes, 28 de junio de 2019

Consejo de redacción de junio: La canícula anunciada

Óleo de L. S. Lowry



     Buenos días. La canícula. Lo dicen las televisiones. Todas. Este es último Consejo de redacción de la temporada –dijo solemne y descuidado a un tiempo. Con las calores cede en Madrid la presión para asistir a actos poéticos y se divisa el asueto.  Pero quedan las redes y su desatino, pueden consultarlas en cualquier lugar y ocasión. Amorrados al móvil. Eso sí, sean ustedes selectos. Hay noticias que merecen. Búsquenlas. Esta por ejemplo: hemos sabido que estuvo en Madrid José Luis Rey, en la cripta del Gijón, en la prestigiada tertulia de Justo Sotelo, donde habló de su desbordado afecto por los gatitos que acompañan su vida, Remo y Lucho, y donde defendió que lo animales son miembros de nuestra comunidad moral por estar dotados de moral como estructura y contenido. Justo Sotelo termina la crónica con esta reflexión. En cierto momento José Luis nos contó que se quedaba embobado viendo moverse y comportarse a sus dos gatos, y por eso decidió escribir el libro. Mientras le escuchaba pensé que así nacen el pensamiento y la cultura, de un hecho cotidiano, de ver cómo cae una manzana, llega el agua a la playa o sale el Sol. Ya ven, pura delicia subterránea. Continuó el Jefe: Como no se puede estar en todos los sitios, y siempre hay momentos interesantes, Carlos d´Ors es otra fuente infatigable de conocimiento al que hay que seguir en sus informaciones. Acudan a él, es hombre activo y en plenitud de amistades. Lo hallarán en la vida y en face. También infatigable en sus reseñas y noticias editoriales es el poeta Santos Domínguez. No se lo pierdan. Sepan que Cicerón dejó dicho: Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros. Es la frase con que Martín Rodríguez Gaona comienza su ensayo sobre la nueva lírica de masas (Defrens, Sastre, Marwan, Loreto y otros). La lira de las masas, lo titula. (Lira no ira, masas no musas). Santos Domínguez divulga su aparición con la intención de que logremos comprender el fenómeno. Máxime ahora que Elvira Sastre ha anunciado que va a llenar (21 de noviembre) el WiZink Center para que la escuchen leer junto a un guitarrista. ¿Creen ustedes que lo lograrán? Yo sí. Y pagando. Un caos genial, aseguran ellos (y aseguro yo). Intervino la becaria: Está usted algo anterior, Jefe, todo esto es producto de la crisis de la ciudad letrada, algo propio de los nativos digitales, hay nuevos paradigmas en la emisión, trasmisión y recepción de la poesía. Esta eclosión incontrolada es producto de nuevos valores: la autopromoción, la oralidad electrónica, la rentabilidad de la escritura adolescente. Escribir pensando en lo comercial que no en lo literario. El asunto es estar, estar, estar y aparecer, el asunto no es ser.
      De acuerdo –aceptó el Jefe–, pero en este territorio de masas virtuales es posible encontrar a francotiradores excepcionales, preocupados por la calidad y cualidad del lenguaje, borgianos empedernidos, tal es el caso del talaverano Alfredo J. Ramos que sigue destilando romero casi a diario. No me resisto a darles su aportación de ayer en fotocopia. Hela:
(Hablarle a Borges, 73). Dicen que Borges dijo o escribió: «Eso de que el plagio es la forma más sincera de la admiración, creo que es cierto».
Y nada más leerlo se me ocurre: «A mí también me lo parece. Nunca he entendido esos enfados monumentales de quienes han sido suplantados sin mayor menoscabo que el mero intercambio de nombres. Es más, intuyo que esas actitudes, con el ridículo egotismo que revelan, acaso demuestren un no estar a la altura del azar favorable».
Adenda: Hay, además, una definición del plagio en el “Diccionario del Diablo” de Ambrose Bierce que lo subraya: «Coincidencia literaria entre una prioridad carente de mérito y una posterioridad honorable». Y es que el plagio, como un directo homenaje, lo que muchas veces acaba fundando es el valor de la obra plagiada. El caso del «Quijote», con la reacción que Cervantes tuvo ante el “agravio” de Avellaneda —y ahí sí que había, además de una probable querella y afrenta personal, un conflicto económico—, es paradigmático: sirvió para que Cervantes traspasara, por así decir, los límites de su propia obra llevando la escritura de ficción a un terreno inexplorado y radicalmente nuevo: la invención de la novela moderna. Confundir el arte con la propiedad y las segregaciones del ego es, como mínimo, un signo de profunda miopía.
      Esto si me interesa, Jefe, aunque venga en fotocopia, soporte viejuno –dijo el redactor colmillo–; en el XVII era muy celebrada la costumbre del centón.  Aquellas enormes cantinelas versiculares fabricadas tomando versos conocidos, o no, de poetas de éxito. Las cosas son distintas ahora. Dicen que la justicia ha sancionado a algún atrevido oportunista que había remozado con éxito, y con nocturnidad, lo del corta, une, lima y pega. El asunto es que su afición no buscaba divertimento, sino que era usada para obtener ganancias económicas en ciertos premios. Fue a los tribunales por decisión de algunos de los plagiados. Hubo juicio y condena. El artículo de Alfredo y Borges llega tarde para él. Hubiera sido excelente testimonio ante el juez. Poder alegar que los demandantes en lugar de perjudicados debían sentirse alagados, acariciados. Así está el mundo de los poetas antiguos.
      El Jefe recordó que las televisiones decían que haría calor. Lo virtual es ahora lo real –dijo severo–, tanto en poesía como en meteorología. Ante el agobio anunciado, y lo áspero de la meseta, la asamblea acordó autodisolverse hasta septiembre. Nadie dijo donde iba. Ni si tenía patio.