miércoles, 21 de mayo de 2025

Entrevista recordada

 

En 2019, Francisco Castañón me envió un cuestionario para una entrevista escrita con el fin de publicarla en Entreletras. Se publicó. 

No la recordaba, me la termino de encontrar en la red. Releída seis años después, me afirmo y compruebo que lo que ya me rondaba en la evolución de los temas, aquellos que me comenzaban a interesar por entonces, se confirmaría con Aquí y con el reciente Fuentévar. Más reflexivo resultó En donde resistimos. En fin, la vida.

Francisco Caro



FRANCISCO CARO SIERRA (Piedrabuena, Ciudad Real, 1947), poeta y profesor de Historia, ha publicado hasta la fecha más de una docena de libros de poesíaSalvo de ti (2006), Mientras la luz (2007), Las sílabas de noche (2007), Lecciones de cosas (2008), Calygrafías (2009), Desnudo de Pronombre (2009), Cuaderno de Boccaccio (2010), Paisaje (en tercera persona) (2010), Cuerpo, casa partida (2014), Plural de sed (2015), Locus Poetarum (2017), El oficio del hombre que respira (2017) y Este nueve de enero. Antología Poética (2019). Su obra ha recibido numerosos galardones, entre los que cabe mencionar los premios Juan Alcaide, Ciudad de Zaragoza, Ateneo Jovellanos, Ciudad de Alcalá, José Hierro, Leonor o Antonio González de Lama. Asimismo, es colaborador habitual de prensa y revistas literarias como Cuadernos del Matemático, La hoja azul en blanco, Númenor, La sombra del membrillo, Manxa, Piedra del molino, El invisible anillo, Imán, Barcarola

Entreletras ha conversado con Francisco Caro, una de las voces poéticas más destacadas e interesantes del panorama literario actual.

—Usted comenzó a publicar poesía en plena madurez, pero ¿cuándo comenzó a escribir poesía Francisco Caro?

—No mucho antes, apenas cinco o seis años antes de la primera publicación, realizada en enero de 2006. Lector ávido lo he sido siempre, pero el paso del poema ajeno al poema propio sucedió alrededor del cambio de milenio. No sin cierto temblor, no sin cierta desconfianza.

—¿Por qué se decidió por la poesía como forma de expresión literaria?

—No hubo decisión. Nunca tuve que elegir. El lenguaje poético fue mi casa desde el principio, sin tentaciones foráneas. Siento la poesía como algo alejado del discurso narrativo, de la trama, de la descripción. Territorios propios de otros paisajes literarios. Es cierto que, cada vez con más frecuencia, encontramos poetas que hacen expediciones al campo de la narrativa, donde la repercusión social y mediática suele compensar con más generosidad los esfuerzos. Aunque yo pienso, por los casos más próximos, que sin duda la causa es porque sienten esa urgencia, la de contar historias. Yo carezco de esa motivación, al menos en la actualidad. Me basta para mi sosiego con traer contadas las palabras con que apuntalar emociones. Creo en el poema.

El oficio

—Una docena de obras publicadas hasta la fecha y varios premios muy prestigiosos recibidos. ¿Con este bagaje literario qué balance puede hacer de su trayectoria como poeta?

—Es sabido que la calidad de una obra y la obtención de premios poéticos con ella no guarda una relación tan directa como puede suponerse, lo que no empece para que el logro de cualquiera de ellos sea un reconocimiento aventado que en cierta forma satisface. Suelo decir que los premios no deben ocultarse ni llevarse en procesión, tan sólo suponen que en un momento dado, y para el criterio de un jurado concreto, tu obra es más atendible que las otras con las que compite. No es criterio absoluto de calidad sino comparativo. He tenido la fortuna de que en algunas ocasiones mi aportación ha sido atendida. Los premios, más en la primera etapa, supusieron para mí una cierta dosis de confianza, que siempre he agradecido. Debo añadir que nunca he escrito para los premios, pensando o no en su obtención, sino que estos han venido a posteriori, como legítimo y alternativo camino a la publicación. Creo que se niega el principio esencial de la poesía —que no es otra cosa sino creación— si se escribe desde el oficio y la rutina con una intencionalidad finalista. Casi por mitades mis libros han sido publicados unos con premio y otros sin él. En todos los casos me siento satisfecho tanto de su repercusión como de la consideración que han merecido entre amigos, críticos y lectores; sabiendo que casi siempre se reúnen los tres en las mismas personas.

—Usted declaró en una ocasión que la poesía es algo que no se aprende, se lleva dentro. ¿Cuánta poesía lleva aún dentro de sí Francisco Caro?

—Para escribir poesía es necesaria cierta técnica, eso es indudable. Dice Margarit que los que deseen ser poetas y quieran aprender deben tomar un lápiz y un cuaderno y copiar lentamente los grandes poemas existentes. Ese tiempo dilatado, esa lupa, les debe permitir acercarse a los centros esenciales de la construcción poética. Mi caso vino por una acumulación lectora. No obstante, me obsesiona el proceso por el que una sensación pasa de la conciencia de su percepción al papel. Crear un poema es intentar apresar un fragmento de la poesía que el aire contiene. Hace falta mirada, olfato, oído para elegir, pero también habilidad técnica para apresarlo con justeza. Algunos de mis libros tratan de esto, en especial Cuaderno de Boccaccio y Locus poetarum. Pero tengo para mí que, sin tensión poética en los adentros, toda la capacidad técnica de expresión que pueda aprenderse deviene estéril, apenas una mueca, juegos de tiempo entretenido.

plural

—¿Qué temas principales destacaría en su poesía escrita hasta ahora?

—Uno de ellos lo termino de mencionar, el milagro del hecho poético, el enigma a través del cual la mirada, la percepción, lo emotivo, logra convertirse en acto, en el objeto al que solemos llamar poema. Es lo que en el lenguaje coloquial suele llamarse metapoesía. Ese uróboros con el que nos solemos entretener, porque nunca llegaremos a robar su secreto. Pero en general, la vida. Entendida siempre como un viaje sin excusas, al que es necesario acudir. Añadamos el amor como vuelo y como desgaste. También la memoria que nos construye y la contemplación de los instantes, de los paisajes. Como detalle, quisiera referirme a un aspecto que alguien me ha hecho notar, que es la abundancia de los nombres de meses en mis poemas. Le he intentado buscar explicación: puede que signifique el paso del tiempo por nuestra conciencia y la modulación de sus intenciones, lo que suele llamarse poesía de la edad por el profesor Morales Barba. Quiero entender que para mí es una estrategia útil por su significación, ya que a cada mes corresponde un color distinto, una espiritualidad sentida de otro modo, una disposición de ánimo característica.

—Usted es natural de Piedrabuena, una espléndida localidad de Castilla-La Mancha con mucha historia. ¿En qué medida ha influido en su obra poética la tierra donde nació y a la que sigue vinculado?

—Tuve la suerte de convivir durante años con el poeta Nicolás del Hierro, natural también de Piedrabuena y recién fallecido, lo cual ha significado para mí una fortuna, por su amistad y por su magisterio, aunque nuestras formas poéticas sean diferentes, como es natural. Por otra parte, creo que hay bastante de los paisajes de mi infancia y de los físicos de mi tierra en mi poesía, aunque debo reconocer que siempre de manera más tangencial que explícita, más como escenario que como protagonista principal de la obra. Piedrabuena, en el límite de La Mancha con los Montes de Toledo, es una zona de paisajes privilegiados y a la que sigo ligado vitalmente. Suelo decir que vivo a caballo entre Madrid y mi tierra natal.

—¿Cuánto de biográfico hay en sus poemas?

—Lo justo, lo necesario para que el poema sea verdad. Sigo sintiendo pudor por los detalles, mis poemas no son en absoluto confesionales, más acá o allá de algún pequeño desahogo, licencia que se va acrecentando últimamente y de la que creo que debo cuidarme y/o curarme. No obstante lo dicho, estimo, para mi defensa, que quienes bien me conocen me reconocen en lo que escribo, lo que para mí es suficiente y garantía de no hacerlo en el vacío.

—¿Qué autores o autoras han influido más en usted?

—Sin ambages: soy hijo de las generaciones del 27 y de 50, con pinceladas de la del 36 (Hernández, Rosales…), los poetas de mi siglo. Influencias típicas del tiempo de formación que me tocó vivir. También hijo de nuestros clásicos del XVI y XVII. Sin saldar esa deuda con la mejor tradición española no creo que me hubiera atrevido. Sigo leyendo a los poetas actuales y su dispersión de campos, a los traslúcidos y a los herméticos, a los vivenciales y a los metafísicos, a los espirituales y a los de la mirada crítica. A veces abandono, sin mala conciencia, algún libro antes de su final.

—Dígame, ¿hacia dónde camina en la actualidad su poesía?

—En lo que soy consciente, y manteniendo mi aversión a lo obvio en el poema, creo que voy hacia una poesía algo más cordial con el lector, según me dicen. Eso en cuanto a las formas. Por lo demás, procuro no traicionarme, pero últimamente me dejo caer en la tentación del flaneur contemplativo que se tensa en la dicotomía de los paisajes exteriores e interiores. Me doy cuenta después. Bien sabemos que uno no es dueño de lo que escribe, salvo que mienta.

—¿Cómo ve el futuro de la poesía en esta nueva era digital, donde los contenidos audiovisuales parecen ganar cada día más terreno a la palabra escrita?

—La palabra no ha encontrado todavía rival en la imagen, la imagen es complementaria de la palabra, o viceversa, pero jamás alternativa cierta una de otra, más allá de algún intento. Ambas son significante y significado. Otra cosa, ante la acometida de lo digital a lo analógico, es la cuestión del papel como soporte, ese sí que está en peligro. No tan próximo como nos parecía, pero en peligro de futuro. Nuestra generación lo mantendrá, pero creo que su próxima vida será más como superviviente que como necesario. Lo digital es un cauce poderoso para la poesía, mucho más que para la narrativa. De ahí el tremendo auge de ciertas formas poéticas —¿sencillas? ¿simples?— de agitación inmediata que todos conocemos y de las que no pienso opinar. En general las redes son un gran instrumento para divulgar y conocer. Con el peligro de que lo vulgar y lo cultivado pueden aparecer a los ojos de muchos no advertidos con el mismo nivel de verosimilitud y aceptación, lo cual es un riesgo gravísimo en la formación de la opinión y la conciencia pública. Pero ese es otro tema.

nueveenero

—Son numerosas las voces que expresan el buen momento por el que pasa la poesía española en nuestros días. ¿Comparte esta opinión?

—No. Si atendiera al número de personas que la practican, diría que sí, seguro. Existimos más presuntos poetas que los mil en cada calle que decía Lope de Vega. Y está bien que quien desee escribir poesía, o intentar escribir poesía, lo haga. Faltaría más. Pero si atendemos a la demanda social, al número de lectores avisados que los poetas convocan, no tanto. Ni el diez por ciento de los que escriben compran, difunden, leen. Y si lo hacen es más por amistad y compromiso que por devoción (salvo los que sabemos y no nombramos). Cuesta romper la sensación de secta. Y en cuanto a otros aspectos, es de notar que no existen tendencias dominantes sino una dispersión que suele ser entendida como beneficiosa, pero que sin duda viene provocada porque no existen figuras a seguir, cumbres con que cautivar, faros que iluminen. Pienso a veces en los pocos poetas españoles actuales que atraen o interesan a lectores, críticos o estudiosos de otros países, en comparación con la inmensidad de traducidos que pueblan las estanterías nacionales. La poesía española está en el momento que está: de cultivo extensivo, de generalización, pero no de intensidad. Han pasado 20 años del siglo y todavía no veo ningún poeta que pueda quedar en la memoria de esta centuria.

—¿En qué está trabajando en la actualidad? ¿Veremos pronto un nuevo poemario?

—Nunca se deja de escribir, con ritmos distintos según las provocaciones con las que nos crucemos, pero siempre hay algo. Y todo lo escrito, dicen, busca camino para mostrarse. En cualquier manera el territorio de la edición lo tengo bien cubierto. Han sido doce libros en quince años. Me parece no sólo suficiente, sino excesivo. No hay urgencias, mas tampoco puertas cerradas. Y siempre en el ascético saber de que en principio nadie espera un libro nuestro y de que su momento será fugaz en el tumulto editorial que nos acorrala. Otra cosa es que, si aparece, debamos procurar que sea útil, bien recibido, que contenga algo de novedad. Repetirnos es un riesgo fácil, suele estar al alcance de todos.

 

jueves, 1 de mayo de 2025

 

F u e n t é v a r

_____



      Me he decidido a publicar  Fuentévar, y lo digo aquí, un lugar casi secreto, para que se sepa poco. El asunto ha sido en Mahalta, en su colección Adivinos. Seguramente lo diga con más altavoz dentro de unos días. Algunos amigos y cercanos lo saben. Aquellos con los que converso más frecuente. Leeré en público, al público que desee, algunos de sus poemas el sábado 10 de mayo en Piedrabuena y el miércoles 4 de junio en Madrid. Suficiente es. Su título exacto es Fuentévar (o De los campos), aunque en la cubierta se simplifique por consideración. Y sí, trata de mí y de los campos míos. De aquella luz que todavía. Tengo la esperanza de que algunos de los instantes o de las emociones que a él se asoman sean capaces de trascender y llegar al lector. En caso contrario, qué inutilidad.

jueves, 24 de abril de 2025

Un poema para Luz Pichel: La zoadeira (la bramadera)

 

A Luz Pichel, tras su lectura de

Cativa en su lughar/Casa Fechada

 
Atas la voz que esconde la madera,
esa forma raíz que ya es palabra,
a ese cabo y le pones
en su final rizados colores de papel,
el azar cartulina de algún naipe.
 
Coges fuerte el extremo
de la cuerda, del cáñamo y rodeas
tu mano y logras
que voltee, voltee vigoroso,
que voltee tenaz el verso y gire
el aire alrededor de tu cabeza.
Gozas su vuelo
sujeto a ti, gozas, zzsum, zzsum…
ahora su vibrar, oyes, pronuncias, cantas
su zumbido, su hueco.
 
Zoas, caminas, casi asciendes,
escribes, logras
que rumie el viento, sientes
el rumor renovado, revelado,
y le añades tu grito de victoria.
Tu monólogo zumba:
zumbas, rozas, rizas, alta ríes, zzsum, zzsum…
 
(Guardas, nos dices,
todavía su acorde,
todavía su brama, su zoar,
sus invencibles círculos, tu asombro
por los deshabitados
lughares de tu casa no fechada).
 


miércoles, 16 de abril de 2025

Dos poemas de MIGUEL MARTÍNEZ



     Conocí, y no nos hemos vuelto a ver (creo), a Miguel Martínez en Campillo de Ranas, uno de los pueblos de la pizarra negra. Estábamos convocados a un recital poético-nocturno bajo el marbete de “Se me está quemando la jalea”. Caminaba, recuerdo, taciturno y escondido tras una lata de Mahou inagotable (¿o eran distintas?). Leyó el último con un desparpajo y un a ras de vida y poesía que no he olvidado. Tan en otra armonía, y tan distinta como la que en mí suena, que desde el principio envidié su desenfado. No he coincidido con él (creo) en mis peripatéticas excursiones parapoéticas. Y lo siento. Luego vi su nombre pegado a premios, y lo entendí: Badajoz, Jorge Manrique y ahora Leonor, con Hermano pulpo, libro desde el que hablo. 

El otro día, un tal JL García Martín le dedicó un texto con el que coincido. Poesía y divertida, hallazgo y soltura, decía. Pues, mira, se agradece. Nos ponemos tan trascendentes en la meseta, que se agradece. Se dedica el poeta, al parecer, a lo de la filosofía en los institutos. Pobre. Le viene bien esta válvula de escape. Lo de escribir “poemitas”, digo (porque él lo dice).

Como muestra estos dos poemas, el segundo y el último.

 

MUNDO INTERIOR

            Profe, tú tienes pinta de tener mucho mundo interior
            (Comentario de una alumna de 2º de ESO)
 
Se vende, se traspasa, se alquila
mundo interior perfectamente reformado
en zona bastante egocéntrica.
Son un total de 39 metros inútiles
bien amueblados de preguntas raras,
dos pasillos largos para la ansiedad,
dormitorio ideal para perturbadores sueños
y amplio trastero de vidas imposibles.
 
Incluye todas las facilidades:
sangriento trauma de infancia,
pánico a la muerte instalado
en todas las habitaciones
y discapacidad afectiva renovable cada año.
Situado en calle Angustia Existencial número ay
no dispone de ascensor al más allá,
pero sí muchas posibilidades
de escribir algún poemita.
 
Aunque todas las ventanas dan
al interior de la autocompasión,
algunas noches la vecina de al lado
abre la ventana de una sonrisa mitológica
y entonces, solo entonces,
tiene vistas.
 
* *
 
BÍPEDOS
 
No te caigas papá,
mi padre camina despacio
bastón en mano
mirando al suelo.
 
Arriba, un cielo paleolítico,
los pájaros derrochan
eterna geometría,
las nubes desfilan
sombrías como lobos
y el tiempo afila
su colmillo de smílodon.
 
La vida, rosa carnívora,
cóndor absurdo, necesita
viejos caídos para engordar
el vientre de la primavera.
 
Mi hermana y yo
nos hemos adelantado un poco,
hablamos del trabajo, los amigos
y todas esas cosas
que tienen velocidad.
 
Mi padre solo quiere sentarse
alrededor de aquella vieja hoguera
con un montoncito de leña
y jugar con las sombras
de cuando éramos niños.
 
Donde vais con tanta prisa.
No sabemos, papá,
no sabemos.


domingo, 23 de marzo de 2025

Poema: Juan Alcaide. Estatua y plaza




Hablábamos ayer unos amigos de Juan Alcaide, de su influencia en la poesía manchega durante tanto tiempo. Para bien, para mal. En el año 2007 estuve en Valdepeñas, en la plaza a él dedicada, ante la escultura que lo recuerda. Escultura que reproduce una conocida foto de Juan con su maleta. Sentado, leyendo y esperando un tren en una estación cualquiera. Cierta malformación profesional, que ya por entonces me aquejaba, me hizo atreverme a uno de catorce.

Al poeta Juan Alcaide, estatua y plaza
 
Ya eres solo colmena de metales
y una mano que crece en el cuaderno
donde escribe la lluvia, pozo tierno
tu memoria de madres y de males.
 
Pozo de nadie, Juan, nunca le tomes
a las aguas su sed, saben que fuiste
la pregunta sin tiempo, vino triste,
vacío corazón, mas no te asomes.
 
Volver, partir, en tu maleta dura
el temor de dejar los jaraíces
cuando suene la aurora. Voz oscura,
 
los relojes del vino dan las once,
y en la plaza que escribe tus raíces,
solo hay pena alcaidiana, solo bronce.
 


martes, 18 de marzo de 2025

Poema: Lenta y fugaz

 
Imagen de M Jesús Beristain


Lenta y fugaz 

       (Esperando a F.B.)
 
Lenta y fugaz es la belleza.
 
Con qué calma atraviesa los instantes
y cómo no reclama. 

Es en sí.
Vive sola. No precisa de nuestra
contemplación.
 
Nunca atiende a rutinas.
Jamás a la decrepitud.
Y elige.
 
Hace lázaros a quienes
ella desea cuando
sutil, inesperada,
aparece y les dice:
Palpad aquí mi herida.

Lenta y fugaz,  
se hace instante un instante.

Y es entonces
posible creer, posible crear.
 


jueves, 6 de febrero de 2025

Un poema 2025: Río Bullaque

 


Río Bullaque
 
 
El agua es la verdad,
también la suya.
 
Alguien lo encarceló,
hizo uso y abuso
de él, y débil,
maltrecho llega
cuando acude a nosotros.
 
A veces se detiene,
duerme en las tablas.
 
O canta en las chorreras.
 
Vive,
vive apenas, mas
vivir así,
vivir si otros te dejan
es ya morir.

 

(De Fuentévar)