miércoles, 17 de mayo de 2017

Jorge Guillén para un Homenaje

      (La becaria está que trina, el que a veces actúa como Jefe le ha pedido hacer de negra. No tiene ganas ni tiempo, le dijo, para escribir unas líneas con que presentar una sencilla lectura de dos poemas de Guillén (Jorge) en un homenaje que el Ateneo dedica a los 90 años de la Generación del 27. No sé a quien se le habrá ocurrido, farfulla, si terminan de hacer dos a Gloria Fuertes y otro a la Generación, están que no paran con este asunto. Un redactor le ha escogido los poemas y la becaria le entrega esto por si le sirve. Pero sigue por lo bajo: no es mi papel, no es mi papel). 

(esto)

Jorge Guillén es el mío, ese poeta enjuto de voz y carnes, que viene en los libros de texto y al que a veces nos hemos acercado para jamás volver. El abstracto, el irónico por inteligente, el poeta-profesor, el del lenguaje geométrico. Bien. Ya no se lleva. Sabéis bien que no se lleva, que pasó su tiempo, el clamor de los homenajes. Recuerdo, os recuerdo que Wikipedia dice que fue el primer premio Cervantes, en 1976.  Ya lo habíais olvidado. Ahora lo más que se le ocurre al español ilustrado que escuche su nombre es escribir un signo igual entre Guillén y poesía pura. Pero él, sabedlo, aseguraba ya en 1934 que un poema debe contener un tanto de poesía y un tanto de ruido humano. Fue poeta en asombro por la realidad, por el júbilo de la luz. Por la perfección de las cosas y la tensión entre palabras. Cualquier poema que de él os lea no lo reconoceréis, si no fuere el del sillón beatus, que no va ser.  He traído para el caso esta edición primorosa de Barrral, hecha en 1979, impresa en offset, mantiene el papel sin decolorar por la luz y que debió ser gigantesca porque se sigue vendiendo en librerías y puestos de ocasión a dos euros. Sic transit gloria mundi. Serán dos poemas cortos. Pertenecen a Aire nuestro, en su producción final: 

(poemas)

1

Más allá. ¿Dónde? Donde tú concluyes 
y principia ese mundo que te ciñe 
por todas partes. En el aire cosas 
que la luz te descubre y son las metas 
de tu poder. ¿Te angustia el mundo? Mira 
ese mundo es amigo necesario. 
¿Misterioso, versátil? Sí, difícil. 
Rechaza el miedo y ríndete al asombro 
si te das cuenta bien de tu aventura, 
formidable.

 *
Mi jardín está en medio de la vida, 
de la ciudad, del mundo, de los roces 
con esas asperezas verdaderas 
del diario vivir, que es el de todos. 
¿Paraiso, muy lejos? No. Jardín 
a tu alcance, por entre tanto fárrago. 
Y un hombre en su minuto, al fin sereno. 

2

"Perdido entre tanta gente..."

"Gente", también "otredad", 
lóbrega palabra fea 
que solamente va 
de docto en docto saltando 
para siempre resonar 
como dicha por embudo 
gracioso en un carnaval 
de máscaras que jugasen 
a dar pavor... 
                           ¡La otredad!

sábado, 13 de mayo de 2017

Un poema de Javier Díaz Gil




      No es un poeta de obra extensa. Ni sus poemas se derraman. La poesía y la persona de Javier son amigas de la contención. Obtuvo el premio Nicolás del Hierro en el 2000 con Hallazgo de la visión y desde entonces apenas alguna plaquette, poemarios cortos, como Vivo extramuros y El Ángel prometido, que unió en una publicación de 2011. Recientemente, y con Ruleta Rusa –¡ay!–, ha aparecido La palabra y la carne de donde extraemos el poema. Dedica parte de su tiempo a moderar una tertulia poética que ahora reside en los bajos de la cafetería Santander. Pero todo eso es literatura adherente. Javier es en realidad una persona donde la poesía escarba, excava. Donde la poesía es presente continuo. La palabra y la carne, libro delgado y tenso, no es sino la encarnación del hombre entre la emoción y la materia, entre la idea y el tacto, entre lo atisbado y la cicatriz. Poemas breves y plenos de densidades para decir el amor, para decir el asombro. Poemas como "puentes de luz" para cruzar las carnes erizadas. Y las carnes huidas. Poemas que eligen el roce detenido, la piel en pálpito, la realidad fungible. La entrega y la consumación. Se levantan para la verdad de lo finito, y junto al tiempo en tasa, desde esa parcela mínima del mundo que algún dios –tan generoso como malvado– ha tenido a bien concedernos. Lo que para algunos puede ser angustia, desasosiego, para el poeta Javier Díaz Gil es constatación primero y después necesidad de amparo. El no regreso, la sangre que nos desnuda, las sombras y sus verbos, la anorexia y su cera consumida, el cáliz de los inviernos: de todo ello anota el poeta. De todo teme. Pero Javier Díaz Gil es un ángel de mano trémula que conoce cómo un cuerpo puede ser refugio, ara de salvación, o hielo donde se estrellen las palabras. De ambas realidades trata este libro, escrito desde dentro y hacia adentro. Voz que sale para volverse. Siempre pura. Decía Jorge Guillén que un poema debe contener un tanto de poesía y un tanto de ruido humano. Pues eso. Aquí.    

18

Es en tu piel secreta
–la que se esconde
bajo tu blusa–
donde quiero morir.

En una gota de sudor
me encarnaré
–tras los primeros estertores–.

Resbalaré
–como la punta de una lengua
golosa–
desde tu nuca.
Barreré tu hombro y tu cuello,
Transitaré,
–puente de luz–
      por el inicio
      vertiginoso de tu pecho,
            la oscuridad de tus pezones,
                el salto mortal de tu vientre.
Serán
mis diez dedos agua
                                  atravesando
               tu cuerpo.

La sal,
una sombra en tu blusa:
silencio.

jueves, 27 de abril de 2017

Poemas nuevos de Jesús Aparicio

      Lo he dicho alguna vez, no sé si en público, en privado o si de forma tan rotunda: Jesús Aparicio es el único poeta español capaz de ser un haiku. Porque vive y escribe a flor abierta las sensaciones que el instante y el entorno le provocan. No es su afán tanto el de construir poemas como la necesidad de contarse y contar a cuanto le rodea las emociones que las cosas le sugieren. Poco, mínimo, pequeño. Es un poeta sin ojos para lo mayúsculo. Una silla, un hoyo en el patio, el color de las hojas, una gota de lluvia, las abejas (que son, dice, el reloj del mundo). Sabe que la vida se resuelve muy cerca de él. Cuando no pasa nada –escribe– es que algo sucede sin nosotros. Es un poeta en alma. Arqueología de un milagro, que ha publicado el sello Ruleta Rusa, es un libro levantado a pasitos. Para no molestar. Dispuesto como un arroyo que fluye continuo y delgado, sin capítulos, sin apartados. Todo es uno, todo es común en esta poesía de verde y viento. Aquí no hay elegía, sino música del presente y esperanza. Hay mucho de oriental, de rumor zen que niega la impostura. La piedra es tan fugaz como la nube. Y el poeta que es Jesús Aparicio escribe con las manos del alfarero que espera el alba. Se renace del barro, se vuelve de la muerte, porque el mundo no es sino una constante recreación. Un ser es otro. Poesía de ojos limpios, apenas sin metáforas, que procura el concilio con su propia forma. Tanto así, que el poeta busca descansar de cuando en vez, sin abuso, en la arquitectura convenida del haiku. Se va la araña/ sobre la tela muerta/ brota otra flor. Todos los poemas respiran momento y Naturaleza, y en pocos asoma la superioridad moral que los humanos acostumbramos a exhibir, más bien al contrario. Hay en el poeta Jesús Aparicio un hombre que teme el grito, pero que anhela ser con, la tentación de fusionarse y la voluntad de andar al unísono con cuanto vive sin ruido. Los gorriones, como lugar de lo débil, de lo humilde, de lo diminuto, son el símbolo del gozo que su poesía aventa. Tanto en aquel donde se engendra como en aquellos que la reciben, que la esperan, con el pecho en saja.

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Predicciones

Anteayer, hoy nevaba.
Ayer decía lluvia.
Ahora el sol nos deja fríamente
su última palabra
y tú no sabes nada del mañana.
….
Justicia

De la rama del árbol que sustenta
a gorriones y avispas
arranco un manzana y la reparto
con las hormigas de jardín.
….
Memoria de un inquilino

En mi casa hay un  nido
de golondrina
que sobrevive
a todos los inviernos;
cuando ella vuelve
y me mira a los ojos
se extraña y duda y no
me reconoce.

jueves, 20 de abril de 2017

Un poema de Raúl Nieto de la Torre: Enséñame...

      

      Los poetas no viven en una ampolla de cristal. Digo algunos. Los poetas andan las rúas atropellados por multitudes. Y en otras ocasiones calles de par en par vacías. Hay poetas que buscan lo bienhechor de la soledad y la soledad se les aparece con las fauces abiertas. Hacen faltas zapatos apropiados para sendas sin guía. Los senderos que te arropan y los del viento helador. Lo digo por Raúl Nieto de la Torre, poeta que nos ha sorprendido con un libro tejido de hombre solo y de desconfianza, de ternura triste y débiles amparos. Un libro diferente al decir que acostumbraba. Hierro candente a la doma, selva que desbrozar. No suelen transitar por ahí los poetas espectáculo, eso que buscan construir sobre la paradoja y lo sobreentendido, sobre la complicidad de los socio-político o para el búcaro sospechoso de la emoción. Es difícil escribir desde el individuo tomado en armas por la soledad. Ese vaho agrio. He leído Leopardo, el poemario editado recién por Tigres de Papel. Y no hablo de un poema, aunque uno comparta, hablo del color, del bronce sin eco, de un voz que regresa a su origen apenas emitida. No es un libro escrito con las tripas. No hay contención, pero tampoco desborde. No es un desahogo. Es un libro para saberse sin disimulos, para hablarse sombra frente a sombra. Escrito por un poeta que sabe que la poesía existe porque ha conversado con ella. Y porque se juraron no traicionarse nunca.

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Enséñame a aprender lo muerto.
La vida es una piedra que se convierte en mariposa
o cae al suelo.
Enséñame a que no caigamos, a que no sea
la vida un cuerpo mudo en un pasillo.   

Pero has de saber
que la primera piedra
había salido de mi mano
antes de que llegáramos al mundo.    

jueves, 6 de abril de 2017

Consejo de redacción: abril y ¿qué hacer?


Ilustración de José Caballero para
 "Caballo verde para la poesía"
      

      Mis queridos – dijo el jefe con voz que presagiaba disturbio interior– la tribu vive asediada. Mientras estuvimos ocultos en el subte, nuestra invisibilidad nos protegía de pestes y alimañas, pero ha bastado que algunos de nosotros se hayan infiltrado por las alcantarillas de las pasarelas, o que otros hayan procurado hacerse notar alargando el cuello, para que acudan con colmillos a nuestros alrededores. Una plana del diario El Mundo, la que intentaba mostrar que la poesía sirve para el medro entre la jet, ha venido a levantar cien costras. Y ahora todos se atreven. Cursis o fracasados sin remedio son calificativos que se usan como astillas. ¿Debemos defendernos? ¿Contraatacar? ¿Volver a la caverna? ¿Hacernos el rajoy, quiero decir seguir como si no nos enteráramos?  Aquí sobre la mesa –y lo puso ante los ojos en miel de la becaria- les dejo este escrito firmado por Alejandro Zambra (chileno y novelista) que apesta a renegado de la causa. En un par de horas quiero otro, de similar extensión, que organice una respuesta coherente. A las armas. Punto por punto.

Contra los poetas

"A los veinte años ya acumulan experiencias importantes: han publicado poemas en revistas y antologías, han participado en talleres, han escrito artículos para anuarios escolares y quizá han concedido una o dos precoces entrevistas. Ya tienen listos sus primeros libros, que están a punto de aparecer en editoriales emergentes. Son libros muy malos, pero por ahora eso no importa. Sus poemas son largos y sentenciosos, abusan de los gerundios, de los signos de exclamación y de los puntos suspensivos. Leen a Vicente Huidobro, a Delmira Agustini y a Oliverio Girondo, pero sobre todo se leen los unos a los otros, en interminables sesiones sólo a veces amistosas.

A los veinticinco años ya han renegado de esos primeros poemas, que consideran lejanos pecados de juventud. Esperan encontrar pronto la madurez como poetas, que a ellos les importa mucho más que la madurez como personas. El segundo libro cumple con creces el objetivo: no es bueno, pero indudablemente es mejor que el primero. Dicen estar todavía buscando una voz propia y mientras tanto planean antologías que incluyen a todo el grupo, pero nadie quiere escribir el prólogo, pues nadie desea correr el riesgo de convertirse en crítico literario.

A los treinta años ya han sufrido varios desengaños. Han sido incluidos en antologías nacionales y latinoamericanas, pero han sido excluidos de otras tantas publicaciones y les cuesta muchísimo aceptarlo. Por momentos escriben solamente para demostrar cuán arbitrarias han sido esas exclusiones. Han publicado, a esta altura, tres libros de poesía. Han fundado dos editoriales y cuatro revistas literarias. En sus reseñas biográficas se afirma que han participado en más de trece –en catorce– encuentros de poetas y que sus libros han sido parcialmente traducidos al italiano. En realidad les han traducido solamente un poema, pero da lo mismo: los han traducido, eso ya es mérito suficiente.

Recién a los treinta y cinco años comienzan a incomodarse cuando los presentan como poetas jóvenes. Ahora dictan talleres en los que aconsejan a sus alumnos que eviten los gerundios, que cuiden los adjetivos, que declaren la guerra a los puntos suspensivos y a los signos de exclamación. Les inculcan la suprema libertad creadora, pero les prohíben una lista bastante larga de palabras: vacío, angustia, desolación, desesperación, crepúsculo, ocaso, alma, espíritu, corazón, vagina. Les hablan de melopoeia, de fanopoeia y de logopoeia, pero se enredan un poco en la explicación. Se enamoran de poetas de dieciséis años y las comparan con Alejandra Pizarnik, pero nunca han visto una foto de Alejandra Pizarnik.

A los cuarenta años a nadie se le ocurre presentarlos como poetas jóvenes, pues sus caras y sus barrigas han cambiado de forma tal vez irreversible. Los poetas experimentan con mayor sufrimiento que el común de la gente la llamada crisis de los cuarenta. No decidieron ser poetas para tener cuarenta años. De ahora en adelante todo será decadencia. Se han vuelto inofensivos. Es más fácil incluirlos, pedirles prólogos, invitarlos a los recitales y aplaudirlos sin énfasis, respetuosamente. Son, en otras palabras, verdaderos fracasados.

Para que el fracaso se cumpla es necesario que reciban, de vez en cuando, señales equívocas. A los cincuenta, a los sesenta, a los setenta años los poetas ganarán dos o tres premios menores; tímidos estudiantes de pregrado y quizás alguna bella doctora norteamericana analizarán sus libros, que tal vez serán traducidos al francés, al alemán, al griego o al menos al argentino. Por lo demás, siempre habrá alguna editorial emergente interesada en rescatarlos del olvido.
Da lástima verlos junto al teléfono, esperando la noticia de un premio, de una pensión del gobierno, de un homenaje, de un viajecito al sur, lo que sea. Parecen niños asustados, y en el fondo eso son: niños asustados, adolescentes ya muy viejos para suicidarse. A veces algún reportero compasivo les pregunta para qué sirve la poesía en este mundo deshumanizado y consumista. Ellos suspiran y responden lo que han respondido siempre: que sólo la poesía salvará al mundo, que hay que buscar, en medio de la confusión, palabras verdaderas y aferrarse a ellas. Lo dicen sin fe, rutinariamente, pero tienen toda la razón."


domingo, 2 de abril de 2017

Inédito de Rafael Soler

Gamonada y Soler / enero y Granada (Nicaragua)
Foto::LC


      Sin duda es nuestro hombre en América. Del año pasado en el Festival de Lima, se trajo abrillantado el tono a lo Vallejo, que ya poseía, de la deslocalización cubista en el poema. Este año y junto a Gamoneda, enero en Nicaragua, la luz añeja del Flor de Caña y los voceos en púlpito por las esquinas de Granada. Febrero fue San Cruz, Bolivia y altiplanicie, a donde acudió reclamado. Y fue recoger del empedrado el pavor cochabambino de Blanca Gárnica, la gran voz boliviana. Ahora, me dicen en Iberia, se halla en Quito, otra vez con Gamoneda.. Poeta doble, agente, nuestro hombre en América. Y feliz porque aquí en Madrid, ha recuperado –qué enorme inversión­– su asiento en El Comercial. Reabierto nuevo, mejor y auténtico. Dicen que el avión es para él una mesa de escritorio. Dice, me dice, que allí surgió este poema de versos comensales, aristas cómplices y brisa irónica con que ha querido avisar de lo que pasa a Mientras la luz. Con él iniciamos una nueva sección, la de inéditos. Disfrútenlo. 
   
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Cuanto anoche callé al derramar el vino

La poesía ha de ser contemplativa
una suerte de búsqueda discreta
en el corazón del tiempo
allí donde reposa la verdad

eso dije antes del brindis
con entonación alta costura
para embeleso del maitre
que a tu derecha
asentía bivalvo con sus pinzas

permiso
fue tu única respuesta al levantarte
guardando en el bolso
los cubiertos del pescado

tan liviana
que al alcanzar la puerta
estabas ya en nuestro año favorito

mil novecientos sesenta y seis
descalzos frente al mar en Pepe Mero

y esa brisa bienvenida
que ahora levanta con furia
el bisoñé del comensal vecino
nuestro mantel y sus esquinas

platos al aire desolación del piso
estrépito y ajuar por la ventana

¿la poesía otra vez?
sale el chef de su escondite

¡otra vez!
resopla en su perchero el maître
la poesía asiento yo
contemplando el asiento vacío
de tu asiento.

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Público versus lectores?

Del blog de José Luis Martín


      Está el ambiente madrileño de homenajes poéticos. Y Gloria Fuertes arrasa. Tiene pinta de ser tan popular y tan extendido como el de Miguel Hernandez de hace siete años. No es fácil ser un poeta extendido, una poeta extendida. Pero Gloria y Miguel lo son. En esa alegría estamos todos. Público y lectores. Como está por Madrid, de paso y vuelta a/de Sevilla, el vasco Karmelo C. Iribarren y no nos fue posible ir a escucharle. Su poesía en distensión está muy de moda. Dice El País. Y eso ha cabreado a muchos. Y ha enervado los ánimos. José Luis Martín incluido. Público versus lectores. El reportaje a toda página del diario de Cebrián duele a quien no lo tiene. Pero los poemas de Karmelo, tan amables, tan casi sin esfuerzo, no son mejores que antes tras el desparrame. Tampoco peores, no sean malos.


Foto de José Luis Torrego

      Nosotros estuvimos escuchando a Miguel Ángel Curiel, un poeta fértil, que a veces baja desde su retiro lucense. La cita fue en Enclave, marzo y 15. Hasta él, que es español nacido en Alemania hijo de extremeños, llega la generosidad inclusiva de la Editora Regional de Extremadura que ahora maneja Eduardo Moga. Allí le han impreso El nadador. Y vino a presentarlo a Madrid. Siempre lo hace. De forma simultánea Amargord daba a luz sus Luminarias II, conjunto de apuntes a modo de dietario en donde el poeta coquetea con la sugerencia del poema, sin atreverse a fijarlo. O tal vez sí. Porque la poesía, si es conciencia del mundo, habita donde encuentra calor, independiente siempre del habitáculo que le preparemos. Cuántos poemas canónicos han escuchado sus pasos -los de la poesía, digo- alejándose. Me lo recordaba, ya en la calle y con los fumadores, el poeta Raúl Nieto de la Torre, que pronto presenta.  Allí, en la calle Relatores, voceaba José Luis Reina Palazón su traducción de la poesía suiza contemporánea, que pronto tendrá lanzamiento. Antes, en el interior, Paloma Corrales, un puntito azorada, pero tremenda en su decir, leía un texto de presentación que enaltece esta actividad. Restallante. Un fulgor. Un texto cuidado que venía a jugar, cartas contra cartas, con la poesía de Curiel. Un reto de pisadas complementarias. Un elogio a la locura de ser poeta.

Foto de MCBarri




      Poekas quiere decir poetas de/en Vallekas. Así, sin más. A sus tertulias habituales suelen invitar a un poeta de referencia. El jueves 16 estuvo allí Elvira Daudet. Qué distinta la lectura cuando se realiza sin escenarios rigodones sino a la misma altura, cara a cara y sin micrófono. Encerrados todos con un único juguete, el del temblor que la palabra pueda convocar. Elvira es frágil de cuerpo y de acero su decir. Se ha ganado pulso a pulso el reconocimiento presente. Leyó poco, no suele leer más de seis o siete poemas, largos, de los suyos. Esta vez evitó el desamor como pretexto. Eso da muestra de su alegría actual, y de su belleza. Los oyentes colaboraron con lecturas alternativas y/o dramatizadas. Pronto será nombrada de forma pública poeta de referencia en el barrio y se editarán, por Bartleby, 1500 ejemplares de la antología que le preparó Lastura hace unos años. Porque se difunda. Porque el lector se convierta en público. Y viceversa. Que nunca viene mal en este oficio con voluntad -a veces- de secta exclusiva.

miércoles, 1 de marzo de 2017

La sien, el pulso

      No ha estado la redacción ociosa en visitas, ociosa en poner el dedo corazón sobre la sien, sobre las venas de la sien que marcan como pocas los latidos. Es preciso prevenir las arritmias advirtiéndolas a tiempo. Otra cosa ha sido el trauma que ha imposibilitado la escritura. el acto de plasmar en un  electrocardio lo sentido,lo escuchado. El acto de traerlo a este papel virtual.
No obstante, he aquí algunos rasguños, Algunos momentos. 



      Lo hicimos tomando el aperitivo con Ángel Petisme, el ángel mañorokero que presentó en la matutina del sábado 4 del 2, Enclave, su El dinero es un perro que no pide caricias, con que ganó un premio en su tierra. Es un poemario compuesto de poemas largos, rebeldes a su modo, sarcásticos siempre. Su estilo. Teresa Agustín, poeta turolense leyó un texto bastante aclaratorio y Manuel Vilas, que la siguió en el uso, desbocó su río irónico, cómplice y malevo. Ángel Petisme, 30 años de poeta público, leyó dos poemas. Largos. El libro tiene seis. Lo volvimos a hacer escuchando a Julieta Valero y a Olenka leerse en público para leérnoslas las postales que durante un año se fueron remitiendo cada semana y que la sensibilidad de Mara Troublant y Paco Moral han convertido en  La  nostalgia es una revuelta ( no un error), delicia que puso en nuestras manos su Tigres de papel. Qué buenos nuevos editores están surgiendo. Una Julieta mucho más cerca de los afectos y del pálpito que del cerebro y una Olenka venezolana en París, imaginativa y en desparpajo, hicieron vibrar a la champañería de Las Vistillas. Por cierto: anoto que faltan champañerías en Madrid. Y unos días antes, el 15 de febrero para más señas, la mano en la sien para escuchar la daga del lenguaje de Tomás Sánchez Santiago en una lectura como hacía tiempo, seria y sin concesiones, como su edificio poético levantado con sosiego y lleno de intenciones. Hablo de Pérdida del ahí, que ha editado con prisas Amargord. Hay poetas de talla. Quedan. Y es placer escharlos, no cabe duda.


      El lunes 27 y en la Alberti, fue tiempo para Amalia Iglesias. Ahora parece que en Salamanca y desmelenada en publicaciones tras diez años en silencio. Remarcó mucho su procedencia agraria. Y leyó un magnífico poema nostálgico recordando cuando su padre mojaba el trigo para simiente, con con agua azul de cristales azules machacados. Y que su madre le explicaba que eran para matar la niebla, los granos encizañados. Para mí que era sulfato de cobre, alias el fungicida, pero esa es otra de las labores de la poesía: Vestir el mundo con otra mirada. A lo Juarroz. Y Amalia lo consigue, con esa rara naturalidad que camina siempre en el borde elegante de lo sensible. Presentó dos libros. Uno que viene de lejos,Totem espatapájaros, que ha editado con primor Abada, en la que los poemas, blancos sobre negro, adquieren formas de perfilados de dioses de piedra, De él habló, a folio extendido, extendido, y con cordura Clara Janés. El otro, el de los rumores campesinos se titula La sed del río y fue presentado con ingenio y glamour por Ángel Gabilondo, incluso con humor al asegurar que los libros de poesía no pueden presentarse y él no lo haría. Ambos poemarios hablan de la memoria como manantial de emociones, como asidero de los vientos, como el infinitivo de todas las cicatrices. Escribir, se dijo por allí, es una lucha entre la libertad y el recuerdo. Y cada día es umbral. Y cada día es abismo.


Tótem I
Entre
tótem y
autómata,
una zozobra
de marioneta,
virutas de tiempo
invisibles hilos
de oro tiran
de ti hacia
los bosques
sagrados de los druidas. Desde los serbales milenarios,
el muérdago llega hasta tus brazos, se hace resina y ritual
para ahuyentar a la muerte. Entre
tótem y autómata la puerta propicia
para cambiar de ángel, el gigante de Cerne
Abbas tumbado en el campo de Dorset,
las cabezas vigilantes de los Moáis
en Rapa Nui, los cuerpos silueteados
al abrigo de las rocas, los monigotes
de la infancia y la caverna, y los
robots que aprenden a mirarte.
Entre tótem y autómata el
espantapájaros crucificado en el
inmenso mar de trigo, el que siempre
te espera allí donde todo lo modela
el viento y tus pasos de niña no se
apagan. Dentro de ti, tu icono y
escondite y madriguera.
De “Tótem espantapájaros”.