domingo, 14 de abril de 2013

Ellas, dos Adonais


1980

La señora Blanca ya está por aquí -dijo el de seguridad-, también el responsable. Vendrán pronto, yo creo que vendrán. Tarde del jueves 11 y Palacio de Cibeles. A quince minutos de lo anunciado. Nuevo lugar para la tertulia, sala Andrés Berlanga, desde ella se ven las pasar las sombras, como poemas dulces, de los caminantes en calle Alcalá. Vinieron.

Es imposible no hacerlo, no recordarlo. Blanca Andreu ganó en 1980, cuando Suárez era saco de golpes y Madrid, movida, el Adonais con el umbraliano título De la niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall. Surrealimo postculturalista y aguas de tormenta. Blanca ha vuelto a venir. Si antes vino de Murcia hasta el deslumbramiento, ahora regresa de La Coruña simplemente en huida. Y ha vuelto a vivir, en Madrid ahora, tras vivir en el Chagall de la poesía, o en el de Benet. Fue presentada en segunda persona, algo que le hizo sonreír y recordar a Ionesco y su cantante calva. Cuando pudo hablar, supimos de su rechazo a tan prolongado tiempo en Galicia y nos dijo de su amor a lo griego, cultura y gentes. Que no ha estado, ni está, retirada de la vida pública de forma voluntaria desde 1993, como dicen machaconamente las redes. Que le horroriza la falta de imágenes de las gentes de la experiencia y sus epígonos. Que cansa de leer poemarios para los certámenes -en el aire el enigma de por qué acepta ser jurado- o que apenas la llaman para bolos. Habló feliz, contenta. Y leyó poco, no más de diez poemas comentados, pre y post comentados. En su mayor parte de Los archivos griegos. Lo último y discutido. Oda a los perros de Atenas, por ejemplo. Su poesía se ha serenado. Y con ello, también es más horizontal, más deudora de lecturas. Ya no busca, parece, sino espera encontrar. Es partidaria, dijo, de que el poeta siempre aspire a lo máximo, que no acepte rebajas a la hora de crear, que sus limitaciones, seguras, se hagan evidentes en la obra. Cuánta razón.  Habló, cómo no, de su devoción por Vicente Ferrer, relación terapéutica, con quien compartía poemas y emociones. Agradeció la presencia de los 14 que escuchábamos, entre ellos los editores, insinuó, de sus próximas marinas. Tal vez encuentre otros para sus caballos. El mar y los caballos, dos grandes referentes en sus cielos poéticos. Durante todo el acto, el sombrero de Juan Carlos Suñén, su conductor (y del ciclo Favorables), ocupó el primer plano de la mesa. Al finalizar, Juanjo Ramos y Ángel Rodríguez Abad, conjurados ellos, hablaban con la poeta.    


1970

Más socorrido el título, Lugar común, con el que Pureza Canelo obtuvo un Adonais que la convirtió en voz propia de nuestra poesía. Rafael Soler, siempre elegante, llevaba la primera edición de Lugar común en el bolsillo. Martes 9. La librería Alberti agotó sus 40 sillas. Algo lejos, escuchaba Darío Jaramillo. Manolo Borrás, pre-textos, editor actual de Pureza y Darío, aceptó acercarse.

Se presentaba Oeste, del que Javier Lostalé hizo pública una síntesis emocionada. Pepe Teruel, su análisis: crítica pormenoriza. Dijo la autora que Oeste es un libro que se le ha impuesto. Que tras Dulce nadie quedó exhausta. Que ha sido el libro, la totalidad que supone el espacio de su natal Moraleja y aquel tiempo rural, quienes le han exigido de forma permanente. Que sintió miedo y extrema confianza. Pureza confesó la consciente necesidad que tuvo de alejarse del paisajismo o la ruralidad. Su Oeste está allí, al norte de Cáceres, pero no en exclusiva, es más inmaterial. Leyó mucho, quería. Son poemas a caja, de texto continuado, de extremada tensión perfeccionista. Nacen de lo sensorial para, preguntándose por su posibilidad poética, terminar instalándose en las emociones o en la búsqueda de aquello que vertebra. Un corral, la troje, la antigua bicicleta, el bar, la arcilla, la vuelta de los carros, orígenes todo, todo aquello que rodeó su tiempo de iniciación poética y vital. Estuvo, como está siempre Pureza Canelo, en poeta. Sin ceder. Habló de su tendencia a la reescritura y, en concilio con Juan Ramón, defendió que el decir poético debe ser lo espontáneo sometido a lo consciente. Hay verdad volcada en los poemas de Oeste, y hubo en su lectura, lo que sorprendió a algunos, un toque de estremecimiento. Y es que Pureza, que se protege habitualmente con la máscara de los poemas oscuros -para librarse de la marabunta, dijo- ha querido para este poemario el sol débil de la luz naciente y de la luz poniente, sin mezclarlas. Moraleja e infancia como razón y excusa autobiográfica para escribir de poesía, de la poesía como única vida  

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La poesía resiste

Flor del esparto, he subido al montículo para estar contigo, dame intemperie y acepta la mía. Toma lo que soy, mi mano y rózala desde flor. Digo que la naturaleza enamora en paralelo a mi insignificancia. 

                           Pureza Canelo

martes, 9 de abril de 2013

La noche en que los libros se agotaron


Fotografía de Lidia López



Entre pliegues, entre mares de pliegues leyeron Isabel Miguel y Valeriano Franco el martes 2. Así ocurren las cosas en las casas regionales de Madrid, a las que hay que agradecer su empeño en la poesía, a la cual ceden, generosas, sus espacios. Las casas de La Mancha y de Ávila son ejemplares en este empeño. La Casa de Guadalajara se nos ofreció este martes. Allí oímos los poemas de Isabel Miguel, poemas cada vez más teñidos de anhelo cívico y que están pidiendo a gritos el papel. Leyó bastante Valeriano, también combativo, y sonaron mejor sus sonetos que sus décimas. Pero son demasiados pliegues.

Fotografía de Marcos Canteli



En la librería Rafael Alberti se consumió nuestra tarde del miércoles 21. Libros exhaustos en vez de pliegues. Enorme la actividad poética de esta librería que dirige Lola Larumbe. Aquí quiso Lorenzo Oliván que se presentara Poesía con Norte, libro pre-textos que recoge las reflexiones de nueve de los poetas que pasaron por Santander el año pasado. Acudió a la mesa redonda Luis García Montero, que recordó la serenidad necesaria en el hacer poético, la distancia de la urgencia y la obligada atención a los nuevos poetas. Acudió Carlos Pardo, un poco cansado del sambenito del fragmento, dijo, como dijo que la poesía española se asemeja ahora a una plaza pública ajena a las únicas direcciones, sin enemigos ni prosélitos, algo nunca sospechado, y recordó una polémica añeja con García Martín. Y acudió también Antonio Lucas que habló algo sobre el deslumbramiento y la luz oscura, para refrendar luego las palabras de Carlos sobre el rechazo general al concepto generación, tan querido antaño, y la ausencia de referentes. El coloquio fue magro, pero hubo ocasión para señalar los tiempos de obesidad poética que transitan, así como nombrar a algunos jóvenes: Fruela Fernández, dijo alguien, otros nombraron a la leonesa Sara Gallardo y a la valenciana Berta García-Faet, magnífica, de quien respondo. El profesor Morales Barba escuchó todo en silencio, sentado en los peldaños de la escalera.  

Fotografía de MC Barri





Era ya noche al salir del Salón Castellana, de Mapfre, el jueves 4 de abril. Allí, casi donde trabaja, presentó su libro José Luis Nieto Aranda. Diario de improvisaciones, lo ha titulado. Como titula su blog. Son textos escritos para la pantalla a lo largo de los últimos años. Poemas que abandonan el verso como excusa, poesía casi diarística, al hilo de la sangre de cada de día, de la tristeza de cada día. De la fragilidad del sujeto en primerísima persona. Un salón lleno. Un poeta que lee como escribe, tanteando lo que le duele, y que, sin él darse cuenta, se le va tiñendo de verdad y temblor la garganta. El libro es creación de una joven editorial; Celesta, obra artesanal de otro poeta Rafael González Serrano. Entre los poetas amigos que acudieron podemos citar a Almudena Guzmán, Federico Leal, José Luis Fernández, Rafael Soler, Eduardo Merino, Paco Moral, Ana Ares, Cecilia Quilez… algunos de los cuales fueron captados en grupo.  (Aquí puede leerse la presentación)

De FB



Sesión continua programó el Ateneo para el viernes y 5. En primera sesión una lectura conjunta llamada Voces Nuevas, preparada por la bonhomía de Fernando López Guisado, que es un vendaval protector. Allí estuvo, presidiendo el centro de la mesa, leyendo midiendo, ayudando. Presentó el acto Antonio Daganzo, cuidadoso en el análisis y en el reparto de atenciones. Excelente. ¿Por qué acude tanta gente a los actos poéticos? María Solís, en el aire de tantas jóvenes, remueve con imágenes rupturistas los iconos comerciales y los cielos eróticos-políticos. David Morello, habla del hombre, de la profundidad del héroe cercado, de su respuesta cotidiana, Fernando leyó inéditos que, a mi parecer, suavizan el discurso de su eterna preocupación por el Mal como absoluto. David Hernández anda con el desamor a cuesta, la poesía cuenta lo inexplicable y Berlín 1945 es un precioso poema. Daniel Romero sujetó como pudo su miedo escénico, lo que liberó una voz conceptual que bucea. Nota: todos los poemas (33) fueron aplaudidísimos. Un sofoco. Problemas, tal vez, de un público demasiado familiar.  
De FB


A continuación, en la misma sala, y sin solución de continuidad nuevo acto. Presentación de Toma de tierra, de Federico Leal y de Obligación de Francisco J. Martínez Morán. Pudo haber heridos en el cruce de multitudes por el pasillo. Sala repleta, con poetas en pie, de pie. Dos presentaciones serenas y ajustadas en forma y tiempo. Precisas. De Roberto Loya y Christian Law. Federico Leal, cumplía 14 años desde su anterior libro, advirtió que jamás ha dejado la escritura. Leyó poemas levantados sobre sensaciones. Cavafíacos. Provocados por la necesidad del poeta de incorporarse a las provocaciones que los han hecho surgir. Temblor compartido. Caso distinto el de alcalaíno Martínez Morán, en plena fiebre creadora. Poesía de la música y del conocimiento. De cuido en la expresión. Hombre frente al hombre y frente al edificio de su naturaleza . Cierto toque a penumbra y a Virgilio. El color de acontecimiento se acrecentó al agotarse los ejemplares que el editor,  Juanjo Ramos, había dispuesto. La colección Los conjurados es un espejo en buen hacer. Detalle que la poesía necesita. Ya en el Navalosa, lugar donde se bebe y se exalta la amistad, Juanjo se disculpaba por no ser Chus Visor, anunciaba nuevos ejemplares y reía feliz en la noche en que los libros se agotaron.   

sábado, 6 de abril de 2013

Elegía. Un poema de Juana Pinés



 

              
                    Para Hortensia, mi hermanilla.

No sé si sabes
que al irte nos has muerto,
que llevamos la sangre
hilvanada a tu nombre,
que tenemos el alma
cosida a tu memoria,
que vagamos sin norte
igual que sobre el filo
cortante de la pena,
que se ha hecho más estrecha
la cintura del mundo.

No sé si sabes
que jamás estuviste
más viva entre nosotros
que ahora que estás muerta,
que todavía vives
fieramente prendida
al cielo de la boca,
que desde que te has ido
estamos recorriendo
transidos el camino
vegetal de tu nombre.

No sé si sabes
que hablamos en susurros
desde que no tenemos
tu mirada marítima
buscándonos la boca,
sorprendiendo sonidos
desgranados a medias,
leyendo en nuestros labios
todos los alfabetos
por si acaso pudieran
tus oídos en sombra
apresar fugazmente
la luz de las palabras.

No sé si sabes
que en medio de este humo
cuajado en la garganta
a veces encontramos
alguna escapatoria,
y reímos volubles,
fingidamente alegres,
como si este dolor
no nos perteneciera,
como si abandonáramos
siquiera unos instantes
la cárcel de lo triste.
Mas luego regresamos
nuevamente a nosotros
con un peso insondable
de niebla y de ceniza.

No sé si sabes
que a pesar de tu ausencia
y de esta nocturnidad
que nos ha derrotado,
nos tirita tu nombre
al borde de los labios,
y a veces presentimos
el perfil de tu sombra
como un sutil enjambre
de pájaros azules,
o es quizá que soñamos
enamoradamente
que has vuelto a salpicarnos
con gotas de infinito.


                  Juana Pinés
                 (A un mes de tu partida)
.

miércoles, 3 de abril de 2013

Gus



(Jamás terminaré
este poema, Latus).

 No consigo aprender
el color que me envuelve,
llevo tiempo rumiando
este misterio.

No se como llegué, ni sé el origen
de este daño fetal.

Sospecho que estoy solo, 
rodeado,
he recorrido media fortaleza

sin descanso revuelvo el desvarío,
busco el viento, soy libre
y sin embargo
jamás he visto luz, pasan las horas
con límite y sonar desconocidos.

Quiero escapar
sin nadie que me guíe.

No sé,
no sé si tendré fuerzas,
tanto
la soledad me angustia
como me desazona
el grueso de la piel de esta manzana.

domingo, 31 de marzo de 2013

CUATRO FOTOGRAFÍAS, CUATRO POETAS CON LOS QUE MIENTRAS LA LUZ FINALIZÓ MARZO

UNA


La poeta Ana Garrido firmando ejemplares de su libro Traigo en vilo los ojos y las ganas, en la Casa de Cadtilla La Mancha el día 19 de marzo. Juan José Alcolea hizo la presentación y Manuel Cortijo la proclamación. 

DOS



Manuel López Azorín el pasado 20 de Marzo, durante la presentación de su poemario Romancero Flamenco, donde tuve la fortuna de acompañar. Se leyeron poemas, se escucharon canciones de Rafa y Moncho y se disfrutó una emocionante soleá cantada por David Morello.(Ver aquí)

TRES


Ana Montojo leyendo en la sesión de la Odisea Poética del jueves 21 de Marzo. Su lectura abrió la sesión, a la que se incorporaron Carlos Vázquez, Ana María Martín Puigpelat, Teresa Núñez y Ana Bella López Biedma. El timón en la mano sensible y firme de Alfredo Ulises Piquer.

CUATRO


Eugenio Arce Lérida, poeta manchego, que presentó el viernes, día 22, en Ciudad Real su libro Siempre será mañana. Con palabras previas de Mercedes Blanco y lectura de poemas por parte de José María González Ortega y José María Arcos. Eugenio es el presidente del Grupo Poético Guadiana, y el libro ha sido editado en México.

jueves, 21 de marzo de 2013

Tras el nuevo nombre del Papa, sigue la vida



Participantes en el homenaje abulense
a Vicente Martín.
Fotografía: MC Barri
En Ávila, siendo 13 de marzo, día de hibernal ventisca, José María Muñoz Quirós, poeta, quiso que la tertulia que semanalmente se reúne en El Episcopio, recordase la persona y la obra de Vicente Martín. Con la misma sencillez con la que vivió y escribió Vicente. Quiso que dos de sus amigos de infancia y adolescencia recordasen sus vivencias conjuntas, quiso que tres poetas se desplazasen desde Madrid para leer poemas en homenaje a Vicente (José Luis Morales, Ana Garrido y Francisco Caro), quiso que José Pulido condujera el acto de forma admirable, dijo que el próximo número de la revista de creación El Cobaya estará también dedicado a la figura de Vicente, quiso que los miembros habituales de la tertulia leyeran poemas escogidos del poeta recordado, y quiso que la familia estuviera presente. Todo se cumplió con gozo. Al comienzo del acto alguien elevó su voz para anunciar el nombre del nuevo papa, porque todo quedase en la memoria. La poesía, siempre la poesía. El efecto y las causas. Rubén (Darío), Francisco (de Asís), y los motivos del lobo.

Nicolás del Hierro durante su intervención.
Fotografía: Lidia López Miguel
La poesía y la fatiga son a veces términos que se desconocen. Lo sé cuando contemplo y hablo con Isabel Miguel. Sé que hablo en ese mismo instante con multitud de amigos. Centenares de amigos movilizados para construir revistas literarias reconocibles por su calidad. Si hace días hablábamos de Troquel, hoy lo hacemos de Álora, la bien cercada, de ya larga trayectoria, y de Bora, que va por su número 2. En ambos casos aparecen también de la mano de José María Lopera, el incansable poeta andaluz. Y agitador. El jueves 14 quisieron estar en el Ateneo para celebrar la aparición de Bora y leer sus poemas, Nicolás del Hierro, Pedro A. González Moreno, Cristina Cocca, Ana Garrido, Ángel Guinda, Zhivka Baltadzhieva, Laura Gómez Recas, Carmen de Silva, Rosa Jimena, José Luis Morales.... El acto fue presentado por Carmen Feito y Fran Portillo. Bora se caracteriza por añadir a cada poema su versión manuscrita del autor, además de procurar una presencia importante de poetas de otras lenguas. Infatigables Isabel y José María. Y los poetas, que no cejan.
  
Joan Payeras, segundo por las izquierda,
con los miembros de jurado tras la entrega
del premio Café Comercial de poesía.
Madrid es madre generosa para la poesía. Multitud de lugares públicos se ofrecen para el decir poético. El Café Comercial, lugar de encuentro donde los haya, ha levantado con Ediciones Vitruvio una fructífera colaboración que hace que cada viernes ocupen su salón de la primera planta (El rincón de don Antonio, lo llama Pablo Méndez) con actos y presentaciones de libros. Tal vez así surgiera la creación de premio de poesía Café Comercial. Sin dotación económica, pero con el honor de ser editado en la colección Baños del Carmen. Joan Payeras (Palma de Mallorca, 1973) ha sido su primer ganador. Su libro La luz y el frío, el escogido. Fue presentado con inteligencia y soltura por Raúl Nieto de la Torre, presidente del jurado. Luego el autor habló de la pretendida depuración de su lenguaje, de su cuidado para que no medraran palabras ociosas, de su voluntad, al constatar su curso, por escribir el tiempo como signo de felicidad, . Leyó algunos de los poema del libro, que allí mismo, sin esperar, se ponía al mercado (11 euros). Luego, los asistentes resistentes (Eduardo Merino, Aurora Auñón y Pepe Elgarresta entre otros), el autor, y el jurado, supieron de la generosidad y la elegancia de Fernando Vera, gerente del Comercial, que quiso celebrar el acto a pie de barra con sus amigos y clientes, agradecido de que le acompañen en la travesía. Ese fue el momento, en el viernes 15 de marzo, de la imagen de Joan Payeras con el feliz jurado, que ofrecemos.
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Pasado

Como si recorriéramos 
un estrecho pasillo a oscuras, 
desandando a tientas la memoria. 

Lo que queremos encontrar 
es todo lo que pasamos por alto. 
Lo que no importó entonces 
y hoy es imprescindible.

                                     Joan Payeras

lunes, 11 de marzo de 2013

Espacios, Sidecares y un poema de Ana Montojo


 Ha cerrado Bukowski en Malasaña, me dicen. Deprimido, me dicen. Allí comenzó todo, quiero decir, ciertas canallas maneras para el decir poético, el micrófono libre y la cerveza fría. Ha cerrado. Los Diablos Azules mantienen algo del espíritu. Más aseado, eso sí. También algo más organizado. Por allí acuden grupos y conciertan. Leen, leen, leen, leen… cada vez más lugares abren un rincón, una convocatoria para la poesía. Bella Ciao, en Amaniel 22, Chile 23, en Chile 23, El Dinosaurio, en Lavapiés 8, y miles. Como hay grupos que imaginan espacios, ciclos. Antonio Crespo Massieu, en La Morada, un espacio colectivo, mantiene un ciclo mensual de poesía crítica, cívica, no sumisa, por el que ya han pasado Ariadna G. García y Jorge Riechman. Otros apuestan rodear la lectura de su aspecto más goliardo, más lúdico, sin abandonar compromisos, es el caso de Rosa Jimena, y su Poesía en Sidecar.
Rosa Jimena y Ana Montojo
el pasado viernes, día 8,
durante un acto poético.

Rosa Jimena y Sebastián Galán ocuparon las baldosas de Libertad, 8. Las llenaron. La lectura a dos en Poesía en Sidecar es siempre provocadora, interactiva. Él y ella se esperan, se rodean, se cuestionan, se sugieren. Los poemas aparecen como respuestas o como inquisiciones. Sebastián Galán es un agitador poético que mantiene un excelente espacio de entrevistas en Radio Vallekas los miércoles por la noche. Poetas en el aire se llama. Por él han recitados cientos de poetas que agitan el aire madrileño. En esta ocasión era él coprotagonista. El jueves 7 dio la réplica a una magnífica Rosa Jimena, dispuesta, inteligente, clara. Brillaron, sobre todo en una segunda parte bien construida, con un estudiado y sostenido final. Es tan fiel el público que hasta hay algunas que llegan desde Girona para la ocasión. Los sidecares: Jesús Arroyo, Ana Galán, Ángeles Fernangómez, Laura Gómez Recas, Montse Cano, Alma Pagés, Luis García, Leire Olmeda... no faltaron. Desde Murcia acude Manuel Martínez-Carrasco. 

Ana Montojo es poeta de voz grave, con amor al tabaco y manifiesta afición al fútbol. Obtuvo hace un par de años el prestigioso premio Blas de Otero de Poesía que se otorga en Majadahonda. Con La niebla del tiempo. Allí conocí sus maneras. No entiende del verso que descansa. De interludios líricos. Tampoco de versos que no transportan. La poesía sirve, le sirve, para comunicar un estado del alma, un estado del cuerpo. Generalmente la sensación de que la felicidad está siempre detrás de la montañas. Inaprensible. Lo fugitivo de la belleza, lo regular de la pérdida. Primaveras v otoños jugando con los desasosiegos. Siempre habita en sus lectores la certeza de que Ana escribe de lo vivido. Con la misma certeza por la que sabemos que en ella habita un frío antiguo, que declara. De su segundo libro, Plantas de interior, este poema.

Ahora

          Ahora, cuando la vida es sólo un mapa antiguo, 
          de viejo pergamino, 
          que se quiebra por todas las esquinas…
                                         Elvira Daudet

Ahora que ya no importa 
nada de lo que antes llenaba mis insomnios. 

Ahora que ya no tomo 
ninguna decisión irrevocable 
y cambio mis principios 
por finales felices. 

Ahora que invento mi autobiografía 
y te otorgo un lugar 
que, por derecho, no te corresponde. 

Ahora que ya no tengo 
tiempo de arrepentirme. 

Ahora 
          que nos ha dado por morirnos, 
necesito decirte 
que te he querido siempre 
más de lo que tú sabes.

viernes, 1 de marzo de 2013

Un libro, un poema de Manuel Cortijo Rodríguez


Importante y discreto, poeta desde su juventud, poeta con y entre los poetas, es mantenedor de una de las tertulias más acreditadas de Madrid, albaceteño, defensor de La Roda, su paraíso natal, persona cultivadora de afectos, extenso amigo y buen hombre. Se llama Manuel Cortijo Rodríguez y ha sentido por fin la necesidad de dar a las tintas un poemario. Su primera entrega. Algo que sus numerosos amigos llevábamos solicitándole tiempo y tiempo. Ocurrió este pasado otoño. Desde entonces numerosas críticas y numerosos lectores han celebrado la ocasión, hasta el punto que ha sido precisa una segunda reimpresión. Con el sugerente Memoria de lo usado ha querido titular Cortijo Rodríguez esta novedad.

Hay que decir y pronto que el acertado texto de Pedro A. González Moreno, que acompaña la edición, señala la existencia de un yo lírico potente, apenas disimulado a veces en el plural, así como el tono elegíaco de su recorrido. En  todo el poemario la memoria de lo vivido, de lo usado, y su recuento, lo que de ganancia y pérdida supone, es el fundamento de un altísimo pulso poético. El tiempo, y lo que su arca guarda, no es novedad, en algo muy propio de poetas que se acercan a cierta altura del friso, pero tanto el tono, nunca desesperanzado, como la claridad de la mirada que se vuelve, hacen de Memoria de lo usado un libro necesario, útil, revelador.

Manuel Cortijo en Madrid el 3 de febrero
(Fotografía de Davina Pazos)
Manuel Cortijo nunca ha estado en la pelea ni en los codazos del mundillo, más bien al contrario, ha sido siempre un facilitador para que la divulgación poética encuentre cauce y lugar. Su pequeña patria y cientos de poetas saben de ello. Voces que podrían decirlo alto y fuerte. Tal vez por eso han sido numerosas las reseñas y críticas que prontas han brotado para  resaltar las cualidades y el largo recorrido que a estos versos aguardan. José María González Ortega, Manuel López Azorín, Cristóbal López de la Manzanara, Ana Garrido, Juan José Alcolea, Natividad Cepeda y Juan Pedro Carrasco García, entre otros, han sido algunos de los que tengo noticia. Y todos han señalado lo que el poeta tiene de observador introspectivo, capaz de rastrear sus raíces, de reconocerlas y delimitarlas, de intentar fijarlas en la sencillez melancólica y clara que para Manuel supone el poema.

El autor de Memoria de lo usado es un hombre pulcro en sus expresiones, en sus gestos, en su amistad, en sus lecturas y no se podía esperar otra cosa, de sus primeros éditos en libro, sino una extremada pulcritud en las formas. Lo que para algunos poetas actuales supone un lastre, para el poeta de La Roda es eje esencial en su decir. Metro y acento, disposición y estructura, constituyen algo más que una herramienta. Manuel es un hombre pulcro, cuidadoso, con un delicado respeto por la buena construcción poética, de la que este libro puede dar alto testimonio. Hay en él un lenguaje barroco y llano, capaz de aunar la sencillez del discurso con un alto grado de concentración expresiva.

Presentación en La Roda
/De la red)
Y como buen manchego, en el libro se reparte una cierta aceptación de la vida y su papel. No hablo de resignación fatalista, sino de saberse uno solo, y erectamente uno, caminando al lado de otros, de los demás, de todos. Con toda la importancia de la batalla, pero con la conciencia de lo imposible que es librarla alejado de compañía, esos que siempre terminan apareciendo en el poema, esos a los que el combate hace hermanos. Hay siempre un toque de emoción contenida, una cierta imposibilidad en las ansias de volver, un anhelo sostenido de claridad que permita el camino, la sensación de que todo lo que nunca llegó sigue existiendo, que la Naturaleza es fuente de iluminación. Y que escribir es la mejor atalaya desde donde contemplarnos, aunque ya conozcamos la imposibilidad de vernos.  

Manuel leyendo en el homenaje
a Vicente Martín
(Fotografía MC Barri)
Es Manuel Cortijo Rodríguez, ya hemos dicho, poeta de numerosas lecturas, lo cual es tanto posibilidad como peligro, pero del trato con su persona, amplio y que agradezco, creo que uno de los aprendizajes más asumidos es el de conocer muy bien el papel del poeta: ante la sociedad, en su sentido amplio, y ante el grupo que suponen los del oficio. Existe siempre en él una generosa humildad, no exenta de autoestima, de altura, de la necesaria conciencia de lo que ser poeta significa. El poemario se presentó en La Roda, el 26 de octubre y en Madrid el pasado 3 de febrero en su Casa de Castilla-La Mancha. Con tal motivo surgieron entrevistas, de las que no quiero dejar de señalar una de sus respuestas

Mi poesía se acerca mucho a la de los poetas cultivadores de la poesía del conocimiento: Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, entre otros. Mi poesía no es sino un modo de conocimiento, un camino para comprender mejor al yo. Así que torna  mi mirada a mi propia intimidad, a mi mundo interior. En la temática de mis poemas percibimos temas personales y particulares: la infancia, el tiempo como tránsito, fugacidad del hombre,  la vida cotidiana. En casi todos ellos el lenguaje es sencillo, aparentemente común, pero tratando de cuidar siempre  los valores estéticos del verso, como el ritmo o la persecución de la belleza de las imágenes, sin olvidar el conocimiento de los límites de la palabra poética, sus posibilidades para representar las experiencias reveladas.

Queda decir que el poeta dedica una buena parte de sus poemas a una buena parte de sus amigos, los que con él van. Y entre los que me honro. Quiero dejar constancia aquí, en Mientras la luz, del que ha tenido la gentileza de ofrecerme.
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Examen de conciencia  
                             
                                  A Francisco Caro  

No hacía falta más luz para saberlo, 
tampoco que volvieras 
a vaciar tu memoria tan en balde. 

Tú sabes lo que sabes: 
la parte menos tuya 
es la que vive 
fuera de ti, sonando en el papel. 

Tú te das a esos aires 
que ciernen hacia adentro, a lo salvado 
de perderse en la frías espumas de la nada. 
Por eso mismo, 
permites que tu voz se vaya haciendo 
tan solo a lo interior, 
búsqueda sola y alma que respire por ti. 

No hace falta empeñar 
más luz para saberlo: 
tú oyes temblar la noche, tantas veces, 
los pasos de tu voz, la palabra hacia adentro, 
y es allí donde 
la escribes o la guardas 
en su única verdad.