jueves, 2 de diciembre de 2010

Aarón, con dos aes, García Peña

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Aarón García Peña se morirá en Menorca, a los 84 años, si no lo ha hecho en Oslo un año antes, en cualquier día del próximo 2062. No sé si para entonces recordará que a sus 30 era director del departamento de comunicación digital de la AEAE, profesor de la Escuela de Escritores, director de la Revista Digital “Poesía y Manta” y miembro del jurado del “Certamen de teatro abierto de Hortaleza”; si añorará que en 2010 dedicaba su tiempo a la escritura y la divulgación cultural, a la declamación y a las conferencias. Nadie sabe lo que la vida puede reservarle, reservarnos.

Estuve, a medias, en su lectura del pasado 30 de noviembre en la tertulia de los Montesinos. Inaugural para él y emocionada. La sala casi llena. Buen ambiente. Enrique Gracia Trinidad, su confesado amigo y tutor inicial en el mundo de la poesía, lo presentó con la afabilidad y las maneras en él características; es decir, centrado en su biografía personal, evitó hablar de la poesía del presentado. Por él supe de los múltiples afanes y oficios que Aarón ha ido abandonando en su corta existencia. Hizo enumeración de las cosas que ha dejado. La poesía, dijo, no la ha dejado. Tal vez no pueda, tal vez no quiera. Y en ello está.

Estuve a medias, porque cuando Aarón terminaba el exordio obligado de los agradecimientos, una complicación me obligó a abandonar la sala. No sin antes escuchar que, si todo iba bien, al final anunciaría un proyecto literario al que pensaba dedicar toda su vida futura. Sólo pude regresar para escuchar el último poema. Audición interrupta la mía. Yo que llegaba con la intención de conocer en su voz a quien tanto me sonaba. Pero no defraudó el coloquio. Alguien preguntó por la entidad del proyecto anunciado. Como todo fue bien, Aarón cedió. Confesó que es España el tema que le obsede, que necesita explicársela, explicarla. Que irá por partes, que precisa su tiempo y que tendrá diversas formas, pero ya está escrito el poema-prólogo.

Otra pregunta solicitó la opinión de la mesa, EGT y Aarón, sobre el panorama poético actual. EGT, rápido, se reafirmó en lo escrito (que mis lectores conocen). Aarón proclamó la inútil influencia de la poesía actual española, su falta de presencia pública, debido sobre todo a la vagancia de los poetas, a su falta de compromiso con el lenguaje, a la ausencia de ambición, de exigencia y rigor en su obra. Dicho todo muy serio. Alguien gimió, elevó su queja suave, pidió el modelo. Hubo murmullo. Un aire tibio bañó la sala. Otro alguien buscó seculares culpas en los planes de estudios – el Ministerio de Educación lo aguanta todo- por no enseñar en las escuelas pausa versal y pareados. Inenarrable. Un conato de reto hirió los aires. Luego paz. El cierre fue la lectura del poema-prólogo a todo lo que Hispania provocará.

El bar estuvo alegre. Noté la ausencia de Porta. La turbación de Santiago Tena tras el gemido. La excitación de Juana Vázquez contando que corrige la tercera galerada, eso dijo, de un nuevo libro, en estos tiempos de pedeefes. Julio Santiago marchó pronto, pensentaba en Libertad al día siguiente. Hablé un instante con Aarón. Me dedicó su libro “Dios y su cómplices”. España y Dios ¿no era éste el mundo de Blas de Otero? Le advertí que es de mayor utilidad las reflexiones compartidas que las admoniciones; me previno de la inutilidad de los premios literarios para hacer valer la poesía que uno escribe. Tomé el compromiso de intercambiar el cromo.

“Dios y sus cómplices”. Poesía rotunda, piedra tallada. Resquicio escaso para el aire y la duda. La conciencia del hombre que niega lo revelado. El sermón viceversa. Los poemas no hablan de Dios, ni a Dios siquiera, hablan del hombre agarrotado por Su idea. Búsqueda de modelos, esbozos de ironía. Hallazgo de pasos. Afirmaciones. Dislocaciones: las tres eucaristías son tres sextinas. ¿Obsesión por la rima? Hay liras. Sí, liras. Encadenados tercetos que Le explican (a Dios). Cristo y la Magdalena, una pasión narrada por sonetos. Obsesión por las formas clásicas como vehículo. Conozco otro poeta que camina con esa fe, con ese útil, por el sendero. Todas las veredas llegan.

Os dejo esta contradefinición de Dios. Pertenece al capítulo “Dios se confiesa”
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Contradefinición


Ojos con fe desanimada.
Balcón para mirar a un río
usar de cauce mi mirada.

Soy todo aquello que no es mío.
Camino como el Dios supuesto
ocultamente en el vacío.

Alojo dudas en el cesto
de cuantos no me dan reposo
impropios de mi presupuesto.

Oigo la luz y la desposo
sin que la sombra dé permiso.
En el altar nunca hay reposo.

Nupcias sin mucho compromiso.
Tumba ocupada y sin olores.
Ola en un mar que siempre es liso.

Doy mi consejo a los errores
anchos, a las virtudes cojas
si se enemistan con mis flores.

Limpio el otoño de mis hojas
al mismo tiempo que me trago
sin compartir las venas flojas.

Comparto con el tiempo el trago
aquel que tenga más sustancia,
menos sabor a muerto vago.

Padre muy falto de lactancia.
Arbitro inútil sin objeto.
Nada de mí tenéis constancia.

A veces sólo me estoy quieto
si me utilizan como excusa.
Dios, como Dios, no me interpreto.
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Aarón García Peña en el sillón central de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles

domingo, 28 de noviembre de 2010

Conceden a Francisco Caro el XXI premio de poesía “José Hierro” de San Sebastián de los Reyes.

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Un comunicado de la Agencia de noticias Efe, fechado el pasado 19 de noviembre dice:

Francisco Caro Sierra (Piedrabuena, Ciudad Real, 1947), con el poemario titulado 'Paisaje (en tercera persona)' ha resultado ganador del XXI Premio Nacional de Poesía 'José Hierro' que había convocado el ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes (Madrid) y que está dotado con 15.000 euros.

El jurado, presidido por Pablo García Baena y compuesto por Joaquín Benito de Lucas, Antonio Hernández, Ángel García López, Pureza Canelo y Luisa Castro, hizo público hace unos días el fallo del premio, que será entregado el próximo lunes, día 13 de diciembre.

El poeta manchego, en declaraciones a Efe, ha mostrado su satisfacción por el hecho de que su poemario haya logrado el reconocimiento del jurado del premio que, en la actualidad, es uno de los más prestigiosos que se entregan en España, no sólo por su dotación económica, sino también por su consideración literaria.

Francisco Caro ha explicado que el poemario titulado 'Paisaje (en tercera persona)' es un trabajo muy madurado que fue escrito a lo largo de los seis últimos años, entre 2005 y 2010, y se editará en la Colección Literaria de la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes.

El poemario, ha comentado, "es un intento de escribir la mirada del hombre sobre los instantes, sobre los espacios. La mirada de un viajero teñida por esa memoria colectiva que las lecturas de otros han ido forjando en el poeta e impregnada por el descreimiento que nace de la lejanía de la juventud, aunque ausente todavía del desencanto o la devastación".

En 'Paisaje (en tercera persona)', ha dicho, "podemos encontrar poemas que nacen de la melancolía, no tanto del tiempo ido, sino de la complicidad fugitiva del hombre con las cosas".

Caro ha reconocido que sus poemas están escritos con el mismo lenguaje "enjuto y limpio" que ha mostrado en las entregas de sus anteriores poemarios, aunque, ha ampliado, "siempre abierto a la pausa y necesitado de la complicidad del lector".

El poeta manchego, a pesar de su tardía incorporación al mundo de la poesía, cuenta con varios poemarios ya publicados y el reconocimiento de algún certamen poético.

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jueves, 25 de noviembre de 2010

Madrid en brasas, La Mancha es líquida

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Dicen por altavoces, por blogs y las esquinas que el ambiente poético en la capital de España está encendido. Encarbonado. Lo dicen entre otros EGT y Leo Zelada, que saben algo de esto. Me contradicen, yo lo notaba frío. Pero debe ser cierto. Lo de ellos, digo. Hace días Angelito Guinda se iba furioso, sin tomar un vino, a terminar un texto sobre poetas aragoneses, venía de la India ¿lectura x Cervantes? y acudirá raspado de tiempo a la presentación del número dos de El Alambique. Para él hay trabajo, excitación. Y para Porras y Cereijo, agobiados con la revista citada. Lavapiés, dicen, es el nuevo París literario, lleno de tabernas donde poetas de medio mundo se entrechocan. Leo Zelada ofrece a compradores un libro en donde los idiomas fluyen de verso a verso. La releche es esto. Por si faltaba algo, David Coll aventa un catálogo de métricas y rimas históricas, ejemplarizadas en poemas de su creación. ¡Qué falta hacía! Coll es el nuevo fenómeno creado por la generosidad de Basilio Sial. Verá presentada su rotunda propuesta por la ironía de LAdCuenca. Será el lunes 29, en lo que queda del XIX en Leganitos. Si puedo iré. La portada es antológica. No me resisto a incluirla. El momento puede que también.

Si Madrid es el fragor, la madre de todas las batallas, allí, en el mismísimo frente, estuvo hace unos días Isabel Miguel, poeta con quien quiero, leyendo poco, escueto, limpio, haciéndonos viajar hasta los interiores con su mirada. Sin estridencias y búsquedas subterráneas, sencillamente pasando, viendo, contando. Qué placer. Por oírla me perdí lecturas hernandianas de Soledad Serrano y Enrique Gracia ¿novedosas? Madrid es un verso encendido que diría Esperancita (perdón, ella dice suelto). Otras llamas fueron Pere Rovira y Luis Muñoz leyendo versos –catalanes y traducidos- de Marius Torres en Blanquerna. Marius también nació en 910 y murió solo y en la tuberculosis antes de publicar. De ahí su leyenda en su tierra natal, la lleidatana. O la lectura suicida y piconera de Pedro A. González Moreno en el hogar jovial de los Montesinos, con la sala a reventar y Marisa luchando por avivar la lumbre. Voto para que halle la leña suficiente con que mantenerla. Haces, auténticos haces, son los que amontona en su leñera Julio Mas, haces americanos, astillas de madera traducida, prontamente repartida por Calambur.
Madrid es una brasa. La Mancha líquida. El sábado 20 en Torralba de Calatrava, en su reciente Patio de Comedias surgido de la imaginación y de la voluntad de su alcaldesa, quince gotas poéticas se reunieron para celebrar el agua pasada y su esperanza. Luis Díaz-Cacho, solanero y Julio Criado, fomentan estas rogativas poéticas, necesarias, desbordadas. ¿Lloverá? La Mancha, bajo los pies, esconde el corazón del agua, el frescor de las voces. Muy cerquita, en Daimiel preparan un homenaje a su poeta. Y Matías Barchino, quijote del Juan Alcaide, manchego y madrileño, agua y brasa, pelea - siempre desde el sosiego– porque la lluvia no apague el más decano y prestigioso premio de la poesía ciudadrealeña. Este año atizó la lumbre con José Luis Herrera y su Cuaderno de Britania. Arde todavía.

En fin, la temporada, que dicen que se anima. . Noticias últimas: ya no es el lunes lo del libro de David Coll. Será cuando el fuego del futbol lo permita.

Del encuentro poético "Gotas de Esperanza" celebrado en Torralba de Calatrava.

De izquierda a derecha. En pie: Eugenio Arce Lérida, Juana Pinés, David de la Sierra, Teresa (alcalde de Torralba), Pedro A. González Moreno, Natividad Cepeda, Julio Criado (editor), Pilar Serrano Menchén, Juan José Guardia Polaino, Diana Rodrigo y Nicolás del Hierro. Agachados: Luis Romero de Avila, Francisco Caro, Luis Díaz-Cacho, Elisabeth Porrero, Santiago Romero de Ávila y Luis García Pérez.
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domingo, 21 de noviembre de 2010

Un nuevo libro de Federico Gallego Ripoll

Federico Gallego Ripoll (con bufanda) rodeado de amigos

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Escribe y vive frente al mar de Mallorca. Mirando las gaviotas trenzar o destrenzar la luz. Añorando algún río que resucita cuando él lo nombra. Es poeta. Escribe y vive. Relee. Lee a otros, en otros. Escribe. Algunos de sus poemas han deseado juntarse. ¿Cómo tantos? No, como únicamente él es capaz de entregarse a la poesía. Se llama Federico Gallego Ripoll y ha venido a veces a estas páginas por lo descrito.

Forma parte de una legión de poetas invisibles para las anticuadas tinta y papel o para las modernas pantallas de led. Resiste. Escribe palabras de análisis, de calma y aliento para devolver aquellas que le envían los amigos. En sus poemas se palpa la piel del aire, su guardada ternura. La nueva entrega, que se titulará "Dentro del día, acaso", se compone de ocho textos, demorados y calmos, en torno al desapego, a esa turbia lengua que a veces nos rodea sin advertirlo. Serán editados por Algaida: han sido señalados con el premio Ciudad de Badajoz.

Estamos a la espera. Mientras, es bueno revivir el que ofrecemos y que hemos extraído de su último libro “Los poetas invisibles” Premio Alarcos Llorach 2006.
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Autorretrato absorto

Quien oye el griterío de los pájaros
en este alba nublada, si no soy yo.

Para quién ven mis ojos
la luz desaliñada que se duerme
sobre los que regresan,
si no soy yo.

Y quien huele, quien toca, quien
saborea el humo dulce
que trae la brisa,
si no soy yo.

Ese que fui, el que escribió, no dura.
Tan sólo permanece lo escrito, en tu mirada:
el que ahora lee “quien oye, quien ve,
quien huele…”
Quien eres tú leyéndome:
quien soy, si no soy yo.
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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Temporada en crisis

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La verdad fetén es que está un poco triste la temporada poética en la endeudada villa. Como la gente. Tres años de crisis se van notando. Apabullan. Tiempos más elegíacos que hímnicos, por buscar un dicho muy común entre los obligados presentadores de poetas amigos. Un poco triste. O tal vez sea yo. El caso es que la asistencia a la tertulia de los Prometeos, en Trovador el 5 del 11, confirmó el análisis. Fue antológico el debate propuesto sobre qué término es el más indicado para las narraciones breves. ¿Cuento, historia, relato? Ruiz de Torres, animoso y feliz, lanzó un guante que nadie quiso recoger, si no fue escondiéndose de tan inútil enigma. Alguien dijo, tal vez, algo sensato mientras todos esperaban que el tiempo pasase misericordiosamente. La llama de la voz de Carmina Casala, leyendo poemas ajenos, trajo la calma. Era bonito contemplar el fuego.

Hubo después lecturas de textos de un libro colectivo y producido por prometeístas ilustres. Se leyeron tres. Tres obras de misericordia. La primera trataba de vaquerizos asturianos e incitaba a la huida. Otra fue un diálogo entre la araña de Soledad Serrano y el poeta Enrique Gracia: Aracne pensaba que los poetas son gente rara, pequeña, llamada a la depravación de ser ignorada, no comida. Para terminar, Enrique leyó solo un solo texto. Lectura rápida, texto ocurrente y bien tramado.

Tras la puerta, llegados a la calle, poetas asistentes daban la razón a la tejedora.

La verdad fetén es que está un poco sosa la temporada. Unos días antes, Jesús Hilario, tierno, humilde y sugerente, repito: tierno, humilde, sugerente, daba noticia a otro grupo de oyentes ¿o era el mismo? de su último libro. El de Calambur. En el grupo, unos habían asistido ya a la convocatoria del Bellas Artes; otros, yo, no. Me comentaron la ración de un Barja petulante, amigo de la autoescucha. Y sin duda lejano de la poesía sonora, cercana y bien construida del zamorano.

Lástima de pseudogeneración frustrada esta del sesenta; formada por buenos poetas que no han podido imponerse en la conciencia colectiva, carente de una voz crítica que la haya levantado y ofrecido a la lectura múltiple, perennemente laminada entre los anteriores y los siguientes. Joaquín Benito, Ángel García López, Antonio Hernández y Jesús Hilario, entre otros, han visto recompensada su obra este 2010 con la edición de sus completas o sus elegidas -que a su edad es cuestión solemne. Pues bien, un esmerado crítico, un tal de Paula, los despachó con una reseña colectiva en la que tras negarles la posibilidad siquiera de grupo, le bastaba con un parrafito para cada uno, limitadísimo y lleno de lugares comunes, para lidiarlos. Y en pleno agosto. Hay amigos que matan.

Dentro de poco sale El Alambique: un nuevo intento, en compañía de otros, de Porras, Agustín. Le dedican, han anunciado, espacio y tiempo a Crespo, Ángel. Otro sin generación. Veremos si algo se anima. Blanquerna le organiza unas jornadas a la poesía de Marius Torres, leridano traducido.

Las buenas gentes, mientras tanto, viven en los blogs. En donde se acometen y desafían.

La foto que acompaña es de Antonio Banderas, que expone en el Cervantes. (Por animar con algo castizo, de almanaque, ya que hemos hablado de lidia y temporada).
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lunes, 25 de octubre de 2010

Nieves Álvarez presenta “Los íntimos secretos de la voz”

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El próximo sábado, en Piedrabuena (Ciudad Real), Nieves Álvarez Martín presenta el libro con el que ha obtenido el Premio “Nicolás del Hierro” en su XIV edición. Se trata de “Los íntimos secretos de la voz”. Una cuidadosa edición a cargo de Añil desarrollo gráfico alberga los 33 poemas que componen esta entrega de la poeta abulense afincada en Cantabria.

El libro está prologado por Ricardo Desola, escritor barcelonés, que aprovecha para incidir en la consolidación de la voz propia de la autora, a la vez que señala su atracción por la metapoética, por el oficio de las palabras en la estructura del poema.

Lo que parece innegable es que “Los íntimos secretos de la voz” viene a añadirse a una obra poética lenta y seriamente realizada A los temas eternos de la poesía: el paso del tiempo, el misterio de la infancia, el asombro de la naturaleza… ha ido añadiendo Nieves nuevas preocupaciones, de las que es muestra este poemario. Su discurso directo y su clara dicción atienden fundamentalmente al tesoro de la palabra tejida en el poema, y a la búsqueda de la imagen exacta como vías por donde caminar desde la individualidad necesaria del poeta hasta el imprescindible ser con los otros.

En la intención de este poemario está la vida como territorio de contradicciones, abierto y a la vez inexpugnable, en donde el deseo de amar y ser amada se nos muestra como único sendero. Para Nieves Álvarez la poesía es el milagro que nos permite pedir auxilio, contar las alegrías, entender las esperas, prolongar la belleza del amor.

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XXXIII


Adivino que llegas, que me miras
regalando palabras.
Adivino el susurro del reloj agitado,
el rojo de mis pómulos
-aún adolescentes-
el temblor de este cuerpo diminuto,
el mareo furtivo de la luz
-intrusa en cada instante-
y el amnésico tul de cada verso
que construye el poema.

Adivino el contorno de tus labios
que dejan sus aristas en los míos,
los nombres, los pronombres personales,
las palabras no dichas
y la sed infinita de mis senos
que responden
al lánguido preludio de tus manos.

Adivino tu voz
disuelta ya mi piel, derrotada en los versos,
en el azul silente
que entre tus brazos tiene mi derrota.

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lunes, 4 de octubre de 2010

Nuevo poemario de Pedro A. González Moreno

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En esta ocasión, el premio de poesía “Alfons el Magnànim”, que otorga la Diputación de Valencia, ha sido para un amigo de la casa, para alguien que habita bastantes de las páginas de este blog. Se trata de Pedro A. González Moreno, poeta de sutil trayectoria. Pedro es alguien que cuida como pocos la administración de los tiempos a la hora de publicar, dueño de una extraordinaria exquisitez formal es capaz de crear con sus versos el ambiente preciso para que el hecho poético pueda ser considerado otra forma de la verdad humana.


El poemario, que publicará Hiperión con prontitud, se titula “Anaqueles sin dueño” y según palabras de Jesús Munárriz, miembro del jurado "es un poemario muy bien construido, centrado en las baldas de una biblioteca sobre las que el autor localiza libros de escritores suicidas". Otros componentes del jurado fueron Antonio Hernández, Gonzalo Santonja, Antonio Porpetta e Ignacio Elguero. Esperamos su aparición, de la cual dejaremos constancia. Como esperamos la reedición por parte de Vitrubio de la agotada antología que, con el título de “La erosión y sus formas”, ofreció el poeta en 2007.

El poema que ofrecemos apareció en “Dodecaedro”, plaquette aparecida con ocasión de su lectura en Valdepeñas y editada por la tertulia A-7. El poeta cree saber en qué consiste hacer la poesía. Creencia que Boccaccio de Certaldo hubiese aprobado.

EL PICÓN DE LA INFANCIA

A mi padre


Uno de aquellos días de los duros inviernos
de La Mancha, mi padre
me llevó a hacer picón.
Bajo la luz incierta de aquel amanecer
tenía el campo un brillo distinto, un color nuevo
de frío y aventura.
Recogidos los haces
de leña a campo abierto
hicimos una hoguera y, fascinado,
vi levantarse el humo
en una alta columna, más alta que la luz
de la mañana. Supe
después que aquellas llamas
eran un misterioso reflejo del poema;
algo estaba creándose al mismo tiempo que algo
también se destruía.


Con unos cubos de agua, baldeándola a mano,
apagamos las brasas
para que el fuego no las consumiese.
Era preciso el agua en el momento exacto
(un momento anterior a la ceniza)
para que la madera conservase
ese oscuro tesoro de su fuego escondido.
Finalmente, con horcas
íbamos removiendo el montón humeante
hasta que se enfriaba.


Pensé que aquel oficio consistía
tan sólo en extraerle
el humo a la madera,
o tal vez en guardar, para después, la lumbre
que había oculta dentro de las ramas.


Muchos años más tarde
pensé que sólo en eso
consistía el oficio del poeta:
en quemar las palabras muy cuidadosamente
hasta que ardiera toda la hojarasca
y su corteza impura;
en dejar que los versos, ya vaciados de humo,
quedasen reducidos a su ascua,
y pudieran así guardar un poco
de lumbre para el luego.


Después, ya muchos años
después, algunas veces he pensado
que al escribir poemas
sólo seguía haciendo picón con las palabras:
negro picón
para este duro invierno
de la vida.

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domingo, 3 de octubre de 2010

Un poema

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Es un poema de Claudio, el poema que abre “El vuelo de la celebración”, la primera parte de un texto repartido en cuatro estancias. Vuelvo a él con frecuencia. Al temblor del regreso hasta el lugar de la felicidad, de la primeras señales de la podredumbre. La vida es la memoria de unos pocos instantes.


AVENTURA DE UNA DESTRUCCIÓN


Cómo conozco el algodón y el hilo de esta almohada
herida por mis sueños,
sollozada y desierta,
donde crecí durante quince años.
Sí, esta almohada desde la que mis ojos
vieron la amanecida
y el resplandor nocturno
cuando el sudor, ladrón muy huérfano, y el fruto transparente
de mi inocencia, y la germinación del cuerpo
eran ya casi bienaventuranza.

La cama temblorosa
donde la pesadilla se hizo carne,
donde fue fértil la respiración,
audaz como la lluvia,
con su tejido luminoso y sin ceniza alguna.

Y mi cama fue nido
y ahora es alimaña;
ya su madera sin barniz, oscura,
sin amparo.

No volveré a dormir en este daño, en esta
ruina,
arropado entre escombros, sin embozo,
sin amor ni familia:
entre la escoria viva.
Y al mismo tiempo quiero calentarme
en ella, ver
cómo amanece, cómo
la luz me da en mi cara, aquí, en mi cama.
La vuestra, padre mío, madre mía,
hermanos míos,
donde mi salvación fue vuestra muerte.

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