jueves, 22 de octubre de 2026

Un triptico

Ilustración: Pedro Castrortega
         Llevo dos o tres días pergeñando un poema en tres estadios. Lo he ido consultando conmigo mismo en Face. Viéndolo y viviéndolo en compañía. Sigo en él. Ahora lo traigo aquí porque esta es una posada más estable para alojarlo y de tal manera puedo seguir observando cómo se mueve. Cómo se acerca o se retira. Trata de lo mismo de siempre --es mi mundo-- de cómo es posible que exista el poema y por qué nos empeñamos en construirlo, qué lo provoca. Me preocupa menos el para qué, mejor dicho me preocupa nada.


La construcción de la casa

 

 

I

La vida es un intento,

los caminos no vuelven, todos

los fuegos arden juntos, las palabras

son ciudades o manos que pretenden

dibujar horizontes: cuatro lenes certezas

que pronto supe

 

hoy sé también

que el poema es la llaga del lenguaje.

 

 

II

Puerta del Sol, Madrid y otoño, noche

bien entrada —¿recuerdas?—,

veíamos pasar gentes sin nadie

y miradas caídas, casi enfermas

 

para ti, para mí era hostil el asfalto,

como gris injusticia, hablábamos

sobre causas, sobre provocaciones,

sobre qué los genera,

dijiste:

todo poema nace de una verdad lejana

 

y se hizo entonces,

bajo un reloj, la noche tregua.

 

 

III

Un poema

siempre es hijo de dos, te repliqué:

de un asombro y un frío sospechado.


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