domingo, 25 de marzo de 2018

Un poema: Volver en la memoria (Domingo de Ramos)

El pueblo donde
fuiste, fui,
y las primeras gotas que se anuncian,
yo contigo por entre
aquellas calles blancas,
por recuerdos, por entre 
las puertas entornadas y la conversación

mas hoy siento tus dedos,
la curva de tus dedos, apretar mi antebrazo

quieres decirme para, calla
y me detienes

deseas no escuchar,
la voz de este domingo, no atender
a esa hoz inestable que alguien llamó
alguna vez memoria

esa voracidad, me dicen tus
fierros dedos curvados en mi piel, esa
lluvia antigua,
esa oscura arboleda que no se basta en sí,
que horada cuando busca
en aquellos deseos que jamás peleaste

y que tú, hoy, desearías, cual testigo de cargo,
ver callada

¿qué codicias? ¿qué temes?
el presente es también una ficción, te digo.

lunes, 19 de marzo de 2018

Los americanos y Rosillo en Madrid. Crónica



      Desde hace un tiempo las pequeñas editoriales poéticas españolas le están haciendo un hueco en sus catálogos a la poesía americana, sea de habla castellana o no. Así lo hacen Eme, Valparaiso, Liliputienes y Polibea. Visor ya está instalada en ello hasta el punto de buscarle sitio seguro en los premios Loewe. También Pre-Textos, desde tiempo. En este suceder, José María Cumbreño (Liliputienses) presentó hace unos días en Casa de América su colección con cuatro poetas de los allendes, de los preocupados por el neobarroco y la vida diaria. Allí estuvimos.  Nuria Ruiz de Viñaspre hizo lo propio con una antología de poetas mujeres colombianas para Eme. Y Verónica Aranda no cesa de convocar poetas de allá para su colección Toda la noche se oyeron pájaros (de Polibea). Sin olvidar la conocida Trasatlántica de Amargord. Algo varada últimamente. 
En estos aconteceres, el pasado jueves 15 de marzo, se presentó otro refugio que atiende a lo americano. Promovido por la voluntariosa Eolas, de León. Está dirigida por Tomás Sánchez Santiago, poeta cardinal. Sucedió en la Biblioteca Iván de Vargas, pleno barrio de los Austrias. Intervino José Mª Castrillón que ha elaborado una antología del colombiano José Manuel Arango bajo el título La sien en el puño. Poesía de precisión lingüística, esbelta, reflexiva, limpia, hecha desde el hombre para el hombre. Habló luego Tomás de Y el lugar era agua. Antología poética. de Lorine Niedecker. Poeta norteamericana poco conocida, poco publicitada, una Emily Dickinson del siglo XX, se llegó a decir. Poseedora de una enorme fuerza interior, fue mujer que supo contar su íntimo cocer del mundo desde su único lugar habitado en plenitud: un cabaña en los marjales de Wisconsin. Un acto pleno de poesía, de los que justifican desafiar la lluvia, su pertinaz cariño de marzo.

Eloy Sánchez Rosillo en la Librería Alberti.
Foto MCBarri


     El viernes 16, semejante a fiesta mayor. Vino a Madrid, con escala el jueves en Talavera, el murciano Eloy Sánchez Rosillo, candidato a ocupar puesto de nombre referencia en el panorama español actual, cuya poética –claridad y celebración– identifica cualquier avisado. Sucedió en la Alberti, y se llenó de escuchantes la escalera tribuna del fondo.  No hubo novedad en la presentación titubeante que de él hizo Juan Marqués. Ni se esperaba. Apenas apuntó al título La vida como bisagra de su hacer. Sánchez Rosillo tiene ya apariencia patriarcal. Y tiene poemas que se han instalado desde tiempo en el glosar del instante, en una sensación emocionada de canto al mundo y a cuanto el mundo ofrece a los que miran con buena voluntad. Poeta sin necesidad de metáforas ni metáfora.  Poeta de lo conforme dicen algunos. Poeta de lenguaje sin recovecos dicen casi todos. Y de venta segura, asegura Tusquets. Me impresionaron sus manos longilíneas sorteando el azar de las páginas, prestas en buscar el poema. Leyó generoso. Y leyó tembloroso el poema final dedicado al encuentro con la madre. Público de poetas y atentos. Pepe Cereijo, Javier Lostalé, José Luis Morante, Constantino Molina nos cercaron.  Hubo disfrute del poeta y hubo comunión entregada. Digamos que Eloy habló, en los intersticios, de su infancia, de sus noches al raso ante cielos cuajados, de que escribe más cortos los poemas de ahora, de su afanes. Tuvo tiempo de proclamarse feliz con la existencia de Las cosas como fueron. Poesía reunida (1974-2017). Remarcó que esta obra justifica la intención de su vida, que le hacía dichoso. El volumen agrupa el contenido de sus diez libros. Desde Maneras de estar solo a Quién lo diría, y añade tres poemas inéditos. Señalemos la espléndida edición de Tusquets, a 24 euros. Buen precio para los tiempos que corren y su calidad física y estética.
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XVLI  DESMEMBRACIÓN

su corazón arrojado al mar 
para que las olas no cesen 

sus ojos enterrados bajo los pinos

su cráneo junto a la nuez de la fuente 
para que el agua brote sagrada 

su vientre para los cóndores de la noche 

sus senos un figura 
de estrellas

                              José Manuel Arango

miércoles, 14 de marzo de 2018

Un poema de Javier Díaz Gil. De "Regresar de Chile"


     

     Conozco a Javier Díaz Gil desde diciembre del año 2001 en que acudió a Piedrabuena a recoger el premio Nicolás del Hierro. Premio otorgado por el libro Hallazgo de la visión. Digo esto porque desde aquel día me es imposible disociar persona y poeta. Creo que a él también. Vive con y por. Mantiene en Madrid la tertulia Rascamán donde enseña y aprende. Nos vemos. Es un poeta y un hombre de genio tranquilo, pero rápido y sagaz en la mirada, en la palabra. Ha editado poco y tarde –¿tímido? ¿sosegado?–, pero ha dado a luz un libro que le contiene: Regresar a Chile, que Lastura, con su mimo, ha puesto en el mercado. Libro limpio de trazo, de palabra precisa, de esa que no se advierte ni detona. Le sirve para contar su recorrido por los lugares que le atrajeron del país austral. De los físicos y de aquellos que nuestro corazón no esconde. Atacama, Neruda, Mapocho, la cordillera, Allende, la lluvia, la luz helada, los nombres de los desaparecidos, Pascua, su enigma de espaldas al mar, las otras estrellas. Hay en todo temblor sincero, de claridad que no deslumbra ni es deslumbrada. Los poemas son las huellas del que regresa a un lugar en el que nunca estuvo. Y tienen la capacidad de hacerte cómplice. No es fácil no mirar con el poeta, no sentir con el poeta, no dolerse juntos ante la inmensa belleza de lo natural. O ante la norma natural de la injusticia social y política. El libro entero es un poema continuado de 53 estancias. Qué suerte que existan poetas que escriben desde tanta serenidad, desde tanta sensibilidad, desde tanta franqueza. Y que los conozca.

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Aquí está la infancia de la Tierra,
en los lugares excavados por el hielo,
en la voluntad dulce
del agua,
en la paciencia del glaciar
que acoge el valle.

Ante esta pared desgarrada,
muro añíl,
muro blanco, y gris y tierra,
ante esta pared aprendo
que el tiempo no existe,
que el dolor del hielo
no es el fin,
que el grito del frío
es contemplación,
y que creer significa saber

que esta luz detenida

ha de convertirse en agua.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Un poema de Carlos Javier Morales: Jueves Santo

Carlos Javier Morales en Madrid
Librería La Fábrica
Foto: MCBarri  

     
      Carlos Javier Morales es un poeta y profesor tinerfeño que durante muchos tiempo residió en Madrid. Es conocido por su dedicación esencial y comprometida en el mantenimiento y dirección de la página Poesía Digital. Dominio que se recuerda por su rigor, buen gusto y diversidad. Aquello pasó, aunque la página siga existiendo (inactiva). Volvió a Madrid hace unas semanas. Contó que sigue trabajando por y para la poesía, fundamentalmente la de otros. Que él escribe con lentitud y en ello está tranquilo. Es el caso que Renacimiento, editorial con la que colabora, ha editado en su colección Calle del aire una antología suya que titula Una luz en el tiempo. Asegura que prefirió esta colección a la clásica de rayas por motivos de edad y futuro. José Cereijo se encargó de comentarla en el momento de la presentación, 13 de febrero. Carlos Javier es dueño de un modo de hacer condicionado por la emoción, por la sencillez amable de las formas y por su alejamiento de las metáforas abstractas. Un poeta directo para un lector con las puertas abiertas. La poesía como comunicación, como temblor. Autor de siete poemarios éditos –desde La cuenta atrás hasta El paisaje total- en esta entrega incorpora algunos poemas de nueva impresión. De entre ellos escogemos este. Que leyó.

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Jueves Santo

Por las calles del pueblo,
por las calles eternas de mi pueblo,
oigo cómo me siguen los pasos de mi madre.

Allí, en el cementerio, no los oigo:
su lápida y mi oído son dos mundos diversos.

Y si miro hacia el mar, mi mar de siempre,
hoy sólo siento miedo por tanta inmensidad inaccesible.
La isla es un isla es una isla.

Camino por el pueblo como por una tumba
un instante tras otro verdecida.

Camino por el pueblo y sólo se oyen
los pasos familiares de mi madre.
No sé de dónde vienen ni hacia dónde.

Tampoco sé si vienen a abrazarme
(¡cómo recuerdo, madre, tus abrazos!)
o a reprocharme el rumbo de mi vida.  

domingo, 4 de marzo de 2018

Consejo de redacción: marzo 2018


Parafraseaba ayer Soledad Gallego Díaz la frase de Gertrude Stein: Rosa es una rosa es una rosa es una rosa, que popularizó Mecano. Pues bien sigamos con la paráfrasis y digamos que blog es un blog, es un blog, es un blog.  Y que a algunos les afecta de vez en cuando la melancolía de los días sin luz y posiblemente la astenia propia de los primaverales. Los blogs andan en lívida decadencia –tan elegante, por cierto– ante la inmediatez de la redes y su toma y daca. Cuajados de onanistas o propagandistas, atraviesan un momento de desasosiego desconcertado. Y es preocupante. ¿O no? Lo veo en esta casa, en vuestros ojos, tan acostumbrados antes a escarbar en las migajas líricas de las tardes, a propiciar el encuentro con poetas amigos o con poetas, a filtrar alguna novedad o dar cuenta del estado de la cuestión. Esté blog, tómenle el pulso, también está enfermo en dudas. No sabe si es una rosa o una antigualla. O si alguien lo espera. Por eso este Consejo de Redacción en marzo. No sabemos lo que el destino trama, pero si alguno de ustedes encuentra trabajo –escribidor o lector– en la competencia, en las nuevas revistas-seta digitales, acéptenlo. Nos será difícil evitar el ere, estamos sobredimensionados para tan escasa productividad. Por menos llueve. Dijo el Jefe por el plasma. Sigue en Torrevieja.    

miércoles, 21 de febrero de 2018

Ha muerto Aurora Auñón

     
  
     Ha muerto suave, como vivía desde que la conocí. Una mujer como pocas. Enamorada del hecho poético. Aprendió a recitar antes que a leer. Maestra, narradora, ensayista, poeta, mujer. Crítica con una sociedad que se alejaba de los valores cristianos. Que ella confesaba defender. Los de la justicia, los de la hermandad, los del hombre y su posibilidad. La conocí recitando a Bécquer un tarde en Arganda. Y desde entonces. Desde entonces su presencia amiga, su presencia pan, su armonía. Escribía y no publicaba. Nos hablaba de una novela que esperaba tinta, nos hablaba de Albalate de la Nogueras, nos hablaba de su casa, levantada en el XVIII, y de la que se sentía depositaria. Habitual asistente a las jornadas de poesía de Priego, allí trabó amistad con los poetas que ella consideraba maestros. Escribía. Editó con Vitruvio su primer libro Techo y raíces que incluye el poema XXVI, “Los alimoches”, poema que basta para saber de ella. Para saber de su amor a las gentes, a los olores y las costumbres de su tierra. Después, en la primavera del 2013, aparecería Los trabajos y los días, un friso hermoso de lo rural. Implacable en su certeza. Mujer y escritora de luz verdad, era posible reconocerla en la transparencia de sus escritos. Y era compañía horno, pensamiento, amparadora en su figura débil. Austera de costumbres, ajena al agua como bebida, frutal en las conversaciones, entendía el acto de vivir como solidaridad y búsqueda de la belleza. Era fácil encontrarla al reclamo de lo teatral, actividad de su entusiasmo. Digo también que en los últimos tiempos se ilusionó con los aires de renovación político-social que cundían circulares por el país. Aportó tesón y ganas. Por eso escribía, por eso el afán de su gran amigo Raúl Nieto de la Torre y la generosidad personal y editorial de Lidia López Miguel pusieron veloz empeño en que pudiera ver editado Tiempo en el tiempo, su última entrega. Poesía y reflexión. Justo esta mañana -21 y febrero- lo entregó la imprenta, justo esta tarde se fue. No pudo. La tristeza y la alegría de haberla conocido. De haber sido con ella comunidad. Cómo no haberla querido. Cómo no quererla siempre. Tendrá un acto recuerdo donde podamos reunirnos sus amigos, los del barrio, los de la poesía. Donde podamos reunir los afectos que ella repartió. Aurora. Aurora Auñón.  

domingo, 14 de enero de 2018

Un año sin Nicolás del Hierro

      

    Hoy, 14 de enero,  hace un año que nos dejó el poeta Nicolás del Hierro. Él, que solía decir de sí mismo que erun hombre solo, porque sabía del valor de la soledad para ser libre, nunca fue un poeta solo. Tanto en lo vital como en lo poético estuvo siempre acompañado. Vivió fértilmente, fue amigo de sus amigos y de la fraternidad. Tuvo su voz matices horacianos, de concilio con los otros y con la Naturaleza. Escribió para vivir y murió escribiendo. Durante todo el año pasado fue recordado en multitud de actos poéticos. No se perderá su memoria, no se perderá. Buen amigo de este blog y de mi persona, tuvo la deferencia de confiarme este autorretrato lírico que compuso con fragmentos de sus poemas. Sirva para declarar nuestra amistad y su permanencia en nuestro corazón. 
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VERSOS PARA UN AUTORRETRATO

Nací en una mañana de aguanieve,
cuando lloran los sauces su denudo,
cuando yerto el paisaje, casi mudo
limita al corazón.
                             ¿Mi infancia?
Una casa de labriegos
en un lugar de La Mancha,
donde por plumas hay rejas
y por libros hay abarcas.

Era en aquellos años sin ventura,
cuando el viento azotaba nuestros cuerpos
y la Parca cernía su estandarte
sobre el extenso cinturón del mundo.

Yo entonces era un niño; tan niño
que a penas si podía pensar en esas cosas.

Nos pusieron descalzos en la tierra
y quemaba; quemaba como suele
quemarnos el dolor, pero algo así
como un dolor sin sitio destinado.

Era como una noche larga, larga,
que naciera en el alba de mis días
y adaptara el crespón de su tristeza
a la forma infantil de mi cerebro.

Pero creció la aurora, la mañana,
a impulsos de un enero soleado
y los Magos de oriente cargaron sus camellos
con la ilusión crecida por las calles.

Y fue preciso andar, nos lo pedían
las piernas, lo exigían los rosales
en flor de nuestra edad.

Es el tiempo en que rompo con la duda;
cuando agarro y estrujo las palabras;
cuando me vierto en tinta...

Soy el hombre del todo o de la nada;
depende. Se me desborda el mundo.
Agua, viento soy, pensamiento en suma,
con que sembrar quiñones en barbecho.

Sueño a veces que voy por un camino
y que tiene la vida un algo nuevo,
que huele a primavera, a luz, a vida...

Animal soy de ensueños: llevo
diez mil gaviotas blancas en mi frente
con las que a veces surco los océanos,
y, al ver la luz del día, me ilusiona
saber que nace al mundo una esperanza.

Luego queda el contraste,
el perderme detrás de cada estrella,
elevarme y subir hasta la nada,

vivir cualquier diciembre en la ternura
de toda Navidad como una ciencia...

Esto es cuando los ojos se nutren de libélulas,
cuando el amor me riega los cauces del afecto,
cuando miro la vida y me parece
que el viento peina lirios en la calle.

No en vano, a veces, uno sueña
con el perfil humano de las cosas
sólo porque una música lo envuelve
en su débil pasión de ser poeta,
y, en la ingente labor de la palabra
lucha por arrancarle al diccionario
la lírica pasión de su armonía.

viernes, 12 de enero de 2018

Barral y Ángel González


       El asunto es conocido, entre otros motivos porque lo cuenta Carlos Barral en sus Memorias. ¿No las leyeron? ¿Aún no las han leído? Y viene al presente por los actuales fastos por Ángel González. Chus está que lo vierte, desatado. Resulta que allá por los cincuenta, los jóvenes poetas  acomodados, los Barral, los Biedma, los Ferrán, los Ferrater y cía, admitieron en una de sus reuniones a un joven asturiano, barbado y cejijunto, que venía bien recomendado y con avales de afinidades progres. Acepto que la palabra progre aún no se había sembrado (los tiempos eran algo más duros). La conversación dejó sus prolegómenos líricos para derivar en la política y el antifranquismo. El joven amorenado tras leer sus poemas entró en un silencio profundo y escuchador, sin duda sorprendido de los modos y la desenvoltura de aquellos burguesitos. De mala conciencia, pero burguesitos espuma. Ambiente al que estaba poco acostumbrado. En la mañana que siguió, alguno sospechó de aquel poeta recién llegado y corrió la voz de que podría ser un poli memorioso de la politico-social, por lo atento que estaba. No es difícil hacerse pasar por poeta, pensaron. Los jóvenes de la Escuela de Barcelona, Jaime Salinas incluido, entraron en modo pánico y decidieron, durante días, abandonar sus hogares habituales como precaución. Mientras, multiplicaban gestiones con sus contactos. No se tardó mucho en aclarar las cosas. Lo que les tenía mosca es que aquella noche Ángel bebió tanto o más que ellos. Prueba a superar mucho más dificultosa que la de ser poeta. Años después, 1972, Carlos Barral, ya con casa propia, editaría la primera edición de su Palabra sobre palabra. Compré la 2ª, la del 77. Y la bien conservo. 
De ella, este soneto a lo Blas