Hay
costumbres que aún
no
han marchitado, me decías,
regar
cada maceta
del
patio, por ejemplo,
algo
que puede parecer sin gloria,
pero
que es
providencia
sutil que nos convierte
en
cotidianos dioses,
en
dueños de otras vidas,
tal
vez sin merecerlo.
Hubo otras
que fueron necesarias
que fueron necesarias
y ya son abandono:
recuerdo aquella, matutina,
la
de mirar y darle, como primer oficio,
cuerda
al reloj con parsimonia,
un
gesto que era un acto de conciencia,
después
de él, vivir
ya no era un hecho
confuso, inconsecuente,
sino plazo otorgado.
sino plazo otorgado.
Solos frente a la esfera,
la vida y su rigor nos advertían
-¿nos advierten?-
la vida y su rigor nos advertían
-¿nos advierten?-
como súbditos los límites del tiempo.
(De Conversacciones)









