A este sol de diciembre
no le importan las grietas
verticales que llagan la pared
ni su cal diluida,
año tras otro
la ha visto envejecer.
Conoce desde entonces
la piedad deste muro
que levantó mi
padre,
que fue refugio de ambos,
de sus conversaciones
desde entonces
regresa cada invierno,
y lo calienta aún esperando su
espalda.
Que ya es la mía.
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