martes, 22 de noviembre de 2022

Un poema: Teresa de Ávila invoca al Amado

 











(Primer domingo de Adviento, 1579)

 
Amado, 
porque bien me conoces
y conoces las casas que me ocupan,

que has visto en las paredes
que levanto señales
de incendios o diluvios, Tú que sabes
que mi celda conserva pocos muebles,
-que jamás quise míos-, una mesa,
una silla,
pintados del color de los que aguardan,
y el seco lecho
en donde cada noche
espero tu piedad, no tu abandono.
 
Tú que siempre quisiste
que a solas nos hablásemos
de colores que ascienden,
de inquietudes y abismos
o de días granados,
y escuchaste en mis labios,
encalados de sal,
que voy muriendo mientras
se ha empeñado el temor en visitarme
igual que se visita un río seco
o se da una limosna.
Por tantos días líquidos y andados
por tantos días nublos y veredas,
por tanto desamparo como a veces sentimos
como a veces soñamos, ven,
Amado, ven
a esta luz que te nombra,
a esta voz que te alumbra,
que te invoca con ojos de crepúsculo.
 
Llégate Amado,
manda en mí, deja
que me envuelva tu sombra dulcemente
disuelta en la callada
quietud con la que vivo,
ven,
hoy que ha vuelto mi mano perezosa
al oficio y al gozo de escribirte,
háblame, quiero 
saberte en este anhelo de llanuras,
en esta labrantía
tierra de fundación donde tanto me apremia,
en estas tierras calmas donde
los inflamados oros del trigal
darán pronto su abrazo
a nuestras tapias nuevas.
 
Para buscarte ando,
atravieso los bosques,
los ríos,
los poblados,
las nieves que los mapas confundieron
con dolor, con olvido,
y hoy se llaman derrota o esperanza,
ven
a mí, Amado, vuelve
a esta celda que aún por Ti resiste,
a este patio que espera,
a sus piedras azules,
a la dulce penumbra
en donde sigue y tiembla el desafío
que mi espíritu teje.
 
Quiero
gobernar nuestros bocas
con divinas lujurias, remover de ese cielo 
que tienes prometido
las brasas nuevas, quiero saciar
esta sed que me rompe,
quiero
para esta luz manchega que levanto
rescatar –carne y leña– 
altos fuegos que limpien,
hacer vuelo mi cuerpo, contemplarte.
 
Amado, ven,
porque siga mi boca
siendo pozo de lumbre y oración,
huerto y hogar en donde crezcan ,
juntos y siempre,
                            como esposos,
tu voluntad y mi alma.


(Rescatado por el azar de la sombra de los archivos samsung ¿2010?, este poema que quiere buscar cobijo bajo el del poeta Fernando José Carretero. Y que seguro fue escrito pensando en el certamen teresiano de Malagón).

(Ilustración: M Pezzolano)
 

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