domingo, 12 de enero de 2020

Un auténtico vermut poético: Alfonso Brezmes

Alfonso Brezmes y Rafael Soler
Foto: Ana Ares

       

       Tiene un altillo la librería Cervantes y cía maravilloso. El sábado sirvió de territorio para un vermut de los de verdad. Se ha puesto de moda llamar vermut poético a los actos de los sábados por la mañana -esto es ya una locura–, pero la mayoría sólo usan el título como reclamo. Este no. Vermut y tapas tapas como testigos precisos de los posteriores comentarios convivenciales. La gente estaba contenta, feliz. Alfonso Brezmes, cuya persona no conocía, presentaba su último poemario, Vicios ocultos. En edición argentina. No es normal que un poeta de la casa Renacimiento excursione. Luego aclaró que espera este mismo año una nueva entrega en su sello matriz, y que este libro ha sido un extraño capricho solicitado. Merecen la pena estos caprichos, sobre todo si se hacen acto en una sala a reventar de amigos, compañeros, familia, poetas y alrededores. Vinieron convocados para la conversación entre el autor y el poeta Rafael Soler, que supo provocar subrayando los matices y excitando con preguntas.  El autor, tan dado a los desdoblamientos de identidad, tuvo que fajarse con la verdad del yo más cercano. Tiene otros. (Se nota que ha leído a Miguel d´Ors.) El libro se distribuye en cinco capítulos: Examen de conciencia, Dolor de corazón, Propósito de enmienda, etc… (lean a Ripalda). El poeta Alfonso busca con la tinta de las páginas a su otro, al que navega entretenido por los rincones del amor y la vida; con pocos vicios públicos, pero en muchas sospechas encendido. Brezmes es alguien que tiene voluntad de juego con lo leído. Y decisión por el goce y el recreo que supone existir. Hubo abundantes lecturas de poemas. Y hubo alguna confesión. Como esa de que al poeta le llega siempre menos calor del que espera cuando entrega una obra al afecto y al juicio de los demás. Siempre es así. Alfonso Brezmes es poeta tardío, pero ciertamente ya conoce las astillas del oficio. Declaro aquí que fue un disfrute sabatino la alegría, el aire desenfadado de la poesía de Alfonso y la concreción material del vermut, que en esta ocasión dejó de ser metáfora raquítica. Que cunda. Porque se vendieron todos los ejemplares.

La casa sin puertas

Homero vio a Dios:
esa fue la causa de su ceguera.
Borges leyó a Homero,
y en sus hexámetros las naves
surcaban el mar para llevar el sol
hasta el ciego horizonte de sus ojos.
Yo he leído antes a Borges
y otro me lee a mí ahora.
Así viaja la luz
por esta casa sin puertas
cuyos muros son palabras:
iluminando unos cuartos
tras dejar otros a oscuras.

                           (De Ultramor)

Vagones perdidos

Hora punta.
Rostros dormidos.
Cuerpos en la corriente.      

De pronto mi rostro en un cristal,
viajando
en dirección contraria
a mi propia vida.

                              (De Vicios ocultos)


2 comentarios:

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Estupenda crónica de una jornada poética llena de vitalismo y buena poesía. Comparto tu lectura, Paco, y seguro que disfrutaremos de más vermuts con la poesía de Alfonso. Gracias por tu maravillosa compañía.

fcaro dijo...

Cierto, amigo. José Luis. Una sabatina de lujo. Tanto por el poeta como por el ambiente. Un buen abrazo.