domingo, 24 de abril de 2022

Un poema: Cuerda de esparto

 



 

 






Desde los sótanos,

–ciega, callada–

por una densa cuerda

de esparto asciende

sin freno la memoria,

muy despacio

 

notas

en el aire que vibra

su terca decisión,

miras

la tensión aferrada

de sus manos

 

que llega,

que busca sitio,

que busca

un cuerpo en donde guarecerse,

donde activar –agudos–

sus aguijones

 

donde alojar -¿en mí?

sus tesoros, su daño.

lunes, 11 de abril de 2022

Carta pública a y dos poemas de: Chelo de la Torre

 



Querida Chelo, la verdad es que apenas si nos hemos tratado personalmente, pero me atrevo al tratamiento. Con tu permiso. Sé de ti que las matemáticas y su enseñanza han ocupado gran parte de tus intenciones y tiempos, hay rastros evidentes en el libro que apremia estas líneas; y que la poesía, que siempre te rondó, ha encontrado en ti pública escritura en estos últimos años. Podemos encontrar muchos viajeros con el mismo itinerario, lo importante es cómo lo recorremos, con la voluntad y la destreza que lo caminemos y resolvamos. He tenido y tengo en mis ojos y manos tu Tiempo de memoria, libro a cuya presentación madrileña asistí. Libro que, abierto con un animoso prólogo de Enrique G. Trinidad, clausura un analítico epílogo de Arancha Martín. Entre medias de ambos, el pálpito humano a través de tu decir. No sé quien busca a quien: si la poesía a ti o tú a la poesía. Sí sé que has tardado tiempo en afirmar el maridaje más allá de pudores y/o fortalezas. Como sé que ahora vives volcada alrededor del hecho poético. De su vigilancia, de su difusión. Y se agradece. Qué bien has repartido los poemas en el libro. Una primera parte, “Este silencio gris”, escrita al ritmo de los estados emocionales donde tu yo poético y vivencial juegan a esconderse y encontrarse; juegan. Tanto como tus dudas ante poema, dudas que resuelves pensándolos más como medio que como fin. Habla por sí mismo el título de segunda parte “Polvo de tiza”, en donde sus textos vocean los dramas de la encrucijada adolescente que tan de cerca viviste y que no te resistes a contar, a gritar: ese abismo ante la edad adulta que a veces resulta irresoluble. Chelo, escribes para decir, y eso salva. Te salva y salva unos poemas escritos desde la humildad y la elegancia para ser entregados. Para hacerse comunión sensible con otros. Tu mirada se extiende desde la misericordia y hacia el dolor de todos, en especial las mujeres, en el tercer apartado “Cada vez que pienso”, poemas al hilo de situaciones, de imágenes, de sucesos, que a nadie pueden dejar indiferentes, y menos a una poeta como tú. Nadie está preparado, y empleo tus palabras, para ver morir un niño. Las bombas sobre Siria, sobre Ucrania, nos recuerdan este universal de la injusticia y el dolor que el consumismo pretende alejar de nuestra conciencia. Y ese final magnífico, ese “Tiempo de memoria”, que reflexiona , sobre la certeza de lo ido, al tiempo que canta y cuenta de su feracidad, pero también de su laboreo: nada nos ha sido dado gratis. Permíteme que me detenga en el poema “Ya no hablamos de mañana” en donde defines el presente, el hoy que nos cuestiona, como el agua que resbala entre los dedos, que resbala y no la detiene ni la concavidad de las verdades. Tu libro es poesía y testimonio, de ti y de tu tiempo, de lo vivido y de aquello desde lo que aún cabe esperar. Tu Tiempo de memoria denuncia tanto como consuela.

He escogido, como muestra, estos dos poemas, a mi modo de ver significativos de tu posición ante lo que el mundo nos ofrece. Queda decir que el libro ha sido editado por la editorial Nuevos Ekos.

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Ángulos

 

Hoy les he enseñado que los círculos

no siempre son perfectos

           Marisol Huerta

Expliqué a mis alumnas
que hacerse adultas
no es solo cambiar una talla más grande,
que no siempre los círculos son perfectos,
que no es fácil hacer la espiral de los años,
que yo estaba en el intento todavía.
 
Se nos rompían los días
número a número,
y fuimos aprendiendo que la vida
no es lineal,
que tiene aristas y ángulos que cortan,
que dañan, como aquel en el que Marta
quedó enganchada para siempre a la jeringuilla.
 
Nunca supe enseñar a medir
la amplitud de esos ángulos.
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Mujer palestina
 
Ha pintado tu cielo de gris, de rojo.
Han abatido tu tiempo, tu olivo, tu casa.
 
Ahora vagas errante
en un laberinto de escombros
que no está en el mapa.
 
Tus hijos son tu equipaje
y tus armas son tu cuerpo.
 
Solo te quedan tus manos
para levantar paredes,
tus pies para derribar fronteras,
tu vientre para plantar nuevos olivos.
 
Y me dueles cada vez que te pienso.