sábado, 20 de diciembre de 2014

Un poema: El cazador

    Con esta última entrada del año, Mientras la luz aprovecha para desear a todos y cada uno de sus lectores, que son sus amigos, un buen año 2015.  Qué menos.  Jefe, redacción y becaria, todos con todos. Y quiere dejar este poema como señal cómplice con aquellos que se dedican al noble oficio.



elca zador elcazad
orelcazado relcaza
dor elcazadorelcaz
adorelcazad orelca
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cazadorelzacadore
lcazadorel cazador
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relcaza dorelcazad

El  cazador

                                      Para Lucía Comba, 
                                       que sabe de un cazador


Hay un blanco animal,
larga la crin, que cruza
alguna vez delante
de su refugio,
sin temor a amenazas
ni a lo oscuro del bosque

y está él, 
el cazador, tan aprestado y solo 
como salvaje y libre
parece el animal al que pretende
cercar sin daño, someter

piensa
que para hacerlo suyo,
para apresarlo debe
servirse de la trampa del poema

(el poema es la red
si el poema es exacta geometría)

y la construye
sagaz, con cien astucias,
porque está decidido 
a capturarlo,
a poseerlo y
custodiarlo entre rejas

entre versos  
al animal rebelde,
al vagabundo andar del unicornio
al que los dioses llaman Poesía.

Apurando: Yolanda, Manuel y J.J.

Los abrigos, esperando, de Yolanda y Elena
Fotomóvil
Yolanda Castaño

   Yolanda dio las gracias por no haberlas dejado solas. Lo hizo al final, tras la lectura del último poema. Antes había dialogado con Elena Medel durante 40 minutos ante siete primeros asistentes en la Librería Alberti (lunes, 15). Después llegaron cuatro más. Elena preguntó por las circunstancias de La segunda lengua, lo último de la gallega en Visor. Dijo esta que se recluyó durante un mes para organizar, redactar, las notas de los últimos 4 años. Y que es el libro en donde el yo poético y agente está más oculto. Y en donde el cuerpo suyo deja de ser protagonista. Se quejó de las críticas recibidas diciendo que repiten clichés anteriores y que ahora ha querido reflejar el conflicto y la enajenación que supone para el hablante las lenguas otras, las dominantes, las aprendidas. Para ella, Yolanda, la poesía es el eje central de su vida desde los 17 años, aunque sabe que ya ha pasado el furor y ve su obra más calmada. Los lectores también. Cosas de la vida, de los 37 añazos, dijo. Que el lenguaje poético llega a donde otros no pueden. Y que es el más egoísta, añadió. La cordobesa sabe entrevistar, sacar menas ocultas, hace decir a la entrevistada aunque no haya demasiado, ni sorpresa, ni discurso nuevo. Para cerrar, Yolanda leyó casi diez poemas, dos de ellos en gallego, la lengua minorizada, y en su defensa. Y en defensa de la lengua como miembro esencial para la fonación, claro. Los once asistentes finales aplaudieron. 


Mª José y Juan Manuel leyendo
Fotomóvil
Manuel Juliá

  Parecía una buena conjunción. Y lo fue. Se alinearon, de vez en cuando sucede, una buena tertulia (la Eduardo Alonso) un buen presentador (Rafael Morales Barba), un buen poeta (Manuel Juliá), dos buenos lectores (Mª José Goyanes y Juan Manuel Sada) y un público expectante. El profesor Morales Barba usó -en su estilo- citas de contemporáneos y etimologías griegas para presentar la poesía del manchego. Porque Manuel Juliá es manchego, de Puertollano, y poeta. Tienen sus versos un aire anglosajón por su manera de añadir trascendecia a la cotidianeidad. Y se halla desde hace un tiempo aplicado en una trilogía sobre las tres heridas hernandianas, que publica Hiperión. Es también un excelente articulista. En su turno explicó su relación histórica, plagada de encuentros y despedidas, con el hecho poético y leyó cuatro textos. El plato fuerte, porque así lo quiso el poeta, fue la lectura por los actores invitados. María José y Juan Manuel interpretaron en espléndido contraste. Voz dramática ella, voz calma y serena él para la réplica. Los poemas de Manuel Juliá, en especial los que forman parte de su última entrega El sueño del amor, supieron de su buen hacer. La palabra así dicha extendió la emoción entre las gentes: público sorprendido y entregado. Cerró Manuel Cortijo tan acertadamente que no quebró el misterio. La charla y los vinos finales fueron más necesarios, más urgentes que nunca. A veces ocurre con los planetas los martes 16 de diciembre.


y J. J. Padrón
Justo Jorge en la lectura
Foto: Valentín Suárez Mojón
    
    De él dice la red que vive rodeado de lauros y traducciones, que tiene más hagiografía que biografía, que es el poeta español que más cerca ha estado del Nobel sin haberlo conseguido, pero aquí estuvo, viernes y 19, en la humildad cotidiana de Libertad 8. Media hora tardó Alfredo Piquer en bien presentarlo. Y resumiendo. Como signo me queda la noticia de su reciente traducción al idioma mongol de Los círculos del infierno, su libro insignia. Justo Jorge Padrón, tal es el nombre, estuvo como único interviniente en la tertulia Odisea Poética. Canario de nación, nórdico de vocación, universal de reconocimientos, tiene más de 30 libros editados y unos 65.000 versos escritos. Su última entrega -actual, asequible- es una antología que editó ha poco Vitruvio. Leyó durante más de una hora ante una sala repleta y con bastante público joven, estudiantil diríamos, que premió con aplausos muchos de sus poemas. Y es que a la bondad de los mismos se une al enfásis con que los dicta y una estudiada provocación final. Dijo ser su tercera lectura pública en Madrid en los últimos 10 años. Piensa, se justificó, que la poesía debe ser leída en soledad. Apareció pleno de forma y con cierto sentido del humor en algunas introducciones de sus poemas. Hubo una primera parte más ligera, construida con sonetos variados y algunos de sus grandes hits: Y si Dios se cansara de nosotros, por ejemplo. En la segunda, tras la música griega de Dimitris Harisis, cuya alianza con el suzuki estremece, quiso mostrar contenido de su inédito Soliloquio del rehén, organizado como un diálogo consigo mismo -con quién mejor- en donde reflexionar sobre la edad, sobre el tiempo, sobre el amor y sobre lo indecible de la poesía. Es poeta de gran facilidad versificadora. Y gustoso de los alejandrinos. A los 21.30 terminó lo que comenzara a las 19:30. 120 minutos. Pocos se movieron, aunque se removieran.

martes, 16 de diciembre de 2014

Divertimento. Tres epigramas de M. del Palacio

 

   Es conocido que el esplendor de la prensa satírica española se produjo en los dos últimos tercios del siglo XIX. El Zurriago durante el Trienio y  Fray Gerundio en los primeros tiempos liberales fijaron una manera crítica de acercarse a las modas y costumbres de los españoles y de sus hombres públicos. La mordacidad inteligente era la norma, tanto en los dibujos como en los textos. En estos últimos el epigrama, de antigua raíz, hizo furor entre las gentes. Algunos han llegado hasta nuestros días. Otros han sido olvidados. No del todo. El último número doble, 81-82, de la revista Barcarola incorpora la semblanza de uno de aquellos gigantes del periodismo y el sarcasmo. Se trata de Manuel del Palacio (Lérida 1832-Madrid 1906). No me resisto a trasladarles algunos, tres, de sus picotazos. Helos

   Por el soneto que sigue fue encarcelado y desterrado, lo que no impidió que muchos se lo supieran de memoria. Los aquí citados vivían y alguno/a formó parte importante de la Historia de España, legando un canal y su incontinencia a la prole que siguió. El soneto se tituló Belenes. Lean.

Por ser cuestión que a todos interesa,
voy de belenes a ocuparme un rato:
joden la Castelani y Valcerrato
y jode Luis León con la Duquesa.

Se lo da a Pepe Arana de la Sesa,
la Riquelme a Cadenas el traviato,
y con Alba y cien más falta al recato
la de Hortega (con h) baronesa.

Saavedra a la Lombillo jode ahora,
Sanjuán, de Fernandina, es el segundo,
y D. Ramón con la Fonseca mora.

Mas si queréis ejemplo más profundo,
en Palacio hallaréis una señora
que es capaz de joder con todo el mundo.

   Dicen que un ministro, muy cansado ya de sus puyas lacerantes, decretó su jubilación y logró que lo apartasen de sus funciones. Épocas eran ya de fin de siglo, por ello en el banquete que le ofrecieron los compañeros (parece que esta costumbre viene de lejos), lo remató con esta quintilla

Parece grande y es chico:
fue ministro porque sí,
y en cuatro meses y pico
perdió a Cuba, a Puerto Rico,
a Filipinas… y a mí.

   También fue un visionario preocupado por el mundillo de las letras y sus acarreos, premonitoriamente dejó escrito de un zascandil merodeador de cafés literarios, buscador de fotografías con, y al parecer de raquítica obra, esta quintilla que aplaudió Rubén y por la que no fue castigado.  

Para ser como Soler
gasta caudales, afán,
escribe y se deja ver
el que nunca podrá ser
ni poeta ni galán.


   Con los tiempos que corren, cuantísma falta harían estas plumas severas y afiladas capaces de encerrar en pequeñas cajitas lo que tanto tardan tantos en decir. Y dicen mal. Y se ponen muy serios. Eso, Manuel del Palacio, del XIX. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

Un diciembre apretadito


No son dueños de las palabras, como algunos creen, son apenas tahúres afortunados que las barajan con mejor o peor destreza. Lo importante no son las palabras, lo que importa es decir, decía muy bajito una dama escuchante a su compañero. Lo que importa, continuaba, es que las palabras muden, se conviertan en sospecha, tiemblen de nieve cuando formen parte del poema. Alguien le indicó silencio. Calló. No hubo más. Jefe, siento no poder recordar en que acto ocurrió porque diciembre marcha confuso y apretadito.   

María Luisa Mora
Foto MCBarri
   Con apenas días útiles para el tráfico poético, las gentes se afanan para hallar huecos, cuadrar agendas, poder circular. Ocurrió en el Aula Juan Alcaide que dirige en la Casa de Castilla-La Mancha Alfredo Villaverde. El viernes 5, la voz candente y tierna de María Luisa Mora vino desde Yepes a Madrid para presentar Simulacro cero, su último libro, premio Nicolás del Hierro 2014. Dijo que ahora, tras tantos años, puede escribir al fin lo que escribe, los fantasmas y demonios, las brisas y las esperanzas de lo que ha sido su vida. Tras una precisa y sentida presentación de Manuel Cortijo, miembro que fue del jurado, que tuvo la virtud de encender la atención, María Luisa leyó para una repleta sala. Expectante. Es el caso que la poesía de la toledana bebe de pálpitos reales, de escenarios que duelen, pero establecienfo una medida distancia con lo confesional. Hay en ella una sabia lejanía, un estudiado pasado-presente, que permute el vuelo poético, que no ahoga. Es un libro que crece desde el mismo venero que vio surgir El don de la batalla. Llegaron poetas de diversos puntos de La Mancha para escuchar a una de sus voces más sinceras. Amador Palacios y José Ángel García entre otros. Pero sobre todo, al acto acudió el poeta que da nombre al certamen, Nicolás del Hierro, una presencia largo tiempo añorada, quiso vivir con la premiada un momento esparado.

José María Prieto y Carolina Barreira.
Fotomóvil



 El martes 9 José María Prieto ocupó la tribuna de la Tertulia Montesinos. Presentado por la frescura literaria de Ana Ares, José María repaso una obra surgida al hilo de su devoción por las formas orientales –Japón y Corea, haikus y tankas– a la que decora con intenciones suavemente irónicas, críticas con la modernidad, con el uso del pensamiento débil. Poesía del momento y/o la sugerencia. Amable siempre. Provocadora de tímidas sonrisas. El asunto terminó con una puesta en escena magnífica entre el autor y Carolina Barreira. Un extenso poema dialogado sobre el tiempo y sus circunstancias que ambos leyeron mientras sus cuerpos dibujaban en el espacio las maneras del reloj. Aplaudidísimo.


Antonio J. Sánchez
Foto: Ángeles Fernangómez
   
Aplaudidísimo, en cada poema, Antonio J. Sánchez. Sevillano-madrileño que trajo a Libertad 8, jueves 11, un libro sevillano al que titula Tebeos. No hay trampa, el poemario se desenvuelve en la provocación de los personajes de la historieta, del cómic, de la novela gráfica, que dicen ahora. De los tebeos, para entendernos. Pidió para el Ibáñez de Mortadelo y Filemón el Premio de las Letras. Y todos lo entendimos. Antonio se aproxima a los personajes con un lenguaje cuidado y culto. Es poeta de una técnica apreciable, que atiende, y es muy de agradecer, al cierre del poema. Desde el Capitán América a Carpanta, pasando por 3 Rue del Percebe hasta llegar a las gafas de Clark Kent, Antonío hace un repaso -no exhaustivo, advirtió– no sólo de los personajes sino del mundo que rodea a los lectores del cómic y a su fans. Él es confeso y logró contagiar. Leyó con una seriedad subrayadora que provocaba. Se lo perdieron tantos como no asistieron. Igual que se perdieron la chispeante presentación de un Enrique Gracia en modo maestro de la complicidad.   



Jesús, Fernando y María
   Y más. El Comercial registró un buena entrada para el bautizo en papel de María Solís Munuera. Libro en negro-vitruvio que ha titulado Mortífero, ingenuo, transparente. Y que reúne lo mejor de su producción hasta el momento. Un público amical y familiar llevó el acto en volandas, sobre todo al final, cuando la emoción estalló y aparecieron los gritos de otro, otro, otro. Hasta tres bises hubo de hacer María. Presentadores de lujo: Jesús Ferrero, el afamado novelista, leyó comentando el prólogo que acompaña al libro. Los prólogos, dijo, deben iluminar el libro sin destrozarlo. Y eso hizo, aunque dotando de un énfasis especial algunas partes de su discurso. Fernando López-Guisado, feliz y mentor de la autora, describió el momento y circunstancias del encuentro poético entre ambos. Dijo de ella que es potente, distinta, imaginativa y audaz. Amiga del conflicto masculino-femenino y paseante de los mitos cinematográficos. Y que escribe poemas y versos largos, asunto complicado para principiantes, dijo. Leyó María una decena de poemas que hicieron honor a los entrantes. Pareció una poesía con tentación escénica, narradora desde pinceladas controladamente surrealista y con voluntad de instalarse en los alrededores de algún centro de interés propuesto: la saliva, el supermercado, el maquillaje. un viaje a Grecia… La poeta explora los campos semánticos del asunto a tratar y procura que estén bien representados a lo largo del poema. Los toques oníricos y los giros de muñeca sorprendentes le confieren un toque generacional, reconocible. Y lo dicho. Los bises. Estupendo. Bautizada.                                     

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Recuento




   Lo importante es convertir la literatura en realidad y no al revés –dijo el jefe- yo busco a los poetas que lo han pretendido. Busquémoslos. En esta redacción hay un cierto acomodo y nos estamos quedando en la cáscara. Un poeta es aquel que se pasea por el mundo sin piel, en carne viva y por eso le afecta tanto el frío de las cosas. Un poeta es un destino. Su misión no consiste en escribir sino en ser lo escrito. Habían amanecido las regiones con niebla y la mesa de redacción era reacia, como siempre, a contestar. Los veteranos ya conocían estos arranques de ira pensante en nuestro mandamás. Continuó: Los días inútiles son como una costra de mugre sobre el alma, tal vez escribir salve. Hay un murmullo de ansiedad poética en las gentes. Hay multitudes lanzadas al acto de escribir. No a leer. Leer acrecienta los temores. La palabra escrita como sanación es el signo de los tiempos. Tiempo pedido por la becaria. Habló: La ternura existe, tanto como la soledad. ¿Escribir? El amor nace de las cosas pequeñas. ¿Dónde hallar a un poeta? ¿Es cierto que viven ocultos? Fue entonces cuando intervino Jaime, el recién llegado: Un poeta es un adentro. Yo soy el conocedor de los misterios, el doloroso sonriente, el que guarda las llaves de los luz eros, por eso sé que el poeta es una piedra que rueda, que su noche está inclinada, que de su mano caen los platos para hacerse pedacitos. Yo sé que el poeta hace preguntas a los soldaditos de plomo. Y sabe que el color del desnudo es el violeta  Cerró el jefe: Los poetas viven en el entresuelo, Sabines, esperando el derrumbe. Y Jaime sonrió callándose. Pensaba mientras que el corazón del hombre no tiene casa sobre el mundo, es solo. Y escribía: ¿Qué otra cosa sino este cuerpo soy, alquilado a la muerte para unos cuantos años?                                                   

jueves, 4 de diciembre de 2014

Un poema de María Sanz


La sevillana María Sanz ha visto editado hace poco por Renacimiento, que tanto olvida a los autores sevillanos, el libro que obtuvo el premio Vicente Nuñez en 2013. Ha valido esperar para conocer uno de los libros más densos, más cuidados (todos los suyos lo son) de un autora que siempre atrae y sorprende. Una autora que como tantos otros confía en los certámenes poéticos para ver su obra editada. Su poesía ha obtenido múltiples reconocimientos. Digamos Tiflos, digamos Ricardo Molina, digamos Alfons-El Magnànim… por decir algunos de los que tantos poetas desearían. Poeta conocidísima, digo aquí y ahora que su obra no ha tenido el reconocimiento crítico que merece. Lo digo después de haberla leído con atención. Y tras haber leído tantas otras que los suplementos culturales alaban y son abismo.


Lo ha titulado La paz del abandono. Y es un libro de una sinceridad que duele. Un libro traspasado por la tristeza de lo auténtico. Es un libro de tinta sin desgarro, pero tinta que arrastra ternura y desconsuelo. Son páginas en donde el tiempo consigue hacerse carne. Papel en donde la melancolía halla posada, en donde los geranios brotan de lo perdido. Y no hay descanso ni rincón que no conozca la belleza de un verso sereno, tranquilo en su forma, que inquiere a la vez que resiste. Aceptación y espera veladas por cristales que el humo del tabaco y de los días oscurecen. El sabor amarillo de la renuncia. María Sanz ha escrito un libro definitivo. Un libro que merece que los lectores rompan la rutina de lo publicitado, y se acerquen. Bellísimo. Que consuela, que me reconcilia.
La paz del abandono es verdad, es poesía.

***
Al sitio en que será lo que ya era

Cuando habías hallado la morada
para pasar el resto del olvido,
decidiste dejar la puerta abierta
por si la muerte herida o tus razones
buscaban un lugar donde quedarse.

Hasta entonces lo vivo fue reflejo
de un hospedaje gris a todas luces,
con títeres en forma de personas
cuya llegada no te concernía.

Tal vez ahora puedas esperarte
a ti misma en la celda más oscura,
sabiendo que vendrás como te fuiste,
sola, desnuda, huérfana del cielo.

Cuando habías hallado la manera
de cambiar el presente sustantivo,
entornaste la puerta, porque todo
iba a doler igual, porque tu tiempo
nunca tuvo constancia para nadie.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Un poema. Cuando por fin






Cuando por fin logré
que el poema que amabas
(que escribía)
quisiera terminarse,
sentí tu mano
quedamente gemir sobre mi espalda

y una suite para dos,
una sed para dos,
sonó en la almohada.

(De Plural de sed)

jueves, 27 de noviembre de 2014

La densidad de los martes


Los martes, desde que Rafael Montesinos colocara a su Tertulia Hispanoamericana en lugar de privilegio, fueron durante muchos años el día por excelencia de la poesía madrileña. Martes que aparecían siempre densos en ofertas, agresivos. En los últimos tiempos, los viernes han ido ganando terreno en las preferencias, pero donde esté un buen martes poético, como lo fue el pasado 25 de noviembre, que se quiten los viernes. Incluso el fútbol y los toros, que decían los castizos refiriéndose a las corridas. Cristina Cocca presentaba su nuevo libro, Rafael Soler anticipaba parte de su nueva obra y Enrique Gracia, encorbatado, leía en el Casino de Madrid. Mientras la luz llegó hasta donde pudieron sus medios, dijo el jefe con posterioridad. Como disculpa, seguro. 

Cristina

Buenos Aires 1958, apunte de M. Cocca
 Su padre fue pintor, su madre amaba la música. Ella es poeta. Siempre ha vivido rodeada por el color y el ritmo, envuelta por la palabra. La ilustración que acompaña este texto pertenece a un dibujo de su padre que ella donó, generosamente, a la redacción de Mientras la luz. En los últimos años le llegan nuevos reconocimientos a un hacer, el suyo, prolongado y constante. Al premio “Amantes de Teruel”, recientísimo, se le unió el pasado año el prestigioso “Ciega de Manzanares”, que el pasado martes 25 presentó en Madrid. Editado por Huerga y Fierro, 19 amplios poemas se agrupan bajo el título Claroscuro para escribir un cuadro, porque es la pintura el argumento elegido para contarse que ha preferido en esta ocasión.
 Adicta como pocas a la poesía, la cultiva abonando su suelo con el agua de un fuerte lirismo y los nutrientes de su reconocida capacidad melódica. El local de AEAE en Leganitos 10 se llenó para comprobarlo, para confirmarlo. Se llenó a pesar de la fortísima competencia poética del día. Estuvo tan fortísimamente acompañada que la lluvia, tan presente en la simbología de la poeta, no quiso faltar en la tarde madrileña, no como otros. Aunque a su disculpa acudan los actos citados. Estuvo acompañada en la mesa por los poetas José López Martínez, representando a la Asociación, y Jorge de Arco en calidad de introductor del libro. Habló el maestro Jorge de un espléndido cromatismo, de una sorprendente imaginería verbal, de un hilo que se ovilla alrededor del recuerdo. Dijo de su paisaje interior, lugar en donde el verbo batalla con la conciencia. Es allí, prosiguió, donde la nostalgia es una fotografía que amarillea de ausencia, donde lucha con las heridas que se tornaron duelo, con el escalofrío que desordena el corazón. Donde sucede la explosión de la sentimentalidad. Insinuó también, citando a W.C. Williams, que la intención ecfrática de conciliación entre poema y pintura es un camino de intenciones con el que recorrer el libro.  
Cristina Cocca
Foto: MCBarri
 Después leyó Cristina. Serenidad de voz que realza la belleza intrínseca del verso. Entra la multitud de poetas asistentes estuvo Paco García Marquina, al que instantes después del acto oímos una descripción de sus impresiones que no dudamos, tras recibir su plácet, en hacerla nuestra:  Cristina, con su palabra llena de seguridad y al mismo tiempo de dulzura, creó un ambiente emocionante que envolvió a la sala. Una sala que no rechistó hasta el momento exacto en que el encanto se resolvió en un larguísimo aplauso. Cristina Cocca es una mujer de orden pues ama la simetría, la minuciosidad, la exactitud y la autoridad, pero no obstante sus versos tienen la flexibilidad, la soltura y hasta el desafuero propio de las pasiones. Cristina es una mujer muy premiada y se desenvuelve muy bien en ese ambiente de privilegio; y es que no sólo recibe los premios sino que los reparte como hizo en esta lectura. Puedo asegurar a Mientras la luz que las gentes salieron con la sensación de haber recibido también el premio de sus versos


Rafael 

Rafael Soler y Marisa (Montesinos)
   Lo de Rafael Soler es otra tierra. El pasado viernes su editor se refería a él como una de las estrellas en el firmamento poético actual. El martes, Marisa Montesinos acarició el otro extremo:es un hombre de la casa, dijo. Ambas vientos tienen razón. Guarecido en un cuerpo que conoce la amabilidad de las formas, le vive un fiero corazón poético. Que devora. Que le devora. Un temblor insaciable del que aún no se medica. Conversador a muerte, ve la vida y es visto a través de las ventanas del Comercial. Practica la caza peripatética y matinal, callejera. Guarda sus presas a lápiz. Siempre. Pocas veces regresa de vacío. En los últimos años, esto es público, ha cimentado su alzada fama en tres libros singulares: Manera de volver, Las cartas que debía y Ácido Almíbar, tres vitruvios de pitones y faz negra, de los que cornean. Poesía y poeta de carácter, irreductibles ambos. El martes 25 leyó en la Tertulia Rafael Montesinos, su casa en los últimos años. Leyó rodeado de su gente, lectores muchos, amigos todos. Le cuesta vivir sin ellos. Para ellos quiso leer. Y para vivir, claro.  
Textos pocos frecuentes de Ácido almíbar quiso el poeta para iniciar el acto. Como rito sí, pero también como defensa. Parapetado tras ellos aguardaba el deseo. Oírse en público con los inéditos. Todo porque la fiebre no le deja. Creyó que tras el último libro sanaría, pero es débil remedio para tan severa ligazón. Desamparado, escribe. Observen: en enero de este año presentó el último libro y ya le asciende el cosquilleo. Urge. Vayamos a los hechos. Uno, la lectura, que comenzó con tono formal fue evolucionando a maneras de emoción, a susurro cómplice, a modos de enamoramiento entre el poeta y el poema, a goce compartido, a prueba y juego. Dos, el poeta sigue joven, cada vez más joven, cada vez más atento a la batalla de la seducción y sus alrededores, a los caprichos del combate, a esa tensión tan canallamente caballerosa como creíble: fresca, insinuante, gozosa. Tres, el poeta explora y explota sus descripciones-flash como golpes sorpresivos en el mentón del oyente, rápidas sucesiones que perfilan a tajo, desafíos y avisos al futuro lector, lugares de audaz belleza, como instantáneas. Así concibe el verso. la armazón del poema. Inconfundible. Inconfundible. Cuatro, las últimas entregas elegidas para el público del martes alertan de una veta ya existente y que se consolida, algo parecido a la advertencia de que la fiesta va enseñando las garras de su final, atisbos de desaliento, de que la verdad irremediable asoma. Mas tardará. Porque el amor resiste mientras suene la música. No cejarán en el baile los amantes. Soler en estado puro. Puro manifiesto.

Datos complementarios. Aquí, en este otro vídeo, pueden contemplar la lectura de dos poemas. También ofrecemos el último texto leído.

****
El viaje es lo que importa

Vamos al Sena decidiste
sin apretar la boca

y yo acepté
pues siempre fuimos dos y somos uno

de camino
un antipático taxista
nos dio la noticia en pésimo francés

flotando indiferentes a la lluvia
dos jóvenes de edades parecidas a las nuestras
alcanzaban la rive gauche de madrugada

ella lucía el collar que te compré
en el duty free del aeropuerto
y pálido también en su abandono
él llevaba mis zapatos de tafilete oscuro

todo callaron cuando un bombero anónimo
encomendó sus cuerpos
con la urgencia eficaz del funcionario

ahogados de la mano
ajenos al desvarío azul de las sirenas
nuestros labios compartían un único deseo
que nadie supo descifrar

pero esa es otra historia.

lunes, 24 de noviembre de 2014

La hermosa desmesura de López Guisado

Fotografia. Ediciones Vitruvio
   
Si alguna vez dijimos que el poeta Fernando López Guisado lee con densa pasión, nos reafirmamos en lo dicho, pero debemos matizar la apreciación: es capaz de leer con densa pasión continuada, sostenida en el tiempo. Hacía mucho que no asistíamos a una presentación de libro en donde el autor se acercase a los treinta poemas leídos. Incluido el famosísimo Mazinger Z. Hermosa desmesura. Y todos leídos con decisión fogosa. Fernando lo hizo, viernes 21, ante el aplauso crecido y consciente de un auditorio amplísimo y entregado. Tal como si quisiera compensar con una lectura masiva a una asistencia masiva. El libro también lo es. Es un vitruvio de amplio espectro que recoge los tres últimos libros de poeta. Ergonomía editorial, ejemplo a seguir que, digámoslo solapadamente, ahorraría multitud de citas, paseos y convocatorias. Acierto en suma. Así los poemarios  El beso del demiurgo, Monstruo en prácticas y La captura de lo invisible se reúnen en un sólo volumen bajo el sugerente y acertadísimo título de Rocío para Drácula: tres palabras que conjugan dos mundos propios del poeta: la ternura y el temor a lo oculto, a lo indomable.   


Fotografia. Ediciones Vitruvio

 La poesía emerge en López Guisado con personalísimo sello. Deudora de un mundo gótico de lecturas, poblada de animales que buscan ser símbolos, es un viaje de ida y vuelta a los sueños, por los sueños, con los sueños. Todo buen poeta construye su hacer alrededor de dos o tres obsesiones que le sirven de alimento, Fernando dejó las suyas claras en su anterior libro La letra perdida y aunque en éste, sobre todo en Monstruo en prácticas, procura atrapar en lo cotidiano lo que de misterio tienen sus experiencias, siempre se impone lo inaprensible de la imaginación a lo palpable, el temor a la certeza. Lo expresó bien cuando dijo de sí que era hombre bucle. Y lo expresó bien el poeta Rafael Soler, voz que habita en el Comercial, que conoce bien, que vigila desde ha mucho la obra de Fernando, al presentar el libro. Porque Soler, tras citar a M. Blanchot para señalar al poeta como mediador, quiso detenerse tanto en la generosidad humana del autor, como en precisar que es un libro de amor luminosamente oscuro. Resaltó luego la personalidad propia de cada uno de los poemarios. El beso del demiurgo como juego expresionista entre el amor y la muerte. Monstruo en prácticas: lugar en donde vivir es conocerse, planeta en donde se reúnen el hombre que ahora es, las mujeres que lo conforman y el monstruo que llevamos dentro. En La captura de lo invisible domina un amplio poema-río separado en fragmentos, un altar poliédrico en donde Drácula convoca a su alrededor los miedos devoradores y las tentaciones que salvan.

   
Buen libro de un poeta de su tiempo. Nuevo, incontaminado aún por el conformismo. Un poeta que viaja y revuelve en su interior y en el interior de las cosas. Nada extraño para alguien que practica a diario el radiodiagnóstico. Y que ve más allá de ambos, del conflicto. Los ejemplares disponibles para el acto (12 euros) se agotaron con prontitud. La sala abarrotada y la devoción hacia su poesía condujeron a muchos hacia el desasosiego de quedarse sin él. Era algo previsible. Pero sepan que Fernando es un autor fecundo, lleno de provocaciones, audaz y atento, volcado a la tentación de la literatura, aplicado y devoto de Juan Carlos Suñén, y con dos fortunas. Una, la de residir en Rivas, inquieto caserío, lugar donde escribir es una religión tumultuosa. Y dos, la de tener un editor que confía y defiende su obra. Rocío para Drácula estará pronto en librerías, si no lo está ya. Pregunten por él. Desde aquí se apuesta firme por la cercanía de nuevas ediciones. Lo que oímos lo avala. 
 _______

Tiovivo

Enamorado yo de ti.
Enamorada tú de los otros.
Nos perseguimos con el falso carrusel
de mi parque de verso y atracciones.

Hace tiempo que no vendía
mi alma al diablo.
Hoy traté de hacerlo
por una sola flor 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Un poema de José Elgarresta/Cazzoas: Premonición


   
José Elgarresta
José Elgarresta
es poeta de vocación cumplida. Vitruviano de raíz y modos, ha editado en la digital Alacena Roja un libro sorprendente, tanto por la concepción como por su realidad final. Se titula Cazzoas. Nombre que va más allá del titulo. Se pretende en él revivir el retrato y el mundo de un poeta apócrifo griego a caballo del XIX y el XX, Evangelos Cazzoulas. Mas conocido por Cazzoas, participó, según se describe, en la guerra grecoturca conducido por ideales panhelénicos. Su idealismo le había llevado a rechazar la situación acomodada de una familia burguesa, abriendo así su vida a la intranquilidad de lo inasible. José Elgarresta ha levantado con Cazzoas un trasunto que le aguijonea. Un alter ego donde buscar y hallar. El libro incorpora además de un buen puñado de los poemas de Cazzoas, cartas, documentos, declaraciones, episodios, incluso un esbozo de biografía. Material no agotado que espera continuidad. Todo posee el valor del reto. Y de la introspección. La poesía, la escritura, de José Elgarresta ha conocido larga producción. Profundamente humana, entiende el vivir como una constante interrogación, como emoción insatisfecha.   

Premonición


El pájaro vuela,
el hombre vuela también
¿o es viento?
Echado en el bosque
rememoro las penalidades pasadas
mientras veo pasar el cielo
sobre mi cabeza.
¿Estoy haciendo lo correcto?
Pero ¿qué me importa
hacer lo correcto?
¿Y qué es “lo correcto” para mí?
A veces pienso que soy un estúpido.
Poco tiempo conservan las nubes su forma.
¿Y mis ideas?
¿Merecerán esta vida mía
que estoy dando por ellas?
Solo sé que algo germina dentro de mí,
es un árbol grande
y un día
cuando haya sucedido
todo lo que tiene que suceder,
alguien mirará el bosque
y dirá “ese árbol
canta distinto al resto”.
Alzo los ojos,
¿me he quedado dormido?
Últimamente me resulta difícil
distinguir la realidad del sueño.
Claro, si no fuera así
¿podría ser tan tonto
de actuar como siento?


Nota: Trazado por mano amiga y exacta, hay un retrato del poeta y del hombre José Elgaresta en esta dirección

martes, 18 de noviembre de 2014

Poesía y opinión



Pedro A. González Moreno

Dicen algunos que se debe usar la poesía para la denuncia social, para la agitación política. Machado, D. Antonio, no era partidario de la mixtura. Ambas realidades salen perdiendo, aseguraba. Otro asunto es que los poetas sean indiferentes y no anoten los alrededores de la vida. He aquí un ejemplo, el de Pedro A. González Moreno, poeta, que parece darse cuenta de ciertos motivos. Y aunque, según recuerda en el texto, Fray Luis de León también estuvo alerta, discrepa de la solución elegida por el de Belmonte. Lean. Parece largo, pero no lo es.


Delincuencia

   Cambian los tiempos, cambian las costumbres, pero los instintos más ruines y primarios de los hombres permanecen inalterables. Uno de los más arraigados, y quizás uno de los más tenebrosos, es el afán insaciable de posesión. Ya Fray Luis de León, desde la atalaya de sus ideales ascéticos, proclamaba en la Oda a la vida retirada su desprecio de las esclavitudes que acarrean el poder y la riqueza, y renegaba de las “ansias vivas y mortal cuidado” que provocan las efímeras aspiraciones mundanales. Malos tiempos corren hoy para sostener semejantes actitudes de desasimiento, inmersos como estamos en una cultura que fomenta, entre algunos otros valores equivocados, el lema materialista del vivir para tener en lugar del tener para vivir.
  Voces juiciosas, no obstante, siguen alzándose de cuando en cuando contra esa actitud codiciosa que es, por desgracia, inherente a la sociedad de consumo y constituye el sentido y la razón de ser del sistema capitalista. Afirma Fernando Savater en su Política para Amador que “cada necesidad satisfecha no produce sólo alivio y reposo, sino también inquietud, afán de más y mejor”. Tal vez ello se deba en el fondo, como asegura el filósofo, a que los seres humanos no sabemos lo que queremos, pero no cabe duda de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el ansia de tener puede adquirir naturaleza patológica (un coche más, un piso más, un millón más…) hasta acabar derivando en una peligrosa espiral sin retorno.
 El problema se agrava cuando esa “sed insaciable”, de la que hablaba el poeta, sólo consigue aplacarse recurriendo a métodos y comportamientos delictivos. Basta echar una ojeada a la prensa de los últimos años (o peor aún, a la de los últimos días) para comprobar que la nueva situación política y socioeconómica derivada de la Transición española, había de traernos, entre algunos otros desengaños, un par de generaciones entre las que han proliferado numerosos especímenes cuya ideología (camuflada bajo unos u otros signos partidistas) parece no haber sido otra que la del dinero. Especímenes singularmente arribistas y depredadores que, enarbolando las siglas de unos u otros partidos, y bajo el pretexto de construir un proyecto colectivo, durante mucho tiempo no han hecho sino alimentar sus ambiciones personales de poder y riqueza.
 Trincar comisiones, evadir impuestos, amasar fortunas… Mientras la gran masa social andaba entretenida en sus cosas, pagando sus hipotecas y cumpliendo con sus deberes fiscales, he aquí el gran hobby al que durante las últimas décadas se han entregado muchos de los pertenecientes a las élites, instaladas vitaliciamente en los entresijos más visibles o más oscuros del poder. Recordando el título de aquella conocida obra de Francisco de Rojas Zorrilla, “del rey abajo, ninguno” está libre de sospecha (incluidos los allegados a la monarquía). Desde honorables presidentes autonómicos hasta los más vocingleros sindicalistas, desde empresarios y altos consejeros de la banca a constructores y tesoreros de partido, desde los más facinerosos alcaldes a los más aguerridos líderes mineros, muy pocos se han librado de esa maligna tentación de utilizar sus cargos para enriquecerse; pocos han logrado resistirse a esa insana ambición que parece instalada como un mal endémico en nuestros tejidos sociales o quién sabe si también en nuestro inconsciente colectivo.
 El mítico sueño ibérico de El Dorado ha vuelto a reencarnarse hoy por estos pagos, con la gran diferencia de que aquellos buscavidas de entonces perseguían la riqueza hurgando en las entrañas de la tierra, mientras que estos buscavidas de ahora lo hacen desangrando las arcas públicas, que es una actividad más rentable y mucho más elegante. Con una perversa falta de solidaridad, el mito romántico del buen ladrón se ha invertido, y ahora los poderosos (sin necesidad de trabuco o de navaja) han abandonado los caminos para instalarse en los despachos, y decididos a dar un solemne revés a la semántica, se han reciclado y han transformado las rebeldes partidas de bandoleros en leales bandoleros de partido.
 Los “rinconetes y cortadillos” de antaño, que eran timadores de esquina y vulgares rapadores de bolsas, se han transformado en una caterva de delincuentes cum laude que ostentan título universitario y cargos públicos. Pero trocados los papeles, renovados los escenarios y cambiados los actores, el grotesco Patio de Monipodio que describió Cervantes continúa siendo el mismo, si bien aquellas esquinas controladas por las mafias locales se han convertido en feudos territoriales dirigidos por los partidos políticos, y aquellos inocentes hurtos callejeros han derivado hoy en empresas fantasmas, en tarjetas opacas, en malversaciones de fondos, en opíparas comisiones o en sutiles tramas financieras...
 La nueva delincuencia viste corbata y trajes de marca, se pasea en yates y coches de lujo, tiene chófer y secretaria, y en una venganza histórica contra el bandolerismo, han pasado de ser víctimas a ser verdugos, hasta erigirse en la nueva clase dominante. Los salteadores de caminos o los rateros urbanos han abandonado el monte y el barrio para evolucionar a una casta que ha hecho de la inmoralidad y el arribismo sus armas más devastadoras. Se han enquistado en los entresijos del poder y desde allí actúan con la más absoluta impunidad, dispuestos a liquidar el estado de bienestar y a seguir agrandando el abismo de las diferencias de clase.
 Dorados tiempos aquellos en los que se podía ir a la cárcel por robar una gallina, por atracar un banco o por asaltar una farmacia. Dichosos, sí, aquellos días en los que un padre tenía que robar para darles de comer a sus hijos. Hoy las cárceles se ven honradas con la presencia de inquilinos mucho más ilustres, cuyo delito jamás fue el de matar el hambre, sino más bien el de engordar avariciosamente sus cuentas corrientes. Ladrones de postín que han mermado los presupuestos públicos con el tesón y la voracidad de una carcoma corrosiva.
 El pavoroso derrumbe de las Torres Gemelas, hace ya casi tres lustros, tal vez no fue azaroso. A medida que el tiempo transcurre, ese desastre va adquiriendo un aura profética de magnitud y proporciones bíblicas. Su caída anunciaba, más allá de la tragedia colectiva, el desmoronamiento de un sistema basado en las finanzas y sustentado sobre los cimientos más cenagosos del capitalismo. Quizás lo que aquellos escombros del World Trade Center proclamaban era la necesidad de instaurar un orden nuevo en el mundo.
 Los innumerables casos de corrupción que últimamente van saliendo a la luz, tal vez no sean más que la punta de un siniestro iceberg que nos depara mayores sorpresas todavía. Son el resultado de aquellos tiempos de aparente prosperidad en los que, bajo una cubierta de oropel y abundancia, se ocultaba una ciénaga infestada de cocodrilos.
 Decía el monje agustino, en el mismo poema que citábamos al principio: “Y mientras miserable-/ mente se están los otros abrasando/ con sed insaciable/ del peligroso mando,/ tendido yo a la sombra esté cantando”. Pero tal vez lo que estos tiempos requieren no es tumbarse despreocupada y estoicamente a la sombra, sino ponerse en pie, salir a la calle y atizar las hogueras de ese fuego colectivo donde deberían abrasarse las enfermizas ambiciones de tantos miserables.

Pedro A. González Moreno
 (Publicado en Lanza 6-Nov-2014)

Nota: Ante el exceso de material y lo discutible de la selección, Mientras la luz ha decidido no ilustrar el artículo con los rostros que están en la mente de todos.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Hay un día de luz y otro de sombra

   El jefe se presentó a las 10 de la mañana con este texto, que leyó despacio.

 Si amas la poesía, amas la claridad. / El objeto de la literatura / no es inventar enigmas para iniciados cursis. / Su meta es reflejar anhelos, angustias / y emociones reales de la especie / en un espejo imaginario. / Y hacerlo de la forma más nítida posible.

Aunque intentó recabar opiniones a favor y en contra, nadie se definió antes que lo hiciera él. Algo hemos aprendido en tantos años. Por las insinuaciones nos pareció que era partidario y que quería conocer el nombre del autor. Recuerden que comenzamos el curso con lo de Sánchez Rosillo, lo que da una pista de sus actuales inclinaciones.  Preguntó ¿van por ahí los tiros en la poética actual? Y se contestó, lo que haya de pensamiento en lo lírico ha de ir ligado a los asuntos diarios, palpables, algo así como se gustan y buscan la pared y la yedra. Los poetas deben escribir para aguijonear con temas cercanos y que no duelan a la comprensión, que se resuelvan bien, con sorpresa y deleite si puede ser. Y sin evitar la crítica a costumbres, mandamases o situaciones, eso gusta, las gentes desean ver que los poetas habitan el mundo de lo real. La otra poesía, insistió, es un estorbo, lo prescindible. Tal como están las cosas, a la redacción todo lo que él diga le parece bien. Estad, continuó, atentos al nuevo premio Blas de Otero, se titula Mala letra y va por esos caminos de la complicidad con el lector. Quiero vuestras próximas crónicas atentas a este concepto. No debemos perder el hilo de los tiempos  Habló la becaria, que no cobra, ni perderlos ni marcarlos, propongo que sean los lectores quienes marquen el hilo de los tiempos, porque se mojen también, y nosotros informemos sin sectarismos.  El jefe, sea, pero si encontráis al autor de la cita me gustaría saludarlo.

1. Martes

Luis A. de Cuenca

   Siempre hay una primera vez: Mientras luz estuvo en el Centro Riojano de Serrano 25. Excelente cocina. Vino excelso. Entre las actividades culturales que mantienen hay un ciclo de poesía, segundos martes de mes, que dirige Rosaura de la Cueva. Día 11 de noviembre y Luis A. de Cuenca. Quiso leer. Tal vez cansado de verse expuesto para otros en tantas presentaciones. Y leyó puntualísimo. Repitieron una, varias veces, que a las 8 debía partir hacia Cáceres para fallar un premio. Leyó sin prisas. Antes escuchó, en la salutación inicial, a un representante del Centro Riojano decir que eran hermanos “pilaristas”. Qué cruz. Leyó con la elegancia habitual y limpia de su estilo. De Cuaderno de vacaciones, que ha editado la pasta dura de Visor. Es su segundo pasta dura, tras El reino blanco. Luis A. escribe en verano, en la Costa Brava, de ahí se entiende el nombre. Escribe instalado ya en la poesía como juego, desprovista de transcendencia, sobre todo en el lenguaje. Parece odiar lo ampuloso, lo impostado en el decir. Lo cursi, dice él, de los poetas que se sienten importantes, voces de futuro. Leyó seguido, sosteniendo el libro, sin apenas comentarios situacionales. Hubo una primera parte más oscura de intenciones, por reflexiva. Se excusó diciendo que como había poetas en la sala, igual entendían. Y una segunda en donde la claridad y la ironía se impusieron contundentemente. Poemas como el del diálogo del amo y el esclavo, el de sus vivencias por la movida madrileña o el de la basura genética logran lo que pretende, que el poema sea un dardo sencillo que conmueva y/o excite. Que convierta al lector en diana. Y que el lector lo sepa. Como leyó bien y pronto, hubo tiempo para un coloquio que, comenzado con timidez, nos permitió escuchar aquello de quien piensa claro escribe claro o un primer intento de definir la poesía objetivista, y el reto al poeta José Luis Morales, allí presente, de que lo concretara. También para aclarar que el verdadero juego poético elude lo confesional, y que la situación socio-política de España le produce una inmensa tristeza. Como trajo unos cuantos ejemplares, pocos y a 20 euros, que dijo haberle entregado su editor, se celebró ceremonia de firmas mientras el Centro Riojano servía un vino a los 57 asistentes. A las ocho, la hora convenida, con prenda de abrigo en una mano, acarreando el trolley con la otra, partió a las tierras extremeñas.  El premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad recayó al día siguiente en Marisol Huertas.   

2. Jueves
Pedro Provencio en Favorables

 Vuelve Favorables, vuelve Suñén, Juan Carlos a CentroCentro de Cibeles. Tercera temporada. Vuelve con una programación libre de ligazones generacionales ¿más a su gusto? Algo provocativa también por salirse de lo ya trillado. Pero con mucho riesgo. Quedó claro el 13 de noviembre, segunda sesión con Pedro Provencio, antólogo que fue, poeta todavía. Su último libro intentó darles voz a las víctimas de los trenes de Atocha. Despachó la tarde con un poema de 19 folios que leyó de un tirón sin apenas levantar la vista. Libro poema, dijo, complementado con notas explicativas que, preparadas para edición escrita, pueden constituir poemas independientes. Algo así, pensábamos como lo de TS Eliot y su tierra baldía, por remitirnos a lo más conocido. Su propuesta puso a prueba a los 17 asistentes. Y es que la cosa va de conflicto identitario entre el yo, el tú, el él, el nosotros, el ellos… y otros pronombres. En especial el tú y el yo a los que designó con la letra A y el él al que designó con la letra B, por aclararnos o aclararse, creo. Anotamos, de oído, algún verso “Si A vemos que nunca es B” / “Vértigo del tú mirando al exterior del yo” / “A se ramifica gracias a la sabia elaborada en B” / “Quise ayudarte pero mi yo no avanzaba” / “Nunca descansan los culpables”. Este último me gustó especialmente. Escrito desde la pulcritud en los modos, no édito aún, leído con humildad y sabiduría, el ríopoema está concebido, según pudimos apreciar, desde un tono conversacional intenso y cercano con el hombre que le sostiene y acompaña. Y aunque fue arropado con la lectura de algunas de sus anunciadas notas explicativas, debo reconocer cierta dificultad para una asimilación inmediata. Juan Carlos Suñén prefirió en esta ocasión dejar la entrevista para el tiempo posterior. Calificó el texto de impresionante, dijo que le sonaba a Juan Ramón y por la intención a Espacio. Pedro dijo que le tienta el libro poema. A todo estuvo atento, en primera fila, el crítico y poeta Miguel Casado. Y hasta aquí podemos informar porque debimos ausentarnos, con pesar, antes de que la cosa terminase. El jefe nos esperaba en un bar cercano. A donde pronto llegó Maxi Rey con la cámara. Juntos fuimos a La Siega, era jueves, a escuchar la poesía flamenca de David Morello. Contrapunto.    


martes, 11 de noviembre de 2014

Alguien lee en la noche de julio


                                                   




 A Valentín Martín Martín, poeta carniceado, que escribe y grita en sus dos últimos libros.


¿Cuánto debes saber
de mí? ¿Cuánto más debo
saber de ti ahora, cuando escribo?

¿Cuánto deben saber
de nosotros aquellos que nos leen,
que buscan bajo el flexo
de las noches de julio?

¿Qué deben conocer de nuestras vidas,
Valentín, 
de las de todos,
de las suyas también nuestros lectores,
de lo que es o no literatura,
ascua o desecho?

Por qué queremos
dejar que miren otros
tras la tapia de cal que nos oculta,
esa que a nuestros ojos hace
que el mundo y sus posibles
existan turbiamente.

¿Qué debemos hacer?
¿Contar los roces
de la piel con la piel de lo velado?
¿narrar las travesías?
¿buscar lo imprevisible? ¿exhibir estandartes?
¿llevar la suma
exacta o vil
de todas nuestras negaciones?

¿Qué hacer con la conciencia
tuya y mía,
con las suyas?
¿suponer que hay encuentro,
miradas blancas, banderas?
¿corrompernos? ¿fingir? ¿hacerlo todo público?
¿editarnos?

Tentaciones vacías. Juego inútil.
Jamás nos hallaremos. Para qué
escribir, dejar libros
cuando estos son a veces
papeles en visita, ajenos puentes, sendas
que nos conducen mudos
a ver la nada.

Mas tú sabes 
que escribir es llamar,
que escribir es gritar desde lo huérfano
hasta los huérfanos: pedir socorro

tribal costumbre, sí,
pero tam-tam que nos mantiene juntos
porque a mí, porque a ti y a otros que fueron,
a las sombras que somos,
nos parezca que aún vivimos vivos.

**********************

Un poema de Valentín Martín Martín



Ahora que el trigo se nos pone melancólico


Ahora que ya no eres joven, compañero,
y duermen su sueño lejano los días erguidos
coge todo tu tiempo y mételo en un poema.


Tal vez no sirva de mucho pero a cambio
recuperarás la lujuria del saxo turbulento
de tu primer amor y todos los siguientes,
las palabras que habitan en la sepia
de calendarios extenuados y palomas
que nunca encontraron el camino de vuelta,
el tráfico escarlata de tantos cumpleaños,
el caos con nombre y muslos de mujer,
y el frenesí de amar tan deprisa en los pensiles.


Regresarás a llamar a tantas puertas
sin respuesta y qué más daba,
a pensar que lo tuyo era un acorde descifrable,
no sé, quizás a argumentar sin altercados
los días en que construir azoteas
desde donde gobernar los sueños incorruptos
era un milagro que creías a tu alcance y lo estaba.


Ahora que el trigo se nos pone melancólico,
escribe un poema que te duela
y volverás a vivir en un instante.