miércoles, 7 de octubre de 2026

Frustrado decálogo

Foto de Carmen Bermejo


 ME CONFIESO: llevaba unos apuntes para la entrevista radiofónica del lunes 5 de octubre, por eso de quedar bien y colarlos en alguna respuesta. Algunos tal vez fueran míos, de mis tiempos antiguos del blog, otros tomados al oído de cualquier lectura. No es momento este de discernir el origen de cada uno. Como la entrevista discurrió por los caminos de la vida y los afectos, no hubo ocasión, gracias a Dios, de soltar tales frases hechas, pretenciosas. La poesía, su concepto, por indefinible lo soporta todo. Tanto como la luz soporta adjetivos.

Del decálogo dice el poeta Teo Serna que todo es verdad y todo mentira. Yo estoy de acuerdo. Dejo aquí el decálogo y el enlace con la entrevista. https://go.ivoox.com/rf/181687019.

 

La poesía conversa siempre con la paradoja, con lo contradictorio y la impertinencia. Nunca es sermón.

 

En el poema todo lo no necesario sobra. No debe haber palabras que no trabajen. Tampoco certezas.

 

Es preciso demorar el sentido del poema, hacer que tarde, que revolotee entre atisbos y sugerencias, lograr que el lector espere.

 

En poesía la narración existe en tanto que lo poético, el lenguaje poético, se lo permite.

 

Que en el hacer poético nos acuda la sospecha de si es actividad literaria o reflexión emotiva.

 

El poema, mitad orden, mitad azar, es un espejo roto de cual solo recuperamos, aleatoriamente, algunos de los fragmentos.

 

Hacer poesía no es poetizar la expresión; lo hermético es jerga para iniciados; lo enjuto, lo destilado no. Siempre en justeza.

 

El poema es un mundo aislado, como un cuadro, un aria, una escultura; lo poético no depende de su contenido sino de su estructura.

 

Toda auténtica poesía es una transfiguración.

 

Un texto puede hacerse con versos poderosos y no ser poema. Steiner dijo que dejó de escribir poesía cuando descubrió que solo hacía versos.