jueves, 28 de junio de 2018

Soflama confesional (Autoanónimo, 2013)


Querido Vatetardo,
 los lectores de libros
que a costa de concursos imprimiste
nada saben de ti, preocupado
como estás en que nada
de nada transparenten
tus inanes y ebúrneos poemas,
esos metadelgados
ejercicios de estilo para el aire.

 ¿No has ido en autobús
dejándote sobar por otras gentes?
¿no has vivido con vómito?
¿no te ha cercado alguna vez la noche,
alguna vez el vértigo de no saber quien eres?
¿no has amado con riesgo,
aunque sea un instante? ¿no has sentido
la ruina de tu casa, las bombas sobre Irak,
la muerte de algún hijo, la injusticia
del olvido clavándose en tus trajes?
¿no le debes a nadie ciertas cartas?

¿De qué marfil escribes? ¿Para quién?
¿Por qué huyes abstracto entre recodos
de cuanto es evidente?
¿No es posible
que los demás te sepan, que conozcan
tu rostro y hallen
en él una verdad tranquila o curva?

Pregúntate por qué
insistes en obviar
el hecho de vivir, leyéndote pareces 
parodia, mueca ajena.
¿Es tu pan extranjero, tu sol marciano?
¿Por qué buscas y encuentras no encontrarte?

Escúchate y escucha, no te pido otra cosa,
atiéndele a la puta, atiéndele a la vida,
pisa su fango,
atiende y cuenta...   o calla.

sábado, 23 de junio de 2018

Un poema de Jesús del Real: Yace un Ícaro...




      Tal vez lo fuera siempre, no puedo asegurarlo, pero para el Jesús del Real que yo conozco, el de estos últimos años, la poesía es una necesidad. Una permanente insatisfacción provocadora. La entiende como un desafío dialogado, como reto que no abandona, que mantiene. Hemos hablado, caminando, muchas veces de Poesía. Es junto al Arte, en especial la Pintura, su mayor pasión intelectual y estética. El dominio del vértigo, aparecido recién en Huerga y Fierro, es su tercer poemario. Raíz y brote, el anterior, y ya queda lejos aquel Solaz de caricias de 2007. La portada actúa de manifiesto. Ha querido que sea obra de Daniel Canogar, de su montaje Ícaros, tema que pasea el libro. Y que refleja su modo de acercarse a las realidades y los abismos. El dominio del vértigo es un poemario sensual. La belleza –del mar, del cuerpo esperado, de la cultura clásica– desborda lo intelectual para asediar los sentidos. El poeta atiende a plenitudes de goce, que asume y celebra. Un libro rico en insinuaciones cómplices.  Y hay, por contraste, un lenguaje enjuto, comedido (salvo excepciones), escaso en adjetivaciones coloristas. Castellano, diríamos, como la naturaleza del autor. Jesús del Real, va dejando de ser observador atento para convertirse en agente del poema, en ara del poema. Velado a veces por ciertas transparencias, pero dueño de sí para el poema: de su infancia y sus gentes, de su huerto, de su pasión, de sus lecturas, de sus aguas y atardeceres, de sus esperas y culminaciones. No es poesía débil la suya, esa al uso que domina los principios del siglo, sino densa en el decir, una poesía que recorre los difíciles caminos que van desde los sentidos al concepto, desde los accidentes a la idea, desde el existir al ser.  Pero es la poesía que necesitan los avisados lectores. La que nos hace volver..    
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Yace un Ícaro en el acero y hormigón de cada
                                                                             [puente,
pero en su luz se trazan los sueños de las cimas:
lanzarse y deshacer la trayectoria del calendario
o esperar y aureolarse con nubes,
volar a pie firme sobre el tablero
sin mirar a las estrellas, como advirtió Dédalo:
solo batir alas al justo medio.
Rememora la hybris por si el orgullo
puede más que la ilusión y lleno de entusiasmo
te adentras en el tiempo del Olimpo.
La esperanza es una necesidad de la cordura,
aprende las artes de la pintura o del vino
desde aquel oscuro Pramnio de Icaria o de Lesbos.
En la memoria de esta isla llegarás a amar
y acercarte al vuelo de lo que un instante la belleza fue.



lunes, 11 de junio de 2018

Un poema: Tarde en junio


Aquel andar, la tarde aquella
de tan escasa luz

andábamos a solas,
sin edad ni destino,
vestidos con el fuego de lo que no germina

nos sentíamos
tan solamente dos
seres inútiles, secretos

volvíamos descalzos, sin certezas,
de un tiempo al otro lado de las cosas

hace tiempo que callas, dije,
y el aire se hizo hueco entre nosotros

caminábamos

siento el poema 
como una delación, me respondiste.



domingo, 3 de junio de 2018

Balance, un poema de Elvira Daudet

      Hoy que su cuerpo se consumirá de forma definitiva, quiero decir que pocas voces han sido capaces de transitar por y de trasmitir las emociones con la poderosa claridad de Elvira Daudet. Tenaz dentro de un físico frágil, encontró en la poesía, como también en los y las poetas, el bálsamo suficiente para revivir. Mujer enhiesta en dignidad, me honró permitiendo que la acompañara en la presentación de su Poesía Completa (Evohé, 2016) tarde, junto a tantas otras, en que fuimos felices juntos. El frío nunca volverá a ser violeta, doce rosas rojas te acompañan. Vuela Elvira. Puedes porque tú nos diste alas.


Todo está consumado, es hora del silencio.
Os di la entraña,
lo que tuve más mío y verdadero
en el extraño viaje
que me correspondió:
el frío violeta y el horror de la España
del grito sofocado por los ríos de sangre
que pudrieron mis ojos infantiles.
Los grumos del dolor inconcebible,
mis tres mejores versos, escritos al futuro
en la sangre más joven, más entera,
coagulada en las rosas fallidas del invierno.
Abrí sin compasión los labios de la herida
para mostrar el cráter de lavas destructoras,
la triste cordillera de cenizas
que invadieron la aorta y ahogaron el amor.
Es hora de callar, todo está dicho.