miércoles, 1 de abril de 2020

Aquella mano abierta






VII






Obsérvala, baja tu vista, cuida
que aquella mano abierta, redentora,
que a la vista de todos ofreciste
no se haya desmayado o convertido en garra.

La voluntad primera, nacida efervescente,
la que se enfrenta al reto de "hoy caduca",
precisa ser constante y firme para hacerse
fértil por caudalosa, nido con su verdad.

El auténtico dar, el que puede salvarnos,
nace y vive escondido, hace y camina
en los bosques callados de la misericordia,
es la mano que sigue cuando nadie la ve.


Foto Mercedes E Victoria

martes, 31 de marzo de 2020

Consejo de redacción de abril: Y qué decir

                                             Foto: Aníbal BC







      Y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios”, leíamos adolescentes en el poema de Jaime Gil. Jamás pudimos suponer entonces este satán ajeno, esta malaventura, este Covid-19 que nos vino. Cada español suponía que el demonio vivía al otro lado de la acera ideológica, así de torpes somos. Con Jaime  comenzamos a sospechar aquello de que tal vez seamos un pueblo que se entrega al albur de los demonios. ¡Ay de estos poetas del medio siglo y qué cosas decían! El caso es que somos un pueblo que aguanta a sus demonios con el mismo tesón con que ha resistido durante muchos siglos sus tentaciones de suicidio como país, como nación y como pueblo. Algo invisible, más allá de los alternativos apegos y desdenes, habrá que nos sostiene vivos y en pie sobre nuestro propio infierno. ¿No les parece? ¿No creen que entre nosotros existen personas, y no pocas, capaces de lograr que la mano y la herida hallen en ocasiones concilio? Inquiría el Jefe, grave, a través del plasma. Y es que la redacción se ha reunido virtual, pero a lo pobre, por teleconferencia de pésima telegenia. Jefe, le reprende o auxilia la becaria, si nos afanamos en buscar poemas de españoles que hablen sin convicción de España no terminaríamos, es algo congénito, recuerde aquello de si habla bien de Francia es un francés, si habla mal de España es español. Vale para los comerciantes y para los poetas. O aquel “España es incurable” que Blanco White pregonaba, sin duda por nuestro empeño en reabrir heridas cicatrizadas. Pero España, al borde siempre de las llamas o las llagas, es un país de enorme fortaleza, de amplia generosidad, tanto en sus errores como en sus aciertos. Además, no es verdad, como dicen algunos, que sea un castigo divino por los tres o cuatro años que llevamos aplaudiendo con fruición a los malos poetas. Quiso terminar la becaria con cierto guiño, con cauta distensión. Pero temblaba el plasma, la gente estaba seria, no para bromas, habían llegado noticias de poetas y amigos de la poesía quebrados o abatidos por el nuevo demonio, noticias de los españoles que luchan a pecho abierto, y no es metáfora, contra un enemigo invisible e inclemente. El redactor novato preguntó: ¿Hay sitio decente para el poema en estos días? Si, claro, respondió el jefe, lo hubo después de Auschwitz, que fue provocado por la voluntad de hombres nacidos de mujer y a los que cuesta llamar semejantes, y lo hay ahora. Pero, por Dios, procurad si lo escribís que sirva, procurad que alivie, procurad que tiemble dentro. Calla rotundo el Jefe y puede que llore sin gemido. El silencio cruza la escuadra de feroces guerreros, y una voz inflexible grita: ¡En marcha!


sábado, 28 de marzo de 2020

En estos días ciegos



VI         

   Con Antonio M. Mansilla, que me          recordó el poema de Boccaccio



En estos días ciegos
de un marzo sin clemencia,
mientras retumba el mundo, 
mientras estamos solos,
pero juntos y justos, os invito
a los sencillos gestos
con que vivió Boccaccio 
en Florencia la peste:

 apartad los retóricos, decía,
 pesados cortinajes, los brocados,
 dejad libre el cristal de las ventanas,
 nos conviene mirar de cerca el miedo

 después será preciso, salir a las terrazas
 tocar el aire, golpear
 el negro frío con batir de manos,
 saber de soles sucios y desiertos,
 escribir de las gentes que orinan el dolor.


                                                                                                                                     (Foto Mercedes E. Victoria)

jueves, 26 de marzo de 2020

Parábola





V





El que huyendo de Apolo
llegara hasta mi patio,
el que nada me pide,
el laurel que me escucha,
el que sabe qué ocurre
y desea ser útil,
se empeña en florecer,
en aromarnos.


martes, 24 de marzo de 2020

La casa, los gorriones






IV





Más refugio que nunca,
decidí desde días (para días)
no hablar con sus paredes, sino
conversar sin tapujos
con la voz de sus huecos.

Así vivo la casa, así encontré
en las altas tensiones, donde vive,
el nido que he fotografiado,
que desde la ventana
con quien discuto observo.

Vuelan cortos y alegres
sus gorriones humildes, y me auxilian,
tras el cristal les hablo,
les digo que escribir es por ahora
mi único consuelo.



lunes, 23 de marzo de 2020

Acepto el juego






III




No es morir la cuestión
que a 30 de marzo se dilucida,
dicen,
sino el tenso grafismo
y doblegar la curva.

Pretenden conseguir
no el hecho de que yo no caiga,
sino que si lo hago 
sea con pocos 
cadáveres en mis alrededores.

Acepto el juego.
Es parte de la vida, de mi vida. 
Los otros, que Sartre demonizaba,
también existen,
los otros también son yo.

                                                                                      (Foto Mercedes E. Victoria)

sábado, 21 de marzo de 2020

El corazón del geómetra





II

A mi prima Mercedes, que murió con todos, con la gente , que fue para nosotros ternura compartida. 



Advierto que en el año
20 del siglo,
casi alba de abril,
mi dúctil corazón de arcilla sigue
latiendo junto a todos,
escribiendo con todos,
hondo y en búsqueda.

Sé todo, me parece, lo que pasa
y no sé nada;
ni el eje de la tierra
ni el minúsculo yo que lo dibuja
saben aún por qué somos tan frágiles.

Me gustaría, Mercedes,
decirte sigues viva,
van pasando los días, verticales,
intuyo que debiera
alzar los ojos y mirarte, dejar los cartabones
del poema, saber que el día
de vernos llegará.


                                                                                (Foto Mercedes E. Victoria)


jueves, 19 de marzo de 2020

Un poema: A la urbana fatiga




I


A la urbana fatiga,
al caminar hablando las aceras,
siquiera en soledad,
han dicho no.
Lo han dicho. Los oí.

Después han añadido algunos salvos.

Atónito compruebo
que ir al amor no está
entre las excepciones.