viernes, 13 de diciembre de 2019

Un presentador renuncia a presentar

Rafael Soler y David Morello


No son normales estos gestos. Ocurrió ayer, jueves y 12, Uno de los convocados a presentar "La mujer que abrazaba los árboles", de David Morello, declinó hacerlo en el instante mismo que le correspondía. Dejando la labor en exclusiva al poeta Rafael Soler. El dimisionario tuvo la delicadez de leer en publico la carta de renuncia donde motivaba su decisión. Más de 60 personas la escucharon y lo entendieron. Se la pedimos como testimonio y accedió. Hela

CARTA QUE SE CITA

     
   Les dije a los editores que no puedo ni debo presentar a David Morello, él es un hombre cualquiera transformado en ternura. Cómo acercarse, cómo domar con párrafos inertes su voluntad escribidora. Rellenaré este folio, le dije a mi tocayo Rafael Soler, luego, tú le miras a los ojos y le preguntas. Cuídale las heridas, añadí, recuerda que su padre todavía sonríe en los trigales de sus ojos y que solo posee aquello que perdió. Lo sé porque he visto palabras rodar sobre los empedrados esperando a que David las recoja y las lleve al poema. Él las busca en las noches levantando la nieve. Rechaza las que son certeza y ampara a las que viven desdichadas. A veces es mujer, a veces no comprende otro modo de amar la belleza. En otras ocasiones se siente un árbol abrazado por la melancolía, por el cristal y el algodón del sueño. Hay tardes que es un tigre sigiloso. Y ruge tientos, tonás, soleares. En primaveras dulces le crece un bosque en la bóveda del vientre. Por todo ello te digo, compadre Rafael, que lo trates con mimo, que lo trates sin miedos. Que le preguntes por qué laten tan fuertes en sus almas la bondad y el silencio. Hoy que es un hombre editado en papel amarillo de junglas, un nombre escrito con minúscula, un totem alzado en el centro de la aldea, del misterio. Un niño que pregunta: Madre, ¿para qué sirve el mar? Una alondra me dijo que le tiembla la mano cuando escribe un poema, que hace el amor con los ojos cerrados y la sangre en vilo. Él que no teme los cuchillos del aire, él que barrunta que será un buen muerto. Pregúntale despacio, senador Soler, tiene piel, tiene huesos que conocen el frío, es un olmo frondoso a cuya sombra una mujer hambrienta acude, viene para saber de la paciencia, de la calma y el tiempo. Dicen los chopos de David que la escritura le salvó de convertir la vida en una obligación, que anuncia los murmullos de los nidos, que su sosiego levanta arquitecturas con el barro de sus orígenes. Y su palabra alza habitaciones. Sus poemas son cimbras, venas rotas, ventanas de extravío, alfileres, desconsuelo, balanzas que confrontan el dolor y la nada, hospitales del mundo. Son nudos que sujetan la memoria. Y duelen, y le duelen. Pregúntale y escucha, poeta Rafael, no olvides que sus caminos tienen tu misma estatura, no olvides que su vida es ir, ser y regresar, que David Morello pisa presentes, pero también acuna desvalimientos. No somos, no sois de otro metal, sois hombres cualesquiera tocados por el asombro de la poesía. Y porque conozco a los que viven el poema como refugio inane sé de poetas como David de emoción encendida, poetas que acuden al poema como hoz e identidad, como futuro y avenida, como alto faro desde donde vigilar el conocimiento, como horno de la recíproca congoja. Por todo ello, por lo dicho, comprenderán que yo no pueda, ni sepa, ni deba presentarlo (perdón Paco, perdón Mara) y me limite a leer este folio, algo prieto, este papel que busca íntimas arboledas. Esto les dije

lunes, 9 de diciembre de 2019

Inédito de Carmen Jodra: Nuestra futura casa en Tjarnargata

             Nunca dejó de escribir. Aunque los últimos años no tuviera necesidad de editar. De Carmen Jodra iremos conociendo gota a gota nuevos poemas. Como este que ofrecemos gracias a la gentileza de Diego Román, su amigo. Viene provocado por una estancia de ambos en Islandia. Diego lo leyó el día del homenaje en el Ateneo. Comentó que fue un regalo de cumpleaños que la poeta le hizo. Se lo rogué.
Mientras la luz se complace en darle luz escrita. Gracias, Diego.





NUESTRA FUTURA CASA EN TJARNARGATA



No puedo precisar por qué aquellos días tienen
la cualidad del sueño (mucho más que otros viajes,
que otras vacaciones). Tal vez era la luz,
tan oblicua y dorada en el camino de la falla de 
     Almannagjá;
sí, la luz; también vivir con gente tan joven – aún se 
     me representa
Lukas en la piscina caliente: qué deliciosas
las diminutas arrugas junto a sus ojos; qué dulce niño.
Estar contigo. Los gruesos gatos que, acostumbrados
a la atención casi reverencial que les profesan
los más civilizados de entre nosotros, se dejaban 
     acariciar tranquilos, displicentes.
La luz; la llovizna. Nuestra futura casa en Tjarnagata:
un pequeño jardín muy verde en el que cuelga
un globo rojo. La cualidad amable del ensueño,
mirar hacia un futuro tan incierto y velado
como el cielo lechoso; por lo mismo, a veces se parece 
     a la esperanza,
cuando estamos de buen humor. Ovillos
de todos los colores, siempre de pura lana
de ovejas islandesas; la chica a la que vimos 
     esa primera tarde
(estaba despejado, una tarde preciosa),
que se había sentado en el césped, al sol, para tejer.


                                                               Carmen Jodra Davó


jueves, 5 de diciembre de 2019

Carmen Jodra



        La recta es la belleza. La limpia tensión. Ayer, miércoles 4, fue trazada por voces prevenidas. Un acto puro de elevada emoción. Más de 15 poetas en pulsión contenida supieron unir dos exactitudes de la vida de la vida de Carmen Jodra: su amor por la belleza y la alegría de su existir. Hay poetas que no necesitan sino ser poetas para tener habitación propia en nuestra casa. No es preciso escribir más de lo que debe ser escrito. Sino ser. Carmen, tan pronto ida, era humilde verdad continuada, era ella para sí y para tantos. Corazón azul. Tan difícil. La recuerdo, lo tengo dicho, con Diego Román, que tanto tiempo fue con ella, y fue compañía. Yo sé que la memoria es indeleble cuando ella lo desea. Ayer. Líbranos de la pena porque elladestroza el corazón larvadamente/ y trae sombra a los ojos de los niños. Ayer la recordaron con la palabra justa en el Ateneo de Madrid cuantos hablaron. Tanto como el silencio duro de los que los escuchaban. En pie la mayoría, en la verticalidad del recuerdo. Dijeron de ella Gracia Trinidad, José Cereijo, Ana Rossetti, Miguel Losada, González Iglesias, Mª Antonia Ortega, L Alberto de Cuenca, Javier Lostalé, Elena Medel, María J Fuentes, Ignacio Vleming, J Ramón Trujillo, Jesús Munárriz… otros y Diego Román, abrazo y lágrima. Habló Aarón G Peña en nombre de Ateneo. El padre de Carmen pidió decir. Un hombre herido quiso sellar el acto extendiendo los aromas de la hija que fue, de su gusto por la bello, ese asidero desde su adolescencia. Carmen descansa de lo intenso bajo la sombra de un olmo castellano. Todo acabó en julio. Pero el acto de ayer, pero el acto de ayer. Acciones tan puras, tan justas y limpias, tienen el fuegolacre de las cosas sencillas, las que ahondan y buscan. Pocos de los asistentes podrán olvidarlo. Podrán olvidarla. Líbranos del placer que nos obliga/ a creer que este mundo es dulce y bueno/ justo hasta que salimos del encanto. Carmen.


lunes, 2 de diciembre de 2019

Consejo de Redacción de diciembre. Del clima y la flacidez




No estaba. Durante unos minutos dudó el Jefe si llevar a cabo o no el Consejo de Redacción de diciembre. No estaba la becaria, se había ido a las manifestaciones por el cambio climático. Nada más llegar dijo, como los famosos, que es hora de actuar. Recogido el pelo en dos trenzas, anunció sonoramente que se iba. Y vaya si se fue. No estaba. Sabe el jefe que nada es lo mismo sin ella, la única que le escucha con atención, casi arrobo, la única que le conlleva. Pero él traía sus notas encendidas y no quiso aplazar el acto. Le oímos decirse en voz baja: La temperatura del planeta subirá lo mismo diga yo algo sobre el mundillo o no lo diga, adelante pues. Y comenzó todo. Sepan que sé porque lo escuché de Pureza Canelo que los poetas de cierto nombre deben cuidarse mucho de publicar libros malos, pues siempre serán medidos por la calidad del peor de ellos. Y muy a mi pesar, porque no suelo, tuve que darle la razón en ese punto. Es preciso dejar de escribir, o cuando menos de publicar, si uno percibe cierto punto irreversible de deterioro. El papel es un animal voracísimo y muy atractivo, pero con la desnuda desfachatez de no tener marcha atrás. Lo impreso dicho está. Uno puede renegar de sus primeros libros (socorrido citar a JRJ), pero resulta patético ir recogiendo los últimos de las librerías o de las manos de los conocidos (nadie sabe si lo ha hecho ya Gimferrer), por lo tanto, adviertan a sus poetas más amigos que vigilen, se vigilen y se hagan vigilar. Vino el silencio. Tras él habló el de la barba cana: Nadie estamos a salvo de esa trampa, Jefe, los parámetros varían con el tiempo, la belleza es un asunto proteico. Sí –respondió ávido–, pero recuerden que para los poetas sigue funcionando la sentencia: una buena muerte honra toda una vida. Callar con dignidad, tarde o pronto, eso depende, es cuestión que importa. El novatillo, manchego de origen, resumió el tema a su manera: O sea, no estirar nunca más la manga que el brazo porque se vuelve flácida a la vista de todos. Entendido, cerró el Jefe.
Rematada la sesión y puestos todos en pie, rogamos con sencillez a la diosa del clima adolescente.

(Foto: Mercedes E. Victoria)


lunes, 25 de noviembre de 2019

Un poema: Con(versaciones)









Hay caminos que existen
para no ser andados,
sino dichos

yo acomodé mis días
a transitar por ellos porque todos 
guardan en sí
una noble belleza: lo inasible

espirales y dúctiles,
nunca, como el poema, se terminan
si no es por abandono, caminarlos
no supone llegar, sino hallar el regreso

lo sé porque con muchos
amigos los he hablado
en las calles y noches de Madrid

también porque yo mismo
con mi tiempo, el de ahora,
–tenga o no la razón– 
converso hasta el desnudo

o porque me sorprendo
andando cuando escribo
con el otro que fui, el que me acecha,
el que inquiere con saña, el que me incita
a justificaciones

una vez los anduve
con el hombre futuro
carente de extrañezas,
ese ágrafo callado que a voces me reclama

el que aún 
no quiero ser.

(Para Alfredo J. Ramos)

viernes, 22 de noviembre de 2019

Documentos: Semblanza de Federico Gallego Ripoll para RESPIRACIONES


 (La becaria diligente nos ha procurado también la semblanza de Federico. La ofrecemos)
           


    Porque, manchego siempre, fue feliz en una Barcelona de ventanas abiertas y geranios, porque vive en una Mallorca de sol trenzado, porque desde allí, desde los allendes, nos atiende y entiende, porque las lejanías –tan necesarias para la claridad– no pueden ni deben prolongarse. Y también porque lo hemos querido, RESPIRACIONES abre su ciclo cuatrienal con Federico Gallego Ripoll. Haciendo guiño y señuelo de continuidad con aquel No madrileños de nuestras complacencias. Poeta prófugo, dueño y esclavo de sus itinerancias, rebelde desde lo tierno, Federico (Manzanares, 1953) camina y toma en préstamo las horas del mundo, las manzanas dormidas, los izados trigales, lo amargo cuando late para hacer sus palabras. De él sabemos que es un poeta que excava túneles para que la luz pueda conocer el corazón de la montaña. Desde aquellos Poemas del condottiero, con que Rialp le inauguró en 1981 hasta Quien dice sombra que cierra su producción édita. De momento.

A lo largo de toda la obra de Federico, hoy con nosotros, el fondo discursivo cede siempre, aturdido, ante el poder de la imagen plástica, ante las embestidas sutiles de la emoción, ante la celebración de los significados. Conoce que el hombre es un lugar sin retorno posible, por eso siempre encontramos el humanísimo temblor palpitando en la arquitectura de sus poemas. Federico escribe desde el hombre que tiembla hasta el hombre que resiste. Y en ello es sabiamente radical. Tanto en el uso de su ironía cervantina, esa daga afiladísima, con que subraya las contradicciones, como en el convencimiento con que se instala en la dignidad del individuo. Y porque sabe, desde la adolescencia, que la poesía es un acto de lenguaje, se vierte en él, tiene miedos con él. Federico es una necesidad urgente en la contemplación de los vivires, en el ahí de cada día, al que toma como prado feraz. Escéptico ante las expectativas, bien ilusas, bien trascendentes, defiende con brisas o con garras, según convenga, el oficio de poeta, su oficio de raíz inmaculada, al que sirve, al que jamás ha traicionado.  Así dice:  Entre mis dedos se disuelve el lápiz, lo que escribo huele a bosque quemado.

Buen manchego vive en las amplitudes salinas de la palabra, en su poder de sorpresa y de convocatoria, tan necesarios en la construcción del poema. Leerle, escucharle, es entrar en comunión con una de las formas más sincera de entender la poesía.  Que no es otra sino la de escribir a la misma altura que sus semejantes, la de mirarlos con ojos de presente, sin otros antes ni despueses que los precisos para no perdernos. Para no equivocarnos ni equivocar.  No hay mundos diminutos –dice– donde el dolor no exista. Magnífico lector, es conocida sus atenciones para con la obra de los demás, su generosidad con las epístolas cuando algo de alguien penetra sus adentros. Ida y vuelta. Suele decir a quien tiene la fortuna de escucharle, que el enigma de escribir, de respirar, se resuelve en el encuentro. En ocasiones como abrazo, en otras como disturbio. Y es que la poesía, que aparentemente nace en la mano –de la mano– del poeta, tan sólo acontece en los ojos y en la conciencia del lector. No hay poesía sin tránsito. Esa eterna metáfora de la existencia encuentra en este oficio uno de sus escenarios. El otro es el del amor. A veces nuestro poeta se pregunta: ¿Quién oye el griterío de los pájaros, si no soy yo? Para continuar ¿Quién eres tú leyéndome, si no soy yo?

Poeta de las metamorfosis, de las realidades en duda, de las penumbras atendidas, dijo de él JL Morales “que es una voz que emerge de una conciencia alerta, de una sensibilidad tangente con las bellas artes, de un yo lírico que no teme asumir su primera persona, que no esconde; aunque no sea la suya una poesía confesional al uso, sino experiencial”. Hoy viene a RESPIRACIONES para darnos cuenta exacta de su ayer, pero sobre todo para dar noticia de su mañana, porque Federico Gallego Ripoll vive y escribe siempre en la frontera, en el tiempo quebrado, en el instante de los amaneceres. Es tiempo de Federico.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Documentos: Semblanza poética de Raúl Nieto de la Torre para RESPIRACIONES



(Por medio de la agilidad periodística de la becaria la redacción ha tenido oprtunidad de conocer el texto de la semblanza con que fue presentarlo en RESPIRACIONES. Hela).


Hay poetas que saben que se está llenando el vaso del poema no sólo por el sonido, sino por la evidencia de su propia sed. Raúl Nieto de la Torre pertenece a esa estirpe, lo tiene declarado: tinta sobre papel. Alguien capaz de que su primer libro lo presente Luis Landero y que además se atreva a titularlo Zapatos de andar calles vacías, es poeta que vive en la urgencia de lo errante, en la alegría de atravesar los bosques, en el sigilo de lo que incita y espera.

Madrileño de Cuenca, hijo del 78, respira con nosotros en esta tarde que inaugura. Y nosotros con él. Autor de 5 libros, en el último de ellos, en Leopardo, aporta un nuevo giro. No tanto en su manera de entender la poesía, como en la cualidad de sus preocupaciones. Antes de él, el amor y los afanes del deseo, las azules cenizas de la infancia o la vida poblada y no prevista ocupaban sus paisajes creativos. Desde Leopardo añade a los anteriores las amenazas del azar, añade un dolor que no sabe del olvido, sus dos nuevos motores. Conoce como pocos las ateridas alamedas del lenguaje, el uso exacto del adjetivo que conforma y salva. Lleva consigo, a plena vista, la decisión con que une lo disperso, la valentía con la que aborda y vence la tentación de huida que genera lo blanco del papel vacío. Es un poeta en dudas y fortalezas. Es un poeta que se atreve a ser camino, que conversa con el riesgo.   

El lector, avisado o reciente, que decide internarse en su obra se siente abrazado lenta y decididamente, sorprendido e inerme; llevado de la mano por unas escaleras que nadie sabe a dónde ascienden. Porque Raúl Nieto de la Torre escribe partiendo de la zozobra del mundo hasta el azar del aire, sin más asideros que unas palabras nacidas de lo paradójico. Queríamos una casa de techos altos donde los pájaros volaran, dice en su poema Recién casados. Por eso escribe de los pozos, él que está siempre abocado al vuelo. Por eso escribe que el puño es como un pájaro que desaparece de la mano cuando la abres. O que un poema es la distancia más corta entre dos puntos desconocidos. Dos pequeños apuntes de tantos como en este otoño ha publicado para salvar a Facebook de la vulgaridad.

No en el malestar, ahora tan nombrado, su obra encuentra cobijo en la que podríamos llamar Poéticas de la inquietud. Sus textos, que tanto inquieren en nosotros, se alojan en motivos inacabados, en asuntos que son posibilidades. Sombras y vientos. Todo cuanto sucede pudo ser de otra manera. Tanto en el pasado como en los futuros. Es además poeta de palabra propia y esplendente fraseo. Urbano, pero no urbanita, delicado en el decir, sabedor de lo precario del oficio, confiado y a la vez desconfiado en el ahora de los tiempos y las identidades. Quiero decir poeta en sazón, palabra retadora, canal abierto.

En Raúl Nieto de la Torre el tiempo no es una categoría, sino una sospecha transitiva, una luz que jamás se detiene en los cristales. Durante el pasado verano, las buenas gentes riojanas quisieron celebrar su Agosto clandestino con la edición de una plaquette de su autoría. En ella reunió publicado e inédito. La tituló Una jaula vacía cerrada por dentro. Que no es sino el lugar perfecto para que esa paradoja, que tanto le ama, haga sus nidos. Como ocurre en este pequeño texto que se incluye y que no nos resistimos a leer: Tu pensamiento recorre la corteza de un árbol como una hormiga que no sabe si el árbol está de pie o ha caído.

Digamos para terminar que Raúl es, como su compañero en esta primera convocatoria, un poeta de lo táctil, cuyas veladuras no llegan a privarnos de la caricia o el aprieto. Alguien que sabe que lo más profundo del ser humano reside en la piel. Desde ella escribe, vigila; en ella se demora. Sabemos que la piel también respira. Y que es, sin dudas, la puerta más abierta para llegar a los adentros. Como lo es el amor. Esa realidad en danza con el deseo, a la que ha dedicado gran parte de su obra. Una vez dijo que los corazones no pesan. Por todo ello está aquí, en el primer RESPIRACIONES del Comercial. Y nosotros esperando su palabra

jueves, 14 de noviembre de 2019

Un poema: Anónimo recibido desde dentro








Hasta el verso se cansa de ser verso,
aprende esa verdad, Francisco Caro,
aprende a reposar, a darle amparo,
no escribas, déjalo, no seas perverso.

No sigas por ahí, vives inmerso 
en rimar y contar, envía al paro
tus poemas, pon fin: mira, te aclaro,
un papel tiene haz, tiene reverso.

Dale vuelta y verás, existe el blanco,
que hasta el verso se cansa de tu oficio
y el lector de leer: pon un estanco,
hazte barman, vedet, cambia de vicio.

Si eres sólo rutina, vatetardo,
y no hallas qué decir, que calle el bardo.