domingo, 17 de febrero de 2019

Poema: Desiderata y despedida temporal (Divertimento)





                                                                 Estaré hasta que llueva
                                                                                              DIONISIO ROBLES



Que brote una semilla de algodón 
en mitad de olvidadas montañas de neumáticos,
que festeje mi cuerpo cumplir setenta y dos
mientras yo espero turno, que recluyan
en un piso de Ibiza a eclesiásticos fofos,
que sobadas luciérnagas no vuelvan
a alumbrar ningún verso, 
que El Corte Inglés bienaventure
con tarjetas de crédito a los tercos de espíritu,
que los premios se amañen limpiamente
por fidedignos maños de Aragón,
que los inviernos sean
duros sólo de oído, que Yahvé llame y lleve
al averno al que ceba esta nueva Babel 
de ávidos móviles, que rueden en Legazpi, por favor, 
películas de chonis y romanos,
que la melancolía cueste un euro coma quince, 
por ejemplo (o sea la mitad de lo que vale
enviar por Correos cualquier libro),
que atornillen sin prisa y con cuidado 
a Carmena el tobillo, y que los sindicatos de poetas 
breguen por unos 
salarios donde nadie 
confunda el fin de mes con la metáfora.

Ojalá y que se cumplan, total o parte, mis deseos
mientras huyo de aquí, del Madrid que se aturde,
con mi automóvil diésel desahuciado
a los semidesiertos de Almería, que me esperan
ciertas gentes que escriben y no editan, rojeros fósiles,
para recolectar -antes que llueva-
pequeños ocios, 
hundidos sueños, 
alcaparras.

jueves, 14 de febrero de 2019

Seis haikus de Francisco Jíménez Carretero






Cuarto menguante: 
roza la luna el cedro
del Himalaya

***
Sabrá el camino
donde empiezan y acaban
todos los pasos.

***
Cesó la niebla,
pero aún el barbecho
sigue humeando





Pino carrasco:
del corazón grabado 
brota resina.

***
Revolotea
en el pico del mirlo
la mariposa

***
Escarcha en flor
en las desnudas ramas
de los alerces.



FRANCISCO JIMÉNEZ CARRETERO (Barrax y 1948) pertenece al grupo que en Albacete ha cultivado el haiku con enorme acierto. Es en los llanos que le vieron nacer donde halla respuesta a su mirada. Exigente en la construcción, busca el aroma de temporalidad que el género exige para reconocerse. Y no te vi, Señor, y estabas (2018) es su último libro publicado

lunes, 11 de febrero de 2019

Dos poemas de Idea Vilariño



Y QUÉ

Tomo tu amor
y qué
te doy mi amor
y qué
tendremos tardes noches
embriagueces
veranos
todo el placer
toda la dicha
toda la ternura.
Y qué.
Siempre estará faltando
la honda mentira
el siempre.

           (1962)
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ME PREGUNTO

No pensarás a veces
no volverás los ojos
a aquel estante al libro
que volví a su lugar
a aquella mesa de café en Malvín
ya tarde
al aire libre
conmigo y los muchachos
o tal vez al café pajarería
de donde huí y dejé que me alcanzaras.
No te acordás
supongo
de mi puerta entreabriéndose
a las dos de la tarde
y tú con un sombrero
que por fin regresabas.
No te acordás
seguro
no sabés que una noche
te esperé y fue una noche
de amor
y no viniste
y fui feliz vagando por la casa
escuchando la escalera
esperándote.
Hubo también las noches
–torpe de mí
te odiaba–
en que llamabas
–dígame
cómo ordeno esta serie
es mejor esto o esto–
y esa otra en el suelo
con luna y mis retratos
tirados por ahí que todavía
tienen manchas de vino.
O la noche terrible en que tú estabas
llorando en el teléfono
nunca lloré decías
dejame ir decías
y yo mi amor mi amor
–te había echado
había muerto–
y yo mi amor
mi amor
y yo estaba con otro.

      (1965) 
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Idea Vilariño (1920-2009 y Montevideo) o el lugar en donde los poetas pueden beber la densidad oscura, la desesperanza, la capacidad de lo tenso para escribir el desgarro vital, el amor encendido. 


jueves, 7 de febrero de 2019

Dos poemas de Eugenio Arce y Alfredo Sánchez


      Son poetas, manchegos y amigos. Viven en Ciudad Real y tienen origen vital en el Campo de Montiel. Ambos han publicado durante el presente curso. Eugenio Arce Lérida su sexto poemario Y los versos, besos son (Lastura, 2018), casi al tiempo que Alfredo Sánchez Rodríguez imprimía el primero, Cuaderno de Campoamor, con el que ha obtenido el premio Marcelino Quintana en tierras canarias.


      Es Eugenio poeta de largo recorrido, comprometido con el hacer de la palabra como modo de acercarse al hombre, al enigma de lo humano, al misterio del individuo como ser en sí, en otros y para otros. Toda su obra está roturada por el temblor, la congoja y la esperanza que acompañan al hombre en su existir. Toda su obra por el imperativo de la búsqueda, por la exigencia en encontrar el vector que dirige la voluntad humana hacia la virtud. Tradúzcase virtud por bondad, verdad y belleza. Poeta de lo humano, de la poesía al servicio del hombre, de donde nace y hacia quien transita. Sabe que la creación es un acto del lenguaje, y lo cuida, y lo ordena, pero sabe que su finalidad no es quedarse en sí mismo sino la de provocar en el hombre las preguntas y mover a la reflexión sobre el oficio de vivir. A veces hay en su hacer un punto de melancolía o de desasosiego, de tristeza o de inquietud, porque de lo insatisfecho, de los instantes incompletos, están hechos los hombres. Los poetas también. Yo nunca fui un tahúr ni me enseñaron / a jugar a las cartas / marcadas; de ahí nacen/ algunos de mis ríos turbulentos, escribe. Y a nosotros, leyendo …Y los versos, besos son, nos ha parecido escuchar la voz, lejana y cercana a un tiempo, de Nicolás del Hierro. También su estatura moral.



      Alfredo Sánchez debuta en papel, con lo que ello conlleva. Viene de la música, de la composición, de las canciones, y ello se nota en la estructura leve, ligera, de algunos de los poemas que nos ofrece, pero llega pleno de madurez a contar lo que ha visto en la tierra que cuenta nuestros pasos. Textos escritos, según su decir, en presencia del mar, el poemario Cuaderno de Campoamor habla de plenitudes y zozobras. Plenitud de un amor en plena sazón, que lo conforta y serena. Un amor cantado con el sosiego de lo bien hallado; lo que subraya su intensidad, su fluir necesario. Por completar contigo/ tantas otras mitades que me faltan, escribe en el poema “Dormir solo”. Los desgarros aparecen nada más volver la vista atrás a lo andado, a lo navegado, a lo vivido: ausencias y dolor, suciedad y frío, desasosiego… episodios e instantes contados con la claridad que conlleva el cuidado, sin retorcimientos, del lenguaje, una de sus señas de identidad. A la poesía, es bien sabido, no se llega ni pronto ni tarde, sino cuando ella nos abre las puertas. A la poesía ha entrado Alfredo Sánchez Rodríguez, y lo ha hecho con humildad y timidez, pero con paso firme. Anotamos que para abrir sus poemas ha usado numerosas citas de poetas manchegos contemporáneos. Como fe de origen. Bienvenido.

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 Hasta que los jazmines
 
A Isidro Sánchez, me honro
con la amistad de este profesor emérito

Luchar contra los astros que pretenden
modificar el curso natural
que llevan nuestros ríos.
Pelear cada día
para impedir que anulen
nuestros sueños más íntimos.
Resistirse a las fábulas
que intentan conseguir la mansedumbre
de los inconformistas.
Negarse a lo imposible,
a lo que ya está escrito
como el irremisible porvenir
de los que son más débiles.
Proclamar la justicia necesaria
y huir de la vorágine
que nos va consumiendo.
Poner mis emociones
en pie de una pacífica contienda,
hasta que los jazmines sean libres
para exhalar su aroma,
a pesar de las zarzas que los cercan.
En vuestras manos dejo
esta invisible flor
cuyos pétalos son la semejanza
de mi desnuda luz.

Eugenio Arce Lérida

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 Una silla vacía

 
Lo que hemos perdido
jamás nos será devuelto.
COLD MOUNTAIN

Una silla vacía
en la mesa común
abre un hueco a la ausencia
fatal, irremplazable.

No ha sido nunca fácil
poder verla ocupada
al tiempo que las otras,
siempre mudo testimonio
del dolor sin más causa,
gratuito, incomprensible:
el desprecio, el desaire
constante y pertinaz
del libre alejamiento,
voluntario y doloso
infligido sabiendo de su daño.
Y a la postre barato,
pues nunca se quitó
–como era merecido–
la silla de su mesa
esperando a su dueño.
Pero su hueco pesa
ahora como lápida
fría, definitiva,
y se hace más gigante
su terrible evidencia.

Alfredo Sánchez Rodríguez

martes, 5 de febrero de 2019

Seis haikus de Manuel Neila



Se sienten risas. 
Gente que se divierte. 
¡Y tú tan lejos! 

***
Tres mariposas 
vuelan sobre las flores. 
Sobran los haikus.

***
Quietos y firmes, 
los árboles se yerguen 
en las acequias.








Sendas perdidas.
Suenan flautas antiguas
entre los árboles.

***

Caen las hojas 
de los chopos temblones 
sobre el poema.

***
Sol de la infancia:  
donde quiera que vaya 
sigue luciendo.




MANUEL NEILA es poeta y estudioso de las formas breves en poesía. Actualmente dirige una colección dedicada al aforismo en la sevillana Renacimienro y ha publicado en Polibea Sendas de BashôConjuga la tradición con lo subjetivo.


jueves, 31 de enero de 2019

Consejo de redacción de febrero. Oír y ser oído, comprar y ser comprado.




       La gente del mundillo, dicen los que de esto saben, está agotada y algo más. Aunque de ello suele hablarse después, mientras los vinos. Esto es un sindiós, un sin parar de noria. Esta feria infinita de las presentaciones, esta ovoide espiral de las lecturas. Este Madrid lírico que a veces nos aturde en sus atardeceres. Miren las redes –dijo enfático el Jefe–, algunos y algunas denuncian ya su cansancio de asistentes sistemáticos. Otros, sin proclamarlo, renunciaron hace tiempo a comprar libros de cualquiera. Los primeros terminan cediendo, rehenes como son de las sanas amistades y su voluntad de abrazo. Los segundos se mantienen erectos en su decisión. Alegan que tienen la casa desbordada de papeles ociosos, alegan lo precario de su bolsa. Y tiene razón bastante  ¿no les parece? Calló un instante el Jefe, lo preciso para un sorbo de café. A nosotros nos parece, interrumpió el novato, cada vez más desenvuelto, pero me explican los editores que tan sólo venden en las presentaciones, que los libros tienen luego poquísimo recorrido en librerías, que es preciso aprovechar el momento afectivo de la presentación, que no pueden dejar esta rutina. Además, ocurre que el autor, cansado de escuchar 30 veces a otros, desea que a él le escuchen 30 otros, cuando menos una vez. ¿No es razonable? La redacción se resolvía poco excitada ante un tema sobradamente sobado. La becaria, que va desarrollando un sentido común de enorme densidad, se atrevió. Aplicar el do ut des, o el quid pro quo, como sé de algunos,“ir a quienes van, comprar a quienes compran”, termina por reducir horizontes y fomenta sectas dentro de la secta. Sin perderse de vista unos a otros es necesario salir de, abrir ventanas a, airearse en libertad, visitar nombres desconocidos, seguir a la espera, no desfallecer. Quiso el Jefe responder a tales ánimos, pero se le adelanto el redactor colmillo. Lo mejor es que te echen a faltar, yo quiero mucho a todos, pero vivo lejos, y aún así la poesía me encuentra, y los poetas, si lo desean, también; haga usted lo que desee, Jefe, pero no le vendría mal darle unas vacaciones a ese escuchante-comprador que lleva dentro, nosotros mantendremos mientras el kiosko, no se preocupe. Y el Jefe, muy callado, no sabía si seguir o si dejarlo, si invertir en el bonotransporte de febrero o si ahorrárselo, si leer o escribir, si encargar una estantería nueva o sacar a la calle diez cajas de libros. También le preocupaba la obsolescencia.

sábado, 26 de enero de 2019

Las poetas, los poetas, Tour Madrid, enero y 2019.


      A pesar de los Uber clandestinos, de que no pagan impuestos, del Madrid trabajador sintaxis, de tanto desasosiego, la poesía mueve, nos mueve, revuelve, agita, convoca, levanta, llama. Y vamos. Hacía tiempo que no lo contábamos. Sepan que el Jefe está contento,que hoy le han pagado, en cash, sus primeros derechos como autor. La becaria, incrédula, lo ha contado varias veces. Escribimos esto para no soportar semejante visión.

Paloma Corrales
(Foto: Esther Muntañola)

      Hizo Berta Piñán una presentación ajustada y brillante. No tanto del nuevo libro de Paloma Corrales, Tratado de invierno, para lo que se llenó el Comercial, sino de la poesía personalísima de la autora, de la manera aparentemente liviana con la que dota de enorme densidad a las palabras. Paloma las deja solas, sin vestir, sin adjetivar apenas. Solas para que defiendan los nuevos significados que les propone. Para la sorpresa. Poesía enjuta, sensorial, sensual, delgada. Berta habló de su delicada astucia en el juego de los pronombres con los verbos. Una poesía que siempre parece preocupada por el acto de la creación y su enigma. Que nunca olvida los momentos emocionales de quien la escribe. Una lectura pausada y una guitarra, la de Chema Abascal, que tiene la virtud de desparecer cuando crece el poema, hicieron juntas el camino. Habló MA Curiel como director de la colección Amstel que edita Amargord. Fue lunes y 21.


(Foto Librería Alberti)

        Uno dos y tres, tres bande… maestros en el ruedo de la Alberti. Venían de la mano a presentar sus ejemplares de poesías completas que ha preparado para ellos Austral. Los tres alabaron su físico: pesan poco, son muy flexibles y tienen un precio al alcance. El libro con todos los poemas vale menos que mi último libro exento publicado, dijo Joan Margarit. Y los otros asintieron. Antonio Jiménez Millán es granadino-malagueño, amigo y compañero de clandestinidad de Luis García Montero. Razones que le hacen visitar Madrid y la Alberti (estuve en la anterior) con frecuencia. Es poeta aseado y un poquito previsible. Luis se mostró dicharachero y cordial, cómo no, y amable como anfitrión. Margarit rechazó con efusión lo aportado por los maestros (escolares) en su formación como persona. Que él se hizo no sabe como. Y que su caída del caballo ocurrió cuando se dio cuenta que escribía en su lengua cultural y no en su materna. Hace tiempo que se corrigió, nos dijo. Fue, de los tres, el que mejor y más fuerte reía las ocurrencias. Nos aviso de que temía caer en el ridículo cuando escribía. Antonio se atrevió a confesar que su abismo temido era la cursilería. Él sabrá, no he leído todavía obra suya. Montero señaló a la ingenuidad como el animal de garras que sentía al acecho. Por esa creencia suya en la bondad de las cosas, remachó. Apenas se habló de poesía, sí de sus alrededores. Por cierto, Joan leyó los mismos poemas que hace 13 meses cuando estuvo en la Residencia de Estudiantes. Con los miles que tiene. Martes y 22.

        El jueves 24 unas 200 personas ocuparon el Centro Riojano para escuchar, por separado, a dos poetas. En salón inferior, Milagros Salvador presentaba su libro T (se les conoce por la letra inicial del título) Tierra sin luz que mira al cielo, dedicado a las diosas de las distintas mitologías. Diosas que ella salpimentaba en las entretenidas introducciones a los poemas. Es dueña, Milagros, de una poesía sin complejos, directa, clara en sus intenciones. Milagros es conocedora de que al otro lado de las cosas está siempre el lector. No necesitó presentador. Estuvo con ella el ingenioso editor que logró acallar el murmullo de la sala imitando, y bien, el sonido de las cigüeñas (pronto San Blas). Aclaró que se llamaba crotoreo a tal proceder. 
Antonio Daganzo
(Foto Pablo Méndez)
En el piso superior de Alcalá 25, Antonio Daganzo reventaba la sala para presentar su nuevo Vitruvio, Los corazones recios. El editor, Pablo Méndez puso voz a un texto del ausente Sergio Macías. Leyó el autor con forma más sosegada, más íntima, más convincente que en anteriores, textos de un poemario de doble provocación. Ambas viven en su conciencia. Una es la de los afanes culturales, la belleza y sus modos, la música en especial. Forma parte indisoluble de su levantar los ojos. Y se desborda en multitud de poemas, casi todos con destino expreso. La otra provocación es la necesidad de responder a los retos del amor con las armas de un corazón templado, sabedor de los premios y castigos, abierto y recio en su estar, en su proceder, en sus respuestas. Los tules que el decir poético procura al lenguaje no logran velar la potencia y la presencia de una fortísima intimidad (con destino no explícito). Antonio expuesto a los soles y la lluvia del existir. Como deben estar los poetas.
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(el tiempo de los versos)

hago un puzzle 
o eso digo 
en realidad 
pongo palabras 
en un mismo poema 
hoy puse 
alrededor 
de los arándanos 
la avidez de la lengua 
nueve palabras 
tres horas casi.

            Paloma Corrales
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LA VERDAD DE LA NIEVE

          Distancias.
          En la vida hay distancias.
                 JUAN JOSÉ DOMECHINA

Quiero que no lo olvides,
nube roja y dichosa: 
durante largos años 
estas canas que ves las tejí con distancias.

Mentirá quien te diga 
que la nieve no es hilo: 
es el hilo mejor, 
y más aún: 
el perpetuo bordado que junto al sol espera 
sabio y solo en la cima.

Si he de seguir tejiendo, 
si mis días auguran la completa nevada, 
por si de pronto muero de fiel sabiduría 
y no alcancé a decírtelo, 
yo quiero que lo sepas, 
nube roja y lejana, 
fresco cántico: 
jamás la espera fue tan luminosa.
             Antonio Daganzo

martes, 22 de enero de 2019

Seis haikus de Vicente Barberá




Día de lluvia.
En la linde el agua
la flor de loto.

***

Chicharra inmóvil
en el tronco de un árbol.
Las hojas tiemblan.

***

Flor de cerezo.
Agua de primavera
llena el arroyo.




Atardecer.
Un gorrión en el árbol
bajo la lluvia.

***

Pasan volando
un grupo de libélulas.
Sigo su sombra.

***

Brisa marina.
Nenúfares y lotos
en los estanques.





(Tal vez sea en Valencia y Albacete donde más crece el cultivo del haiku. Vicente Barberá es valenciano y poeta de edición tardía. En 2018 ha publicado Después del amor (Olélibros) y el libro de haikus Flor en el agua (Lastura) que prologa con una aproximación al sentido y a la forma de la estrofa japonesa.)