miércoles, 21 de febrero de 2018

Ha muerto Aurora Auñón

     
  
     Ha muerto suave, como vivía desde que la conocí. Una mujer como pocas. Enamorada del hecho poético. Aprendió a recitar antes que a leer. Maestra, narradora, ensayista, poeta, mujer. Crítica con una sociedad que se alejaba de los valores cristianos. Que ella confesaba defender. Los de la justicia, los de la hermandad, los del hombre y su posibilidad. La conocí recitando a Bécquer un tarde en Arganda. Y desde entonces. Desde entonces su presencia amiga, su presencia pan, su armonía. Escribía y no publicaba. Nos hablaba de una novela que esperaba tinta, nos hablaba de Albalate de la Nogueras, nos hablaba de su casa, levantada en el XVIII, y de la que se sentía depositaria. Habitual asistente a las jornadas de poesía de Priego, allí trabó amistad con los poetas que ella consideraba maestros. Escribía. Editó con Vitruvio su primer libro Techo y raíces que incluye el poema XXVI, “Los alimoches”, poema que basta para saber de ella. Para saber de su amor a las gentes, a los olores y las costumbres de su tierra. Después, en la primavera del 2013, aparecería Los trabajos y los días, un friso hermoso de lo rural. Implacable en su certeza. Mujer y escritora de luz verdad, era posible reconocerla en la transparencia de sus escritos. Y era compañía horno, pensamiento, amparadora en su figura débil. Austera de costumbres, ajena al agua como bebida, frutal en las conversaciones, entendía el acto de vivir como solidaridad y búsqueda de la belleza. Era fácil encontrarla al reclamo de lo teatral, actividad de su entusiasmo. Digo también que en los últimos tiempos se ilusionó con los aires de renovación político-social que cundían circulares por el país. Aportó tesón y ganas. Por eso escribía, por eso el afán de su gran amigo Raúl Nieto de la Torre y la generosidad personal y editorial de Lidia López Miguel pusieron veloz empeño en que pudiera ver editado Tiempo en el tiempo, su última entrega. Poesía y reflexión. Justo esta mañana -21 y febrero- lo entregó la imprenta, justo esta tarde se fue. No pudo. La tristeza y la alegría de haberla conocido. De haber sido con ella comunidad. Cómo no haberla querido. Cómo no quererla siempre. Tendrá un acto recuerdo donde podamos reunirnos sus amigos, los del barrio, los de la poesía. Donde podamos reunir los afectos que ella repartió. Aurora. Aurora Auñón.  

jueves, 15 de febrero de 2018

Un poema: Ese puñal


Entre nosotros
(sabemos quienes somos)
nos prestamos a plazos la locura, la tierna

seguimos vivos, aunque
condenados
a pagar las tarifas que conlleva existir

por ejemplo
las migajas verbales que supone escribirnos,
escribiros
en mitad de poblados aguaceros, de calles
desempedradas, romas
(estos meses)

acosado
como estoy por los grifos
que sin abrir vomitan lunes y océanos

por lo evidente:
ese torvo puñal 
al que llaman tristeza.

viernes, 2 de febrero de 2018

Un poema: Molino en Checa

Los pájaros furiosos vigilan las olmedas,
los espacios de umbría, la corriente.

El río ya conoce su derrota, veo
pasar por el azud el curso de sus aguas,
su voluntad vencida, su verdín resignado,
lo miro desde
la baranda de piedra en que conviven
los sillares, lo estoico y el tiempo.

Alejado
del trato con los juncos, el temblor
de un aliso se acuna
en los redondos huecos 
y grises de la toba, duerme la luz y yo
escribo bajo chopos, frente a roja 
arenisca y algún dormido sauce.

Mientras pasa el discurso
de las aguas, escribo; escribo como el único
afán del hombre que por mí respira.

El caz ya prevenido,
el río teme,
se agita, entra, sabe
que es la vera del daño, del don
con que se purifica, sabe que pronto
transformará el ingenio su dolor
en círculos de ruido, en manso esfuerzo
con que mover las piedras
fabriles de mi vida.

(Para Sergio Gaspar)


martes, 16 de enero de 2018

La encina

       

  




 
A Mari Carmen Bernáldez,
                               en el corazón

 ¿Debo vivir?, siempre los caminantes
han buscado mi sombra.
Esta encina que antes
fuera haz y tumulto, plegaria y levadura,
es ahora recuerdos y agonía, nunca seré
un escenario hostil a su reposo,
hago mío el consuelo de pararme,
de escucharla,
tiene secas tres ramas, oigo
crujir sus vértebras azules,
esta encina
a quien la primavera que pasó
le negó sus afanes amarillos, habla
con voz recia, profunda, puede que deba
estar ya sola, me reclaman
los cielos y yo debo desnudarme
de rencores y amigos, terminó su sazón, la algarabía  
de pájaros y nubes, de las voces y miedos
que en los días antiguos la nombraban,
apenas si en descuido
acuden al cansancio de mi fronda, llegan
hasta nosotros, limpios,
los ruidos de unos campos donde ya sólo es
el vigilado huésped, y nadie me responde,
¿tampoco tú que ahora llegas? en su tronco resisten
señales todavía de rebaños
que del calor guardaba, yo que he estado
desde siempre
levantada y aquí
viendo pasar los siglos y esperándoos,
quisiera hablarle con el mismo
sosiego con que ella
le hablaba a sus alrededores, sé que
la luz me señaló, no contempla las albas
y lenta muere, muere
con su gesto de madre, con el mismo valor
con que viviese, esta
sombra mínima sigue
siendo mi sombra, aquí podéis quedaros,
sí, le digo, aquí puedo
hablarte: mira, pasan
junto a mí mariposas con líquidos dedales
de agua para tu sed, mariposas que hicieron
costumbre de habitarme, ahora y por tus venas
todo busca su azar, y las abejas
se afanan silenciosas
en tejerte murmullos,  
las tardes guardan pálido el secreto,
el crepúsculo ha escrito
algo en mis ramas, aquí puedes
leyéndolo, leerme, y yo leo,
y yo pronuncio en voz calmada,
–como si orando–
las palabras escritas
por la luz y la mano del ocaso
en tu lenta corteza:
Agota la hermosura
con que viviste,
fuiste amparo y amada, fuiste
frutos y huella,
todo debe acabar, más no habrá olvido.


16 de enero

domingo, 14 de enero de 2018

Un año sin Nicolás del Hierro

      

    Hoy, 14 de enero,  hace un año que nos dejó el poeta Nicolás del Hierro. Él, que solía decir de sí mismo que erun hombre solo, porque sabía del valor de la soledad para ser libre, nunca fue un poeta solo. Tanto en lo vital como en lo poético estuvo siempre acompañado. Vivió fértilmente, fue amigo de sus amigos y de la fraternidad. Tuvo su voz matices horacianos, de concilio con los otros y con la Naturaleza. Escribió para vivir y murió escribiendo. Durante todo el año pasado fue recordado en multitud de actos poéticos. No se perderá su memoria, no se perderá. Buen amigo de este blog y de mi persona, tuvo la deferencia de confiarme este autorretrato lírico que compuso con fragmentos de sus poemas. Sirva para declarar nuestra amistad y su permanencia en nuestro corazón. 
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VERSOS PARA UN AUTORRETRATO

Nací en una mañana de aguanieve,
cuando lloran los sauces su denudo,
cuando yerto el paisaje, casi mudo
limita al corazón.
                             ¿Mi infancia?
Una casa de labriegos
en un lugar de La Mancha,
donde por plumas hay rejas
y por libros hay abarcas.

Era en aquellos años sin ventura,
cuando el viento azotaba nuestros cuerpos
y la Parca cernía su estandarte
sobre el extenso cinturón del mundo.

Yo entonces era un niño; tan niño
que a penas si podía pensar en esas cosas.

Nos pusieron descalzos en la tierra
y quemaba; quemaba como suele
quemarnos el dolor, pero algo así
como un dolor sin sitio destinado.

Era como una noche larga, larga,
que naciera en el alba de mis días
y adaptara el crespón de su tristeza
a la forma infantil de mi cerebro.

Pero creció la aurora, la mañana,
a impulsos de un enero soleado
y los Magos de oriente cargaron sus camellos
con la ilusión crecida por las calles.

Y fue preciso andar, nos lo pedían
las piernas, lo exigían los rosales
en flor de nuestra edad.

Es el tiempo en que rompo con la duda;
cuando agarro y estrujo las palabras;
cuando me vierto en tinta...

Soy el hombre del todo o de la nada;
depende. Se me desborda el mundo.
Agua, viento soy, pensamiento en suma,
con que sembrar quiñones en barbecho.

Sueño a veces que voy por un camino
y que tiene la vida un algo nuevo,
que huele a primavera, a luz, a vida...

Animal soy de ensueños: llevo
diez mil gaviotas blancas en mi frente
con las que a veces surco los océanos,
y, al ver la luz del día, me ilusiona
saber que nace al mundo una esperanza.

Luego queda el contraste,
el perderme detrás de cada estrella,
elevarme y subir hasta la nada,

vivir cualquier diciembre en la ternura
de toda Navidad como una ciencia...

Esto es cuando los ojos se nutren de libélulas,
cuando el amor me riega los cauces del afecto,
cuando miro la vida y me parece
que el viento peina lirios en la calle.

No en vano, a veces, uno sueña
con el perfil humano de las cosas
sólo porque una música lo envuelve
en su débil pasión de ser poeta,
y, en la ingente labor de la palabra
lucha por arrancarle al diccionario
la lírica pasión de su armonía.

viernes, 12 de enero de 2018

Barral y Ángel González


       El asunto es conocido, entre otros motivos porque lo cuenta Carlos Barral en sus Memorias. ¿No las leyeron? ¿Aún no las han leído? Y viene al presente por los actuales fastos por Ángel González. Chus está que lo vierte, desatado. Resulta que allá por los cincuenta, los jóvenes poetas  acomodados, los Barral, los Biedma, los Ferrán, los Ferrater y cía, admitieron en una de sus reuniones a un joven asturiano, barbado y cejijunto, que venía bien recomendado y con avales de afinidades progres. Acepto que la palabra progre aún no se había sembrado (los tiempos eran algo más duros). La conversación dejó sus prolegómenos líricos para derivar en la política y el antifranquismo. El joven amorenado tras leer sus poemas entró en un silencio profundo y escuchador, sin duda sorprendido de los modos y la desenvoltura de aquellos burguesitos. De mala conciencia, pero burguesitos espuma. Ambiente al que estaba poco acostumbrado. En la mañana que siguió, alguno sospechó de aquel poeta recién llegado y corrió la voz de que podría ser un poli memorioso de la politico-social, por lo atento que estaba. No es difícil hacerse pasar por poeta, pensaron. Los jóvenes de la Escuela de Barcelona, Jaime Salinas incluido, entraron en modo pánico y decidieron, durante días, abandonar sus hogares habituales como precaución. Mientras, multiplicaban gestiones con sus contactos. No se tardó mucho en aclarar las cosas. Lo que les tenía mosca es que aquella noche Ángel bebió tanto o más que ellos. Prueba a superar mucho más dificultosa que la de ser poeta. Años después, 1972, Carlos Barral, ya con casa propia, editaría la primera edición de su Palabra sobre palabra. Compré la 2ª, la del 77. Y la bien conservo. 
De ella, este soneto a lo Blas


miércoles, 10 de enero de 2018

Consejo de redacción y enero


       Nuevas y grandes novedades se anuncian en programas de mano (vulgo faceboock) para el ámbito sagrado de la poesía, dijo el Jefe en el primer consejo del año, tras pasar las navidades en Tomelloso investigando la infancia de Félix Grande.  O de Eladio, eso nunca lo sabremos. Que nada nos asure.  Año de bienes, año de nieves y grandes rebajas. Miren ustedes, después de la exhibición del diciembre pasado, Margarit y Montero ni se asuran ni candilean, bajan al ruedo y llevan en gira la presentación de sus dos novedades visor. Falta le hace a la poesía esa presencia pública de gran acontecimiento.  A nuestro juicio deberían incorporar a Loreto Sesma, la poeta maña en la corte-melilla de Chus, a su gira. Al fin y al cabo la poesía se escribe con emoción en la mano, algo que a los tres les sobra. Por lo demás, a lo nuestro, a cuidar a los poetas que sospechan de la meritocracia, esos que labran calladamente, alguien debe ocuparse de ellos.  Guardándonos de los que se cuidan demasiado a sí mismos con profusión de alabanzas. (Los de un poquito, valen). To y que aquí no sobra nadie, pero caben tantos que es difícil aguzar la vista. Alifar, que diría el manchego Mota. Las editoriales más jóvenes revientan de novedades, la poesía revienta en los bares, el Premio Nacional revienta al alcance de ………. Y si nosotros seguimos aumentando lectores, tenemos prevista una zurra en el castillo. Pero en mayo, y según la faltriquera. La redacción, en perpetua pereza, agradeció no respondiendo. Bastante tienen con Bruselas. 

viernes, 5 de enero de 2018

Poema: 2018





¿Quién eres tú
que taimado penetras,
cráter mudo, en mi desconfianza
sin mirarme de frente
y entornando la puerta?

¿Vienes tal vez
a poblar nuestro patio
con aire sanador? 

¿Vienes  
a hacernos olvidar el turbio tajo,
esa hoz cuchillada mal cosida
por donde aún
supura incertidumbre
el seco y malhadado diecisiete?

¿Quién eres? ¿Para qué
la sal con que amenazas?



(5 de enero)



Ilustración: Pedro Castrortega