jueves, 14 de diciembre de 2017

Poema: Gratis la sombra

                          ...gratis la sombra
                                                                      A.  JACQUES



Por qué la sombra ha de valer 
menos que un hombre
si es más sincera

tan fiel bajo el orgullo
enfermizo del sol, muda en el muro 
su tiempo espera

no sabe de la flor ni de ciudades
y ensaya con nosotros
la noche verdadera.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Un poema de Miguel Ángel Velasco: Grecia 2010

     

      En ocasiones visita uno la librería Litec, en Ciudad Real. En esta para reclamar el último libro del profesor Félix Pillet, Geoliteratura. Paisaje literario y turismo, lugar en donde une sus dos obsesiones manifiestas. Se presentó apenas un mes. No poseían ningún ejemplar a la venta. Sabían de su existencia, eso sí. Parecen libreros atentos y profesionales, pero... Dejé el encargo. Así de desconfiado está el mercado actual. Y se entiende. Aproveché para una rápida ojeada a la columna estante donde aguarda la Poesía. Pongamos mayúscula. Continúa desnutrida, ajena de criterio. En cierta momento, años, lo hice notar. Ellos me hicieron notar, tristes, que apenas hay compradores, que los poetas, salvo excepciones, sólo les visitan para depositar sus libros. Sin curiosidad por obra ajena. Que no han suprimido la sección por dignidad. Callé. Siguen siendo títulos añejos que sobreviven sin conocerse ni hablarse unos con otros. Aprovechamos para comprar La muerte una vez más (Tusquets, 2012). 300 páginas que nos han ayudado a cruzar el puente  de la Consti rediviva con cierta dignidad. Reúne, en edición de Isabel Escudero, los tres libros que el balear Miguel Ángel Velasco tenía preparados cuando la muerte vino a preguntarle. Su decir culto y su tentación hermética, conviven con argumentos de la experiencia a los que traba con la argamasa de la emoción, de lo exquisito. Es un gozo íntimo, perdurable, leer poemas tan alejados de la facilidad, de la andante sensibilería, del pensamiento débil. Tanto como cercanos al vigor, al respeto. A un triple respeto: a la poesía, al poeta que escribe y al lector que llega.
Ha sido un contento retirarlo del ignorado anaquel, romper sus cinco largos años de espera, comprar y leerlo. Aquí les dejó este poema fusta que el autor fecha con el aquí y ahora.   
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GRECIA 2010

                      En hermandad con los jóvenes 
                      atenienses en airada revuelta 
                      contra el Régimen del dinero     

Tuviera yo las fuerzas
de antes y corriese a defender
la dignidad vendida como antaño
hacían los poetas, cuando aún
había en este mundo
cantores orgullosos de su nombre,
no gestores de un nombre y un medroso
valor en almoneda.

Qué mansos nos llevaron al pesebre
a masticar la paja del raquítico
prestigio adocenado.

Nos llenaron la boca
con la palabra Grecia, mientras iban
desnutriendo la vena
de nuestra educación, mientras faltaba
cada día un recurso
distinto del pupitre,
una vieja herramienta
de luz, una raíz del tronco antiguo.

Del vasto capitel,
de aquel nuestro alimento necesario
para catarle a la verdad su dátil,
al saber su sabor, para saberle
las vueltas a la trampa, ese diario
fabricarnos el miedo, el ruido ruin
de tanta alpaquería como asorda
la canción del ahora,
la vida del espíritu,
cada día saltaba una viruta
hacia el olvido, hacia la nada eterna
desde la urgencia del cepillo frío.

Hasta este deslucido muladar,
esta patria de noche
que santifican firmas y academias.

Pujad, yo doy cinco poetas, seis
reservados orfebres de su ombligo,
por sólo un gramo de esta masa ardiente,
por uno solo de estos 
desgajados oscuros
de la breada carne
de cañón de su tiempo,
y al joven de mi ayer, al que gasté
en consentidos bríos y bravatas,
lo pongo a combatir a pie de calle
codo con codo con el pueblo griego,
ramo con ramo con el viejo olivo.       

jueves, 7 de diciembre de 2017

Poema: Aguacero












































Tú deseas que encuentre
al agua su revés,
a las horas su rostro,
al vértigo sus cifras

yo pago con monedas
argentinas, de sueño,
estas noches de agosto,
a las que amo y codicio

hace ya tantos años
que estamos construyendo
nuestro patio con restos
de ambiciones vencidas

que sus paredes son 
poblados folios, versos,
que pronuncian nosotros,
que pronuncian siquiera

si la lluvia lo calla,
dónde hallar a mis manos
cielo, cantera, árbol,
venas donde excavarte

mas no tendrá favor
la ruina con nosotros,
prestos para el combate
nos contempla lo oscuro

ni frágiles ni pozos
ni súbditos del nunca,
el licor del deseo
es voz y nos recuerda

que llueve y somos tacto
sobre tacto, mastines
que se guardan el hambre,
dos prisiones y un cuerpo.


( 6 de diciembre 2017,
contemplando la portada de El hombre 
que por mí respira, contemplando 
el momento en que realicé la fotografía.)

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Poema: Los amigos




Me advirtieron:
Cuando arrecien los fríos,
cuídate de no ser
un poeta rinrán y predecible,
recuerda el dicho
de los árabes sabios: las abejas
no se paran jamás en las flores marchitas.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Desde el sur (con algo del norte)


Isabel Bono: Málaga - Bilbao

Isabel y Aloma . (Foto McBarri) 

F. Aramburu, JL Morales e I Bono  (Foto McBarri)
      Es poeta Cardinal y puede vivir donde desee, en cualquier lugar de la Rosa de los Vientos, pero prefiere Málaga, donde nació. Cosas de la fortuna. Volvió a Madrid. a la Alberti para presentar el que dice ser su mejor libro de poemas. Pepo Paz, su editor, advirtió que lo tenía desde años en un cajón hasta que se decidió a leerlo. Avisó que Isabel Bono es de las que no insisten sobre cómo está lo mío, es decir, sobre lo suyo. Lo de Isabel, ganadora del penúltimo premio Café Gijón de novela, busca ser poeta de currículo menguante. Es curioso, cada solapa dice menos de su historial que la anterior. Ella lo justifica así: Quien quiera saber de mí que mire en las redes. Y lo dice alguien que no está en ninguna, salvo en el polvo añejo de los blogs, ella que tiene un móvil paleolítico o paralítico. No recuerdo bien el adjetivo. Se excusó de todo diciendo que  habla escribiendo. Quiso entrevistarla Aloma Rodríguez, una ardiente promesa, lista, pero apenas si lo consiguió porque Isabel le tomó la delantera y, feliz, no dejó el hilo ni el camino. Lo seco, tal es el título de Bartleby para sus últimos éditos. Habla en ellos de la infancia, de los padres, de los amigos, del no mar, de las calles atravesadas, del tiempo ido y el ganado, de la ambición y el desconcierto, de lo oscuro, del gozo y del secreto. De lo enjuto, de lo seco. Y de todo con la distancia mínima que las palabras permiten. Sus poemas se levantan escasos de muros y tabiques, por sus habitaciones circula el viento como por un fiesta de sugerentes. Disfrutaba contando y leyendo, disfrutábamos. Y en esto llegó la sorpresa. ¡Qué bien lees! dijo el barbado y cubierto. Y ella: Qué poemas deseas. El de la pagina 33, dijo el vasco. Y lo leyó. Fernando Aramburu, el de Patria, es un amante de su obra, y aunque tarde, cuando las firmas se lo permitieron, se presentó a escucharla. Sur-Norte. Luego vinieron los vinos, las cervezas dobles, la conversación. Con José Luis Morales por testigo. Martes y 21.  



Enrique, Javier y Sabina de la Cruz entre concejalas   (Foto McBarri)
Javier Bozalongo: Granada - Bilbao

      Y desde el sur llegó, en autobús, porque el ave sigue en obras, Javier Bozalongo, el poeta. Y el editor de Valparaíso, sí, el mismo. Jueves y 23. Y vino para una fiesta gozosa, la de recibir el premio Blas de Otero que se convoca, falla, otorga y entrega en Majadahonda. El premio está en fase creciente. Atención a él. Este año se encargó la edición a la madrileña Amargord, lo que es una garantía. Y curiosamente ha premiado a alguien que está en el ajo editorial. Javier Bozalongo, a quien acompañó su hija Paula, también del oficio versal, ha escrito Todas las lluvias son la misma tormenta. Un poemario que glosó en público Sabina de la Cruz, viuda de Blas, que bajó desde Bilbao para la ocasión, lúcida y alegre a sus ochenta y tantos años. También lo hizo Enrique Gracia Trinidad, presentador que tiene como lema no aburrir. Y lo consigue. El libro halla senderos a través de vivencias sobre las que se levantan reflexiones. A lo Joan Margarit. Con buen trazo se dibuja en él la inconsistencia, el desconsuelo, la fugacidad, los nocturnos de hotel y los gin-tónics, las ciudades postizas, los accidentes y abrazos. En fin, los palos del andamiaje con los que construimos afanes y días. Hay, por lo que pudimos advertir, algo de escepticismo militante y algo de esperanzas detenidas. A voluntad. Otra cosa no es posible cuando la edad cerca susurrando el cuento eterno. Pero bien. Leyó apenas dos poemas, los dedicados a sus hijas, antes de que la concejala reclamase urgente la foto de grupo. La edición tiene el sello inconfundible de Amargord. Si logran un ejemplar lo advertirán.     

jueves, 23 de noviembre de 2017

Poema: Matinal


Está el otoño violeta, ando
barbechos, lindes, ando un libro,
alba prima del alba

leo en Francisco
Pino: los muertos son profundos,
y huella repetida, y esmeralda

creo verlos mirarme con la lenta
espera de sus cuerpos, cubre
al campo con sus telas la mañana

estos muertos de Pino, qué me gritan:
estos muertos exhaustos de vivires  
callar debieran y de luz me hablan

os escuchan mis ojos, qué buscáis  
en mi dentro, legos muertos escritos
de poemas que leo a las retamas

hormigas por el tronco, cierro el libro,
de una encina que al viento
pregunta por el sur de mis palabras

a lo lejos la vida se hace fuerte
en los cerros, las nubes, en esquilas,  
en esos pardos de color que arranca 

a la tierra un tractor, nunca sabrá
ese hombre que sólo para mí
va naciendo los surcos: soy quien ara.

                                                               (Piedrabuena, 28 de septiembre)          


martes, 21 de noviembre de 2017

Tampoco llueve en La Mancha

Crístobal lópez de la Manzanara y Eugenio Arce
Foto: Lanza digital
     
      Estuvo Mientras la Luz, redacción al completo, en Ciudad Real el fin de semana. Gozando de una espléndida otoñada seca. Sufriéndola. La lluvia es rehén de las premisas, una taimada desesperación, un agravio en los modos, lo imposible. Mientras, la poesía. Como defensa, como ruego. La tarde-noche del sábado 18 estuvo en el museo López Villaseñor con la entrega al haijin. Cristóbal López de la Manzanara del premio Guadiana que otorga la Asociación del mismo nombre. La culpa fue del poema Dos viajes, que relata sus visitas a La Mancha en estaciones diversas y en donde las emociones conservan su color primero. Dos poetas le flanqueron, Eugenio Arce, que presidió el acto, y Manuel Cortijo, que le hizo entrega. Le acompañó su editora Lidia López, de reciente motorización. Al salir, tampoco el agua.

Joaquín Brotons
Foto: La Tribuna

      Ni el lunes 20, fecha de tantos aniversarios muertos, llovía cuando nos dirigíamos a la Facultad de Letras manchega. El poeta valdepeñero Joaquín Brotons leía, en aula abierta, a los jóvenes universitarios. No es fácil apartarle de su ciudad-isla-vino, pero sí en esta ocasión. Nervioso y feliz escuchó la presentación, leve y precisa, del profesor y paisano Matías Barchino. Dijo que hace tiempo que no escribe lo que es verdad que escribía: poesía homoerótica. Aclaró que su poesía es vivencial y cuando las experiencias faltan no es posible relatarlas. Aunque leyó poemas a lo Wordsworth, buscando la belleza en las hojas de hierbas del recuerdo. En los cuerpos adolescentes disfrutados. Habló de sus maestros Cavafis y Cernuda y de su amistad con Baena, Vicente Núñez y LA de Villena. Se dijo, él y otros, de su valentía por escribir con claridad del amor homosexual en épocas cerradas, en tierras hostiles. Y de la marginalidad, ese horizonte de días con quien habla. Hizo buena lectura. Y temblorosa. Con emoción final.  Su última publicación fue Joven ilicitano (2007). Desde hace un tiempo es poeta de antologías más que de novedades. Pedro A. González Moreno condujo la más reciente, Pasión y vida que editó Verbum. Textos tozudos, espirales que le niegan la inmediata reducción a poeta invisible. Ese pozo, casi agujero negro, que a todos amenaza  No llueve. Y la mirada no halla recompensa.

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Joven ilicitano (fragmento)

Los mancebos de ojos negros y suave piel africana, cobriza, cuyo tacto calcinaba sus manos en la antorcha de los anhelos, que forma dunas de arena incendiaria en el fascinante oasis en el que se bañan los cuerpos adolescentes; los muchachos turbadoramente hermosos coronados de erotismo puro, inmaculado, cual dioses que pasean orgullosos por el césped seco del solitario y desvencijado embarcadero del amor imposible; el puerto en el que sestean y bailan las barcas de porcelana iluminadas por sus blancas velas; el malecón de los descorazonados de alma frágil, sensible, en el que los trasatlánticos que surcan los mares de petróleo encallan contra las rocas, hundiéndose lentamente, hasta alcanzar las profundidades marinas en las que yacerán para la eternidad, ocultando sus tesoros a la codicia humana que pisa la flor del azafrán y no aprecia el olor de las acacias.
Te coroné y adoré, amor mío, como a un dios -eras mi dios del Olimpo, mi Apolo- con pámpanos y uvas en la alta noche báquica, en la que en las viejas tabernas bebíamos el vino empalagoso, dulzón de la felicidad, que bellos efebos coperos escanciaban de cráteras helénicas adornadas con sátiros y faunos, en copones con incrustaciones de oro y diamantes, engarzados con perlas, cuyas ostras aún nadaban en un mar adormecido, somnoliento, que acariciaba los pies de los amantes que tomaban el sol en las playas griegas, junto al dorado sexo prohibido que dormía en su cama de mullido algodón lujurioso, cubierta con dosel de delicado paño impregnado de aroma de alhelí.

martes, 14 de noviembre de 2017

Un poema de Fernando Fiestas: Jaisalmer según el poeta Maharawal Bathi

 
      A veces suceden cosas. Mientras, lunes y 13, bullían las calles, las filas de quienes esperaban entrar en el Círculo de Bellas Artes, mientras afinaban sus cuerdas Ana Belén y Miguel Poveda, mientras se colmaban las butacas de la sala Fernando de Rojas con el corre-corre de las grandes convocatorias, mientras Fernando Beltrán repasaba un texto en maravilla –círculo de bellas autes, dijo– y LA de Villena se prometía no ser por un vez pesado, mientras todo respiraba ansiedad y espera, mientras Maxi Rey instalaba la avidez de su cámara –eterno trípode cojo–, mientras la poesía esperaba su gran fiesta alrededor del nombre de Luis Eduardo Aute y la farándula aprovechaba su Toda la poesía (Espasa, 2017) para verse y elevar a coro que le queremos, que le querremos, mientras todo esto sucedía, un poeta, también pintor, estaba a solas con su nuevo libro en la primera planta de la exCasa de Fieras. Retiro, ya saben. Fernando Fiestas presentaba, leía, a un selecto grupo de amigos fieles Palabras para otras voces (Lastura, 2017). 
Allí estuvimos, escuchando la seriedad de una propuesta que Fermín Fernández Belloso supo recorrer y contarnos con esmero capaz. Tanto la editora, Lidia López Miguel, como el propio autor señalaron que esta entrega es el inicio de un libro abierto al futuro, a su crecer. Obra en marcha. Son poemas que buscan anclaje en instantes de otras épocas, en la posibilidad de la ucronía. Bordean con decisión los senderos del abismo histórico y son manifiestos de presente. Poesía meditativa y poco complaciente. De serena factura.
Mientras Ana Bella López Biedma interpretaba junto a Fernando, en el Círculo, Cristina Narea junto a Luis Mendo seguían cantando a Aute, a quien también tanto y tan bien necesitamos.resaltar.

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Jaisalmer según el poeta Maharawal Bathi

A la arcilla volvemos
en su contemplación
por cómo los sentidos
nos desorientan,
por cómo los lugares son más amplios
en tiempos de sequía,
con un sol que dibuja los perfiles.

Hace tantas semanas
que no llueve
que el mar tiene el color de las derrotas.

En la hora de las preguntas inservibles,
basta que crezcan brazos como ríos
y le efigie del héroe no cambie de sonrisa
para que las demás estatuas
sigan con la mirada su trayecto,
lo que late en los templos
de azafrán
y nos protege.

Lo demás es el cierre de los párpados
porque no somos ruido,
ni siquiera ese fondo
de las alfombras
para las gruesas lágrimas de los dioses.

Natural es tener dos mil cabezas
y un solo rasgo
inquebrantable,
apenas una sílaba
para que nada evite
nuestro paso
ni las corrientes del aire.

A la orilla volvemos
en la hora de las preguntas inservibles.

Apenas el desdoble
de nuestro rastro,
por cómo los sentidos
nos desorientan.

Los verdes son el salto inesperado
rompiendo lo baldío,
los rojos ennoblecen,
el azul es la luz del sueño,
los naranjas, bostezos
sobre las celosías del palacio.

¿De qué sirve esperar desde el origen
para reproducir sus imágenes?

Siempre hay algo inclinado
que interrumpe el descanso de la lejanía,
con forma de versículo.

Las voces,
los ojos moribundos de los peces,
la sed con rostro humano. 

Siempre hay algo
de desventura
en los sueños de los monarcas,
porque todos los grandes edificios
se construyen después de despertarnos.


En 1205 d.C.
y lejos de cualquier calendario redondo.   

domingo, 5 de noviembre de 2017

Repente con Antonio Cabrera




Recuerdo cómo Antonio
Cabrera nos contaba de una noche
fría de amigos rodeando
el fuego del otoño, un campo abierto
y las llamas que apenas sostenían en columnas lo oscuro

las aves
dormían en las ramas de callados poemas,
solamente las copas
de cava –decía Antonio–
eran místico vuelo  por las manos, 
hablaban
los ojos con los ojos, con el mundo, 
y beber entre risas y tan cerca 
unos de otros
les hacía felices a lo biedma, era voluptuoso
sentir calor, sentirse
sin peso, sin un cuerpo, en mitad de las sombras
y entre hermanos

recuerdo algún apunte sobre
respiraciones consentidas, anotadas, 
del gozo en himno, 
de la necesidad,
como si aquel instante debiera ser guardado para luego,
para, por si
algún azar inesperado o un arma como una
larga hebra
pudiera acontecer y nos atara
sin pedirnos perdón y para siempre

hoy
noviembre de este
año indócil 17, y tras la desventura,
he vuelto con Antonio hasta esa noche…
he leído
en la página fértil de un diario
entero aquel poema del que sólo
el aroma recuerdo, 
y os invito.


(Tras leer el reportaje de Antonio Lucas sobre el poeta valenciano Antonio Cabrera, interno en el pabellón de tetrapléjicos de Toledo. El Mundo, 5/11/2017)

jueves, 2 de noviembre de 2017

Mujeres y un poema



      Caminamos por territorio fem. También en poesía. Buena la armó chusvisor.  Las que habitan este paisaje ut supra se conocen entre sí como genias. Y no por otra cosa pretenciosa sino por el nombre de su asociación: Genialogías. Nombre que ampara en lazo a un centenar de mujeres poetas españolas dispuestas a defender. Se reúnen para saber y saberse. El viernes 27 lo hicieron en Función Lenguaje con motivo de celebrar la nueva edición –por Tigres de Papel– de textos de Julia Uceda y Francisca Aguirre. Paca asistió. Desde su Salamanca, acudió Mª Ángeles Pérez López para hablar sobre ellas, y en general sobre mujer y poesía. Esta foto de FB, donde abundan lectoras de Mientras la luz, da testimonio.

Foto de MCBarri

     El sábado 28 fue en Sigüenza, la villa en alameda y piedra de La Alcarria. Mª Antonia Velasco, familiarmente Toya Velasco, quiso acudir a su tierra cuna para presentar La cabeza y un zapato, libro que obtuvo la pasada edición el premio Blas de Otero. Lo presentó José Luis Morales, extrañado y contento por la tardía incorporación de la escritora al territorio lírico. Destacó la capacidad surrealista de su lenguaje. Acero dúctil que trasmite la emoción en pureza. Leyó, dulce y salvaje, Soledad Serrano poemas del libro ante la atenta vigilia de EGT.  Tenaces, los asistentes lograron que la autora leyera algunos de los textos, ella es reacia a esos haceres, pero transigió. Y sonreía feliz. El enorme muro de piedra que cerraba el recinto parecía escuchar.

Foto de VázquezPrada

      Tensa parecía la iluminación posmoderna de El Comercial el lunes 30, recinto que reserva los lunes para actos literarios. Presentaba Ana Montojo, poeta de edición tardía, su quinto libro. Lo publica con su asociación, Escritores en Red, y lo ha titulado Las horas contadas. Sala apretada de público fiel. Presentación prodigio de Valentín Martín, autor también del prólogo y de Carmen Fabre, responsable de edición. La lectura de poemas, según han declarado testigos, tuvo su densidad acentuada. Añadiendo que a la sensación de pérdida que supura toda la obra de Ana Montojo se unía en esta ocasión el dolor de lo concreto, del cuerpo, amado un tiempo, al que ella estuvo –próxima y necesaria– contando, cuidando, una a una las horas últimas. De ahí el poema que ofrecemos.       

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LOS VAQUEROS
                  
                   Solo me juzgo por lo que siento, 
                   no por lo que razono. 
                                        (Montaigne)

Recuerdo aquel verano -el del sesenta y cinco-
cuando eras aquel chico tan guapo que cantaba,
al que mejor sentaban los vaqueros.
Tú eras el capricho de las nenas,
el terror de los novios,
el sueño húmedo de suegras potenciales,
y yo apenas entraba en una adolescencia
boba y muerta de miedo, sin conciencia de mí
ni de que yo pudiera valer algo.

No sé por qué demonios te fijaste
en esa chica tímida
de la pandilla de los más pequeños,
el caso es que cualquier posible contrincante
regresó a sus cuarteles y replegó sus fuerzas
ante un rival con semejante historia.
Me dejaron inerme, teniendo que lidiar 
contra todas tus armas.
Dieciséis años contaba por entonces.

No hace falta que cuente lo que vino después
-largo noviazgo de pecados tristes,
muchas visitas al confesonario,
lunas llenas de cuernos,
propósito de enmienda,
dolor de corazón y al fin la boda
con el tul ilusión hecho jirones.

Cuatro hijos contando al que se fue
-revisando las fotos me preguntas
qué niño es cada uno de esos niños
que nos sonríen desde la memoria-,
el oscuro enemigo que se instaló en tu mente
hasta echarme de casa. Y los papeles rotos.

Muchos años perdida en espejismos
queriéndome morir más de mil veces,
pasiones desbordadas y un futuro imperfecto
por no saber cortar el hilo de la culpa
porque estabas ahí, tú siempre estabas,
tú y tu inmisericorde soledad,
la que todas las noches dormía a mi costado.

Pero ya no es cuestión
de andar pidiendo cuentas a la vida.
Ahora que ya no eres
ese chico tan guapo y los vaqueros
no te sientan tan bien, sabrás que existe
otra forma de amar
que no entiende de orgasmos,
que no va a derretirse entre gemidos,
pero que hoy, precisamente ahora
no va a dejarte solo.

viernes, 27 de octubre de 2017

Poema: El zapato adjetivo



zpatoizqu
ierdozpat

zptoizqui
sumisozi

izquierdo
zptosumi

zptoizqui
Nunca sé si olvidado o escondido,
sumiso o desertor, ese
zapato izquierdo y solo,
fatigado adjetivo sin carisma,
al que hace un mes vigilo ¿y alimento?
debajo de una cama,
parece cuervo herido
y asustado

vive preso
entre el muro y la más última pata

que su pareja huyó, parece obvio,
aunque jamás le escucho lamentarse
con palabras de tango,
sé que sabe
que ha mucho le robé
la parva intimidad de su secreto,
que conozco su pena.

Él mantiene su reto, y yo
siempre que paso
cerca de su distancia le susurro:
el otro ha muerto, murió lo sustantivo,
que tanto acompañaste:
valor, vuelve a la vida

tan terco en su refugio
o tan inerte,
prefiere no atender,
prefiere no acudir a mi reclamo,
debe sentirse allá,
allá en su fondo y solo,
seguro en el desahucio

¿sabrá que yo,
transido de creencias
o dolencias,
no puedo arrodillarme?

domingo, 22 de octubre de 2017

Un poema de Tomás Rivero: Publica pájaros

  Foto de Mara Troublant

      El viernes y 21 vino desde Galicia Tomás Rivero, oficio de librero en Lugo. Y extremeño de origen, humilde y vocación. Poeta a solas durante mucho tiempo. Dijo que, alejado del ruido poetical, siempre soñó con que alguien lo descubriera. Al final ha optado por dejarse descubrir, eso parece. Le oí leer, náufrago en Cuenca y en el noviembre pasado, textos de su primer libro, Cámara de humos, que compré.  Ayer hice lo mismo con su De un libro que no pienso escribir nunca que le han editado en Tigres de Papel: le oí recitar y compré su libro. Confieso, y confiesen conmigo, que pocas veces nos ocurre algo similar en el transcurso de 12 meses naturales. Explicó que el libro anterior y este nacen del acopio de tantos años guardando lo escrito contra la vida y a favor de ella, y que con él da por cerrada una etapa para ¿abrir otra? Contó de su infancia. Contó de una casa cantora y corchera. Contó de cómo fue el libro de poemas que su madre dejó junto a un lebrillo de perrunillas –que devoraba– lo que le llevó a la pasión. Ha tardado mucho en publicar, cada vez hay más poetas de publicación tardía, pero parece resuelto a quedarse (a pesar del poema mandato que ofrecemos). Lució camisa blanca en su diálogo con Paco Moral. Impecable. Igual que el libro luce un prólogo de Miguel A. Curiel, vecino y amigo.


Publica pájaros   

No publiques libros.
Publica pájaros.
No escribas versos,
escribe vuelo, pluma.
No busques la llave,
encuentra la jaula
y quédate dentro
lamiendo la fría cerradura.
Que el poema te abra
y el viento te arrastre.
No publiques libros,
publica lagartos, puestas de sol,
flores encendidas,
músicas que te traen recuerdos
de paisajes y cuerpos deseados,
fotos de cuando eras joven,
para que todos vean
que tu rostro de catre
presagiaba un futuro
de páginas emborronadas.
Pública pájaros contra el azul del cielo.