sábado, 6 de febrero de 2016

La Alberti como morada

      Seguimos en lo mismo. Ante la dimisión de tantos foros antaño de prestigio, la Librería Alberti parece el único lugar posible para atender una digna demanda del toma y daca poético. Su semisótano ligero y sabio guarda intenciones de sancta sanctorum. Colaboran en ello, y sin descanso, la agilidad de las editoriales sevillanas, que no dejan pasar una sin presentación madrileña. Todo corre el riesgo de ser rutina. Pero no. 
Otro sí. A la chita callando regresa la sabiduría poética a Cibeles, A CentroCentro. El ciclo de años anteriores, Favorables Madrid Poema que manejaba Juan Carlos Suñen, vuelve con el mismo conductor pero mudado de nombre y estrategia. Ahora se hace llamar Favorables Taller Poema, aunque sigue celebrándose en Madrid. Su responsable pretende indagar un jueves de cada mes en el pozo, insondable y secreto, del hacer poético. Lanzar cantos, no sabemos su grosor, para saber si hay agua. Para escuchar si hubiera eco. Anuncia que para arrojarlas contará con la presencia de Ildefonso Rodríguez, músico a no perder, Menchu Gutiérrez, Pilar Martín Gila y Jorge Riechman. El Jefe está interesado en el experimento. Mas nadie se acerque, me dice, si no está limpio de corazón y sabe geometría.   

Jueves 4

Chema, Soler y Paloma Corrales
Foto: Jaume Suau
  
    Comenzaba en la Antigua Casa de Fieras del Retiro, hoy biblioteca pública, un ciclo de poesía actual para los jueves de febrero, leían Ada Salas y Sara R. Gallardo, buena oferta, pero en la Alberti estaba Paloma Corrales, una poeta emergente de gran calado. Madrileña, vive en Alicante por razones climáticas y tal vez laborales. Y porque la poesía. Si hace dos años nos sorprendió con El rurún de las palabras, su primer libro, en esta ocasión vino con Celebrar el aullido, al que ha puesto papel La Isla de Siltolá. Isla que camina con urgencia hacia la superpoblación. Atendiendo a lo nuevo, seleccionando. Magnífico el acto, pleno de buen hacer, atractivo por elegante, por bien tramado. Cuando se habla lo justo y por lo mismo se dice, cuando la música es ángel, cuando la lectura es dicción sosegada y explosión, cuando el silencio adquiere la densidad de lo aceptado, pueden producirse estas rarezas, estos milagros. Habló Rafael Soler calmo y directo, ocho minutos, señalando las heridas ocultas como baluarte de la poeta. Dijo de la consolidación de su voz. Personalísima. Resaltó la justeza de sus elecciones, así como la belleza de su tanteo alrededor de las provocaciones, de como hace ley de la sugerencia. Provocaciones que la poeta no logra (porque no lo pretende) ni sofocar ni describir. Siempre las mantiene en el nivel de inestabilidad preciso para que el poema sea poema, para que jamás habite en ellos la solución. Leyó Paloma sin apenas preludio, sino el preciso de los agradecimientos y en especial a dos personas. A la ausente y amiga Elvira Daudet y al presente Jaume Suau, leridano venido para la ocasión. Leyó y la guitarra de Chema Abascal lo agradecía con susurros a lo divino. Leyó, con potencia contenida, poemas que se asoman a las laceraciones, a lo curvo del existir, a la carne y sus afanes. Poemas que atisban el hallazgo y la pérdida, el vuelo triste y la generosidad de la lluvia. Que escriben lo inestable, el hoy y su espiral, la celebración de la fugaz plenitud. Nadie pudo mover un músculo tras la palabra gracias con que suelen finalizar los poetas. Algunos escucharon con los ojos cerrados.    

Viernes 5

Lostalé, Fombellida y Canelo
Foto: Librería Alberti
   
      De la colaboración entre la Fundación Gerardo Diego, cántabra, y la sevillana Renacimiento surge Dominio, la poesía reunida de Rafael Fombellida. Llegó a última hora, pero llegó, Abelardo Linares, el editor, que no intervendría. Dijeron que nace urgida por Pureza Canelo, gestora de la Fundación, que abrió al acto con la alabanza de una de sus últimas publicaciones: el tomo que recoge todas las noticias, autores, obras y circunstancias de la poesía en Cantabria durante el XX y el XXI. Luego, azorada por la pérdida de los papeles (que traía escritos) vino a la fuerza de un discurso improvisado. Que tal vez algunos agradecieran. Sí los conservó, y numerosos, Javier Lostalé, presentador acostumbrado a penetrar, berbiquí, en la tensión emocional de la obra presentada, presto siempre a la empatía con lo leído. Habló con largueza, temporal y analítica, de la poesía de Rafael. Dijo: lenguaje traspasado por la vida, el amor, los sueños y la muerte, cada vez más afirmado en sus motivaciones, discurso no interesado por la moda de lo coloquial, cuidadosamente dispuesto: poesía visual, pintura sonora, transparencia de los estados interiores, imaginación táctil, sensualidad. Todo lo ilustró con la lectura de amplios fragmentos de los poemas, todo dejaba ver, y por extenso, la admiración. Llegado al fin el turno del poeta, dijo a lo Larra que escribir en Cantabria y en los ochenta, sin maestros, sin tradiciónes, sin difusión, era llorar. Que él aprendió leyendo, vagando, tanteando, buscando. Y que está conforme con el ahora. Dijo que en Dominio ha seleccionado, corregido y en ocasiones reescrito. Es hombre cordial, dado a las explicaciones en la corta distancia. Tardó en leer. El primer poema apareció casi una hora después de comenzado el acto, pero mereció la pena. textos largos, discursivos, meditativos, pero de luz asumible. Con toques biográficos en sus provocaciones, pero sin moraleja, sin afán sentencioso. Parecen de voluntad minuciosa, deseosos de anotar todo lo que el poeta percibe. Y con anhelo de perfección formal, que se agradece. Leyó el poema Nadadores, que ofrecemos, con la garganta trabada. Rafael, que llegaba por primera vez a la Alberti, es junto a Carlos Alcorta y Lorenzo Oliván, el presente más conocido de la poesía del Norte, con norte.


NADADORES

En el lago mi hijo es una cuerda atirantada.
Hemos nadado juntos hasta que mis pulmones se han abierto
y dejado escapar su poco hálito. Lo veo regresar 
         suculento y desnudo
desde la orilla en donde espero. La tiniebla escarlata 
         del crepúsculo
encapota mi piel abandonada a un húmedo estremecimiento.
Cuánto detesto esta rojez de gasa adherida a una honda cortadura.
A mi lado, mi hijo está secándose envuelto en esta luz 
        color fresón maduro.
Silba Lady Tonight, se tiende soberano sobre el entarimado
y remece sus sólidos tobillos en la maraña tosca 
       de las plantas acuáticas.
Me habla con mi voz, pero su idioma no es mi lengua muerta, 
        es un desperdigarse
suelto, vivaz, sincero lo mismo que un galope de caballo.
Soy el padre de un hombre, un hombre grave, meditativo, oculto,
que se gobierna con pericia mientras cabe pensar
que su mano, ya enorme, clausurará mis párpados  
        como se sella un ataúd de plomo.
Su cuerpo se ha acostado bajo la vena cárdena del cielo.
Miro su trazo hermoso, la cabellera untada con arcilla 
        de un ocaso granate.
El braceó más lejos con mi salud, mi fuerza, mi enconada constancia,
y se reclina ufano como un bárbaro después de violentar 
        a sus mujeres.
Es la masa engreída que yo amo con el temple 
        del nadador de fondo.
Es el rival que aguarda mi ahogamiento con el bravo estupor 
        del aspirante.
Ocupa mi lugar porque es su padre joven, prematuro,
inconsciente de toda dentellada del tiempo. Disfruto esa codicia
de converger conmigo, arriesgada ambición de parecérseme.
Miro el milagro de su mocedad. La atmósfera bermeja
de la última hora da a su pecho el impulso de un incendio.
Ha cerrado los ojos. Silabea sin ganas Love, hate, love.
Despreocupado, ajeno. Sólo espera que el púrpura del aire
me desintegre. Adoro el esplendor de su avidez.

6 comentarios:

Eduardo Merino Merchán dijo...

Sí. Paco. La Alberti cada vez da más juego. Y el que dará. Dan envidia. Pedazo librería. Ahora que se cumple cincuenta años de Alianza da gusto ver allí la colección original de bolsillo. Cuando yo trabajaba en la librería Cuatro Caminos (ay, Leoncio y Lucía) el Wences la reponía a diario. Ya habías adelantado en esta página lo necesario de la poesía de Corrales. Oírla tan bien dicha y sosegada lo confirma. Ahora estoy leyéndola en casa. Es como poesía en silencio. En emocional silencio que corta. No pude, por Tardón oír a Soler. Pero sí disfrutar con vosotros de la caña postrera. Un abrazo. Eduardo

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Gracias por la crónica, querido poeta, y gracias por la compañía, siempre cálida y llena de afecto. La Librería Alberti de Madrid se ha convertido en el gran templo de la poesía y en él ofician las voces del ahora con la palabra solemne de los libros de estreno. Yo disfruté con Hilario Barrero, se me hizo muy larga la explicación del profesor Muñoz Millanes, como un lunes, y busqué sitio en mi tiempo para lo esencial. Siempre es obligatoria la cortesía con los oyentes... Nos vemos prontito y seguimos compartiendo lecturas. Feliz domingo.

fcaro dijo...

Alianza,la colección de bolsillo, a 50 pesetas cuando la cortejaba. Allí descubrimos todos La metamorfosis. Se harían más de 100 ediciones de ella. Y sus famosas portadas. Eran el signo de la modernidad que se anunciaba. Me acabas de dar la magdalena de Proust. Puedo recordar el instante en el que compré muchos de ellos. no era comprar un libro sino entrar en la emoción. La presentación de Soler, de catálogo. En la lectura ya estuviste. Las cañas es el placer añadido. Y los amigos. Un buen abrazo para ti.

fcaro dijo...

Siempre la cortesía, José Luis. Que te veo inagotable en tu labor de creación y en tu labor de crítico. Ya he visto anunciado lo de Valparaiso. Estupendo, amigo. Eres un lujo para la poesía. Lo de las crónicas es algo voluntarista, pero me distrae a veces. Mi abrazo.

Paloma Corrales dijo...

Qué serían las presentaciones y los recitales sin ti, gracias Paco, por estar y contarlo con tanto cariño. Un abrazo inmenso.

Alfredo J Ramos dijo...

Suscribo el agradecimiento como seguidor de estas crónicas que nos acercan a experiencias lectoras, a veces compartidas, siempre interesantes. Como te tengo dicho, querido Paco, son una brújula imprescindible de la actualidad poética, por lo común tan olvidada. Que no decaiga.