domingo, 3 de enero de 2016

Consejo de redacción. La meseta poética



     Dijo el Jefe: Buen año 16 para todos, e inmediatamente­,  la actual España es larga parturienta en poetas de similar altura, madre de una espesa cohorte sin cumbres, pero reconocida. Multitud que asemeja una poblada, colectiva figura de meseta. Llanada en la que solamente –y mirando al tiempo desde su lejanía– es posible divisar los cerros ocupados por Brines y Gamoneda. Como oteros vivos desde donde vislumbrar. O como faros para reconocerse o de los que alejarse. Pirámide truncada. Una mesa ocupadísima con ligera inclinación hacia el oeste. No enhiesta torre ni marfil. Territorio en donde se golpea con furia por una reseña, en el que se hiere por una antología seleccionada o se mata por una edición en cualquier emergente, y desde luego donde se asesina por un Tusquets… (a más de esperar 4 años). Nada se vende en el arca escondido. Quiero decir que se batalla por subirse a los pequeños accidentes que el terreno ofrece para parecer más elevado. Sin ser más alto. Nada nuevo bajo el beatus sol de Horacio, el de las áureas medianías. Tan es así que si se aplicase la prueba del algodón, quiero decir si alguien preguntase por calles y plazas a un ciudadano medio, medianamente informado, por el nombre de algún poeta español vivo o  bien no hallaría respuesta o bien le señalarían el nombre del rimador de su pueblo. De su provincia sería demasiado.

      Y continuó. Recuerden: incontinentes, subidos y abigarrados en una tronca pirámide –simeones estilitas– en la que nadie los ve. O haciendo guardia ante la cueva negra. Poetas invisibles, dijo Gallego Ripoll. Y lo que es peor, desde donde nadie les escucha. Allí, cotidianos, entre ellos y para ellos se abrazan, se escriben y se alienta (o se ignoran) como pobres e iguales. Es el precio de la universalización de la cultura débil, dicen sociólogos desahuciados. Muchos medios en lugar de pocos muy. No es bueno ni es malo, como señala en ocasiones Fernando Beltrán en su Hotel Vivir, sencillamente es así. Pero sepan, queridos redactores, que vivir, que esperar, que leer sin referentes claros nos desconcierta y hace crecer nuestro esfuerzo, pero también nuestra libertad. Y es que a veces, zocos tan bien surtidos como el español nos recompensan con la maravilla del hallazgo. No lo duden, remarcó el Jefe, no cejen, caminen con fe por ella, siempre hay un Roto, digo un poeta, para un descreído. No tengan miedo a la multitud, asómense a la meseta poética, usen los codos, aparten, escojan, rompan, hallen.