miércoles, 2 de abril de 2014

Poema: Parada en la estación (La Robla)

Junto a la luz que duda, los relojes
sin pasión del goteo.

El frío se reposa.
Entre el aire y el humo
los tejados encuentran, lentamente,
la cordura en el sur, qué tibio
el sol que se resuelve
en agua sin codicia.

Centenario es el gris
de las acacias
deshojadas que observan
nuestro curvo callar.
Sobre el techo
de un vagón olvidado, fiel, sumisa,
la menstrual tristeza de la nieve.

Febrero y nieve en una
estación que nos mira.
 
Yo no miro tus ojos,
la mitad de mis ojos,
porque sé que también
vive en ellos el sur,
llanto calmo que dice
la lentitud de sed que tu herida posee.

Mientras aguardo,
mientras respiro anoto
el verso que describe
la ciudad de la tarde
y de los blancos últimos,
las gentes del andén (que nos ignoran)
y el enigma que vive entre los dos.

Sigue el tren detenido.
Los cristales procuran, nos procuran,
muy leves las palabras, el reflejo.

Candados por
lo escrito quedan
mi corazón, para que olvide el daño,
y tus ojos que callan, que vigilan.



1 comentario:

Ángeles Fernangómez dijo...

Ay, este es mi tren de la infancia... Esa es mi tierra chica, y en él conocí lo que era ir en tren.
Jamás pensé encontrarme, a mis años, con un poema en la parada de la estación de La Robla. ¡¡¡Gracias!!!