domingo, 20 de abril de 2014

Transeúnte y callada



Le gustaba a la madre
llevarte a las orillas de las aguas
y esperar que llegasen
a la playa maderas sin origen, restos
de una derrota

le gustaba
contemplar cabizbajos muchachos que leían
frente al mar inclemente
sus últimos escritos
y después alejarse,
transeúnte y callada, saberse bajo el sol
contigo a solas.

Le gustaba encontrar
en las blandas espumas las noticias
y consolar con ellas su bíblico infortunio,
el dolor del exilio,
la tristeza humillada que tuvo su niñez.

Le gustaba
que anduvieras con pausa
los aromas descalzos, los colores de olivo
que del sur os llegaban

y en las tardes que el mar
era calma gramática,
debilidad de sílices y espera,
le gustaba escribir
en la arena palabras muy hermosas,
como labios,
escribir, por ejemplo, poesía.



4 comentarios:

Eloisa Pardo Castro dijo...

Los pecios de un naufragio.
Escribir esperanza.
Escribir: "En sus ojos he visto/ dos alfanjes brillar,/ sus dos secretos". (Inf. 77) Mientras la luz. Un saludo maestro.
Nota: Es que estaba releyendo ese poemario cuando he visto su entrada.
Mi admiración y mi disculpa.

Isolda dijo...

Qué hermoso poema! Toda una vida en él. Precioso, Paco. Besos, poeta.

La Solateras dijo...

¡Que preciosidad, Paco!

José Luis dijo...

Como tú, querido orfebre!!
Abrazos miles!