sábado, 29 de octubre de 2016

Poemad in, Poemad off

      Lleva unos años celebrándose Poemad, Festival de Poesía de Madrid. No con la envergadura de otros más allá de nuestras fronteras pero con cierta dignidad. No conocemos sus medios ni sus pretensiones. Suele mezclar lecturas con mix musicales y alguna que otra conversación entre poetas. Este año ha tenido sesiones off, esas que se realizan en locales habitualmente poéticos y alejados del Auditorio del Conde-Duque, su centro solemne.


      Estuvimos, miércoles y 26, en el acto central. La conversación –más de 200 personas los contemplaban– entre Antonio Colinas y Pere Gimferrer, Pedro le llamaba en ocasiones Antonio. Dos enormes del panorama poético español. No hubo tal conversación, sino dos insulsos monólogos recordando cuándo y cómo se conocieron. En Barcelona, paseando por la Plaza de la Universidad, intercambiándose folios, leyéndose. Ya lo saben. Advirtió Antonio que estaba allí para presentar lo último de Pere, el libro con que regresa al castellano. Siete libros lleva editados el académico de Arde el mar en los 6 años que preceden. Síndrome de efervescencia o de cajones vacíos llaman a esto. Escojan ustedes. El presentador, no sin antes recordar que estuvo viviendo cuatro años en Italia, dijo que Gimferrer sigue escribiendo bien, que se intercambian libros, que su poesía tiene tensión, que las palabras cuando las escribe él aportan nuevos significados, que la poesía y el lenguaje… y esas cosas. Nada grave. Luego leyeron alternativamente. El leonés con serenidad y tono. El catalán de su No en mis días. Sucediendo que su débil vocalización y su escaso sentido del ritmo frustraran la degustación de los poemas, inaudibles en la mayor parte de sus fragmentos. Aunque no fuese por esta anécdota, el barcelonés advirtio antes de leer de la posibilidad de que su poesía no fuera entendida.  Desazonado, nos pareció, el banquete de los dos colosos.  Aquí pueden ver algo

Entre las lecturas de Pere estuvo este soneto alejandrino que de yuso rescatamos .

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      Todo lo contrario en Enclave de Libros, viernes 28. Jordi Doce había preparado una terna lectora variada -poetas con veleidades críticas- que él se encargó de presentar con viveza y sencillez. Para no más de 10 personas. La librería se transformó en un bistrôt. Media luz íntima para degustar exquisiteces. Era condición leer inéditos, mostrar la obra recién próxima de los tres. Una situación idónea para escucharse uno mismo ante otros y poder testar los textos.José Luis Gómez Toré está, al parecer de los oyentes, en un poemarios con tintes cívicos, donde la inquietud y la perplejidad ante la situación actúan como trasfondo de situaciones. ni lo confirmó ni lo negó. Hotel Europa dice que piensa titularlo, aunque hay en él poemas africanos. Es poeta de escrupuloso decir, tono lírico y tiempo sosegado. Es Walter Cassara argentino, y fue joven posmoderno. Dijo de él Doce que es crítico de consolidado prestigio, tal vez por eso su poesía tiene menos audiencia, ya se sabe. Trasplantado a España vive en la Sierra de Madrid, de ahí que su poemas hablen del y por el paisaje. El hombre que pasea y dice, el que se asombra y toma notas. Luego habló de la ajeneidad del sujeto ante el paisaje. Dos mundos otros que se miran. Pero no poesía rural, como en algún momento del debate alguien tildó para enfrentarla a la que de dice urbana. Cerró Pilar Martín Gila, de Aragoneses (Ávila), que suele escribir sus poemas alrededor de un centro de interés. Si en su anterior Ordet, fue el film de Dreyer, ahora organiza su próximo en torno a la conciencia de lo violento. De la respuesta ante lo injusto. Y para ello toma a la Baader-Meinhof de los 80 como referente. Lee como escribe, proyectando desde lo íntimo hacia lo íntimo su voz interior, voz que parece salir de ella momentáneamente para volver a entrar. Todo es posibilidad futura o ya frustrada, palabras que se mueven sobre hilos inestables.  Dijo Doce de ella en el coloquio que algunos de sus versos tienden al aforismo, que podrían aislarse. Ella dijo después que en la poesía, al contrario que en la prosa, no es precisa la coherencia, que cada plan previsto termina desbaratado. Y puede que tenga razón.   

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Soneto

Me leyeron las manos una noche de plomo.
Un café de París, oscura pulpería,
fue la noche de dagas que mi pecho pedía
y me crucificó con su espada hasta el pomo.

Tanto mi vida era un diamante romo
que leyó la gitana de Bretón mi sangría
en la linea de vida, desfigurada estría
donde a mirar mi muerte cada noche me asomo.

Porque la vida viene hecha de bataclanes
y el silencio nocturno con fragor de batanes
nos repite lo mismo, como Heráclito vio:

así la flecha tensa, así el arco combado
tiene el nombre de vida y el de la muerte al lado,
la tempestad de flores quemándose en rondó.

                                                                       Pere Gimferrer

2 comentarios:

Natividad Cepeda dijo...

Es bueno conocer las múltiples lecturas que se dan en los espacios dedicados a las letras, aunque no siempre las expectativas de los nombres reconocidos son lo que se espera; y bueno también es dar a conocer con imparcialidad lo acontecido. Agradezco, Francisco Caro, tu esclarecedor comentario sobre todo cuanto narras y expones en tu blog, mejor llamarlo gaceta literaria de literatura, por lo esclarecedor y sincero de tus crónicas. Soy asidua lectora de Antonio Colinas, menos de Gin Pen Ferrer. Y sigo pensando que los escritores; todos, al margen de lecturas y aplausos lo que avala y permanece es leer sus libros: comprarlos y amarlos. Gracias por tan buena información continuada.
Natividad Cepeda

fcaro dijo...

Hacemos lo que podemos en concilio con lo que nos apetece. A veces escribir lo que se ve, lo que se escucha, es necesario. En otras, Natividad, es mejor dejar pasar las cosas. Te agradezco tu lectura, acto que honra a este modesto blog. En cuanto a sinceridad tampoco está falta la última entrada de tu blog. Sinceridad y transparencia. En cualquier caso es un don tu cercanía de poeta.