jueves, 16 de enero de 2014

De médicos, posiblemente


¡Ay de ti! me dijeron algunas voces en alguno de los fastos familiares pasados. Si decides seguir, consulta a los galenos, hay tratamientos preventivos, insistieron. Ellos, buenos lectores, intuyen que es difícil mantener la salud con tanto correcalles, con tanto oír. O con esta enfermiza locura de anotar. ¿Compras, lees? -preguntó mi cuñado con perspicacia- porque eso puede agravar. No quise responder. Mi silencio dio a entender que había decidido continuar en la redacción de Mientras la luz algunas semanas más. La cuestión, enojosa para todos, terminó cuando acepté anotar la marca de ansiolíticos que una farmacéutica recién titulada tuvo a bien recomendarme. Y cuando les prometí, seriamente, ir al médico y repensar el oficio a final de temporada.  

Montse Morata, David Gutierrez y
Luis García. ( Foto Manuel M-C)
Comenzó el baile con la noticia que uno de los clásicos, las Hazversidades Poéticas, había sucumbido victima del mal. Hay tratamientos que no funcionan. Continúan de momento los sidecares, aunque aquejados ya por una extraña enfermedad africana de difícil cura. Pero viven, y mientras viven disfrutan. Eso hicieron, el jueves 9, Luis García, motorista, ataviado con una dinner jacket de verde terciopelo, y una Montse Morata, vestida de meritoria para la ocasión de acompañante. El asunto se escenificó en Libertad 8, su pista de pruebas. Aprovecharon los espacios entre la lectura de los poemas para, ayudados por los fantasmas del pasado, del presente y del futuro, elucubrar sobre cuánto de trabajo y cuánto de inspiración tiene el hacer poético. Triunfó el desparpajo de Montse, guerrillera en avanzadilla, lo hizo con poemas resueltos con descaro, con hábiles soluciones. Encantó sobre manera uno que discurría por los anhelos y las aventuras de su ombligo. Esta primera salida pareció saludable.


Primera fila durante el concierto: Ángeles Fernangómez,
Rosa Jimena, Rebeca Barrón y María Sangüesa.
(Foto Santiago Carrasco)
Cogí frío en la segunda, lunes 13. Un portero riguroso de la SGAE, con la excusa-cantinela de aforo completo, me dejó con otros en la calle. Ya me voy explicando la buena fama de la SGAE. Arriba, María Sangüesa había llenado. Presentaba Casi luego, casi tarde, editada por Huerga&Fierro. Pregunté a los primeros fumadores, que aprovechaban una pausa para salir al vicio. Qué bien, me dijeron Ana Montojo, autora del prólogo, qué bien Teresa Espasa, del epílogo, qué bien el editor, qué bien las chicas amigas que habían leído poemas; alguien llegó a nombrar la palabra magia… al oírla, subí a escape. En el pasillo, besé, emocionado, a una bellísima Elvira Daudet. Ya dentro, unos jóvenes, ya mayorcitos, interpretaban canciones con entusiasmo: se decían La Calle de Javier porque uno de ellos se llama Javier Calle. Algunas de las canciones llevaban letras de María Sangüesa, otras, al parecer, no. Entré en calor, la cosa se animaba por momentos. No fue preciso abrir el frasco que mi mano apretaba en el bolsillo. Sí tomar algo después, algún vinito. 


Esperanza López Parada
Foto: de la Red
Para el miércoles 15 busqué compañía, abrigo. Por simple precaución. Odio las recaídas. Uno de los grandes, una de las voces más singulares de la poesía española, que presenta libro el martes 21, aceptó acompañarme al evento. Leía Esperanza López Parada ante Juan Carlos Suñén en la tertulia Favorables Madrid Poema, que tanto recomiendo. En la mesa de un extremo, Olvido García Valdés, Miguel Casado, Nuria Ruiz de Viñaspre y Javier Lostalé esperaban. En otra del otro, Manuel Rico. También Julio López, el escultor y en ese momento padre. Nos sentamos en el centro. 22 en total. Leyó Juan Carlos, con cierta desgana, un poema de Juan Gelman como inicial homenaje. Abrevió, esta vez, en la entrevista previa. Después de recordar hazañas compartidas y de aventurar que los poemas de la invitada gozan de cierta fisicidad (sic), le señaló que leyera. Impecable Juan Carlos, me dijo mi amigo por lo bajini. Asentí: dejó leer pronto a Esperanza.
Esperanza y Juan Carlos
Foto: Móvil de pocas prestaciones
Que leyó mucho, apenas audible y apresuradamente. Para los que no conocíamos su obra no eran las condiciones idóneas para iniciarnos. No me inicié. A grandes rasgos, parece limpia, de pocas metáforas, de motivos sencillos: el carbón de la infancia, la madre, los gestos, los paisajes, alguna emoción… todo, dijo, de un próximo libro al que pretende titular Las veces. En Pretextos. La lectura, vimos luego, fue apenas una pausa en la conversación entre conductor e invitada. De igual a igual en esta sesión, respetuosa, continuó tras los aplausos de rigor. Esperanza, crítica y profesora, habló, preguntada, de los poetas hispanoamericanos, de Vallejo. Anoto aquí una imagen deslizada en su discurso: la poesía es la que duerme debajo del hueco de la escalera, pobre, libre, no exigida. Disintió Juan Carlos: yo he dormido allí y es incomodísimo, me sentí extraño, dijo. El asunto vino porque momentos antes él había reclamado para la poesía un lugar al sol, ámbitos y mensajeros que la hicieran aparecer, balcones, actos que consiguiesen visibilidad social a los poetas.  
Mientras Olvido GV preguntaba a Esperanza, Suñén abandono la sala. Nosotros también. Era mi hora de medicación.    


5 comentarios:

Manuel dijo...

Mi querido Paco: espero que tu voz no se apague nunca, porque nos quedaríamos huérfanos y, al poco tiempo, pensaríamos que nuestra existencia es más bien partenogenética...

Confío en que el Sidecar supere con todo éxito esa extraña enfermedad africana y, de corazón, que Jaime Alejandre vuelva pronto, como guerrero de armadura dorada, una vez derrotado su MAL. Todos necesitamos su voz certera y su enorme figura para poder seguir pensando que este mundo es posible.

Gracias, Paco, por estar.

Isolda dijo...

Yo creo que la fiebre te hace escribir mejor, si cabe. Gracias por contarnos tanto, aunque haya noticias que no me gustan y lo siento.
Muchos besos, cuídate.

Ángeles Fernangómez dijo...

Qué buenos reportajes, Paco. Además de estar en todo, qué bien lo transmites. Gracias.

Eduardo Merino Merchán dijo...

Recuerda, Paco, el verso de Félix Grande:"Contra ese mal es hospital mi pena".
Un abrazo hasta el martes con uno de los grandes.

Maria Sangüesa dijo...

Gracias, Paco, muchas gracias y un gran abrazo.