sábado, 18 de octubre de 2014

Cuatro gotas. Agotado

La lluvia ha ido remitiendo a lo largo de la semana, entre tanta agua, cuatro gotas. Y el agotamiento.

Sábado 11 María Luisa

María Luisa Mora durante el acto
  Ocurrió en Piedrabuena (Ciudad Real) al mismo tiempo que una tormenta atmosférica de ruidos y furias quiso manifestarse. Se entregaba el premio Nicolás del Hierro 2014, con el que tan unida está esta redacción. Desde Madrid acudió Jorge de Arco para presentar, con una limpieza desusada y elegante, el poemario ganador: Simulacro cero, de la toledana María Luisa Mora Alameda. Una sala repleta de público contuvo su respirar mientras la voz serena, limpia, emocionada de la poeta desgranaba uno a uno poema vivenciales, confesionales, tremendos en su luz. Hay en ellos una compleja y transmisora sencillez. La poesía debe servir, debe ser látigo y conexión parecía decir. Tensa al principio en su lenguaje corporal, pareció relajarse al comprobar el efecto de sus palabras entre los oyentes. Los poetas Pedro A. González Moreno, Natividad Cepeda y Eugenio Arce, quisieron también acompañarla. El pan que me alimenta, suele llamar a su poesía y ella sabe bien por qué. Y sus lectores. Que no cesan de acudir, de aumentar. El próximo miércoles 22 presenta el libro, una primorosa edición de la colección Yedra, en Toledo (Biblioteca Regional) y el 5 de diciembre en Madrid.

Lunes 13 Cecilia

Cecilia Quílez y el mar de luz
  Cecilia es la hija del capitán Nemo, por eso ha titulado así su último libro. Editado en Calambur, como los dos anteriores. Ella no quería presentación. Presentación al uso, se entiende. Por eso aceptó una No presentación en la sala grande del Ateneo. Todo es más fácil si se cuenta con la inteligencia dramática de Alejandro Céspedes. ¿Quién si no para concebir un espectáculo al filo de lo poético? Bastaron unos hombres de negro y pocas palabras, un violín (Joaquín Torre), un diminuto mar iluminado y una diosa blanca y poeta. Lo demás fue evocación, sugerencia, lentitud, el susurro-letanía Ni siempre ni jamás, sino ahora que amparaba la dicción de algunos versos. Y lo apenas audible. Versos de un libro que habla de tiempos que suceden al amor. A fin y al cabo, la poesía nace de la ausencia. Vigorosa y limpia la suya, y enroscada alrededor del enigma que supone vivir. Que supone amar hacia el milagro de unas olas que vienen, lamen y desaparecen. Cecilia, a la vista de todos y con paciencia sabia construyó e hizo navegar varios barcos de papel. Y los hizo naufragar con furia. Al fondo del olvido. Los hombres de negro: Alejandro Céspedes,Paco Moral, Viktor Gómez. Las damas de blanco Beatriz Russo y Suave Menéndez . Hubo problemas técnicos que dejaron sin emitir imágenes grabadas que ahormaban el espectáculo. Y faltaron poemas en sal y sangre. Dichos. A fin y al cabo se trataba de presentar un libro hecho con palabras altas. Cecilia Quílez blanca diosa blanca, hija del mar, de Nemo, voz líquida, recibió todo el brillo. Un nuevo barco construido quedó al final flotando sobre el mar de las aguas encendidas. Papel en busca.

Miércoles 15 Infante

Javier Lostalé y José Infante a través del móvil
   Infante es Pepe Infante. Desde hace apenas tres años vive en Málaga. Periodista de oficio, nombre y hombre madrileño de la poesía. Ahora, en el Sur, dirige la tertulia Pimpi. Vino de la mano de su premio Ciudad de Zaragoza que ha editado Olifante. La libertad del desengaño lo ha titulado. Libro breve, porque así, justificó, lo exigen las bases. Dijo que puede y debe aparecer una versión ampliada, completa, de estos tres últimos años de fijación poética. Poesía serenada, leída serenamente a las cerca de 40 personas que colmaban la trastienda de la Librería Alberti. Poesía de la edad, del estrago del tiempo, de balance entre lo soñado y lo vivido, de los instantes muertos y de algunas plenitudes. Merodeadora de la tristeza dijeron algunos de los fieles. Confesional y viva dijeron otros. Poesía que concierne al lector. Dijo Javier Lostalé en su presentación que compromete el lector. Y confesó que a él tal vez más que otros por ciertas similitudes existenciales. Poesía por tanto que golpea en los ojos, en el pecho. De entre los numerosos poetas presentes, dos tomaron al final la palabra. Ángel Guinda para remarcar el carácter vivificador de una poesía que sirve a quien la escribe y a quien la recibe, y Ángel Rodríguez Abad que remarcó el carácter humanista, griego, de la poesía reflexiva del malagueño. Con sencillez emocionada, Pepe Infante agradeció.

Jueves 16 Jorge

 
Jorge de Arco
 D
e Arco. Jorge de Arco presentó su antología El árbol de tu nombre/The tree of your name. En la biblioteca Manuel Alvar. Un recorrido breve, ajustado, por su obra escrita. Tiene carácter bilingüe. Castellano e inglés. Almendra Staffa-Healey, su mujer, se ha encargado de la labor de verter. Afirmó que le ha llevado tiempo, sobre todo porque los ritmos silábicos son distintos en ambos idiomas y ella pretendía no perder fidelidad ni melodía en el traspaso. Jorge es escueto en su expresión. Y certero. Es algo ya sabido. Quiso en justicia dar las gracias a la persona que abrió el acto, a Juan José Ramos. Juanjo mantiene a su costa, a costa de su inteligencia y su bolsillo, una colección señera de la poesía madrileña: El levitador (antes Los conjurados), de bellísimo diseño. Jorge ha llegado a ella a los dos años, eso dijo, de concertarla con el editor. Ha merecido la espera. Jorge ha seleccionado poemas que rodean la tensión del juego amoroso, como si la antología se hubiera levantado alrededor del aire que impulsó el encuentro de poeta y traductora. Como un homenaje al camino que condujo, a sus vicisitudes. Leyeron de forma alternativa, y ambos armoniosamente. La poesía de Jorge es precisa en su refinamiento, capaz de ligar la exquisitez de la forma con la contundencia de la imagen. Descansa sobre la hierba verde de los instantes. Sabe iniciar con suavidad el vuelo, reposar en saliente escarpado. Conoce donde aguardar la lluvia. Almendra dijo, luego del fin de la sesión, mientras los vinos, que en inglés la lectura del poema exige algo más de interpretación que en castellano. Lo sabíamos. Lo supimos al oírla. Leyeron para ellos, para los dos, y para todos.