jueves, 18 de marzo de 2010

Joaquín Benito de Lucas, doble noticia.

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No por su río, ni por sus peces, ni por su infancia contada. Conocí a Joaquín cuando en la Plaza Elíptica abrió la puerta de su coche para que yo subiera. Nicolás del Hierro nos había unido en el jurado de su premio y viajábamos a Piedrabuena. 1997 y un habano. Françoise, su mujer, me recuerda siempre aquellos días. Después su palabra de poeta honrado. Después supe su temblor sincero y amplio, su emoción levantada. Después una relación sembrada de chispazos, incapaz para charlas continuadas, repleta de lecturas indelebles, de un mundo que pregona. Lo veo en Valdepeñas, oscuras gafas y traje blanco, sombrero. Siempre poeta de desnuda línea y clara. Serenamente elegíaco. Cadencioso en sus ritmos.

Vengo a esto por dos razones. Una. Domingo Nicolás (poeta almeriense ganador del Rafael Morales 2008) que dirige la revista Buxia, dedica a su verso un monográfico. La revista, impecable formato, recupera el material crítico que supone los numerosos comentarios que a las apariciones de sus libros le han dedicado destacadas figuras de las letras españolas, cuántas desaparecidas ya. Hay abundantísimo e inédito material gráfico que habla de su generosidad. Hay una entrevista en donde Joaquín advierte de su mirada de niño sobre las cosas, de desafíos vitales y de superaciones. Hay incompletos apuntes biográficos, aproximaciones, búsqueda de clasificación generacional vía amistades: cuestión compleja esta, la de una generación real y amagada entre 50 y novísimos. Una magnífica y bienintencionada iniciativa. Allí en Almería. Sabor a homenaje.

Dos. Es Joaquín un hombre, un poeta, prendido a Talavera, al Tajo de Talavera, a su infancia en Talavera, al poeta de Talavera que le precedió, Rafael Morales cuya memoria cuida. Talavera lo ha reconocido como hijo predilecto. Pergamino y algo más, el mejor regalo, publicar su obra. Con el mimo de Calambur. Con educada decencia. Con pensado prologuista. Con sus 18 libros editados. Con seis poemas inéditos. Un minucioso Pedro J. de la Peña, una a una, analiza las huellas (las formas, los temas) complejas y espirales de la poesía de Joaquín, la sencillez final que su mano consigue, sus cotidianas fuentes, su creíble verdad. Bien ayudado por lupas, por citas ajenas.

Yo digo aquí: lo principal es la voz, el agua por su voz, las casas pobres de su voz, el pecho triste, rojo, contra su voz, los anzuelos clavados en su voz, los tres nocturnos golpes a su voz, las portuguesas tardes con su voz, los álamos de olvido, de memoria y orillas, las pequeñas alacenas de entonces, las palabras de ahora. Lo principal de Joaquín Benito de Lucas es la voz. Cuanto deja su voz. Conocí a Joaquín cuando en la Plaza Elíptica abrió la puerta de su voz para que yo subiera.

***

Inédito


La poesía es un viento que te empuja
hacia la vida, rumoroso río,
hasta tocar lo oscuro de su fondo sonoro.

Allí te reconoces, y ese viento
te enseña lo más triste,
también lo más hermoso
de tu destino. Faro de inocencia
que alumbra con sus ráfagas todo cuanto creías
perdido u olvidado, pero que como espuma,
tabla de salvación en el naufragio,
te redime y perdona
para seguir viviendo.

1 comentario:

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Cuando veo las largas trayectorias poéticas de voces tan serenas, me quedo pequeñita en una esquina, miro y admiro, y pienso que si sigo caminando quizá algún día, cuando sea el momento de mirar atrás, consiga sentirme serenamente callada.

Gracias Paco.