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| Foto: Aníbal BC |
martes, 31 de marzo de 2020
Consejo de redacción de abril: Y qué decir
martes, 17 de marzo de 2020
Dos poemas de José María Álvarez. De "La mirada de la esfinge"
No tengo la fortuna de conocer su persona, la de José María Álvarez, digo. Cartagena y 42. Pero bon vivant, hedonista, mediterráneo o el castizo retozón, no son calificativos a despreciar. Lo digo para el que desee acercarse a su poesía a través de la selección que ha realizado Noelia Illán. Fiel admiradora, de lo cual se confiesa. Tan fiel que ya abrió con uno de estos poemas aquella aventura de La galla ciencia, de tan buen pasado. Creo recordar que era el impagable poema del autoéxtasis solitario (léase masturbatorio) que titula “Como asegura Karl Kraus…” Reconozco que no he leído en profundidad la obra de José María, ni puedo asegurar por tanto que sean libros de esos que se leen sujetándolos con una sola mano, pero esta selección de Noelia, tan oportuna, viene a chocar con la mojigatería de los correctos (y las correctas) que está poniendo en jaque la literatura mundial. Esa que niega, o cuando menos disimula, a la mujer como objeto del deseo masculino y al hombre como objeto del deseo femenino. Y el esplendor, y la explosión consiguiente. Y la necesidad de contarlo hasta las cachas. Hablo de la vida, del más gozoso de los misterios de la vida. Qué hermoso deleite –cuando ahora tantos (y tantas) enfundan sus tactos con papel de fumar– que haya poetas capaces de entender que la carne, ese enemigo con el mundo y el demonio, fue el primer motor engrasado de la poesía. Pregunten si no a Safo, que ahora cuida refugiados en Lesbos. 59 poemas como 59 disparos a la línea de flotación de los tiquismiquis. O de los cuentasílabas que somos. 59 oportunidades lectoras ¿por qué no 69, Noelia? para congraciarse y congraciarnos con las razones placenteras del Arcipreste. Dicen de él, de José María, que ha tenido una vida agitada y viajera, llena de amistades, espiritosos, madrugadas y hoteles enriquecidos. Dicen que le tomó de la mano Castellet para aquellos novísimos de peste que no hay manera de agotarlos ni de evitar que te los restrieguen.
Pero es el caso que a mí, 50 años después de aquella juerga editorial, me llega para campo de lavandas este libro que titulan La mirada de la esfinge, y me orea. Este acierto bien editado por Olé Libros, en Valencia, que estalla y hunde, que renueva y desborda. Y es poesía. Valga como estímulo en estos tiempos del cólera, que diría Gabriel..
______________________
Una historia inmortal o Mein Bettschatz
Tu cuerpo era un espectáculo más hermoso
que el Cuerno de Oro en el crepúsculo
La música de tus suspiros tus gemidos hondos
llevaban tan lejos como Mozart
Lo que podía presentir tu pasión
no era menos que lo que veo en Macbeth
En aquel cuarto sucio ruidoso
de radios pegajoso de los olores que subían
la isla bullendo en la Ismael Sabry
bajo aquel calor que la intención
de una brisa como aire de mariposas
hacía propicio para el deseo
y sobre aquella cama tu
juventud esa belleza hija
de la copulación furiosa de mil razas
el pelo suelto mojado de sudor
tus labios húmedos y entreabierta la boca
la sonrisa sabia Eso que no se enseña
sino que va en la sangre de los siglos
de saber lo que es la cama la que es joder
Y allí me devolviste
lo que hemos sido en épocas mejores
cuando éramos libres y el placer
una corona de alegría
Tu carne me decía
Han querido destruirnos tantas veces
tantas veces han querido asesinar el sexo
Pero aquí estamos
y estamos orgullosos
y lo estaremos
como lo habían dicho tus ojos obscuros y sensuales
en la calle
más ardientes aún por el hiyad.
_________________
Templar
Qué magnífico momento
cuando en los ojos de una mujer
te has muerto.
jueves, 12 de marzo de 2020
Un poema: Aniversario
Sucedió un año menos un día antes del atentado de Atocha.
Diecisiete años del hecho que rememora.este poema en dos estancias
Del golpe que derribó trata la primera. De la posterior visita salvadora, la segunda. Hablo de la llegada de esta pasión que -siempre entre tanteos y dudas- cultivo y me mantiene. Gracias doy.
12 de Marzo 02:13 PM
I
Caí como la lluvia en la serena
grisura donde beben los basaltos,
caí como la lluvia
un cansancio de
sombras, era sólo
rendición sin
ayeres y sin labios,
un cansancio de
sombras
era viaje sin
hebra que ofrecía
a la noche de
furias las dos manos,
era viaje sin
hebra
necesité las
hojas, su acarreo,
para saber que
estaba derribado,
necesité las
hojas
hilo y nada mi
voz, sólo silencio
mi corazón
manaba, sólo barro,
hilo y nada mi
voz.
II
Me ataron a la cama,
cuatro días,
se jugaron con pétalos la muerte
y un corazón en deudas, casi inerte,
si debía callar o si debías
acudir tú a mi cuerpo por las vías
granates de mis venas
tuve suerte
mas por miedo a no ser ni a
merecerte
disimulé mi voz,
tus compañías
diecisiete hace ya,
fértil, contado,
tu reguero llegó para que dieras
caridad a lo oscuro de mi estado,
que me encontraste así:
herido y tarde,
agotado en la luz de mis cegueras
y me trajiste a la palabra que arde.
martes, 10 de marzo de 2020
Dos poemas de Francisco J. Carretero. Aún se forjan navajas
Hay
libros de poesía que convocan a pocos lectores y otros que se desparraman. El
que traemos hoy es de estos últimos. Tal vez porque su disposición pública
viene a glosar y cantar un sentimiento colectivo cierto y sano. Y para estos
asuntos está también, desde Homero, la poesía. Para ser canto en alto que une,
para ser dicha juntos, para alzarnos en identidad colectiva. Mi buen amigo, el
poeta de Albacete, Francisco Jiménez Carretero (aclaremos que nacido en Barrax)
disfruta estos días, y yo con él, de la tercera edición de su libro sobre la
navaja. Es un clásico en la tierra llana del solar manchego. Nació de puntillas
y va crecido. Uno de estos pasados días se presentó la edición actual de Aún
se forjan navajas, tal el título, que ha impreso la Diputación
Provincial. Fue en el Museo de la Cuchillería, en ese palacete modernista que
es cofre y orgullo del acero labrado, de la artesanía que ha dado nombre
mundial a la Ciudad. Los poemas acuden al molde clásico, donde con suma
habilidad se desenvuelve el poeta, y lejos de complicaciones metafóricas,
buscan el lugar donde los lectores guardan la emoción y el cariño por tan
cotidiano objeto. Décimas, sonetos, romances y algún versolibrismo, acarrean en
su decir una defensa a ultranza de ese bien humilde y proletario que es la
navaja. Y de sus usos. Cierto que la vida moderna la va alejando de nuestros
diarios quehaceres, pero las gentes del campo, esas que ahora levantan con
justicia su voz, saben de lo que hablo.
Digo que la navaja necesitaba un poeta.
Y lo tiene. Digo también que el libro agotará esta edición como hizo con las
anteriores, y que está a la venta siempre en el citado Museo de la Cuchillería. Por
si.
______________________
Así es una navaja
Hoja bruñida de acero,
cachas de ciervo o de nácar,
talón, rebajo, “carraca”,
corazón de cuchillero.
Pestaña vitola, esmero
y filo de luna llena.
Noches de yunque que suena
a ritmo de martinete.
Templa su acero Albacete
para escapar de la pena.
Navaja estilete
Esa acerada finura
que acunaba entre mis manos
aquellos años lejanos
de mi inocencia más pura.
Esa delgadez, ternura,
que en mi niñez primavera
labró sobre la madera
el perfil de una sonrisa.
Esa estilete sumisa
fue mi navaja primera.
martes, 3 de marzo de 2020
Del poeta Mario Míguez y sus "Versos aparte"
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| El poeta Mario Míguez Foto de Isabel Míguez. Tomada de las páginas interiores de la edición de "Versos aparte" que ha realizado la editorial Polibea |
El
poeta Mario Míguez murió en Madrid en 2017. Había nacido en 1962. José
Cereijo, su amigo y posterior albacea literario, recibió el encargo de cuidar y publicar (En Renacimiento, Pre-Texos y Polibea) sus últimos tres libros. Otros tres habían aparecido en vida. Hombre de
una sorprendente memoria, dicen que podía recitar más de mil poemas ajenos,
muchos de ellos en sus idiomas originales, se retiró pronto de la vida pública
poética, de la que era severo crítico, según recuerdan sus amigos. De su emoción
lectora da cuenta la entrega encargada a Polibea, la editorial que sostiene Juanjo
Ramos, la cual se presentó el pasado miércoles 26 de febrero. Curiosamente
Mario no quiso que se publicara en la colección de poesía “El Levitador” de la
citada editorial. Tendría sus razones. Sospechamos que porque no es una poesía
de creación pura, sino reflexiones en formato lírico al hilo de lecturas o
situaciones. Textos de afán entre didáctico e imperativo, dirigidos a moldear -o
modelar- conciencias y actitudes desde una situación de anacoreta contemplativo,
del que sabe que las dirige a un desierto del cual no desea salir. De ahí su
libertad. Pero también el cierto tono de selecta superioridad ante
el común. En puridad, construcciones ni aforísticas ni epigramáticas, aunque en ocasiones lo
parezcan. Me recuerda su lectura al último Jorge Guillén, en ocasiones a
Juan de Mairena, a veces a Eugenio d´Ors. Quiso como título Versos
aparte. Y se compone de 88 textos para los que acude al noble hacer
rimado, algo que acentúa la sensación de moraleja a recordar, aroma que orea
toda su extensión. Es oportuno señalar que incluye con frecuencia fragmentos
originales en otros idiomas, alemán, francés, inglés, latín, principalmente.
Como bien señala José Cereijo en el prólogo, en Versos aparte se
defiende una poesía no literaturalizada, pero sí mimada hasta el último detalle. Nada
más horroroso que el descuido. Una poesía que deje lejos la mecánica del acto, ese
hacer degenerado de un oficio sin emoción, lugar que Mario califica de viciado.
Una poesía que debe alimentarse de los clásicos, levantarse sin rebuscamientos,
clara en su dicción y en la procura de que las palabras trasciendan desde su difícil
sencillo uso. Una poesía que es siempre territorio exclusivo, no literatura,
no arte. Tal vez música, eso sí. En algún lugar se dice eso de unir lo
inteligente a lo sensible.
Mientras
la luz
se goza de libros así, de que editoriales tan pequeñas como dignas se ocupen de
estos asuntos, al tiempo que se lamenta de la falta de difusión y distribución
que las acompañan. Proponemos la lectura de esta mínima selección. Y la compra
de ejemplares.
Sabio
¿Sabio ese sin saber cuándo
callarse?
Aléjate, hijo mío, es un pedante.
Tecnorexia
Sin medida, sin freno, y con la ciega
inercia del consumo y del dinero:
la técnica por vicio de la técnica.
Patología aguda de este tiempo:
insensata y dañina tecnorexia…
Examen de conciencia
Al juzgarte a ti mismo
Evita estos dos vicios,
ni la autocomplacencia,
ni el hipercriticismo.
Crítica
Mal crítico será cuando confundas
“lo que está bien” con “lo que a ti
te gusta”.
Malogrados
Uno contempla triste a los que el vicio
de la literatura malogró
y que escriben poemas ignorando
que un poeta no es nunca un escritor.
Claramente
A un misterio no añadas ni poemas
ni enigmas, si lo tratas en tus versos.
Tú no oscurezcas más lo misterioso.
Tú muestra claramente ese misterio.
Vago
¿Vaguedad en los versos?
Más con palabra exacta.
Nunca esa “vaguedad”
que demuestra vagancia.
Emoción 1
Repásalo pues puede que engañes.
Indaga en tu poema muy despacio.
¿Seguro que es lo más emocionante
lo que has escrito más emocionado?
Ohne warum?
No maestro Silesio,
lamento disentir…
No es sin por qué la rosa,
la rosa es porque sí.
DeGoethe I
Qué fructífero el más pequeño espacio
cuando uno sabe cómo cultivarlo.
sábado, 29 de febrero de 2020
Consejo de redacción de marzo: La encuesta
Está el consejo contrito, muy contrito. El accidente de la becaria, resbalada sin excesivos daños desde uno de esos patinetes que tantos jóvenes usan y ella quería, ha sumido a sus miembros en la congoja. La becaria permanece en casa, leyendo, con los pies sobre la mesa del salón. De momento el Jefe ha aparcado, hasta su recuperación, el tema de la crítica dócil, cuando no servil, que ella proponía para marzo. Sin su presencia, en Consejo pierde rumbo. Lo saben, pero hay que seguir. El Jefe no está para discursos. Ni eclécticos ni elípticos. Nos ha entregado una pequeña encuesta que debemos rellenar primero y luego procurar que contesten nuestros conocidos. Se trata de crear una taxonomía cuantificada de poetas, dice serio. Para ello ha tomado la propuesta que el pasado 5 de enero hizo Tomás Rodríguez Reyes en su blog Trópico de la Mancha. Con parsimonia ceremonial nos distribuye un papel impreso con las opciones. Dice que podemos señalar hasta dos de ellas siempre que no sean demasiado contradictorias. Helas.
1___ Aprendices de poeta
2___ Poetas que nacen del útero
3___ Los que se hacen a fuerza de leer e imitar
4___ Que tienen destellos y se apagan
5___ Que tienen dotes y se amuerman por el murmullo de la vanidad
6___ Los que poseen genio pero lo desperdician por otras bagatelas
7___ Que no son nada de nada y se empeñan en serlo
Los culos se remueven en las sillas. La verdad es que cuesta taxonomizarse con estos ítems de tan mala milk que no cubren todo el panorama. Son asuntos que se reconocen bien en los demás, pero algo menos en uno mismo. Podrían añadirse otros, dijo, pero he optado por respetar el pronto de Tomás. El redactor colmillo pregunta si es preciso cumplimentarlo y con qué grado de sinceridad. Sí, dice el Jefe. Y apostilla: Porque a fin de mes “a cobrar nadie falta”, así que ahora tampoco. Cumplan. El que inquirió se decide por señalarse en la sexta. Piensa que ha desperdiciado su tiempo en lugares bagatelas como los blogs cuando su talento le hubiera permitido volar hasta dar alcance a la caza. El redactor novato calla y se aplica. No tiene demasiado pudor en poner su cruz en el primer apartado: asiste desde hace siete años al taller de cada lunes. Los demás, sin grandes seguridades ni grandes sinceridades, van introduciendo cumplimentadas las papeletas en los sobres. El asunto es anónimo, pero saben que el Jefe, que bien los entiende, asignará a cada uno con precisión la respuesta elegida. Se conocen. Nos conocemos demasiado. Tal vez si la becaria hubiera asistido, piensan algunos, no hubiera sucedido este ejercicio obsceno de plasmar por escrito y sin matices lo que uno sospecha de sí mismo. Antes de salir, el Jefe recordó: Lleven la encuesta a los eventos a los que asistan y propongan rellenarla a todos los que hayan editado al menos un libro y se sientan satisfechos. Publicaremos los resultados a partir del 30 de junio en los principales diarios del país.
(Ilustración: MCBarri,. Foto de una foto de Chema Madoz)
martes, 25 de febrero de 2020
Un poema de Alfonso G. Calero: La casa del viento
El
poema aparece en la revista Oropeles y Guiñapos, ese milagro nacido de
la generosidad y la sabiduría de Agustín Porras, de donde lo tomamos.
Hace
unos años, tres exactamente, apareció Ida y vuelta, el único
libro de poemas de Alfonso González Calero. Un tomo que recogía una selección
de la obra poética levantada a lo largo de la vida. Poemas escritos y guardados
que al final pidieron y obtuvieron luz. Amante de la poesía y salvaguarda de
muchos poetas –dirige la colección Añil Literaria–, este manchego ilustre siempre
había mostrado pudor ante la publicación de lo suyo. Traemos ahora este poema
que dedica a Oliva, su mujer y su aliento, por la sorpresa de su aparición,
conocedores que somos de su recato público. Y como muestra de respeto y cariño a su persona de
este blog, de esta pequeña ventana abierta hacia el paisaje de los que aman y
defienden la poesía.
___________________________
La casa del viento
A Oliva
A Oliva
Tú
vienes, porque quieres, a la casa del viento.
El
camino es de arena, hay sombras y vinagre.
Las
alcuzas alumbran la linde, y es la tarde
en
que viniste a descubrirme.
Luce
el sol y sopla el aire, como el mundo.
Dijiste
que me querías por nada,
porque
encendí la luz cuando la noche
empezaba
a dolerte,
por
eso quiero ir contigo
hasta
el límite efímero de la casa del viento
donde
las palabras cobran fuerza al sentirlas
y
son como diamantes, brasas en la ceniza.
martes, 18 de febrero de 2020
Noticia de febrero en su mitad
Febrero,
en su mitad alado, ha ofrecido cierta brisa por las alacenas poéticas de la
ciudad. Afortunadamente hemos podido ser testigos. Al tiempo que provocado por
dos poemas. Tal vez no sea posible pedir más a un mes tan escondido tras las
puertas, tan en disimulo y sosca como es febrero. Por muy bisiesto que quiera mostrarse.
_________________________
(Ana Ares)
____________________
(Pilar Blanco Díaz)
Viernes
14 / Ana Ares
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| Carmen Bermejo y Ana Ares (Foto: Paco Moral) |
Vestida
en negro frágil y diadema, desnuda frente al hálito del desafío, apareció la
poeta Ana Ares para lanzar su nuevo libro, City (Vitruvio,
2020). Se quiso exenta, sin confusiones, presentada sólo por su voz, no por
otras ajenas. Dijo, leyó, dejó. Dejó en nosotros un texto preciso y libre sobre
su voluntad escribidora y sus afanes de vida, tintado de una sinceridad pocas
veces vista en estos aconteceres. Nada discurrió durante la tarde del viernes
14 sin temblor en la antigua Casa de Fieras del Retiro. Incluso las palabras
del editor fueron aseadas. De negro también, floreada y libre, Carmen
Bermejo. Que acudió a la llamada para subrayar tras Ana la lectura de los
poemas. Dos mujeres en pie, dos mujeres vanguardia para contar una ciudad,
Madrid y/o, en sus calles y noches, en sus parques travesti, en sus heridas
lluvias. Y sin mentirse. Una ciudad que busca y es buscada. Ana Ares es
manantial inconfundible, nada en tinta y papel que no haya sido vivido,
soportado o arrastrado por los aires del anhelo. Frenéticos los poemas de la
primera hornada, pero fue el que cierra la segunda parte, situado en Paris, el
que eligieron las maderas del techo para que lo trajera al blog. Así lo cumplo. Envuelto
con él volví. Madrid me pareció más mío.
Lunes
16 / Chamán, Cerezal, Pilar y Corraliza.
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| Nicolás Corraliza, Pablo Cerezal, Pedro Gascón y Pilar Blanco Díaz (Foto: Álvaro Hernando) |
Suele el Comercial atender a lo necesario. Escaparate de lo que debe, en esta
ocasión estuvo a abierto a una editorial pequeña y fuerte. Chamán, de Albacete.
Sí, de Albacete. Es su responsable Pedro Gascón, poeta, librero que
fue, gente decidida ahora y de común sentido. Va elaborando con decisión y
prudencia –o tempora, o mores– un catálogo a tener en cuenta. Y vino para
acompañar a tres de sus autores. O viceversa. Estuvo Pablo Cerezal, que
dijo textos de su boliviano Breve historia del circo, donde la
poesía y la descripción sociológica se aman y multiplican. Estuvo Pilar
Blanco Díaz, que mientras leía de su libro anterior tenía el corazón puesto
en el siguiente, para nuestro doble beneficio, lo conocido y lo por conocer. De
su próximo libro traigo el poema Mujeres, que ya ha aparecido en su
blog. Estuvo Nicolás Corraliza, que se tilda de tardío en vocaciones, y
que es dueño de unos poemas cortos y contundentes. Dijo en perfecto contrapunto.
Dijo con el sonar metálico que tiene la poesía cuando se acera y saja, algo que
en él es cualidad.
El coloquio final no añadió gran cosa a las cotidianas
quejas de los actuales editores y libreros, a los cuales, bien sé, tiene Dios reservado sitio
a su diestra.
Muerte en Paris
Recorrimos
las calles de Paris
a
la desesperada.
Fingíamos
buscar
para
darle un motivo
que
llevarse a la boca
a
la desidia.
Pero
cada paseo
moría
en la certeza de esa falta.
El
amor, aquel fruto
prestante
de dulzura
al
borde mismo de la putrefacción.
Reconocimos
juntos la aflicción
y
la ausencia en la punta de la lengua.
La
liberté después
tenía
cara de puta.
Los
Inválidos eran sarcófagos vacíos.
La
torre un pararrayos.
Mas
no nos atrevimos a decirlo,
que
jodan a París…
A
la orilla del Sena
tan
sólo fui capaz de sentir frío
y
al trasluz te volviste
definitivamente
transparente.
Los
amantes
se perdieron.
Allí
los enterramos
Mujeres
Soy
las dos Fridas, la del dolor y la de la fuerza.
La
que bombea sangre roja.
La
que vio su sangre precipitarse por las laderas
de la terca pirámide del amor.
La
vueltabajo en su llaga,
la
del secreto a labios. Las dos soy.
Y
Emily en su jardín de flores turbias,
clara
y lunar, amapola amarga de la transparencia.
Y
esa Virginia de los ojos de avellana
y
la que arroja el rayo
y
la que mueve el agua con su cuerpo dormido.
Esa
Ana con la aguja de la nieve sobre el corazón yerto,
Rosalía
lloviendo musgo y piedra mientras oye
las campanas del ya nunca,
mientras
amasa la sombra negra de la nostalgia
y todos sus acasos.
Anne
embarcada en sus bahías blancas,
y
los ojos de Carson
y
la sal en los pulmones de Alfonsina.
En
mí el cuchillo de la herida de Alejandra,
la
mordedura de cadmio, la pólvora sobre la lengua
y su desierto químico.
Y
la desolación del abandono,
flor
ajada del hombre que pulveriza el pétalo
de la pasión de Sylvia.
Soy
las dos Fridas. Soy todas las mujeres que lloraron.
Cierro
mi pecho donde van sus palabras y se recogen
astros como maletas llenas,
como
albergues de sueños en una espera inútil.
Toda
la luz aquí, también la luz cobarde.
Toda
mi patria aquí, en su recinto líquido.
El
cauce de una lágrima que desbordó el poema.
Toda
la lluvia soy, el océano inverso en su estatura.
Agua
y habla cautivas.
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