lunes, 5 de diciembre de 2016

Un poema de Adolfo Cueto (1969-2016)

         


Que sus necesarias palabras 
nos acompañen. 
                                                               
In memoriam.


SOBREVIVIR A UN ACCIDENTE
Vancouver, Canadá

Íbamos tan deprisa, íbamos tan sin peso
como en los días mejores. No nos dio tiempo a ver
las luces, la mediana. Un fuerte olor
a neumático ahí, el reventón que deja la humedad
del llanto. Pasaron aún más rápido
la infancia, gestos, rostros: esa película
muda, una tragicomedia
sordamente escuchada, con pequeños subtítulos.
Y piensas que,
si morir fuera esta como improvisación
cualquiera, quizá valiera la pena tanta
velocidad. Dábamos vueltas y vueltas
de campana, todo girando. ¡Estábamos tan,
tan solos,
tan hondamente hundidos en nosotros mismos! Solamente
tú y yo, y al fondo el gran silencio
del mar. Y en las refinerías
sin pausa, el fuego que arde a solas
también. El humo, el viento. ¿Es que no hay nadie ahí
fuera? –gritaste–. Y tú y yo aquí, lejanos
y aislados, y con este hematoma
de la muerte en los brazos, qué solos ya: más
solos, en fin, que aquellas
alejadas plataformas petroleras, buscando a toda costa
salvarnos,
sobrevivir.


             (De Dragados y Construcciones)

2 comentarios:

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

la vida es extraña e imprevisible; estuve con Adolfo Cueto apenas hace unas semanas, en La Central de Callao, donde se presentaba la revista ESTACIÓN POESÍA, con un poema suyo. Se fue. Descanse en paz. Tristeza. Nos queda su poesía.

fcaro dijo...

Un hombre serio y dúctil, casi como su poesía. Sí, la vida tiene golpes a lo Vallejo, José Luis.