jueves, 2 de julio de 2015

"Los dones de la luz" de Manuel Cortijo


 
Manuel Cortijo
 



   El albaceteño residente en Madrid, Manuel Cortijo Rodríguez (La Roda 1950), nos ha ofrecido en este mes de junio pasado y coincidiendo con la Feria del Libro madrileña su segundo libro, el titulado Los dones de la luz. Manuel es poeta amplio en el tiempo. Comenzó a dar a conocer sus poemas durante los años finales de la década de los setenta, en plena transición política, aunque luego, según suele reconocer, se recluyó en un silencio editorial, que no creativo, el cual redujo al conocimiento de su círculo más intimo los frutos de su producción. Hasta que en 2012 rompiera el molde con la edición de Memoria de lo usado, que editado por la Diputación de Albacete agotó sus dos ediciones. De aquella su primera entrega, de aquel territorio elegíaco y necesario, se hizo eco en su momento Mientras la luz.

   Editado por la joven, agresiva y castellano-manchega editorial Lastura, el libro viene prologado por la profesora Rocío Alarcón, que disecciona con cirujana sencillez los elementos formales y de intención que configuran este nuevo libro del poeta rodense. Un prólogo que dignifica el ejercicio, un prólogo que explicita la arquitectura de la propuesta, y que describe el aliento que lo aroma. Un preliminar que nos incita a la lectura del texto. Pero digamos pronto que su lectura necesita sosiego, por lo menos el mismo con el que los poemas han sido escritos. Nada más equivocado que leer Los dones de la luz con prisas o desatenciones, porque su apariencia reflexiva puede llevarnos a entenderlo con cierta limitación. Es un libro himno, es un libro oda y canto, es un libro de búsqueda gozosa, es un libro que, sin forzadas exaltaciones, camina los senderos donde se aguarda. Dividido en dos partes, el poeta quiere fijar en la primera su deslumbramiento por la belleza, por la luz que la funda, es por ello que lleva el mismo título del libro; en la segunda -Palabras para ser- cunde la sensación de que la belleza encontrada, germen de la felicidad, solo existe en la palabra, en la palabra que sirve al poema, en la que eleva alzándonos desde el suelo de los aconteceres, en aquella capaz de construir el edificio-cielo en donde hallarse y estar. Que no es otro que el de la auténtica poesía.

   El libro, escrito con el cuidado al extremo con el que trata el lenguaje Manuel Cortijo, parece haber sido levantado en estado de trance por el pálpito místico que lo sostiene. Hay en él la estructura clásica de los místicos del XVI. Empeñados estos en la búsqueda individual del conocimiento y encarnamiento con Dios, con el Amado, y  arrebatado nuestro autor en la sensaciones que le permiten la unión con la Amada, con la Poesía, con lo Bello como religiosa serenidad. Véanse los símbolos: primero la luz como vía purgativa, como esperanza, como deslumbramiento que señala el camino de la verdad, el desapego de las cosas que no están al servicio de la búsqueda emprendida; luego la palabra como vía iluminativa, como fe, como consciente y única herramienta capaz del contacto con el ser superior que espera, y por último la vía unitiva, la caridad que supone la anulación de la voluntad propia para la pureza de la unión con la Amada, con la poesía entendida como culmen de belleza, como territorio de gozo, como alcance y fin.

   Los dones de la luz es por todo ello un libro sorprendente, que vuela en limpidez, extraño en una literatura, como la española actual, anclada en la desolación, la queja, lo paradójico o lo prosaico. Un libro como un baño en altos manantiales, un libro en busca de almas gemelas a la del autor, aquellas que todo lo esperan de la Poesía, de los dones de la palabra. Salvadora, vivificante, reparadora de lo vivido. Los poemas caminan siempre por senderos que no se conforman con la beatitud de la claridad. Los poemas exigen -nos exigen- el esfuerzo de pureza, personal y de lenguaje, que nos lleve hasta el auténtico deslumbramiento transformador. Hasta el martirio por. Tentación y esfuerzo de innegable tensión literaria y espiritual, los cuales revelan lo que la poesía, y su ejercicio,
significa para los auténticos poetas. Que no son otros sino aquellos que al escribir pretenden ser en la poesía. Vivir lo que ella viva, lo que se viva en ella. Lean ustedes Manuel Cortijo.

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Entrar en las palabras

                            A Victoria Díaz


Entrar en un sentir como se entra en un sueño
que pudo o que no pudo suceder,
como se entra en una nube
a por agua precisa,
a un fluir que nos da su lluvia o lo que quema,
lo escapado del aire,
lo que suena y es aire en el que estamos
queriendo ser nosotros
tan propios al hacer de la sintaxis.

Así sólo podremos alguna vez decirnos,
alguna vez oírnos tan sólo en lo que puede
caer desde el idioma y ser semilla,
entrar en las palabras y crecer,
dejar que lo sembrado nos pronuncie
en la otra claridad, la única
que no niega su origen, ni aún el nuestro,
la que ahora nos lleva a contemplar
el misterio que alienta en toda luz
como si cada
luz fuese nueva y nueva su pureza.

Así puede saberse
donde va la emoción a arrodillarse
hasta llegar a hacerse lumbre,
paraíso de fuego en el poema,
fiebre alta del poema, pero
¿dónde va la emoción si no hay palabras
que encontrar en la luz?
                                                 ¿Acaso sólo
pueden ser las palabras como flores
nacidas en la Muerte que cantó Mallarmé
pour le poète las que la vie étiole?

Si yo supiese ahora qué alianza,
qué luz tomar para decir que estoy
empezando a nacer en lo que escribo,
entrar en las palabras y quedarme
sus sílabas de luz, las de allí dentro,
aún podría ser
que mi vida valiese lo que vale
la vida de un poema.      

6 comentarios:

Eduardo Merino Merchán dijo...

Un libro escrito con sosiego y que produce sosiego. Una luz que nos salva de las sombras de la incerditumbre. Un libro luminoso.
Suponía, Paco, que ya habías cerrado el chiringuito. Un abrazo para ti y para Mari Carmen. Y otro para Manolo Cortijo.
Eduardo

fcaro dijo...

Coincido en todo contigo, Eduardo. Son dones de luz serena.
En cuanto al chiringuito, lo he vestido de verano y que espere hasta septiembre. Si es que volvemos con ganas.
Un abrazo, buen amigo.

Alfredo J Ramos dijo...

Qué buena noticia, Paco. Y qué gusto volver a saber de Manolo Cortijo, después de tanto tiempo. Y, sobre todo, hacerlo de este modo tan prometedor, tan de verdad.

Buen verano también para ti (confiemos en que el clima nos dé tregua... o al menos cuartelillo).

Un abrazo.

fcaro dijo...

Un gusto volver a saber de Manolo con una joya en las manos, Alfredo.
Ojalá y el verano no nos sea enemigo. Mi abrazo.
Paco

Inuk dijo...

Manolo tiene ese don que no puede definirse, que está -casi o por completo- por fuera del lenguaje; que no puede aprehenderse hasta saber su límite, porque allí donde lo creíamos final nos regala otro nuevo principio; otra forma nueva de comenzar una historia. Al final la vida es eso, este extraño artilugio lleno de historias que no sabemos como articular a veces.

Manolo tiene el don de ser lúcido, de esos seres que nos alumbran con un sólo gesto. Manolo tiene la valentía de poner todo lo que tiene sobre la mesa, arriesga corazón en cada una de sus palabras, arriesga su ser porque sabe que no hay otra forma de ser honesto con uno mismo y con el otro. No anda guardando para luego como muchos, sino que con su extrema sencillez que conmueve nos va desvelando cual es la trama del poema, cual es la tuerca que gira, qué mañana es necesaria, que tarde prescindible…

Manolo tiene el don de lo irrepetible, de lo innimitable porque en su escritura pone su ser y veo, leo a mucha gente intentando inventarse un ser que no es, sin embargo Manolo es y no puede dejar de ser él, por eso me llevo tus libros allá donde voy, porque cuando los leo me llegan hasta el tuétano y necesito esa sensación de tocar tierra cuando estoy en un avión a 33 mil pies de altura.

Me ha gustado mucho el prólogo de Rocío Alarcon,su delicadeza, su cuidado. Como también que apuntara que Manolo se regocija en lo curativo de la palabra.
Si algo tienen de bueno las palabras es cuando nos consuelan, cuando nos hacen levantarnos y caminar como Lázaro. Felicidades a Lastura por la edición. y a ti Paco por tu generosidad en el buen decir que tienes para todos.

fcaro dijo...

Ay, Victoria y qué bien conoces a Manolo. Un autor transparente porque deja ver a través de su hacer y de su corazón el amor por la poesía. Ya sabes cómo trata a los poetas, tal vez por eso la poesía es tan generosa con él. Buen verano, Victoria y deseando escucharte.