viernes, 19 de junio de 2015

Junio de libros: "Raíz y brote", de Jesús del Real

   
Directamente del autor, de su mano, llegó Raíz y brote a Mientras la luz. Corto trecho para una carga tan profundamente sentida. Editado por Huerga y Fierro, este es el primer libro de poemas del que se responsabiliza Jesús del Real Amado. Hubo otro perdido en lejanías. Digamos pronto que viene guarnecido con delicadeza. Un prólogo de Francisco Calvo Serraller y una portada de Carlos León. Ahí es nada. Una enorme exigencia, escuché decir al autor, que bien conoce a ambos en su calidad de doctor de Historia del Arte.

   Los poemas de Raíz y brote, atienden a la intención del titulo y la sobrepasan. Vienen dorados por cierto halo metafísico, por el enigma de la vida, por el misterio que vela al tiempo que incita al individuo hacia el conocimiento de lo real a través de sus manifestaciones. Durante la tarde de presentación en el Ateneo, dijo el maestro José Cereijo que en el vaho de solipsimo que lo transita se proclama la insatisfacción. Porque el autor participa con aquellos que piensan que la porción de vida que nos es concedida no es suficiente para aclarar las dudas del existir. ¿Celebración desolada del mundo? Tal vez. Pero celebración. Ya que en Raíz y brote, los poemas oscilan entre la contemplación reflexiva de los momento y paisajes y la voluntad del amor como anhelo y zozobra, como inseguridad necesaria. Es por tanto un libro de compleja voluntad. Escrito seguramente a lo largo de un tiempo dilatado, es posible encontrar en él diversas provocaciones y asideros, tanto en los motivos y las causas como en las herramientas formales con que se auxilia. Y a las que otorga unidad una voz consciente de sus necesidades e inquietudes, aunque aún en periodo de travesía estilística.

   Causa y consecuencia: raíz y brote: intimidad y riesgo. En la disposición de esas coordenadas quiere Jesús del Real dibujar sus fragmentos de creencias y esperanzas, sus señales y sus vientos. Poeta abierto en canal a las sensaciones, el libro entero responde al pálpito vaivén de la emoción y/o del conocimiento, del amor y del mundo. No hay en él más adherencias retóricas que las precisas; por lo general detalles que revelan su basta cultura en el mundo de las artes, incorporadas con elegante naturalidad. La exigencia, confesada por el autor, de mantener la disposición sin corte de ciertos poemas en versículos, ha forzado a componer alguna de sus páginas en apaisado, lo que da a la edición un toque de originalidad al tiempo que fuerza, por el contrario, a la elección de un tipo demasiado pequeño. Pero el libro en su conjunto es un arcón bellísimo para los 63 poemas que, sin solución de continuidad, sostienen la entrega.









































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Hoy he venido paseando por el Retiro
junto al camino ese al que debemos tantos besos.

Esta mañana el frío no embargaba el aire
una frágil geoda de amenazante nieve
cobijaba un blanco viaje a la infancia.

Hay en estos paseos siempre un momento extraño
acaso un consuelo cargado de magia
se detiene todo tránsito y se alarga
el instante de soledad
en pleno centro
en plena hora punta
en pleno caos humano
de esta huelga de esperanzas.

En ese momento imagino
que te despiertas y te envío
todos los versos de la noche
suspendidos en el vaho
espero que abran tus párpados
y los recojan tus manos
en esa primera caricia
que recorre tu cara.

Sigo andando ya impregnado de ti el día
ojos tras el cristal, cala otro silencio
la fragilidad desnuda del árbol
esas prisas por llegar, los atascos
¿adónde vamos?
seguiré viajando hacia ti
un trayecto incansable
que promete
delicias de los cuentos
sorpresas de epigramas
y tus listados épicos.

Montaré una jaima en el albero de tus ojos
donde tus párpados cobijen la deriva de mis sueños,
senda que me encarrila a los alrededores de tu cuello
asombrosa zona detonante de bocados.

Aturdido explorador seré
sobre tu pecho levante de emociones
y tu espalda poniente de despedidas,
entre tus explanadas gozosas
y tus cuencas guardabrisas.

Montaré la espera al albor de tu llegada
con ojos de tránsito cruzando de vía en vía
con ojos fulgor de lanzallamas
derritiendo el tiempo por el que te escapas.