domingo, 26 de abril de 2015

Regreso en Cibeles


A. Gamoneda tras el acto, flanqueado por José Luis Torrego
y Cecilia Quílez
.

Consumida la pena –legal y moral- a que fue condenado Mientras la luz por el Comité de Ética Bloguera, el jefe ha decidido que se vuelva a dejar constancia de ciertos actos sucedidos en nuestra presencia. Que hayan dejado cierta memoria, advirtió,. aunque sea alguna. Apenas si podemos (observen el guiño Goytisolo) rescatar de estos días pasados,  el enésimo –y los que vengan- homenaje a Ángel Crespo con la presencia de su viuda y una pléyade de poetas instalados en los medios. Muchos de ellos declararon haber no conocido al postista, mas de él dijeron. Vino Gamoneda desde León para asegurar que su cercanía personal y poética con Crespo nunca fue exultante, pero si sincera. 
Foto: McBarri

Otro apenas: la escasa docena de espectadores, Chus Visor incluido, que acudieron a ver la presentación de Todas las canciones de Luis Alberto de Cuenca, a pesar de la anunciada presencia de Loquillo. Repleto debiera, murmuró un espectador azorado, si hubiesen venido la quinta parte de los que le reclaman para sus presentaciones. Y a las que él, elegante siempre, acude. Cosas. 


El 23 de los fastos

Nos repetimos si aseguramos que las gentes del mundillo entienden los fastos de La Noche del Libro madrileña como una urgencia por recitar y recitarse. Algunos declaman hasta oírse en el futuro.. Salvo la de Vitruvio, que aprovechó la fecha para presentar la poesía editada completa de Dámaso Alonso, las demás convocatorias parecían puro agit-prop, tam-tam, necesidad de oídas. Quiso el jefe que estuviéramos en CentroCentro. La tertulia que allí tiene su sede había programado sesión doble. Primero una lectura de curso legal, atendida por Noni Benegas y Ana Rossetti, en torno a vida y obra de Santa Teresa, otro icono reclamo de la temporada. El cartel de aforo completo nos impidió asistir. De segundo, una sesión musical a cargo de la Favorables Blues Band que comanda Ildefonso Rodríguez, ilustrada por poemas, entre otros, del propio Ildefonso y de Juan Carlos Suñén, responsable del acto. Casi dos horas de palabra y jazz. La música, perfecta, y causa de nuestro estar, supo acomodarse a las lecturas, O guardar silencio.

Concha García e Ildefonso Rodríguez en primeros planos
(Foto: McBarri)
Leyó a lo llano Alfredo Félix-Díaz, mexicano y guionista, poemas de sus dos últimos libros. Y se derramó agua fresca y poderosa desde las altas bóvedas blancas. Voz dura para una poesía directa. A estas alturas del partido se agradece la ausencia de trampas. Como un disparo el poema a su padre. Todo distinto en Teresa Sebastián, a quien no conocíamos y que parecía examinarse de Preu, con tensión dramática, afectadísima, declamaba unos poemas de intención confusa. Textos largos nos parecieron. Y de agobiada intrascendencia. Excitado pareció Suñén en su turno, con espíritu novillero. Decidido, interpretó prosas poéticas en donde la soledad se transformaba en valentía inquisidora y las razones en dudas que apenas nos soportan. Bien. Escuchándose. La barcelonesa Concha García, cada vez más habitual en este Madrid que aguarda, aportó concisión en las entregas de su último Calambur. Y elegancia estética en su lectura. Serenidad de lo sencillo, textos que buscan lo cómplice de la distancia tacto. Sosiego habitable. Lo consiguió. Perfecto Ildefonso, de concisión potente, con dos poemas conceptuales de corte interrogativo en los que, dejando el saxo, su instrumento habitual, se acompañó de raros, para nosotros, aparatos sonoros. Volvió Suñén a recitar. Aún con más fe. Frontera al grito. Gustándose. Buenos textos que no necesitaban de tal fórceps. Y en tal ambiente, José Tono Martínez, el director de CentroCentro, quiso sumarse a la fiesta. Buen gestor cultural, tiene probado, se divirtió leyéndonos versos de su autoría dedicados a Madrid y Buenos Aires. Dos ciudades a las que ama, dijo, con buenísima voluntad de abrazo. Solo por eso mereciera que a él lo amase la poesía.

4 comentarios:

Alfredo J Ramos dijo...

Observo, amigo Paco, una curiosa e interesante cercanía al lenguaje propio del relato taurino en estas crónicas que, como te he dicho alguna vez a lo vivo, son para mí el verdadero hilo de Ariadana en el laberinto ferial de la actualidad poética matritense. En algún momento -no te digo más- me parecía estar leyendo al mismísimo Joaquín Vidal, maestro de un género que, como bien sabes, tiene entre sus clásicos a mi paisano Gregorio Corrochano, que dios guarde en su gloria. Que no decaiga, maestro.

fcaro dijo...

Favor que usted me hace, amigo Alfredo, con sus palabras. Decir que existe el eco de Vidal o Corrochano es un halago para este que responde. Y dicho por usted, un bloguero enorme y atento siempre al hilo de lo actual.
Seguiremos contando los frutos que dé el tiempo.

Eduardo Merino Merchán dijo...

Con respecto a lo de LA de Cuenca, recuerda Paco aquéllo de "Infame turba..."
Un abrazo
Eduardo

fcaro dijo...

...de infames aves. No lleguemos ahí, Eduardo. ya sabes que en "Mientras la luz" tan solo se anotan las situaciones desequilibradas.