viernes, 20 de marzo de 2015

Nuestros poetas del miércoles 25 en NO MADRILEÑOS


El próximo miércoles 25 en la Sala Trovador, en el recital NO MADRILEÑOS nos acompañarán las personas y la obra de Mª Ángeles Pérez López y de Basilio Sánchez, de la misma manera que el año pasado lo hicieran Federico Gallego Ripoll y Vicente Gallego. El poeta José Luis Morales se encargará de la introducción de ambos poetas. Avanzamos aquí algún fragmento de ellas y un poema de cada uno de nuestros invitados.
                                                         
Basilio Sánchez

 “No es ocioso comenzar presentando a Basilio inmerso en su paisaje vital, pues si en las últimas décadas hay alguna alta poesía española que responda con orgullo a estas coordenadas, es, sin lugar a dudas, la suya: limpia, rumorosa, transitiva, humanísima, hímnica unas veces, elegíaca otras, la mayoría; sosegada y meditativa siempre.”


EL UMBRAL

La claridad se agota 
sobre los pavimentos.

Poco a poco se nos van las palabras,
se elevan por encima de la línea de sombras
que hay sobre nosotros.

La altura de la mano que sostiene una vela
es la altura del mundo.

Aún no tenemos nada, sólo el vaso de vidrio
que hemos puesto en la mesa, y la esperanza
que hace mover el agua.

Ya todo está tranquilo:
la memoria vuelve verdes las hojas,
el frío da reflejos
azules en los ojos, hay una flor oscura,
que todavía no es nuestra, en el umbral.

Un corazón que late vertical en el suelo,
dispuesto a envejecer.


Mi deuda con la vida es este hombre
del tamaño de un puñado de tierra 

que ahora escribe.

                                                           
Mª Ángeles Pérez López

“Jamás confuso, nunca timorato ni edulcorado, el verbo de Mª Ángeles Pérez es claridad, precisión, sensorialidad, exactitud y osadía en cualquier circunstancia. […] Puro temblor si bordea la infancia y sus ternuras, o crudeza, ferocidad incluso —el término es de Eduardo Moga— cuando el tema o la ocasión lo piden. “



MIENTRAS estoy subida sobre ti
y juntos arqueamos la bóveda del cielo
sólo puedo escuchar el rumor de mi sangre
golpeando los poros, la pared de la piel,
el tambor de cristal de la sangre bombeando
varios litros espesos por minuto.
Cuando estoy sobre ti no pienso en casi nada,
sólo siento una zona de sol que me conduce
al amarillo hueco del calor,
al lugar en que tiemblan las espigas
antes de su recolección para la hoguera.
Porque tiemblo y escucho la pulsión de la sangre
como si fuese tierra que se estuviese haciendo
en el horno inicial del corazón del mundo,
escucho su rumor subiendo de volumen
antes de su erupción en lava y en ceniza
y su anverso es el génesis pero tiene también
transustanciado el rostro de la muerte.
Y es que mientras estoy subida sobre ti
me llegan otros ecos de desastres,
lo del desplome azul de las casas de Oriente
que alguien cuenta en la radio, no le tiembla la boca:
Afganistán es nombre de tristeza
si ha habido un terremoto y no era de placer.
Por eso continúo subiendo por tu pene
y así estoy conjurando la caída del tiempo,
la caída devastada de la gente en Tajar,
la redención –que es falsa– del sufrimiento horrible
porque atrapo un instante nuestra gloria insensata.