miércoles, 11 de marzo de 2015

Entre los dos destierros

   Así fue, tras varios considerandos, la resolución del Comité Nacional de Ética Bloguera: sea durante 15 días recluido en la paz de los secanos, junto a pocos olivos, aunque doctos. Textualmente.
    
   Sepan que Mientras la luz fue denunciado a finales de febrero ante el colegio profesional por amabilidad ficticia, uno de los delitos más odiados del oficio, dicen. Hay que hablar bien de todo y todos, sin ambages, o callar, acusaron. No valió a la defensa sus argumentos históricos: qué hubieran hecho ustedes con la ironía tacto de Cervantes, con el acero mordaz de Góngora y Quevedo. Señaló nuestro letrado. Pues bien, a pesar de que, como cargo, el Comité solamente pudo espigar un par de textos sospechosos, decidió recluirnos en la nevera agrícola durante dos semanas. Cuya primera mitad hemos cumplido socráticamente y junto al Segre. A partir de hoy comienza la segunda semana de apartamiento. No a la Torre de Juan Abad, como hubiéramos deseado, sino al helios meridional, malacitano.  

   No nos moverán. Mientras la luz, si no siempre entendido, siempre abierto, ha decidido no enmendarse una vez comprobadas las consecuencias benéficas del castigo  Y la becaria, conocedora de la trascendencia de nuestra labor, apoya tal decisión: Ojalá y cundan las denuncia, dice.  


Jueves 5

Leire Olmeda y Enrique Valle
(FotoA. Fernangómez)
   En este breve intervalo de pre.primavera que disfruta Madrid, tuvimos el privilegio de ser uno de los pocos espectadores que pudieron contemplar la sesión de marzo en el mítico ciclo Poesía en Sidecar. Libertad 8. Leían Enrique Valle y Leire Olmeda. Si alguien fue con la esperanza de ver enmendarse a Enrique Valle debió salir frustrado, sigue fiel a su poesía, descarnada y suciamente tierna, ácrata y provocadora en que se instaló ha más de 20 años. Algo envejecida, sigue siendo válida. Tanto porque su calidad intrínseca la mantiene, como por los tiempos que corren, duros y poco complacientes, la han vuelto a poner de actualidad. ¿Para qué cambiar en tiempos de irritados? ¿por qué volver a escribir? Y menos ahora,. Leyó sentado y con una copita de pacharán castizo a falta de un bloody mary a mano. Su adversaria poética, Leire Olmeda, nos pareció, ante Enrique, comedida en voz y tono. Pretenden sus textos ser un canto a la lucha popular contra las oligarquías. Y ser denuncia del sufrimiento de las gentes humildes. Voz al servicio del pueblo que busca la poesía. Hubo un instante en que llegó a confesar en alta voz ser de Izquierda Unida, algo que al parecer el público ya conocía. Luego, casi al lado hay un bar Viñes, especializado en riquísimos blancos manchegos. Es una debilidad que fortalece.

Viernes 6

Isabel Miguel Y Lamis Saidi

Eduardo Merino y Aurora Auñón
Foto MCBarri
    Un ratito en la presentación de la prestigiada revista Álora, la bien cercada, que presentaban en la Casa del Lector José Mª Lopera e Isabel Miguel. Pleno de poetas para leer sus textos aportados. En primera fila el gran Paco García Marquina junto a la argelina Lamis Saidi, que vino expresamente. Un taxi más arriba, en el Comercial, Aurora Auñón, setenta y tantos años de 15-M y Podemos presentaba su segunda entrega poética en negro vitruvio. Versos dispersos, es el título. Porque recoge producción poética de varias épocas. Aurora es dueña de una poesía reflexiva, tan delicada como temerosa con la emoción descontrolada. Vive una juvenil primavera editorial – ha publicado 2 poemarios, una novela y un ensayo en los últimos tres años– y se muestra nueva en su fortaleza. Fue presentada por un Eduardo Merino sosegado y firme en el análisis de la autora y de su texto. Con un rigor tal, que puso a los numerosos asistentes en fila de atención. Habló del activismo utópico de Aurora, de su compromiso con la memoria, con la belleza de la amistad, de su tensión hacia el concepto y la pregunta de Dios. También de su riqueza estrófica y de su vocación decidida por el soneto. Luego, la proverbial elegancia lectora de Aurora hizo el resto. Los poemas, que viven también en su memoria, se alzan sobre su ser plenos de musicalidad y tono. Cadencia en vuelo. De Versos dispersos es el soneto que ofrecemos.


Martes 7

Marisa Calvo y Javier Lostalé
(Foto Maxi Rey)
   

A los 10 años de su muerte, la tertulia que lleva su nombre quiso homenajear a Rafael Montesinos. Un acto sencillo y noble. Conducido con albina elegancia por su hijo Rafael César y emocionadamente presidido por la esposa del poeta, Marisa Calvo. En el C. M. Guadalupe, sede actual de la Tertulia. A salón lleno. La mecánica era sencilla, se trataba de leer sin comentar, para que todo transparentase, los versos diáfanos y dolorosos del poeta sevillano. Se consiguió a pesar de muchos de los lectores-poetas. El amor por Sevilla, por su mujer, los aromas de la infancia, el hombre que quiso ser, los avisos de la muerte, la soleá como destino. Rafael Montesinos. Una voz que ha sido y será puente y razón entre Gustavo Adolfo Bécquer, Juan Ramón, Alberti y las nuevas generaciones. Juana Vázquez, Julio Santiago, Pedro A. González Moreno, Aureliano Cañadas, Acacia Dominguez Uceta, Ricardo Virtanen, Antonio Daganzo, Antonio Hernández, Manuel López Azorín, Rafael Soler, José Cereijo, Ángel Rodríguez Abad, Pepa Nieto, Federico Leal, José Luis Morales, Miguel Losada, Julio Diamante, Maxi Rey, Javier Lostalé… leyeron.  El acto se cerró tras la guitarra de Sergio Burgas y la voz flamenca y grave de David Morello cantando aquello de

Se puso a contar sus penas
y prefirió irse al mar
a contar granos de arena.

A contar granos de arena,
los montocitos que hacía
los llevaba las marea.

(Quién tuviera una marea.
Los montoncitos del alma
nadie viene y se los lleva).

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En la Sainte Chapelle

Colocaron un día tus cristales
manos humanas en celeste vuelo
y creció, sin esfuerzo, desde el suelo,
vergel de luz sembrado por vitrales.

Verde, amarillo, azul… en verticales
anticipan la atmósfera del cielo,
arden los rojos en ferviente anhelo
de quemar las escorias terrenales.

Sin música aquel canto se escuchaba,
embriaguez de misterio y colorido,
el alma, unida al Todo, comulgaba

los límites del yo, perdió el sentido,
no percibí mi cuerpo porque estaba,

polvo de estrellas, en la luz fundido.

                                                   Aurora Auñón