lunes, 19 de mayo de 2014

Un poema de Antonio Praena: Comebolsas

    

 Tal vez resulte ocioso presentar a Antonio Praena, poeta granadino con residencia valenciana. Conozco obra suya desde su Actos de amor con el que obtuvo el premio José Hierro en 2011, el libro más turbador y heterodoxo de cuantos han llegado al premio. Es poeta, dominico y profesor de Teología. Ama la vida, ama el mundo, ama a Dios en la huella de Dios en el mundo. Ama el amor. Es hombre activísimo, volcado en la escritura, en el abrazo de los actos poéticos, generoso. Su obra sabe del rigor formal como cauce imprescindible para la creación. Sabe que en poesía la forma también es fondo. Su verso busca la cadencia, su verso es hijo del mejor Vicente Gallego, hermano del salmantino González Iglesias y se baña en el color y la luz sorollesca del maestro Brines. Viene a Mientras la luz por el poema, algo canalla, que ha publicado en el nº 1 de la novedosa La Galla Ciencia, revista murciana de mucho cuido y rompedora.  Con la autorización (de él) lo transcribimos.



Comebolsas




Tampoco en estas cosas es lo mismo:
los ricos, sola y buena;
los pobres con alcohol y muy mezclada.
Las comebolsas lo saben:
te miran el reloj y los zapatos
y, si encima conduces un buen coche,
se te pegan al cuerpo y no te dejan
hasta que las invitas a unas rayas.
De pasta andan muy cortas,
por eso dejan a los tíos 
más chulos en la pista
y se vienen contigo.
Las he visto muy jóvenes
montarse con un viejo en un Mercedes
camino de una noche más oscura.
A mí, concretamente,
las que visten peor me ponen mucho.
Un hotel de extrarradio les parece gran cosa.
Jamás se han visto en otra y es la tuya;
medio gramo y ya vuelan
dos gramos y te dejan medio muerto.
Las puedes encontrar siempre los viernes.
El sábado en la noche y el domingo
lo pasan en el barrio, con su novio,
curándose la culpa y la tristeza.