jueves, 19 de diciembre de 2013

Un poema de María Ángeles Pérez López



   Estuvo hace unos días en Madrid, leyó ante un escaso auditorio. No le gusta convocar. Emocionó. Vuelve mañana jueves. Cierra en Libertad 8 la Odisea Poética de diciembre. No se lo pierdan. La editora Lidía López Miguel, atentísima, compró un ejemplar de Atavío y puñal, su último libro editado por Olifante, para Mientras la luz. Hay pocas cosas que sorprendan en poesía, salvo estos 22 poemas alrededor de la mujer, del dolor en la mujer, del color en la mujer. De la ruina que cerca y del pintar que salva. Busquen en la red este nombre. María Ángeles Pérez López. La mujer suelo y vuelo. Poeta de las heridas. 
Y de las alas.

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10

Sobre su pecho muerto, la mujer
pinta una gran ventana para el aire.
El corazón, en su áspera alegría,
asoma al sur su sala octogonal
por el hueco del seno que extirparon
la enfermedad, la mano, el bisturí.
Sobre su pecho muerto la mujer
raspa cualquier recuerdo doloroso
y colorea el soplo y el zumbido
del arrebato rojo de quedarse.
El hospital se borra en su blancura,
esa sala de espera es no lugar,
la habitación sin lágrimas y olivos
es también no lugar, los lavatorios
y ascensores que nunca se detienen,
el pasillo alargado como el miedo
de biopsia en biopsia es no lugar.
La madre le cosió dos grandes senos
con hilo destrenzado del cordón
que la anudaba al tiempo y sus asomos.
Ahora un médico serio, preocupado
descose uno de ellos, lo retira
en silencio, y la extensa cicatriz
que corre por el tórax como el frío
abraza los paisajes de la tundra.
Pero sobre su pecho, la mujer
sombrea un árbol negro, transversal
por la ira de perderse en el otoño.
También nubes y niños anhelantes
en su transpiración y su ajetreo
para mojar la tarde y las palabras.
El viento que entra en tromba la despeina
y su risa es un pájaro veloz.


4 comentarios:

José Manuel F. Febles dijo...

Un poema extraordinario, me ha dejado el corazón en la garganta y el miedo en las manos constituyendo el mensaje de las mejores meditaciones.

José Manuel F. Febles

Sara Pérez dijo...

Bellísimo poema.

Anónimo dijo...

¡¡Chapeau, amiga Ángeles!! Carmina Casala

La Solateras dijo...

Un poema de los que hacen temblar, de los que sacuden. Como tiene que ser la poesía.

No conocía a esta grandísima poeta; gracias por traerla, Paco.

Abrazos.