miércoles, 26 de junio de 2013

Todo lo que comienza tiene final.


Pedro A. y Antolín
Fotografía Cristina HD
      No tuvo la originalidad ni la marcha que se pretendía. Los amigos de Antolín Amador habían preparado, para el 21 viernes, una buena partida: músicos, pintores, artistas del vídeo. Hubo veto. La cara que pongo cuando llueve se presentó en el café Comercial cerrando el ciclo de Vitruvio. Al modo tradicional, con formas repetidas. Poemario de negra cubierta y explosivo relleno. Buen fin de temporada. Lenguaje que vive entre el desenfado y la provocación. Él y ella. Dos que se necesitan para levantarse juntos. A veces para olvidarse, a veces para volver al duelo. Poesía enemiga del paréntesis, agitada y amiga del regate a lo trascendente, del juego de muñeca, preocupada con la música que acomoda a cada manera de conocer el sexo. ¿La lluvia? ¿La cara que nos deja? Leves pretextos, músicas, ingles en donde escuchar el mundo. Algo de esto, o casi, dijo Pedro A. González Moreno en un derroche de presentación. Que desbordó por su reconocido saber leer. O por su mejor contar. Gustó muchísimo la americana azul verano de Antolín, tan dado a no usarla. Primera sorpresa. La segunda, la presencia de Nieves Fernández, poeta manchega, que vino porque sí, para estar y ver a los amigos. Sin remedio, así es Madrid, hubo que calmar ambas novedades con amplios y variados largos de cerveza. También hubo tiempo para preparar, comme il faut, una nueva presentación. Sin lastres. Pero en Julio.  

Gónzalez Ortega y Davina Pazos
Fotografía: García Sánchez
 



    Siempre hay un antes, siempre un después.  Antes, la lectura pausadísima de  José María González Ortega en la Casa de La Mancha, martes 18, de su poesía enamorada y vocativa, flanqueado por las voces de Davina Pazos y de Marina González.
Y después, y como entendido acabarse, la visita a EspacioReina37, un lugar habilitado además, con inteligencia y sensibilidad, para la poesía. Allí, el 25 martes, y con gran alborozo, estaba de público Isabel Miguel, hermana de Mientras la luz en brindar compañía y escucha a quienes tanto leen. Sabe mucho esta soriana de las corrientes poéticas y sus rostros.
Luz Pichel
Muy cerquita, Lidia López, nueva estrella emergente en el mundo editorial. Llena de proyecto y de realidades cuando todo el mundo parece estar con la lengua fuera. Su recién editorial. Lastura, tan castellana como gallega, ha editado ya los Desvanes mínimos de Isabel Miguel en edición bilingüe. Y 18 poemas, antología de Ángel Guinda. Sin descanso, desafiando al sol de Ocaña, prepara textos nuevos del aragonés y de Luz Pichel. Que leía. Porque esa era la causa de estar en Reina, porque fuimos a oír de nuevo a Luz Pichel. A renovar la impresión que nos dio en su lectura del Matadero hace unos meses. Estuvo felicísima. Sus poemas calan tanto como su decir. Por allí estaban Nuria Ruiz de Viñaspre y Julio Santiago, valedor desde el principio de este bajo derecha de la calle Reina 37, donde se lee parapetado, protegido, tras una cómoda de nogal.

Y fin de cronicar por esta temporada. De verdad, así de abrupto, pero fin. Que fin.     

3 comentarios:

Ana Garrido Padilla dijo...

Merecido descanso el tuyo, Paco, merecidísimo, pero no te olvides de los que te seguimos, mira que la mies es mucha y los días muy largos, deja algún poema de vez en cuando, algún guiño, algo para aliviar los calores estivales y ayudarnos a sobrevivir hasta la vuelta.

Un abrazo para ti y un beso para el jefe. Y toda la luz, la que repartes.

fcaro dijo...

Cuánto se te agradece, Ana. Tus seguimiento y tus deseos. Tendré en cuenta lo del guiño. El jefe se añade. Buen verano.

Antolín Amador dijo...

Gracias Paco. Ojalá tuviera más tiempo para agradecerte como es debido todo el cariño y apoyo que siempre me regalas. Tenemos que planear una cenita o algo así en condiciones. :-)