viernes, 17 de mayo de 2013

Con retraso

La centralita está bloqueada, rugía el jefe con la sabida muletilla del viejo Ansón en ABC, los lectores andan inquietos con los retrasos y no es posible mayor espera. Yo le digo que la temporada es agotadora y que los viajes inesperados terminan por afectar a la periodicidad acostumbrada. Vale, acepta, de acuerdo, pero ya, ya... estamos a 17 de mayo. Ya.

Jesús Díaz y Magdalena Casala
(Fotografía de MC Barri)

   Decían los clásicos que la poesía es siempre primavera (vale alterar el orden). Alberto Infante, inquieto y amigo, ha querido ser amable con ellos. Lleva años organizando lo encuentros de Poesía en Primavera. Serie que organiza en colaboración con Jesús Ayuso, el responsable de Fuentetaja, librería con respiración asistida, pero abierta,  necesaria. Antes celebraban sesiones en los locales de cercano Icade, ahora en su madrileñísima cueva, de rojos y felices ladrillos, que ocupa los sótanos de la librería, Nueve poetas, tres por tres días, 6, 7 y 8 de mayo, han leído, preferentemente inéditos, a un público menguante. De Pablo Méndez y Miguel Galanes, dos largos poemas han dejado recuerdo, el de Pablo de mágica cotidianeidad dramática, el de Galanes de una decidida tensión metafísica. Ana Montojo, reclamadísima para lecturas, mostró su porqué. Como Montse Cano, que termina de reeditar su Arqueología. Magdalena Lasala, fugaz, vino desde Zaragoza: leyó poemas a caja, la última moda. Abrió el lunes José Félix Olalla, sin novedades en su poemas conocidos y cerró el miércoles Jesús Díaz Hernández, con sanos inéditos. Entre todos ellos, dos mujeres de Amargord: una, Laura Labajo, poeta de un solo libro, de lenguaje tan descarado como tierno, perseguidos sus poemas por la sensación de culpa y de daño, y anhelante de la fugacidad del placer, de las razones de su posibilidad. Otra, Eva Chichilla, es poeta que pretende escapar de la definición, de sus límites y vivir en un disturbio consentido: no ser reparada, tantear, pervertir, asomarse, escapar siempre después de haber nombrado.. Para Eva, el poema reside donde no se le busca.

Marina Tapia y Agustín Ostos
(Fotografía de Ángeles Fernangómez)


 Pocos agitadores de la poesía madrileña con el pasión de Rosa Jimena y de Manuel Martínez-Carrasco. Van cerrando su tercera temporada de sidecares. Recitales a dos que procuran la agitación provocadora. Nunca sabemos quien conduce, quien es transportado. Para el del jueves 9, Marina Tapia, clara salinidad chilena, vino desde Granada a leer poemas comprometidos con la carne y con el viaje. Frente a ella, devolviéndole los ojos, Agustín Ostos, nuevo en la plaza, pero con buenos informes de Jaime Alejandre. Ella más sólida, él en construcción, pero con buen andamio. Distrajo al personal con relatos de viajes –qué más da si ficticios o ciertos- que introducían los poemas. Tan bien tramados, que pasaron por más poemas que los poemas normativos. El público de Libertad 8 lo vivió en grande. Aquí siempre se potencia la gestación, lo por nacer. Poesía en Sidecar aprovechó para anunciar su bien compuesta antología anual. No paran. Magnífica. 10 euros. Están todos los que han bebido la temporada, incluido el sorbo de la exitosa María García Zambrano.

Chema de la Quintana, Manuel Martínez-Carrasco,
Emilio Porta y Enrique Gracia Trinidad (Fotografía de FB)

 Las semanas poéticas ya no se cierran los viernes, con la obesidad poética actual ha sido preciso habilitar sábados, domingos. Lástima, porque el acto del viernes 10 bien merecía cerrar con mérito la semana, por larga que haya sido. Es el caso que  EnR (o sea Escritores en Red) asociación que preside Manuel Martinez-Carrasco (sí, el mismo de Sidecar, activísimo, murciano y activísimo) ha iniciado su colección de poesía con un libro del maestro y generoso Enrique Gracia Trinidad. Ver para vivir, título que editan en colaboración con Amargord. Había noticias de él por anteriores lecturas públicas, asunto que no impidió la expectación y, por ende, una sala casi repletísima. La del vetusto Leganitos. Nada defraudó. Enrique toma como sujeto poético su mirada sobre los objetos que cercan nuestra vida, que nos alientan y/o limitan. Los observa, les mira su haz y su envés, sus crueles intenciones, sus ayudas y límites. Y lo cuenta con cuerda ironía. Textos escritos a caja, ocurrentes a veces, imaginativos, poéticos siempre. Tal vez el problema de estas glosas es que algunos oyentes las reían, o reirán, cual si fueran del Club de la Comedia. Y no es eso, y no es eso. Queda decir que Manuel presentó con desparpajo a Enrique. Y que Emilio Porta, advertido, se contuvo cuanto le fue posible en la conducción del acto.

4 comentarios:

La Solateras dijo...

Eres total, Paco. Me encanta leerte, en líneas y entre líneas.

Besos

Omar enletrasarte dijo...

buena nota, saludos

Ana Garrido Padilla dijo...

Justo en el clavo, Solateras, justo en el clavo. Ese es Paco, una mirada inteligente sobre las cosas.

Un abrazo para los dos.

Enrique Gracia Trinidad dijo...

Como siempre con retraso, esgrimiendo despiste, pero agradecido, muy agradecido por cuantos espacios me dedicas en tu blog.
Eres de una generosidad incontestable.
Sólo cabe ponerme a tu entera y absoluta disposición, amigo. Un abrazo de los mejores.
Enrique Gracia